Hildr estaba intentado relajarse en la bañera, había sido un día realmente duro. El viaje desde Asgard había sido realmente agotador y después había tenido una sesión de entrenamiento con Brunhilda, definitivamente, aquello había sido una mala idea, Brunhilda era una de las valkirias más fuertes y se entrenaba bastante duro.

Se reclinó un poco dentro de la bañera, haciendo que el agua le llegara casi hasta la nariz, después se echó el flequillo hacia atrás. Llevaba allí dentro casi media hora y seguía sin poder relajarse, tenia la absurda sensación de que le iba a pasar algo malo, pero no dejaba de parecerle ridículo, la que tenia premoniciones absurdas era su hermana no ella.

"Magia" pensó aburrida. La magia le parecía algo absurdo, a su modo de ver, no era más que una forma de hacer trampas en peleas honorables con la espada, a pesar de que su hermana usaba esas artes, a ella seguían sin gustarle. En más de una ocasión había tratado de convencerla para que lo dejara, pero al final lo había dado por imposible.

Salió de la bañera y se envolvió rápidamente en la toalla de color blanco que se encontraba colgada en la pared al lado de la bañera. Con la toalla sujeta alrededor de su cuerpo se dirigió al lavabo y empezó a pasar el cepillo que había dejado encima del lavabo antes de entrar en la bañera. Le costó un rato desenredar todo su pelo, que llegaba hasta su cintura, pero cuándo finalmente acabó, se lo recogió con una pinza.

Si había algo que realmente odiaba era que el pelo mojado se le pegara al cuerpo.

Salió del baño y abrió su armario. De allí solo sacó su bata de satén negro, la dejó encima de la cama y se quitó la toalla. Se secó un poco con ella y la tiró al suelo. Se puso la bata, que le cubría hasta casi la mitad de los muslos y llevó otra vez la toalla al baño.

Se tiró encima de la cama boca abajo y cerró los ojos, no intentaba dormirse, solamente quitarse de la cabeza aquel estúpido mal presentimiento, que llevaba dándole vueltas en la cabeza todo el día.

Entreabrió una poco los ojos y miró el pequeño corte que tenia desde el codo hasta la muñeca. Era la única herida que se había hecho en toda la batalla, normalmente, las valkirias no salían heridas en las batallas porque luchaban todas juntas, defendiéndose entre ellas.

En aquella batalla ella se había separado de las demás, no sabía cómo había pasado pero de repente se había encontrado sola en la batalla. había seguido luchando como si nada y entonces se había encontrado a cinco gigantes de hielo peleando contra un asgardiano completamente solo, aquello le había parecido la mayor injusticia que había visto jamás, de modo que se había lanzado a ayudar al asgardiano, pero cando llegó el ya estaba muy herido y en el suelo.

Se desizo del primer gigante de hielo sin problemas, pillándolo desprevenido. El segundo le costó algo más aunque tampoco tubo mucho tiempo de reacción. Después de ese se encontró sola enfrente de tres gigantes de hielo totalmente listos para pelear.

Uno de ellos casi la derrota cuando llegaron sus hermanas valkirias, entre todas acabaron con los gigantes en poco tiempo. Ni siquiera recordaba cuando se había hecho la herida.

Fue entonces cuando descubrió la identidad del asgardiano que había salvado.

Balder, hijo de Odin, príncipe de Asgard.

Hildr decidió quedarse allí hasta que acabara la batalla, incluso aunque ella no siguiera las leyes asgardianas, sabía que la muerte de un príncipe de Asgard, sobre todo en un momento como aquel podría ser realmente desmoralizante para el pueblo.

Brunhilda decidió quedarse con ella e Hildr se lo agradecía muchísimo. Brunhilda había sido una de sus mejores amigas desde que empezó a entrenarse para ser valkiria y ahora eran prácticamente inseparables.

Volvió a cerrar los ojos y se abrazó a uno de los cojines blancos de su cama. Estaba segura de que no iba a poder dormir en toda la noche, a pesar de que estaba realmente agotada y tampoco estaba segura de poder aguantar toda la noche despierta sin hacer nada aparte de estar tumbada en la cama.

En ese instante la puerta se abrió. Hildr miró en esa dirección y vio como Sigrún entraba casi corriendo a la habitación.

Sigrún era una de sus mejores amigas, su pelo era castaño, algo bastante raro para ser una asgardiana, lo llevaba casi siempre suelto y apenas llegaba hasta sus homoplatos, era casi la más bajita de las valkirias, aunque era muy hermosa y la mayoría envidiaban sus preciosos ojos grises.

-¿Qué te pasa?- preguntó Hildr con voz cansada.

-¿Qué me pasa?-le dio un sobre cerrado a Hildr, que ella cogió con desgana-. Eso me pasa. Vamos léelo.

