Bueno, un capitulo cortito hoy. Espero que os guste. Por favor, no dudeis en comentar.


Cap13

Despertó un poco sobresaltado. Durante los breves segundos que su cerebro tardó en ponerse en marcha, sus sentidos le informaron que no estaba en su casa. No abrió los ojos, dando tiempo al resto de sus sentidos a darle una pequeña pista de donde se encontraba. No le costó mucho descubrirlo. Por el olor que impregnaba la habitación, supo que estaba en casa de Anne. Abrió los ojos y la vio frente a él, dormida a unos centímetros de distancia, con sus manos aferradas a una de las de él.

En ese momento su mente despertó completamente del mundo de los sueños y comenzó a producir pensamientos coherentes. Recordaba haberla abrazado la noche anterior mientras ella lloraba sobre su hombro. Al rato se había quedado dormida, así que trató de llevarla a su habitación, pero al separarla de él se medio despertó. La guió hasta su cuarto, pero antes de poder marcharse, ella había atrapado su mano entre las suyas impidiéndole que se fuera. Así que había terminado tumbado junto a ella, sosteniendo su mano y dispuesto a irse en cuanto ella se durmiera de nuevo. Pero por lo visto, parecía que se había dormido él primero.

Desvió la vista por la habitación, una débil claridad se filtraba por la ventana, así que supo que estaba a punto de amanecer. La tenue luz iluminaba suavemente la figura de la chica tumbada de lado junto a él, permitiéndole ver la palidez en sus rasgos y la hinchazón de sus ojos a causa de los lloros del día anterior. Sus finos oídos captaron fácilmente su latido, constante y tranquilo, le indicaba que dormía serenamente.

Esa vocecilla en su cabeza volvió a recordarle que debía irse, que ni siquiera debería haberse quedado con ella tanto rato, pero decidió ignorarla nuevamente. Continuó acostado junto a ella, observándola detenidamente y preguntándose cuantas más de sus normas iba a romper por ella. El día anterior ya había cambiado una, y eso era la primera vez que ocurría.

Había creado esas normas poco después del incendio, y todas ellas cumplían un único propósito, protegerse a si mismo de los demás. De esta manera había creado una fachada de desdén e indiferencia que no había permitido traspasar a nadie y que le había mantenido alejado de cualquiera que alguna vez hubiese tenido trato con él, y al mismo tiempo, manteniendo a estas personas a salvo del peligro que relacionarse con alguien de su especie representaba. La única excepción a estas normas había sido Laura, obviamente. Ella era su familia, con ella podía permitirse ser él mismo. Pero ya no podía contar con ella. Le había dejado solo.

Notó que Anne se movía lentamente, su respiración se aceleraba y también su pulso. Estaba despertando…

Anne tardó unos segundos en despertarse del todo, su mente seguía un poco nublada mientras dejaba que su vista se acostumbrara a la oscuridad de la habitación. Entraba algo de luz por la ventana, pero no lo suficiente para sus cansados ojos. De pronto, sus adormecidas neuronas hicieron contacto y los recuerdos del día anterior la golpearon sin previo aviso.

-"Mierda"- murmuró, la única palabra que su fatigada mente pudo concebir. No sabía cuanto rato había dormido, pero no había sido el suficiente, aún se sentía agotada. Trató de darse la vuelta y enterrar la cara en la almohada para evitar seguir pensando en lo sucedido el día anterior, pero un peso sobre ella le impidió moverse.

Miró hacia abajo y, ahora que sus ojos se habían acostumbrado un poco a la oscuridad, vio que un fuerte y masculino brazo descansaba sobre su cintura. Alzó la vista y sus sospechas quedaron confirmadas. Derek dormía junto a ella, tumbado sobre su costado. Se sorprendió por haber tardado tanto en darse cuenta de su presencia, más aún considerando que ella sostenía una de sus manos entre las suyas.

