El enorme salón de Asgard estaba decorado con estandartes con el símbolo de la familia real estampado, colocados entre los enormes ventanales que dejaban ver el cielo nocturno que se extendía sobre Asgard. La sala estaba iluminada por antorchas que colgaban del techo y varias mesas colocadas por toda la estancia.
Las mesas estaban repletas de todo tipo de deliciosas comidas.
Era un banquete tan espléndido como cualquiera de los que Asgard había visto antes del Ragnarock, todo el mundo sentía que, al menos por una noche, los buenos tiempos habían vuelto.
Todo el mundo se estaba divirtiendo, la mayoría apenas podía recordar la última fiesta de ése tipo que se había celebrado. El pueblo realmente agradecía un poco de relajación en aquel momento.
Incluso Loki parecía divertirse en la mesa que compartía con los Balder y Thor.
En la mesa de las valkirias, Sigún y Brunhilda discutían alegremente sobre cuál de las dos mataría a más enemigos en la siguiente batalla en la que participaran. A su lado Hildr movía lentamente con su tenedor un trozo de carne, ensimismada.
Sigrún y Brunhilda se pusieron una a cada lado de Hildr mirándola con cara de cabreo.
-¿Qué?-preguntó ella con desgana.
-Llevas toda la noche ahí sentada- empezó Brunhilda-. Apenas has probado bocado- señaló el plato de Hildr que estaba prácticamente intacto-. ¿Se puede saber qué te pasa?
Hildr se quedó un momento en silencio. La verdad era que no se había enterado demasiado de lo que había pasado en el banquete, apenas podía creer que Sigrún la hubiera convencido para asistir, se le ocurrían bastantes sitios donde preferiría estar en aquel momento.
Además aún no había visto a su hermana y tenía muchas ganas de hablar con ella, no se habían visto desde la batalla.
Hildr apartó su plato y se cruzó de brazos sobre la mesa soltando un imperceptible suspiro.
-No es nada, no tengo hambre- Sigrún apoyo su cabeza en el hombro de Hildr.
-Te conocemos demasiado para creernos eso, ¿verdad Bru?
-Ajá, así que ya nos estas contando lo que te pasa.
-Que no me pasa nada, estoy bien, cansada, pero bien. Además no sé cómo me convencisteis para venir.
-Pero ya que estás aquí podrías intentar divertirte un poco- trató de animarla Brunhilda.
-Además se dé cierto principito que no te quita los ojos de encima- añadió Sigrún con tono picante.
-No empieces otra vez con eso, por favor- la mirada de Hildr era una claramente amenazadora.
-Bueno, como quieras, pero es verdad.
-Bru dile que se calle- le dijo Hildr al oído. Brunhilda se encogió de hombros.
-Para una vez que tiene razón...- Hildr la miró sorprendida.
-¿Tú también?- preguntó, parecía casi indignada.
-Lo que no entiendo es cómo no te has dado cuenta. Ves a ese grupo de chicas de ahí- señaló a una esquina de la sala, allí vio a un grupo de mujeres que cuchicheaban y lanzaban miradas mal disimuladas de desprecio hacia ella-. Podrían estar haciéndote vodoo perfectamente. Creo que todas aspiran a casarse con Balder, no han parado de lanzarte miradas asesinas desde hace más de una hora.
-Idiotas- murmuró Hildr en voz baja, normalmente algo así le daría igual pero no estaba de humor para aguantar a nadie. No tenía ni idea de lo que le va pasaba aquella noche, realmente se esforzaba por intentar pasárselo bien, pero no lo lograba, estaba allí pero a la vez estaba muy lejos, era como si le faltara algo.
En ese momento levantó la vista hacía la mesa de la familia real, sus ojos verdes chocaron contra la mirada azul de Balder, el contacto visual duró apenas unos segundos, pero fueron suficientes para confundir su mente por completo.
