Hola, aquí os dejo el segundo capítulo. Es bastante más largo que el anterior y da más información sobre mi OC, para explicar un poco mejor como es ella. Pero a partir del tercer capitulo habrá mucho más Derek, lo prometo.

Y, por favor, dejad vuestros comentario e impresiones!


Cap2

Desde ese lugar, oculto tras los árboles cercanos al campo de lacrosse, podía ver el partido sin llamar mucho la atención. Desde allí, Derek fue testigo de la transformación de Scott. Sus movimientos cambiaron, volviéndose mas ágiles, su corazón se aceleró y su respiración se volvió más pesada. Gracias a la equipación nadie más había notado el cambio, pero eso no era excusa para que el chico se comportara de manera tan ingenua y se transformara ante todos por un motivo puramente egoísta. Estaba claro que no lo había asustado lo suficiente la noche anterior en su cuarto.

Lentamente pasó la vista por las gradas, sus sentidos alerta, buscando algún indicio que le indicara si alguno de los espectadores se había dado cuenta del cambio en Scott.

Su vista se posó unos minutos en una cara que le resultaba familiar. Uno de los cazadores estaba allí junto a su hija y, si no andaba muy equivocado, objeto de las atenciones del recién convertido Scott. Nada en el comportamiento del cazador le hizo pensar que sospechara del chico, así que continuó con el escrutinio de las gradas, hasta que otra cara familiar le hizo detenerse.

Al principio dudó de que fuera ella. Ya apenas quedaba rastro de la chica despeinada y pecosa que recordaba. Sus facciones se habían suavizado, desapareciendo por completo sus rasgos infantiles. Su oscuro cabello caía, largo y lacio, por su espalda y ya no había ni rastro de ese horrible flequillo que llevaba. Su expresión cambio de golpe, de una de preocupación a otra de alegría al anotar Scott el tanto de la victoria. La vio ponerse en pie y aplaudir mientras hablaba animadamente con la pareja a su lado, posiblemente los padres de algún jugador.

Qué hacia ella ahí era algo de lo que se ocuparía mas adelante, ahora debía evitar que nadie descubriera el pequeño secreto de Scott. Aunque su presencia de nuevo en la ciudad abría una nueva posibilidad/teoría a los últimos acontecimientos que habían tenido lugar en Beacon Hills.


La mañana siguiente le encontró delante del parking de bicicletas donde Scott solía dejar la suya. Por lo visto no lo había asustado lo suficiente como para evitar que jugara el partido de lacrosse la noche anterior. Y ahora le daría algo más en lo que pensar durante el día.

Le vio llegar, sonriente, contento por ser el héroe de un partido por primera vez en su vida. Y sólo había sido su primer partido como titular. Quizás Stiles tenía razón y todo eso del hombre lobo no estaba tan mal. Pensaba el chico.

Su expresión cambió de pronto. Notaba que alguien le observaba. Buscó con la vista y se quedó helado al ver a Derek Hale en pie, manos en los bolsillos de su cazadora, observándole con mirada fría.

Mierda, pensó, mientras bajaba de la bici y se acercaba al joven.

-"Crees que puedes hacer lo que te de la gana?"- le espetó este, dando un paso hacia él.

Scott se quedó quieto, a dos metros de Derek, inseguro de si era seguro acercarse más. Para que mentir, el hombre lobo le atemorizaba.

Alzó su vista y vio que estaban rodeados de gente. No le pareció el mejor sitio para que Derek cumpliera su amenaza de matarle por haber jugado el partido, así que se tranquilizó un poco. Pero solo un poco.

-"Eh! Scott"- oyó como Stiles le llamaba, aún ajeno a la presencia de Derek. -"Cómo se lleva eso de ser el héroe de…"- Derek juraría que había oído un gritito algo afeminado del segundo adolescente cuando sus ojos por fin le habían reconocido.

Stiles se paró junto a su amigo, un paso por detrás y murmuró -"Pero bueno, este tipo está en todas partes."- Sin ser muy consciente que había sido perfectamente audible para ambos hombres lobo.

-"Creí haber dejado claro que no debías jugar"- siguió Derek, ignorando la interrupción de Stiles, entre molesto y amenazador. -"Y mucho menos transformarte delante de todos"-

-"Era titular…"- Fue la patética excusa de Scott, como si eso lo respondiera todo.

-"Eso es lo que dirás cuando pierdas el control y descuartices a alguien en el siguiente partido?"- gruñó el joven.

-"No hay que ponerse tan melodramático…"- comenzó Stiles, que se calló del golpe al notar los fríos ojos de Derek fijos en los suyos.

