Cap15
No podía hacer esto solo. Se daba cuenta de ello. Había contado a tres cazadores, pero intuía que había alguno más. Además, había oído a uno de ellos hablar por teléfono y sabía que Kate estaría de vuelta al anochecer. Y sabía por experiencia propia que ella era la más peligrosa.
Lo más astuto por su parte era esperar a que oscureciera. Eso le daría cierta ventaja ya que su vista estaba mejor preparada para la oscuridad que la de sus oponentes. Pero también le acercaba demasiado a la hora límite que Kate le había dado. Esperaba que la cazadora no se impacientara demasiado o sospechara de sus intenciones.
Al menos, había conseguido descubrir el lugar exacto donde retenian a Anne. En la nave principal, bajo la gran claraboya. Esta hubiese sido un buen punto de entrada si no fuera por la distancia al suelo. Era un salto casi imposible, incluso para un hombre lobo. Si caía mal y se partía una pierna o la espalda, su intento de rescate iba a resultar tan desafortunado como doloroso. Y dado que el resto de ventanas estaban concienzudamente tapiadas, no le quedaba otra opción que entrar por el método tradicional, por la puerta.
Sacó el teléfono del bolsillo de su cazadora y buscó el número en la agenda. No podía hacer esto solo…
Hacía un buen rato que no veía a nadie. Anne se movió incómoda en la jaula. El dolor de cabeza había cesado, pero ahora le dolía la espalda y las piernas. En esa pequeña celda en la que la habían confinado no tenía espacio para ponerse en pie ni estirarse completamente, y su cuerpo se resentía por haber pasado tantas horas hecha un ovillo.
Había conseguido dormir un poco durante la noche, quizás unas dos o tres horas. Cuando despertó, ya había amanecido, el sol se filtraba a través del tragaluz del techo, aunque no conseguía ver el cielo a causa de la capa de porquería que cubría el cristal. Para su sorpresa, había encontrado un plato con un sándwich y una botella de agua junto a su jaula. Así que sus secuestradores no eran tan desalmados, después de todo. Al menos no iban a dejar que se muriera de hambre.
Pero ya hacía horas desde aquello y aún no había visto a nadie más. No es que quisiera un nuevo enfrentamiento con Kate, pero si alguien no se acercaba pronto a su jaula, preferiblemente en manga corta, no iba a ser capaz de des-secuestrarse antes de que Derek tuviera que hacer lo que la cazadora le hubiera pedido. Algo que Kate no había tenido la consideración de compartir con ella. Lo que no era muy educado por su parte, teniendo en cuenta que ella era el maldito rehén!
Respiró hondo un par de veces. Vale, tenía que tranquilizarse. Se estaba poniendo de los nervios. Tanto rato ahí dentro, sola, sin poder moverse ni saber lo que estaba pasando, la estaba desquiciando.
La puerta se abrió de golpe e, instintivamente, se acurrucó al fondo de su jaula. Vio entrar a un hombre no muy corpulento y más bajo que ella. Aun así, su manera de caminar, balanceándose levemente como un boxeador, le indicó que era más hábil de lo que aparentaba.
Se acercó hacia ella y le sonrió con malicia. -"Estás despierta, muñequita?"- se burló de ella antes de dejarle con desgana un plato con un nuevo emparedado en el suelo.
Anne miró del plato al cazador, pensando en que si llega a saber antes que un tipo como éste le había preparado el bocadillo anterior, igual no se lo hubiera comido.
El hombre sonrió al ver que ella le miraba desde la misma posición, insegura de moverse.
-"Se te ha comido la lengua el gato?"- le preguntó, a la vez que golpeaba los barrotes con la punta de su bota.
Para su sorpresa, la chica se acercó un poco a él. -"Dejame salir"- le dijo -"sólo un momento. Necesito estirar las piernas"- añadió, frotándose una de sus extremidades para enfatizar sus palabras.
Él hombre rió ante su petición. -"Qué pasa? No estas cómoda ahí dentro?"- le preguntó, acercándose un poco más. -"Si no te gustara jugar con ese perro, ahora no estarías encerrada en esta jaula para animales."- añadió con media sonrisa. -"Tienes una lección que aprender de todo esto, profesora"-
Anne le miró atenta, esperando a tenerle un poco más cerca. Esta vez no iba a cometer el mismo error que con Kate. -"Y vas a ser tú quien me la enseñe?"- le retó, acercándose algo más a los barrotes y poniendo una de sus manos sobre el frío metal, preparada.