Cuando no pudo soportar más la intensidad de la mirada de Balder desvió la suya bruscamente. Sentía que su corazón había empezado a latir con más fuerza de lo normal, y eso no le gustaba en absoluto. Aquello significaba perder el control y ella odiaba perder el control. Odiaba no ser dueña de sus actos y eso era lo que hacían los hombres. Hildr creía firmemente que caer en los brazos de un hombre significaba dejar de ser ella misma y no pensaba renunciar a sí misma por nada ni por nadie.
Se levantó de la silla y comenzó a caminar en dirección a la salida de la sala.
-¿Dónde vas?- preguntó Sigrún agarrándole un brazo para que no siguiera avanzando.
-Estoy cansada, me voy a dormir- dijo mientras se soltaba del agarre de su amiga.
Ni Sigrún ni Brunhilda consiguieron pararla, asique se miraron la una a la otra sin entender nada.
Hildr llegó hasta una de las últimas filas de columnas y se apoyó de espaldas en una de ellas. Nunca se había sentido de ese modo, por un lado era agradable, quería conocer a Balder, sin apenas conocerlo le caía bien y creía que podrían llegar a ser muy buenos amigos y quizá algo más, pero por otra parte no le gustaba nada esa necesidad de acercarse a él cuando estaba cerca, la angustia que sentía cuando empezaba a pensar en él.
Los sentimientos contradictorios no la dejaban pensar con claridad, se sentía totalmente abrumada. Desde que se unió a las valkirias había creído que estaba fuera del alcance del hechizo de los hombres, pero ahora empezaba a descubrir que quizá el muro de su corazón sólo estuviera a prueba de la mayoría de los hombres pero no de todos.
Pasó su mano derecha por su cuello y su escote, había empezado a sudar, estaba muy nerviosa, de repente sentía que el mundo había caído sobre sus hombros y tenía que sostenerlo ella sola.
Se cruzó de brazos y apoyó aún más su peso sobre la columna. Su mirada estaba fija en un punto perdido de la sala.
-Tú eres Hildr ¿verdad?- preguntó una voz masculina a su espalda. Hildr ni siquiera hizo el esfuerzo de mirarlo, no estaba segura de poder mirar a nadie a la cara en aquel momento.
-Sí, ¿por qué?- dijo ella en voz muy baja, arrastrado las palabras.
-Curiosidad, hay mucha gente hablando de ti.
-¿A si?- preguntó Hildr entre sorprendida y escéptica, dudaba mucho que nadie allí la considerara importante aparte de Brinhilda y Sigrún. Además no pensaba creerse ni la mitad de lo que le dijera aquel hombre, después de tofo, no podía confiar en los hombres.
-Pues sí, todo el mundo sabe que fuiste tú quien salvó al príncipe Balder en batalla, mucha gente te admira incluso Blader y Thor.
-Te has equivocado de persona- dijo Hildr empezando a ponerse nerviosa. Aquello era lo último que necesitaba, un montón de admiradores que no la dejaran en paz. Se separó de la columna y se dirigió con decisión a la puerta, esta vez con toda la intención de largarse de allí lo más rápido posible.
-Pues yo creo que no- dijo él sujetándola del brazo para impedir que siguiera avanzando. Era fuerte, a Hildr le quedó claro que era un guerrero.
-Mira no sé quién te has creído que eres pero… -Se quedó callada al descubrir quién era su interlocutor.
Durante unos segundos fue incapaz de apartar sus vista del perfecto rostro de Balder, sus ojos del color del cielo parecían aún más fascinantes vistos de cerca, sus rasgos eran extremadamente masculinos y atractivos.
Una vez más se sentía confusa a causa de aquel hombre. Una parte de ella quería darle un puñetazo por hacer que se sintiera así, pero la otra deseaba con todas sus fuerzas estar allí con él, poder llegar a conocerlo y tal vez… ¡No! No podía dejar que esos pensamientos la inundaran. No permitiría que ningún hombre la cambiara.