En ese momento, Stiles captó una voz conocida y, al reconocerla, la buscó con su mirada. Derek y Scott siguieron la mirada de Stiles para ver como una mujer joven subía las escaleras de entrada a unos metros de ellos hablando despreocupadamente con un par de chicas.

-"Me puso una B+ en mi último trabajo de historia"- comentó Stiles. Scott le miró sin entender. -"El trabajo no trataba de ninguno de los temas propuestos."- le aclaró a Scott. -"Creo que le gusto"- añadió con un suspiro haciendo que ambos hombres lobo le miraran.

-"Srta Bennet"- corrió hacia ella, olvidándose de Scott e incluso de Derek.

Ella se giró y le sonrió. Él se quedó parado unos segundos, embobado, antes de reaccionar. -"Buenos días!"-

Ella rió. -"Si que estamos de buen humor por la mañana, Sr. Stilinski"- le dijo antes de dirigirse a la puerta.

Stiles se volvió hacia Scott y vocalizó -"Sr Stilinski!"- Se puso las manos sobre el corazón, cómicamente, como si acabara de recibir un flechazo, antes de seguirla.

-"Quien es?"- Scott escuchó preguntar a Derek.

El joven lobo le miró curioso unos segundos antes de responder. -"La Srta. Bennet. Es la profesora sustituta de historia"-

Scott vio como Derek la siguió con la mirada, el ceño fruncido, hasta que ella desapareció. Tardó unos segundos en comprenderlo. -"La conoces?"-

Derek volvió su mirada al chico. -"Te ha dicho algo?"-

Scott sabía que Derek no se refería a si le había dicho algo sobre sus últimos trabajos que, por cierto, habían sido penosos, sino a su nueva condición de hombre lobo, lo que le hizo mirarle con renovado interés. -"No. Por qué?"-

-"Mantente alejado de ella"- fue la críptica respuesta que obtuvo.

Volvió a mirar la puerta del instituto por la que Stiles había desaparecido junto a la profesora, antes de volver a preguntar -"Por qué?"-

Pero al volver su vista, Derek ya no estaba allí. Scott se sorprendió aunque en el fondo estaba agradecido de cómo había ido la conversación. Al menos esta vez no había acabado aplastado contra una pared mientras Derek le amenazaba de muerte. Era un buen cambio.

Derek se mantuvo oculto entre los árboles cercanos al recinto escolar. Se concentró en los sonidos que le llegaban del edificio en busca de su voz. Con sus agudizados sentidos no le fue difícil dar con ella.

Su clase estaba en el primer piso, en el lado este del edificio. Buscó un buen lugar donde ocultarse y se quedó allí, decidido a averiguar canto sabía ella.


Un día en el instituto solía pasar más rápido para un profesor que para un alumno. Mientras los chicos estaban obligados a asistir a largas horas de clases y atender a aburridos sermones sobre temas que apenas les interesaban, los profesores, o al menos la mayoría de ellos, disfrutaban intentando meter algo de conocimiento en esas cabecitas que eran capaces de memorizar la alineación de un partido de baseball pero no de nombrar a los presidentes por orden cronológico.

Anne terminó sus clases antes que la mayoría de profesores. Al ser sólo una sustituta en prácticas Tenía menos clases asignadas que sus compañeros. Vio como el último de sus alumnos de ese día salía del aula y cerró la puerta tras él. Dio un pequeño paseo por el aula para verificar que nadie se había dejado olvidado nada antes de sentarse en su escritorio por primera vez en todo el día.

No le gustaba dar la clase sentada, prefería estar en pie y ver bien la cara de sus estudiantes. Solía moverse bastante, de la puerta a la ventana del otro lado de la clase y verificar así que la seguían con la mirara y continuaban atentos. O se recostaba contra el escritorio o la pizarra mientras daba sus explicaciones, motivo por el cual su ropa siempre terminaba llena de tiza.

Suspiró lentamente mientras sacaba un montón de papeles de uno de los cajones. Aún tenía que terminar de corregir esos trabajos. Los miró perezosamente antes de dejar caer la cabeza sobre ellos y volver a suspirar, esta vez algo más molesta.

Los chicos estaban convencidos que los profesores mandaban tantos trabajos para fastidiarles y no dejarles disfrutar de su tiempo libre. Lo que ellos no se paraban a pensar era que a los profesores también les fastidiaba tener que corregirlos.

El vello de su nuca se erizó. Se acarició la zona con una mano y levantó la cabeza lentamente para mirar por la ventana. Desde esa mañana que tenía una sensación extraña. Como si alguien la estuviera observando.