Vio como él se agachaba frente a ella con esa molesta sonrisa en los labios de nuevo. Le vio inclinarse, posiblemente iba a susurrarle algún tipo de amenaza, pero a Anne no le importaba lo que ese tipo tuviera que decirle. Quién era él para juzgarla? A quién le importaba su opinión? Sin titubear ni mostrar signos de lo que estaba a punto de hacer, esperó en silencio hasta que le tuvo lo suficientemente cerca. Sólo entonces, extendió su brazo y dejó que su mano impactara sin mucha fuerza sobre la mejilla del cazador. No quería perder el contacto a causa del golpe.
Colarse en sus emociones fue fácil. Había descubierto con el tiempo y la práctica que cuanto más simple era una mente, más fácil resultaban de manipular sus emociones. Y ese cazador estaba resultando bastante sencillo de manipular, lo que no decía mucho en su favor. Lo primero que hizo fue quitarle esa molesta sonrisa de la cara. Luego, le sujetó mejor por la nuca mientras le sugería que le abriera la puerta.
El cazador no opuso resistencia. Dócilmente sacó una llave plateada del bolsillo y abrió el candado. Anne abrió la oxidada puerta y salió de su pequeña e incómoda celda. Su espalda y sus piernas se quejaron al ponerse en pie, pero ignoró las punzadas de dolor. Aún tenía que ocuparse de ese hombre. Observó a su alrededor para confirmar que su huida no había alertado a ninguno de los compañeros del cazador, antes de centrar su atención de nuevo en éste.
-"Cómo salgo de aquí?"- le preguntó.
El hombre no dudó en responderle. -"Sólo hay una puerta de entrada. En la parte delantera de la nave. Por allí"- dijo, señalando la puerta por la que él había entrado.
-"No hay más puertas ni ventanas?"- insistió ella. El cazador negó con la cabeza. -"Estupendo"- murmuró con cierto sarcasmo. -"Cuántos cazadores más hay?"-
-"Cuatro más y yo."- respondió.
-"Dónde?"-
-"Dos haciendo guardia en la puerta principal y dos más en el sótano, haciendo inventario de munición y armas."-
Anne suspiró, cada vez más preocupada. No parecía que fuera a tener muchas opciones de escapar de ahí.
-"Y Kate está de camino"- le escuchó añadir.
Genial, ahora si que lo tenía negro para salir de ahí. Como si no lo tuviera todo en contra, sólo faltaba que se tropezara con la cazadora durante su huida.
-"Está bien"- asintió, no muy segura de cómo iba a salir de ahí. Primero decidió ocuparse del cazador que tenía frente a ella, luego ya pensaría algo para librarse de los otros. -"Escuchame bien"- le dijo. -"No recordaras nada de esta conversación ni de lo que acaba de pasar. Te has acercado demasiado y te he golpeado contra los barrotes. Es todo lo que recordaras."- El cazador asintió sumisamente. -"Bien, ahora entra en la jaula"-
El hombre se agachó y se sentó en el interior de la pequeña celda sin oponer resistencia. Anne se agachó frente a él, su mano todavía rozando su piel. -"Estás muy cansado"- le dijo -"Hace días que no duermes. El cuerpo te empieza a pesar. Las piernas, los brazos, los parpados. Lo notas?"- Vio como el hombre asentía a la vez que intentaba contener un bostezo. -"Ya no eres capaz de mantenerte despierto. Lo único que quieres es dormir."- Él asintió coincidiendo con ella. Lo único que quería era descansar. -"Pues duerme"- Nada más susurrarle esta ultima frase, el hombre cayó de espaldas contra el suelo, sumido en un profundo sueño.
Anne suspiró, temiéndose que esa había sido la parte fácil de su imperfecto y poco meditado plan de fuga. Hurgó entre sus ropas y le quitó la pistola que llevaba oculta bajo la cazadora y un cuchillo de caza. Apartó las piernas del cazador de una patada y cerró la puerta con el candado, dejando al inconsciente hombre encerrado dentro.