Le observó unos segundos, no muy segura de qué hacer a continuación. Pensó en todo lo que había pasado los últimos días, en como él se había mantenido a su lado y la había ayudado, aún cuando no debía hacerlo. También se había dado cuenta que él estaba más relajado al estar cerca de ella, ya no parecía darle tanta importancia a su pequeña habilidad… o al menos, había sido así hasta que Mia le había convertido en su conejillo de indias, posiblemente ahora que había experimentado lo que un empatico podía hacer volvería a evitarla. Eso la entristecía, se había acostumbrado a tenerle cerca, incluso habían dejado de discutir, o casi.

Siguiendo un impulso que no supo muy bien de donde vino, extendió un brazo y acercó una de sus manos hacia él. Resiguió su brazo, pasando su mano a unos milímetros de la tela de su ropa, sin llegar a tocarle. Avanzó por el hombro y al llegar a la nuca, rozó sin querer su oscuro cabello con la punta de los dedos. Se quedó quieta, dudando por un momento, antes de volver a pasar sus dedos suavemente por su pelo. Le gustó la sensación, así que comenzó a acariciarle distraídamente. Sintió como su piel se erizaba bajo sus dedos, y al mirarle, se sobresaltó. Estaba despierto, devolviéndole la mirada.

Anne se quedó inmóvil, insegura de qué hacer. Se había propasado al acariciarle? Le había molestado? Derek seguía mirándola, su expresión completamente indescifrable. Cuando iba a retirar su mano, notó como el brazo de Derek se movía sobre su cintura y apoyaba la mano sobre su espalda. Al hacerlo, le dio un suave empujón carente de la fuerza suficiente como para moverla. Anne dudó ante su gesto. Le estaba indicando que se acercara? Había sido sólo un empujoncito, igual lo había malinterpretado, él ni siquiera se había inmutado. Entonces, notó como la mano de Derek volvía a presionar sobre su espalda, esta vez con un poco más de fuerza, y consiguió acercarla a él un par de centímetros.

Su gesto la sorprendió, pero al mismo tiempo le dio el coraje que necesitaba para reanudar sus caricias. Sintió como él presionaba su espalda de nuevo, así que se acercó a él hasta que quedaron a apenas unos centímetros de distancia. Recorrió con sus caricias su nuca y su oreja, y llegó hasta la mejilla. Aventuró una mirada hacia sus ojos. Él seguía observándola inmóvil, como si tratara de memorizarla o tal vez de descubrir su siguiente movimiento. Su corazón se aceleró al estar bajo su atenta mirada, pero no se acobardó, ya había llegado hasta ahí…

Se acercó un poco más y le dio un suave beso. Inocente y breve, sus labios apenas se habían rozado medio segundo, pero había hecho que su corazón volviera a acelerarse. En cambio, Derek seguía inmóvil, con la misma expresión indescifrable, lo que la desconcertó un poco. No podía ser ella la única que se sintiera así, se negaba a creer que el tuviera este efecto sobre ella y ella ninguno sobre él. Bueno, al menos no se había apartado.

Volvió a acercarse, más decidida esta vez, y le beso de nuevo, pero este beso no tuvo nada de inocente. Acarició sus labios con los suyos, primero el superior, después el inferior. Deslizó suavemente la punta de su lengua sobre ellos, antes de morderle débilmente mientras sus dedos se enredaban en su corto cabello.

El brazo de Derek cobró vida, se aferró a su cintura y la obligó a tumbarse de espaldas contra el colchón. La acorraló, al colocar medio cuerpo sobre el suyo, antes de comenzar a devolverle el beso. Había sido Anne quien había empezado, si eso salía mal, pensaba culparla a ella.