Nunca.
-Suéltame -dijo en tono arisco intentando liberar su brazo.
Balder la miró un momento, confuso. No entendía porque ella se comportaba de esa forma con él. No se conocían, no podía tener motivos para desconfiar de él. Soltó su brazo.
-Sólo quería darte la gracias, por haberme salvado- el tono de Balder era neutro, no sabía que esperar de ella.
La expresión de Hildr se suavizó un poco, aunque no tanto como a él le habría gustado.
-No hay de qué. De todas formas no tuve elección- Se dio la vuelta y salió de allí.
Balder se quedó allí de pie un par de segundos, aquella mujer había vuelto a dejarlo sin saber que decir. Dos veces en menos de diez minutos. No era algo que le pasara a menudo. Cuando se dio cuenta de que Hildr se había marchado corrió detrás de ella.
Salió a un pasillo enorme, vio a Hildr marchándose por el lado de la derecha.
-¡Espera!- le gritó mientras se dirigía hacia ella. Hildr se paró y se volvió para mirarlo.
-¿Qué quieres ahora?
-Nunca permitiría que alguien que no fueras tú me tratara como lo estás haciendo- su voz parecía incluso un poco siniestra.
-¿A si? ¿Y por qué a mí me dejas hacerlo?- Hildr levantó una ceja, realmente sentía curiosidad por la respuesta.
-Porque me salvaste la vida.
-¿Otra vez con eso? Ya te he dicho que no tuve elección- Balder frunció el ceño.
-Vas a tener que explicarme eso.
-¿Te estás burlando de mí o realmente te cuesta en tenderlo?- dijo ella cerrando los ojos y soltando un suspiro de resignación-. Supuse que si uno de los príncipes de Asgard moría en esa batalla las cosas con los gigantes de hielo se complicarían mucho más y creo que es lo último que necesita Asgard en estos momentos.
Hildr abrió los ojos y su mirada se encontró con la de él. No estaba segura de si él se creería aquello. No tenía ni idea de que la había impulsado a defenderlo, cualquier otra persona simplemente lo habría dado por muerto. Lo que le había contado a Balder era gran parte del porqué lo había hecho, pero sentía que no era toda la razón.
-¿Sólo fue por eso?- Balder pareció creérselo, y si no lo hizo, no dio señales de que no fuera así.
Hildr asintió con la cabeza, mirando hacia el suelo con los brazos cruzados, había creído ver en los ojos del príncipe un destello de desilusión y se sentía mal por él, pero no podía permitir que se diera cuenta de lo nerviosa que se ponía cuando pensaba en él.
-Comprendo-dijo mientras apartaba la mirada también-. De todas formas muchas gracias.
Antes de dejarla sola depositó un suave beso en la mejilla de la muchacha. Hildr separó sus labios para decir algo, pero antes de poder decir nada Balder ya se había marchado.
Hildr llevó su mano hasta su mejilla, aquel gesto la había desconcertado aún más, por unos segundos la barrera que estaba tratando de poner entre ellos dos había desaparecido por completo. Por un instante había estado a punto de contarle lo confusa que se sentía al pensar en el, lo mucho que le gustaba la forma en que la miraba.
Bueno por fin subo la actualización (por favor no me matéis). He estado un poco ocupada estudiando para un examen y no he podido acabar el capi antes sorry.
Bueno un par de aclaraciones, sé que parece que Hildr ya está enamorada de Balder pero no es así, lo que pasa es que ella no está acostumbrada a tratar con hombres, además pasa algo entre ellos que ya descubriréis XD.
Tengo varias ideas para el siguiente capítulo, pero me gustaría saber que preferís, ¿seguir con el romance entre Balder e Hildr, saber cómo se aliaron Loki y Karnilla o saber un poco más acerca de Sigrún?
Dejad algún comentario porfis^^.