Se levantó de la silla y se acercó al cristal. Desde allí podía ver parte del parking y de la calle. Había varios estudiantes que charlaban animadamente, padres que recogían a sus hijos… pero todos estaban centrados en sus cosas, nadie miraba hacia su ventana. Alzó la vista un poco más. Más allá de la carretera empezaba el bosque, verde y frondoso, que rodeaba la ciudad. Tampoco vio a nadie allí. Aún así, la sensación de ser observada no cesó.


Derek dio un paso atrás y se oculto en las sombras al ver que ella se ponía en pie y se dirigía a la ventana. La observó no muy seguro de si ella era consciente de su presencia. Unos minutos después vio como volvía a sentarse en su viejo escritorio y abría uno de los dosieres ante ella. Aún así, él se mantuvo oculto.

El día no había resultado como él esperaba. Ella no había salido del recinto ni se había comportado de manera sospechosa, ni siquiera con Scott.

Soltó un bufido con fuerza algo decepcionado. No estaba seguro de qué era lo que había estado esperando que pasara. Quizás, que señalara a Scott y gritara 'Hombre lobo!'? Ni siquiera sabía si ella conocía la existencia de su especie. Su hermana siempre había asegurado que ella nunca le había desvelado el secreto familiar. Y Laura nunca le había mentido. No a él. Pero aun así, ella siempre le había puesto nervioso. Tenía esa extraña habilidad para sentir emociones que no eran suyas. Él lo había sentido. Una vez usó esa extraña capacidad con él.

Al verla ponerse de nuevo en pie, apartó esos recuerdos de su mente y se puso alerta de nuevo. La vio recoger sus cosas, cargar una bolsa de deporte sobre su hombro y salir del aula. Agudizó sus sentidos y escuchó como sus suaves pasos se dirigían al sótano y entraba en el vestuario.

Cuando estaban en el instituto, ella pertenecía al equipo de natación, así que supuso que se dirigía a la piscina. Cambió su escondite por otro más cercano a las pequeñas ventanas que daban a la piscina y esperó.

Su suposición había sido acertada. La vio aparecer pocos minutos después con un bañador de competición, gorro y gafas. La observó acercarse al borde de la piscina y saltar. Durante un segundo algo en su espalda llamó su atención. No parecía un tatuaje, era demasiado claro para serlo. Entre que sólo lo vio un momento y el vaho que cubría los cristales, sus ojos no pudieron identificar de qué se trataba.


Anne nadó una piscina tras otra sin detenerse. Había llegado a un acuerdo informal con el director por el cual le permitían usar la piscina fuera del horario de los alumnos. Hay que destacar que haber ganado parte de los trofeos que decoraban las vitrinas del equipo de natación había jugado en su favor.

Nadar era su terapia anti-stress favorita. Quemar toda la energía que le quedaba en la piscina mientras su mente se centraba en su respiración y movimientos, impidiéndole pensar en nada más. A veces le daba demasiadas vueltas a las cosas. Laura siempre bromeaba diciéndole que en ocasiones podía ver humo saliendo de su cabeza. Laura…

Paró de golpe su maratón de natación. Se agarró con una mano al borde de la piscina mientras que con la otra se frotaba la nuca.

Hacía apenas un par de días, había visto en las noticias que habían encontrado su cuerpo, partido en dos, en los bosques, cerca de su antigua casa. Durante unos segundos creyó que se trataba de un error, pero luego pusieron una foto suya en pantalla y no tuvo dudas, era ella. Más mayor, más seria, más triste. Esa era la impresión que le había dado aquella fotografía. Se había quedado inmóvil frente al televisor varios minutos más, sin acabar de creérselo. No podía ser, no podía estar muerta…

Se soltó y se hundió en el agua intentado apartar esos pensamientos de su cabeza. Intentando que las lagrimas se perdieran entre el agua de la piscina.

Ya nunca podrían hacer las paces. Había sido cobarde y no la había llamado cuando tenía que haberlo hecho y ahora ya era tarde.

La pena que sentía fue sustituyéndose poco a poco por enfado hacia si misma. Empezó a nadar de nuevo, mientras intentaba aferrarse a ese sentimiento y no se permitía caer en la tristeza de nuevo.

Hacia rato que había perdido la cuenta del número de piscinas que había hecho, pero a juzgar por la sensación en los músculos de brazos y piernas, llevaba un buen rato. Su fuerte no había sido nunca la rapidez, no era explosiva como otros nadadores. En cambio, la resistencia sí era lo suyo. Era capaz de mantenerse calmada y no consumir sus fuerzas de golpe, sino irlas racionando, poco a poco, mientras seguía nadando siempre a un ritmo constante.