Sus labios se movían lentamente sobre los de ella, explorándolos con suaves movimientos, mientras se sentía cada vez más hipnotizado por los ruiditos que salían de su garganta y le instaban a continuar. Una de sus manos había quedado atrapada entre la espalda de Anne y la cama, y la otra seguía enlazada con la de ella, pero él no era del todo consciente de ello. Toda su atención se centraba en la suavidad de sus labios y la calidez de su aliento contra su piel. Separó un poco sus labios y acarició los suyos con la punta de la lengua, igual que ella había hecho. El ahogado suspiro que obtuvo como reacción le produjo un escalofrío que le recorrió de la nuca a la base de la espalda. Inconscientemente, se dejó caer un poco más sobre ella, necesitando un poco más de contacto con el cálido cuerpo bajo el suyo.

Ese beso no tenía nada que ver con los que habían compartido recientemente. A diferencia de los anteriores que habían sido más apasionados, éste era lento, tierno, casi podía decirse que cariñoso.

Ese pensamiento le hizo volver a la realidad de golpe. Tenía que irse. Quedarse con ella había sido una mala idea, les estaba poniendo en peligro a ambos. Una parte de él quería quedarse, olvidar por un rato todas esas normas por las que regía su vida y pasar lo poco que quedaba de noche perdido en su abrazo. Pero por otro lado, sabía que debía irse, y tenía dos motivos de peso para ello. El primero era que sus enemigos no dudarían en utilizarla para llegar hasta él si descubrían su existencia, y el segundo era que cuanto más tiempo pasaba con ella más difícil se le hacía marcharse. Sabía que si pasaban la noche juntos, ya no sería capaz de alejarse. Por mucho que lo intentara, terminaría volviendo a ella, exponiéndola a peligros de los que sólo él sería responsable. Y no estaba dispuesto a que eso ocurriera.

Rompió el beso, apartándose unos centímetros de ella. –"Debería irme"- dijo, con la respiración algo entrecortada, sin mucha convicción.

Anne le miró confusa, había estado tan perdida en ese beso que no le había oído bien.

-"Derek"- le llamó, en un susurro, alzando una de sus manos hacia él.

Al oír su voz susurrar su nombre no pudo evitarlo y, sin ser plenamente consciente de ello, reanudó el beso. Anne sonrió contra sus labios, contenta. Acercó su brazo, listo para abrazarle y evitar que se separara de ella de nuevo, pero todo lo que encontró fue aire. Notó un leve golpe contra el colchón a su lado y abrió los ojos sorprendida. Derek estaba tumbado junto a ella, mirando al techo, pasándose las manos por la cara y el pelo, tratando de calmar su respiración y coger fuerzas para lo siguiente que iba a hacer.

-"Es mejor que me vaya"- dijo, en un tono mucho más convincente que su anterior intento. Aventuró una rápida mirada hacia Anne. Ella seguía en el mismo lugar, con su cabeza girada hacia él y le miraba un poco confundida. Volvió a centrar su atención en un punto inofensivo del techo antes de hablar. -"Esto, entre tú y yo…"- continuó, señalando de ella a él con una de sus manos. -"…no puede pasar. No es un buen momento. Demasiada gente me tiene en su punto de mira."-

La escuchó suspirar a su lado. -"Entonces, qué hacemos ahora?"- preguntó ella, en un susurro, temiéndose la respuesta.

-"Nada. Cada uno sigue con su vida."- respondió Derek, incorporándose y poniéndose en pie.

-"Pero entonces, no nos volveremos a ver."- murmuró ella, débilmente, más para si misma. Recordó el día en que Laura y ella habían dejado de ser amigas y no pudo evitar sentir cierta similitud con la situación actual. No entendía que les pasaba a los miembros de la familia Hale que siempre la dejaban tirada. Debía ser cosa de familia, pensó, desanimada, mientras se sentaba a los pies de la cama.

Derek se volvió hacia ella. Su voz había sonado triste y parte de él se sintió culpable por ser el responsable de ello. Exhaló sonoramente, no le gustaba tener que dejarla así, pero era necesario, era mejor que se marchara antes de que las cosas entre ellos se complicaran demasiado.