Miró las armas en sus manos, no muy segura de qué hacer con ellas. Nunca había tenido un revolver en las manos, en realidad, nunca había visto uno de cerca antes. Un poco insegura, decidió guardarse el cuchillo en un bolsillo. Caminó lentamente hacia la puerta por la que había aparecido el cazador, el arma le pesaba en las manos. Se lamentó que en las películas nadie mencionara lo pesadas y frías que podían llegar a ser. Se paró detrás de la puerta y acercó la oreja a la oscura madera. Tras unos segundos de completo silencio, se convenció de que al otro lado no había nadie. Mostrando más calma de la que en realidad sentía, alzó una mano e hizo girar el pomo lentamente. La puerta se abrió ante ella, silenciosamente, y pudo ver un largo corredor al otro lado.
Avanzó con cautela, parando cada pocos pasos para afinar el oído. No quería que la cogieran por sorpresa. Unos pocos metros antes de llegar al final del pasillo, escuchó unas voces. Se aplastó contra una de las paredes tratando de contener la respiración mientras intentaba entender algo de la conversación. Pero, a parte de que eran dos voces masculinas, no pudo captar nada más. Parecía que no avanzaban hacia ella, así que se acercó lentamente hasta el final del pasillo. Éste acababa en un giro a la izquierda, así que se apoyó contra la pared a unos centímetros del final del corredor, y, tras respirar hondo un par de veces y apretar el revolver contra su pecho, se atrevió a echar una rápida ojeada.
Ahí estaba la puerta. A unos pocos metros de distancia de donde se encontraba en aquellos momentos. Lo malo era que, entre ella y su vía de escape, había dos hombres, armados y bastante corpulentos, haciendo guardia, tal y como el otro cazador había dicho. Sin poderlo evitar, su respiración se agitó un poco y tuvo la sensación de que todo se volvía más real. Como si hasta ese momento, su huida hubiese sido sólo un plan en su cabeza y ahora llegara el momento de llevarlo a cabo en el mundo real.
Los cazadores seguían hablando, ajenos a su presencia tan cerca de ellos, cuando una de sus frases llamó su atención. Se quedó quieta conteniendo la respiración, tratando de descubrir si lo había oído correctamente. Cuando escuchó el sonido de una silla al ser arrastrada y como uno de los cazadores se ponía en pie, comprendió que lo había entendido bien. Los cazadores se preguntaban por qué su compañero tardaba tanto y uno de ellos se había ofrecido a ir a buscarle.
Escuchó pasos que se acercaban al corredor. Lentos y seguros, se dirigían hacia ella con determinación. Sujetó el arma con un poco más de fuerza y respiró lentamente para calmarse un poco, lo justo para que sus manos no temblaran y aquello resultara creíble. No se veía capaz de disparar a nadie, pero ellos no tenían por qué saberlo. En cuanto creyó que el hombre estaba lo suficientemente cerca, dio un rápido paso y se plantó frente al desconcertado cazador, sujetando el arma con ambas manos, como había visto hacer en la televisión, a pocos centímetros de su barbuda cara.
El hombre la miró sorprendido, sus manos se alzaron involuntariamente indicando que iba desarmado. La reacción de su compañero fue la opuesta. Sus manos sacaron veloces el revolver que llevaba oculto bajo su cazadora y lo alzó en una postura similar a la que tenía Anne.
-"Suelta el arma"- le dijo el cazador.
Anne desvió la vista del hombre que tenía en frente al segundo cazador, antes de negar con la cabeza. -"Sueltala tú"-
Notó que el cazador dudaba. Su compañero le indicaba con la cabeza que no bajara su arma, pero sabía que a esa distancia la chica no fallaría el tiro.
El arma del cazador comenzó a descender, pero antes de que pudiera pensar en lo fácil que había resultado, sintió como algo frío y metálico le presionaba la nuca. Por desgracia, sabía lo que era.
El hombre frente a ella sonrió con cierta malicia al ver su expresión de sorpresa, antes de quitarle el arma de un zarpazo y empujarla contra la pared.
-"Se puede saber que haces fuera de tu jaula?"- Suspiró derrotada al reconocer la voz del tercer cazador. Por lo visto la información de su confidente no estaba del todo actualizada. Kate ya había vuelto y ahora estaba frente a ella, sonriendo entre admirada y molesta.
Anne se irguió ante la mujer mirándola directamente a los ojos, pero no respondió a su pregunta. Tampoco creía que Kate quisiera una respuesta. La mujer simplemente siguió sonriendo mientras guardaba su arma.