Esta habilidad le había hecho ganar varias competiciones en el instituto y, con ello, una beca para la universidad. Durante los dos primeros años, su vida se alternó entre los estudios y la piscina, pero al inicio del tercer curso ocurrió cierto incidente que le desgarró parte del músculo del trapecio derecho. Tuvo que dejar de competir y, aunque seguía entrenándose como hobby, ya no podía hacerlo de manera tan rigurosa.

Unas piscinas más y un pinchazo en el omoplato derecho le indicó que había llegado a su tope por hoy. Salió del agua quitándose el gorro. Se pasó los dedos entre el mojado cabello para desmarañarlo un poco antes de dirigirse de nuevo a los vestuarios masajeándose el hombro derecho.

Una vez en el vestuario, miró la hora en su teléfono. Se le había hecho tarde. Se duchó y vistió a toda prisa. Iban a pasar a buscarla y llegarían en cualquier momento.


Derek la observó mientras esperaba sentada en el primer escalón ante la puerta principal. Vestida con ropa de deporte, el cabello aún algo húmedo cayendo libre por su espalda y jugando con el asa de su bolsa de deporte que descansaba a sus pies, la imagen le resultó familiar. Estaba sentada en el mismo lugar en el que solía esperar a Laura después de clases.

Anne no tenía coche y su hermana la solía llevar a casa cuando sus horarios coincidían. Y, teniendo en cuenta que Laura y él compartían coche, esa imagen era habitual durante su tiempo en el instituto.

No era ningún secreto que ellos dos no se llevaban bien y él intentaba conseguir que alguno de sus compañeros le llevara a casa siempre que tenía la ocasión, pero la mayoría de las veces quedaba atrapado con las dos chicas.

Durante unos segundos, esperó ver a Laura aparecer…

Incomodo, cambió el peso en sus piernas. No tenía ganas de recordar, pero teniendo tan cerca de alguien que había sido tan cercano a su hermana, casi no podía evitarlo.

El sonido de una motocicleta le devolvió a la realidad. Vio como Anne se ponía en pie y saludaba animadamente al hombre que la conducía. Algo mayor que ella, alto y corpulento. Vestía con tejanos y chaqueta de cuero, como cualquier otro motorista. Se levantó la visera del casco y Derek pudo ver un par de ojos marrones rodeados por una piel bronceada. Captó brevemente sus palabras y su casi inaudible acento latino.

Anne tomó el casco que le tendía el motero y se lo puso, ágilmente se subió a la moto tras él.


La moto paró delante de la puerta de un edificio de apartamentos cerca del centro. Una vez finalizo la universidad, volver a casa con su madre no era una opción. Después de vivir libre durante su periodo universitario, no quería volver a las estrictas normas de su madre que eran más apropiadas para una niña de 15 años que para una mujer joven. Así que vivía de alquiler en un pequeño apartamento en el centro. Vivía sola, o casi sola, ya que a veces llegaba a casa para descubrir que su madre había estado allí, había recogido la cocina y llenado la nevera! Bueno, eso era mejor que obligarla a llegar a casa antes de las 12h de la noche.

Anne bajó de la moto y le tendió el casco a su acompañante.

-"Sabes, no es necesario que hagas esto cada día"- le dijo al hombre moreno que también se había quitado el casco.

-"No es ninguna molestia. Es mas bien una forma de agradecerte lo que hiciste por mi abuela"- le respondió.

Anne suspiró. Dolores Montes era una anciana encantadora y algo entrometida que vivía sola en su misma planta. Hacia unas semanas se había resbalado y caído en su casa. Digamos que el raro sexto sentido de Anne había notado algo al pasar por delante de su puerta y se había preocupado. Después de mucho llamar, escuchó leves grititos de la anciana y corrió a avisar al casero y a una ambulancia.

-"Aún no sé cómo pudiste oírla, vives al otro lado del pasillo."- añadió el hombre.

-"Suerte, supongo"- respondió Anne, algo incómoda. -"Ya se encuentra mejor?"-

-"Oh! Sí, no para de decir que quiere volver a su casa"- rió -"Está harta de las atenciones de mi madre"-

Anne rió también. Dolores era una mujer muy independiente. De carácter fuerte e ideas fijas. Durante meses había estado intentando presentarle a su nieto favorito, Joaquín que, por suerte para todos, tenía Roberto como segundo nombre, así que se hacía llamar Robb. Pero la oportunidad no se le había presentado hasta que Anne fue a visitarla al hospital. O más bien, era Anne quien había estado evitando el encuentro amañado. Y en cuento Dolores se enteró de que el coche de Anne estaría en el taller unos días, le había faltado tiempo para llamar a Robb y medio obligarlo a ser su chofer.