-"Hago esto porque me preocupo"- le dijo, mirándola a los ojos por primera vez y cogiendo una de sus manos. -"Vale?"- añadió.

Anne le miró un poco sorprendida unos segundos, entonces le vio desviar la vista hacia sus manos y alzarle una ceja, y comprendió lo que Derek estaba haciendo. Le estaba dando permiso para usar su habilidad con él. Para verificar que sus palabras eran ciertas. Bajó las barreras que normalmente tenía alzadas y que evitaban que emociones externas se colaran en su mente sin control, y se centró en las de Derek. Estaba siendo sincero, la primera y más clara emoción que notó fue su preocupación. No toda se debía a ella, su intranquilidad se centraba en varios temas más a parte de ella, pero no quiso entrar en detalle y descifrarlo, sabía que él no le había dado permiso para tanto. Mezclados con este sentimiento había otros, sintió su confianza y determinación en si mismo y en lo que estaba haciendo, así como su permanente enfado y hostilidad hacia el mundo en general.

Mucho más débiles que las anteriores, ocultas entre capas de indiferencia puestas estratégicamente para aprisionarlas, reconoció dos emociones que le habrían pasado desapercibidas de no haberlas sentido antes. Esa pena y esa culpa que Mia había liberado con tanta facilidad para atormentarle, ahora volvían a estar atrapadas en su pequeña prisión. Junto a ellas, sintió una tercera emoción que, cálida y frágil, contrastaba claramente con sus compañeras de celda. Pero no logró descifrar de qué se trataba. Durante un segundo tuvo la sensación que ese sentimiento tenía que ver con ella, pero no pudo confirmarlo, Derek ya le había soltado la mano y sus emociones quedaron inaccesibles a su habilidad.

Le siguió en silencio por el pasillo y se paró en la entrada del salón. Le observó cruzar la sala con paso decidido y recoger su cazadora mientras ella se apoyaba contra una de las paredes. Su mente se afanaba en buscar algo que decirle, algo que hiciera que se quedara, pero en el fondo sabía que sólo serviría para ponerle las cosas más difíciles. Él ya había tomado una decisión y sabía que era prácticamente imposible hacerle cambiar de opinión. Aún así, cuando le vio abrir la puerta principal, no se pudo contener.

-"Estaré aquí"- dijo, en un murmullo, aunque supo que él podía oírla. -"Si alguna vez necesitas algo…"- Derek giró la cabeza para ver como ella se encogía de hombros. -"…estaré aquí"- Sus miradas se encontraron un par de segundos antes de que Derek asintiese levemente y saliera del apartamento.

Anne suspiró sonoramente y se dejó caer en el sofá sin muchas ceremonias. Estaba agotada, tanto física como mentalmente. Sabía que su cuerpo se repondría con unas horas más de sueño, pero su mente era otro tema. Habían pasado tantas cosas en los últimos días que su cerebro no daba abasto para procesarlo todo. Sus recuerdos y emociones se mezclaban sin ningún tipo de orden. Necesitaba tiempo para organizarlos, pero no se sentía con ganas de repasar todo lo que había sucedido.

Pensó en llamar al instituto y fingir que estaba enferma para poder quedarse en casa, tranquilamente, todo el día. No le apetecía tener que enfrentarse a una pequeña tropa de monstruitos en apenas unas pocas horas. No estaba de humor ni tenía las fuerzas necesarias para lidiar con ellos. Pero, por otro lado, si se quedaba en casa, terminaría con dolor de cabeza de tanto darle vueltas a todo lo que había pasado. Así que finalmente se decantó por ir a trabajar. Era la opción más segura, así se mantendría ocupada. Lamentablemente para sus alumnos y dado que no tenia muchas ganas de dar clase, hoy iba a jugar el comodín que todo buen profesor siempre se guardaba en la manga para este tipo de días, el temido examen sorpresa.