-"Ésta es de Mike"- dijo el cazador de la barba, al revisar el revolver que le había quitado a su cautiva. La cazadora miró a su compañero y con un gesto le indicó que fuera a ver lo que le había ocurrido al otro cazador.
-"El cuchillo"- dijo, volviéndose hacia Anne.
Durante un segundo, pensó en mentir y decirles que no lo tenía. En el mejor de los casos uno de ellos se acercaría a ella lo suficiente para cachearla y podría usar su habilidad. Pero algo en la manera en que Kate la miraba le hizo descartar esa idea rápidamente. Tenía la sensación que la cazadora no iba a ser tan paciente con un segundo intento de huida y no quería descubrirse delante de los cazadores en el caso de que saliera mal, así que lo sacó de su bolsillo y lo lanzó a los pies de la otra mujer.
Kate ni siquiera se molesto en recogerlo, con un gesto le indicó que caminara de vuelta a la otra habitación y supuso que también de vuelta a su jaula.
Derek miró al callejón a sus pies al ver el destartalado jeep parar detrás de unos contenedores de basura. El cielo hacía un rato que se había oscurecido, aún así no le costó identificar a las dos figuras dentro del coche. Ágilmente, descendió hasta la calle en un par de silenciosos saltos y se plantó tras los adolescentes que acababan de bajar del vehículo. Vio como Scott olisqueaba el aire, captando su olor, y se volvía hacia él.
-"Qué hace él aquí?"- le gruño al chico, señalando al segundo adolescente con un gesto de su cabeza. Le había pedido explícitamente que viniera sólo. Cuál era la parte que no había entendido? O es que esos dos eran algún tipo de pack indivisible y nadie había tenido la descendía de avisarle?
Stiles se volvió sorprendido al escuchar la voz del hombre lobo detrás de ellos. Carecía de los super desarrollados sentidos de su amigo, así que no se había percatado de su presencia. Lo que sí había notado era el enfado de Derek al hablar de él.
-"Soy el chofer, tío."- le dijo. -"La próxima vez, buscate un aliado con coche propio"-
-"Mi madre se llevó el coche"- se excusó Scott con una sonrisa inocente.
Derek le había pedido a Scott que se reuniera con él en ese callejón y que trajera su coche, porque de ninguna manera iba a dejar que el chico tocara el suyo, y para lo que tenía en mente, iban a necesitar uno. Miró de Stiles a Scott y, finalmente, asintió, relajando un poco sus rasgos y dando un par de pasos hacia los muchachos.
Algo más tranquilos, los chicos se sintieron un poco más animados. Lo justo para que Stiles se sintiera lo suficientemente cómodo como para formular la pregunta que rondaba por la mente de ambos al hombre lobo. –"Y de qué se trata todo esto? Algún tipo de entrenamiento secreto?"- Su llamada telefónica no había sido muy informativa sobre para qué les necesitaba y en el fondo Stiles esperaba que Derek les revelara algún secreto sobre los hombres lobo, algo que él no hubiera sido capaz de encontrar en Internet, o quizás, pudiera presenciar una pelea entre ambos licántropos. Eso sería genial, pensó el muchacho.
Derek miró serio a Stiles unos segundos, antes de centrar su atención en Scott, dispuesto a ignorar al otro adolescente el resto de la conversación.
-"En el almacén del final de la calle…"- le comentó haciendo un gesto en la dirección en la que se encontraba el edificio. -"…hay un grupo de cazadores que retienen a alguien como rehén."-
-"Cazadores? Un rehén?"- interrumpió Stiles. -"Es otro hombre lobo?"- preguntó, esperanzado por poder conocer a otro.
Derek se limitó a ignorarle, ni siquiera desvió su vista de Scott. -"He contado cinco cazadores, no puedo con ellos yo sólo"- observó unos segundos la expresión del chico antes de añadir. -"Kate Argent también esta allí"-
-"Qué? Kate?"- medio gritó el joven hombre lobo sin poder contenerse. -"No puedo entrar ahí! Si ella me ve, sabrá lo que soy! Qué pasará con Allison? Qué…"-
Derek cerró los ojos, molesto por la exagerada reacción del crío, y alzo una mano indicándole que se callara. -"No necesito que entres"- le tranquilizó. -"Sólo que te quedes fuera por si necesito ayuda."- Scott asintió más calmado al escucharle. -"Yo me encargo de los cazadores y de liberarla. En cuanto esté fuera, te la llevas lo más lejos de aquí."- Le instruyó.