Hildr se fijó en el sobre, estaba cerrado en el sello de la casa real de Asgard. Sintió como su interés aumentaba y lo abrió apresuradamente. Dentro se encontró con una tarjeta blanca que también llevaba en sello de la casa real de Asgard y tenía los bordes dorados. Comenzó a leer.

Estimadas valkirias:

Nos complace invitaros a un banquete en vuestro honor

debido a la ayuda que nos prestasteis en la reciente batalla

contra los gigantes de hielo, que se celebrará el próximo

domingo.

Sin vosotras no habría sido posible la victoria.

Nos gustaría mucho que asistierais, al menos, todas las que

estuvisteis en el campo de batalla con los guerreros de Asgard.

Un cordial saludo a todas.

Hildr miró a Sigrún como si fuera un bicho raro.

-¿Y?- preguntó sin entender por qué su amiga estaba tan excitada.

-¿Cómo que "y"? Tenemos que ir por supuesto- dijo mientras se tumbaba al lado de su amiga.

-¿Por qué debería ir? No me apetece en absoluto- Hildr le dio la espalda Sigrún.

-Pues porque hace demasiado tiempo que no nos tomamos un descanso, primero nos ataca esa legión de demonios, después Asgard nos llama para luchar contra los gigantes de hielo y cuando volvemos ¡Sorpresa! Los demonios siguen aquí intentando derrotarnos.

-¡Exacto!- dijo mientras se sentaba con un rápido movimiento sobre la cama, sobresaltando a Sigrún-. Los demonios siguen aquí, tenemos que luchar contra ellos.

-Pero no nos vamos a ir todas, Hildr. Además, si no vamos Asgard se puede sentir ofendida y además...-añadió enigmática con una sonrisa.

-Además ¿qué?- Hildr había vuelto a su tono de aburrimiento.

-Bueno, esta Balder, seguro que quiere agradecerte que lo haya salvado.

-Sigrún no empieces, llevas dándome la vara con eso desde el día de la batalla- Hildr volvió a darle la espalda.

-Venga, ¿no crees que es por lo menos un poco romántico? Valkiria salva príncipe, príncipe se enamora de valkiria.

-No me puedo creer que te aburras tanto como para inventarte semejante chorrada. Además, es un hombre.

-¿Y?- dijo Sigrún con tono sugerente. Hildr la miró a los ojos.

-¿Te hago un croquis?- dijo con tono neutro. Sigrún comenzó a reírse.

-Mejor no- Hildr le tiró un cojín a la cara que Sigrún esquivó sin problemas.

-Mal pensada- murmuró ella entre dientes.

-Entonces vienes ¿no?- volvió a la carga Sigrún.

-Ya te he dicho que no, además acabamos de volver de Asgard, ¿no podían habernos avisado antes?

-Bueno igual se le ha ocurrido después de que nos fuéramos y aún tienes casi una semana para estar aquí.

-He dicho que no- dijo dando por acabada la conversación.

-Vengaaaaaaaaaaaaa- intentó de nuevo convencerla-. Hazlo por mí, vamos Hildr.

-Si te digo que me lo pensaré, ¿me dejarás en paz?

-Puede- contestó sonriendo.

-Pues me lo pensaré ¿vale? Pero ahora quiero descansar- Sigrún se levantó de la cama y se dirigió a la puerta.

-Informaré de que tu y yo nos vamos a ir a Asgard para el banquete.

-Aún no he dicho que sí.

-No, pero lo harás- Hildr volvió a lanzarle un cojín que esta vez se estampó contra la puerta que acababa de cerrar Sigrún.

Hildr volvió a leer la carta, no estaba segura de si debía ir, por una parte Sigrún tenía razón, necesitaban relajarse y divertirse, pero por otro lado no le apetecía nada otro viaje a Asgard, nunca se sentía cómoda cuando estaba allí. Además, hacía mucho que no hablaba con su hermana, demasiado.

Soltó un suspiro de cansanció, aun tenía casi una semana para decidir que hacer.


Las piras funerarias se extendian por todo Asgard, todos los asgardianos eran familiares o amigos de alguno de los guerreros caidos en la batalla. Todo el pueblo estaba de luto.

El fuego hacía que las sombras de los callejones oscuros fueran aun maás tétricas de lo habitual, la noche parecía no tener estrellas y la luna había menguado su belleza.

Sólo una persona en todo Asgard no lamentaba la tragedia, pero su rostro no lo demostraba.

Loki se encontraba al lado de Thor, presidiendo la ceremonia. Eran dos de las pocas personas que no lloraban, ellos eran la familia real de Asgard y debian demostrar entereza en un momento como aquel.

A pesar de todo, a Loki no le gustaba en absoluto tener que estar allí, pero si quería que Thor de verdad se creyera que había cambiado tenía que comportarse como si realmente le importara, aunque no fuera así.