Nunca había sospechado que cerrar una puerta pudiese ser tan difícil, pensó Derek al salir del apartamento. Respiró hondo, tratando de tranquilizarse, antes de comenzar a avanzar sigilosamente por el iluminado pasillo. Con cada paso que daba iba suprimiendo un poco más las emociones de su rostro, y, cuando al fin salió a la calle, su expresión era seria y distante, siendo fiel a su propio canon de no mostrar las emociones.

Se subió al camaro y lo puso en marcha. Su mente no estaba tan en calma como su aspecto sugería, motivo por el cual sus sentidos no llegaron a alertarle de que estaba siendo observado. Se alejó de allí, sin mirar atrás, completamente ajeno a los ojos que habían sido testigos de todos sus movimientos.


Que suerte la suya, pensó Kate oculta tras los oscuros cristales de su todo terreno. Se sentía como si le hubiese tocado la lotería. En realidad, si lo pensaba bien, para un cazador, aquello debía ser similar a ganar algún tipo de sorteo. Había pasado parte de la noche en el bosque, junto con otros cazadores, siguiendo el rastro del Alpha que merodeaba por la zona, sin mucho éxito. De regreso a casa y mientras catalogaba la noche como una completa perdida de tiempo, reconoció el oscuro camaro aparcado apaciblemente al pasar junto a este. Comprobó la matricula dos veces para asegurarse, no es que hiciera falta, no habían muchos coches como ese en la ciudad, y confirmó sus sospechas. Y si el vehículo estaba ahí, su propietario tenía que andar cerca.

Aparcó casi al final de la calle y se quedó a esperar al dueño. La noche fue avanzando y se le hizo lenta y tediosa. Todo ese rollo de vigilancia e investigación iba más con su hermano, ella era más de entrar en acción. Movió su mano y sacó una de sus escopetas de la bolsa de deporte que descansaba en el asiento del copiloto. La examinó en silencio unos minutos antes de dejarla sobre su regazo, preparada, por si la necesitaba.

El reloj siguió avanzando muy lentamente para el gusto de la cazadora. La una dio paso a las dos, después las tres y las cuatro, hasta que finalmente marcó las cinco. Se movió incomoda en el mullido asiento, empezaba a dolerle la espalda y las piernas de estar tanto rato dentro del coche, y el hombre lobo seguía sin aparecer. Se acomodó de nuevo y acarició distraídamente el frío metal del arma que aun descansaba en su regazo.

Unos minutos después, le vio salir de un bloque de pisos cercano. Caminaba con paso firme, su oscura ropa resultaba el camuflaje perfecto y le ocultaba entre las sombras de la calle, haciéndole pasar desapercibido para ojos no entrenados. Le vio subir al vehículo y ponerlo en marcha.

Miró la hora de nuevo, eran casi las cinco y media. Contando que ella llevaba allí, como muy bien le recordaba su dolorida espalda, desde casi la una de la madrugada, eso quería decir que Derek había estado un mínimo de cinco horas en ese edificio. Lo que le planteaba dos posibles opciones para ello. La primera era que viviera allí en lugar de la vieja casa familiar como les había hecho creer. Y la segunda, por la que personalmente se decantaba, era que había pasado la noche con alguien. Lo que la llevaba a una pregunta aún más interesante, con quién?

Para resolver sus dudas, una vez el camaro se alejó del edificio a toda velocidad, bajó de su todo terreno y se dirigió al bloque de pisos. Forzó la cerradura sin muchos problemas, la vieja puerta metálica no fue rival para sus habilidades, y se paró frente a los buzones. Recorrió con la vista los nombres de los inquilinos hasta que dio con uno que le resultó familiar.

Pasó los dedos sobre el nombre, sintiendo el relieve de la fría placa metálica. Bennett. Sonrió con malicia mientras su mente disfrutaba tratando de dar con el escenario perfecto en el que poder utilizar esa nueva información en su favor.