-"Bueno, muchas gracias por haberme traído a casa estos días"- le agradeció ella de nuevo. -"En serio, no era necesario."-

-"No te preocupes"- Respondió Robb tendiéndole la mano con una sonrisa.

Anne dudó unos segundos antes de tender la suya. El contacto físico era algo que en ocasiones volvía a su sexto sentido algo loco, así que intentaba evitarlo cuanto podía. Al sentir la calida mano de Robb sobre la suya, inevitablemente también sintió algo más, algo que si fuera normal no debería sentir.

-"Entonces, no quieres ir a tomar algo"- Aventuró Robb. Esa era la primera vez que su abuela intentaba emparejarlo con una chica que le gustaba, así que no perdía nada por intentarlo.

-"Emm"- sonrió algo incómoda, retirando su mano.

-"Ocupada?"- sugirió él. Ella asintió. Era la excusa que le había estado dando toda la semana. -"El viernes quizás?"- siguió él. Era tan persistente como su abuela.

-"Em, la verdad…"- intentó responder Anne, pero él no la dejó terminar la frase.

-"Pues la próxima semana"- continuó Robb. -"El lunes, martes, miércoles, jueves, viernes…"-

-"Vale, el viernes! El viernes estará bien"- respondió algo aturdida por tanta persistencia. -"Eres peor que tu abuela"-

La sonrisa de Robb se ensanchó. -"Es cosa de familia"-

-"Pero no es una cita"- añadió Anne rápidamente para no darle muchas esperanzas. No tenía nada contra él, al contrario, hasta el momento había sido encantador, pero su existencia ya era suficientemente complicada y no quería complicarla más a no ser que fuera estrictamente necesario.

Robb sonrió. -"El viernes de la semana que viene, entonces"- sentenció dándole la dirección del bar al que solía ir con sus amigos. -"A las 6. No faltes!"- Anne asintió.

Robb se colocó el casco de nuevo, puso la moto en marcha y se alejó de ella.

Anne esperó hasta que le vio desaparecer entre el tráfico antes de entrar en su edificio. Subió al tercer piso por las escaleras, no era muy amante de los ascensores, y recorrió el mal iluminado pasillo hasta la puerta de su apartamento.

En cuanto entró en casa, lo supo. Esa sensación extraña que había tenido todo el día volvió a ella con más fuerza. Aún así cerró la puerta y actuando con normalidad, encendió la luz y dejó las llaves en la mesita cercana.

Observó el salón y la cocina desde su posición ante la puerta de entrada. Todo parecía igual que cuando se había ido por la mañana. Pero una de las ventanas llamó su atención. Estaba ajustada, pero no cerrada del todo. No era así como la había dejado…

Su corazón empezó a latir con fuerza. Metió la mano en la bolsa de deporte y apretó el con fuerza el spray que siempre llevaba encima por protección, ya había tenido algún susto en el pasado. Respiró hondo un par de veces mientras apoyaba la mano libre en el pomo de la puerta.

-"Sé que me has estado siguiendo todo el día"- dijo, con más valor del que sentía.

Esperó en silencio unos segundos, pero no pasó nada. Cuando ya empezaba a preguntarse si no habrían sido todo imaginaciones suyas, una figura alta y oscura avanzó sigilosa de las sombras del pasillo a la luz del salón.

Anne dio un paso atrás, no muy segura de si había sido la decisión más acertada. Unos segundos después el extraño estaba en medio de su iluminado salón y al reconocerle, se quedó helada.

A un par de metro de distancia, con expresión seria y mirada fría, Derek la contemplaba inmóvil, algo impresionado de que se hubiera percatado de su presencia tan rápidamente.

Se miraron en silencio un par de minutos. Hacía años que no se veían y los cambios en ambos eran evidentes. Anne estaba más esbelta y con más confianza en si misma que la chica que Derek recordaba. En cuanto a él, no sólo había crecido físicamente, sus rasgos, la expresión de su rostro, su mirada, eran completamente diferentes a lo que ella recordaba, consecuencia de todo lo que había vivido. Le hacían parecer mayor de lo que en realidad era. Aunque seguía inclinándose por las cazadoras de cuero, eso la habría hecho sonreír si no fuera por la sorpresa de tenerle allí.

-"Derek"- dijo ella al fin, rompiendo el agobiante silencio...


Decidme lo que os ha parecido, sin duda los comentarios me haran ser más productiva.