Cuando todas las piras se apagaron, Thor dió un discurso en honor a los guerreros caidos. Después de aquello todo el munco de fue a su casa, nadie tenía ganas de fiesta despues de aquello, había muerto mucha gente y muchas familias estaban cuidando de sus heridos, era uno de los peores días que había vivido Asgard.

-Hermano- dijo Loki cuando estubieron solos-. No debemos dejar que los que han hecho esto se queden sin castigo, debemos atacar a los gigantes.

-¿Atacar a los gigantes?- Thor no se molestó en volverse a mirarla-. Los gigantes están en su territorio y Asgard no cuenta con guerreros tan fuertes como lo hacía antes del Ragnarock, los gigantes nos aplastarían sin ningun problema, Loki. Me estraña que no hayas pensado en eso- añadió con tono acusador.

-Yo...- por un momento Loki no supo que decir-. Les hemos derrotado en esta batalla, nos alzamos con la victoria, podremos hacerlo otra vez.

-¡Ha esto llamas victoria!- dijo Thor casi gritando, Loki retrocedió un poco. Thor se acercó a una de las ventanas para observar los restos de las piras funerarias-. Este es uno de los peores momentos que ha vivido Asgard jamás. El ataque de los gigantes fue algo que nadie se esperaba- cerró los ojos lentamente, parecía realmente cansado. Loki no recordaba demasiadas ocasiones en las que habia visto a Thor de aquella manera-. De lo único que podemos alegrarnos es de que Midgard ni siquiera haya tenido noticias del ataque.

-Quizá deberiamos pedir ayuda a Midgard- apuntó Loki poniendose al lado de su hermano-. Después de todo este es su mundo.

-La gente de Midgard ni si quiera nos quiere aquí, menos van a ayudarnos.

-Tienes amigos en Midgard- le recordó ella.

-Tenía amigos en Midgard- corrigió Thor-. Ahora no sé en quién puedo confiar.

-Puedes confiar en los ciudadanos de Asgard.

-¿Cómo en tí?- preguntó Thor con una sonrisa irónica. Se alejó en dirección a la puerta-. Ójala- murmuró justo antes de salir, aunque Loki llegó a oirlo.

Loki se quedó un rató absorta en sus pensamientos, con la vista clavada en algún punto de la puerta por la que había salido su hermano.

Al rato se dió la vuelta lentamente y cruzó sus brazos sobre el alfeizar de la ventana. Sintió como la brisa le rovolvia sus cabellos negros y cerró los ojos dejándose llevar durante unos segundos. Se preguntó cuanto tiempo llevaba tratando de acabar con Thor, a veces le parecía demasiado y que su meta parecía estar cada vez más lejos. Sus ojos verdes se clavaraon en el horizonte, en las lejanas montañas de Miidgard.

Quizá debiera dejar sus planes de lado al menos hasta que descubrira la forma de devolver a Asgard al lugar al que pertenecía. Thor confiaba en que los mortales acabaran por aceptarlos algún día, pero ella estaba segura de que eso jamás pasaría, creía firmemente que Asgard devía ser devuelta a las estrellas. Puede que debiera centrarse en eso, en devolver a Asgard a su legítimo lugar en el universo.

Pero enseguida desechó esa idea, en la actual situación era mucho más vulnerable que nunca y debía aprovechar la oportunidad, aunque tubiera que ganarse la confianza de sus hermanos primero. Sabía que Balder confiaba en ella, pero Thor no y era el que más le interesaba.

Se alejó de la ventana despacio y salió de la estancia en dirección a sus aposentos. La verdad es que ella también estaba realmente cansada.


Balder había visto el funeral desde una de las ventanas de su habitación, a pesar de que le habían recomendado que no se levantara del lecho, él necesitaba ver aquello, porque no podía evitar pensar que él podría haber sido una de las personas a las que se había rendido homenaje aquella noche. No podía evitar pensar que por alguna extraña suerte no había muerto en aquella sangrienta batalla.

Y no estaba seguro de merecer aquella suerte.


Bueno aquí os dejo el segundo capítulo, personalmente a mi me encanta la escena en la Thor y Loki discuten, a pesar de que Loki en todos los comics sea el malo malísimo, creo que en el fondo él/ella busca un modo de entender su propio cambio, porque cuando él y Thor eran niños se llevaban bien, creo que Loki echa de menos esa relación casi tanto como Thor aunque al final siempre decide optar por el odio y el caos.

En cuanto a Sigrún, en un principio pensé en poder a Brunhilda en esa escena con Hildr, pero me pareció que estaba demasiado OoC, asi que al final decidí poner a otra valkiria. Tanto Hildr como Sigrún son nombres de valkirias que se mencionan en la mitología nórdica.

La última mini escena, la de Balder, he querido meterla para que se vea que la herida no solo lo ha afectado físicamente sino tambien psícologicamente.

Bueno espero que os haya gustado, y si es así dejad algún comentatio porfis^^.

Muchas gracias a Valdemar por el comentario y un beso a tods ls que leeis.