-"Y tú que harás?"- preguntó el chico, entre curioso y preocupado.
Derek se encogió de hombros. -"Ya te lo he dicho. Me encargaré de ellos."-
A Scott no le dio muy buena espina esa respuesta, pero no tuvo tiempo de pensar mucho en ello, cuando escuchó la voz de Stiles preguntar la otra duda que también rondaba su mente.
-"Y quién es la rehén?"- dijo el hiperactivo adolescente.
Para su sorpresa, el hombre lobo, no sólo no le respondió, sino que le ignoro de nuevo. Stiles bufó algo molesto, antes de darle un codazo a su amigo para que repitiera la pregunta. En serio, Derek ya no tenía edad para comportarse como un niño de preescolar, pensó.
-"Y quién es la rehén?"- repitió Scott la pregunta.
Derek guardó silencio unos segundos antes de responder. -"Anne Bennett"-
Scott le miró confuso, sabía que había oído ese nombre antes pero no recordaba donde. Stiles, en cambio, fue más veloz. -"Anne Bennett?"- dijo con sorpresa en la voz. -"Cómo en Stra Bennett? Nuestra profe de historia?"-
Esta vez Derek no le ignoró y asintió lentamente.
-"Y por qué los cazadores han secuestrado a la Stra Bennett?"- preguntó Scott aún más confuso.
Stiles miró de Derek a Scott y después al almacén, mientras su hiperactivo cerebro rellenaba los huecos de la información que desconocía. -"No puede ser!"- exclamó al fin. -"La Stra Bennett? En serio?"- miró entre perplejo y algo molesto al hombre lobo.
Derek se limito a devolverle la mirada sin dejar que su expresión cambiara. Mientras Scott miraba de su amigo a Derek unos segundos hasta que comprendió la conclusión a la que había llegado Stiles.
-"La profesora y tú?"- preguntó incrédulo Scott. Cómo podía tener Derek tanto morro, después de sus continuos sermones sobre Allison y mira donde estaban ahora!
Derek negó con la cabeza, molesto. Molesto por tener que explicarse y molesto porque estaban tardando más de lo esperado en ponerse en marcha. -"Lo que haya entre Anne y yo no es asunto tuyo"- desvió la vista de Scott a Stiles -"De ninguno de los dos."- añadió, señalando de uno a otro. -"Y si ahora ella está en esta situación es porque Kate nos vio y sacó una conclusión equivocada. Lo que debería servirte de lección también a ti"- sentenció, dejando claro que el tema estaba zanjado. -"Ahora, podemos ponernos en marcha ya o las señoritas necesitan cotillear sobre algo más?"-
Los muchachos intercambiaron una mirada, antes de encogerse de hombros a la vez. Derek negó con la cabeza ante la estupidez del gesto de los chicos, antes de agarrar a Scott por la cazadora y obligarle a ponerse en movimiento.
-"Vamos"- le dijo -"No tenemos todo el día"- En realidad, las 24 horas que le había dado Kate estaban llegando a su fin. Tenían que ponerse en marcha cuanto antes.
Se giró de golpe al escuchar un segundo juego de pisadas que le seguían. -"Tú te quedas aquí"- le dijo al otro muchacho.
-"Pero…"- trató de quejarse Stiles, pero calló de golpe al ver como el hombre lobo le fulminaba con la mirada. -"Está bien"- murmuró, alzando las manos mostrando su derrota y apoyándose pesadamente contra el capó del jeep.
Observó en silencio como los dos hombres lobo se alejaban. No entendía por qué trataban siempre de dejarle al margen. Vale, él no tenía super poderes como ellos dos, pero estaba seguro que era mas listo que ambos… juntos. Suspiró, algo molesto con su rol de 'compañero simpático del héroe' en el que temía estar encasillándose, mientras veía como Derek le indicaba a Scott que le esperara escondido en las sombras de un portal.
El mayor de los hombres lobo siguió avanzando hasta el almacén que les había indicado, inspeccionó un par de coches aparcados delante, Stiles supuso que debían pertenecer a alguno de los cazadores, antes de ver como cogía un tablón de madera apoyado contra un contenedor cercano y golpeaba el parachoques del más nuevo de los vehículos. Instantáneamente, la alarma del coche comenzó a sonar, como un estridente grito de socorro, mientras las luces destelleaban en la oscuridad de la calle.
Unos segundos después, la puerta se abrió y, antes de que el hombre pusiera un pie en la acera, Stiles vio como Derek lo agarraba por la solapa y lo estrellaba, sin muchos miramientos contra el mismo coche. Para su sorpresa, eso hizo que la alarma cesara. Durante unos momentos, Stiles se preguntó si eso sería algún tipo de poder extraño que tenían los hombres lobo, pero ese pensamiento se borró rápidamente de su mente, cuando vio como Derek arrastraba al inconsciente cazador de vuelta dentro del edificio y cerraba la puerta tras ellos.
Stiles, apoyado contra su destartalado jeep, se pasó las manos por el pelo esperando que ese rescate saliera bien. Al menos para Scott y para él. No tenía muy claro qué le iba a contar a su padre si se veían involucrados en una pelea en un local abandonado de las afueras y con un montón de tipos armados y, posiblemente, con antecedentes criminales. Cambió el peso a la otra pierna, algo nervioso. Sabía que ahora sólo podían esperar y, a quien quería mentir, eso no se le daba nada bien.
Escuchó el sonido metálico de la puerta de la jaula cerrarse a su espalda y el inconfundible click del plateado candado. Volvía a estar en la casilla de salida. Su intento de huida no había servido para nada. Bueno, pensó Anne, sólo para que Kate se burlara del cazador al que había dejado encerrado en la pequeña celda llamándolo Bello durmiente. El hombre no parecía muy contento de que la cazadora le llamara así, pero no dijo nada, lo que hizo suponer a Anne que era Kate quien estaba al mando de esa trouppe de matones… no es que no se lo hubiera imaginado ya.
Dos cazadores más entraron en ese momento, cargaban una bolsa de lona oscura cada uno. La dejaron sobre una de las mesas cercanas a la puerta y el resto de los cazadores (el hombre barbudo, el bello durmiente y la loca psicópata) se acercaron a ellos. Les vio revisar las armas que uno de ellos sacaba de una de las bolsas e iba dejando sobre la mesa, e intercambiaron varios comentarios sobre munición y explosivos, ignorando el hecho de que Anne estaba a apenas unos metros de distancia de ellos. Lo que no le dio muy buena espina.
Unos segundos más tarde, se escuchó la alarma de un vehículo. El sonido llegaba a ellos algo amortiguado al estar dentro del edificio, aun así sonaba cerca. Con un gesto, Kate le indicó a uno de los hombres que fuera a ver lo que ocurría. El resto recogió las armas a toda prisa, volviéndolas a meter dentro de la oscura bolsa.
De pronto, las luces se apagaron. La sala había quedado en completa penumbra y la suave luz de la luna no conseguía penetrar la capa de polvo que cubría la acristalada claraboya del techo. Anne se aferró con fuerza a los barrotes de su pequeña prisión, tratando de distinguir algo en la oscuridad e insegura de lo que iba a suceder a continuación. Unos segundos después, vio un punto de luz, seguido de un segundo. Los cazadores habían encendido un par de linternas y ahora llevaban sus armas en las manos, preparados para lo que pudiera ocurrir.
Se escuchó un fuerte golpe contra la puerta, como si un peso muerto hubiese impactado contra el viejo material. Automáticamente, cuatro armas apuntaron hacia esta. Se escuchó un nuevo impacto, y esta vez la puerta cedió, abriéndose de golpe. Una sombra oscura se alzaba en el espacio donde había estado la puerta. Nadie se movió, mientras una de las linternas trataba de enfocar hacia la oscura figura. No les dio tiempo a iluminarle la cara, enseguida, el cuerpo cayó al suelo, impactando contra este con fuerza y quedándose inmóvil sobre los restos de la destrozada puerta.
Ahora el rayo de luz de una de las linternas consiguió mostrar su cara. Se trataba del cazador que Kate había enviado fuera al escuchar la alarma. La segunda linterna iluminó el sombrío pasillo ante ellos. Y, aunque no había nadie ahí, los cazadores sospechaban lo que estaba ocurriendo.
El hombre barbudo sonrió satisfecho. Hacía tiempo que no tenía una buena pelea. Con un gesto les indicó a sus compañeros que él se encargaba de eso y les señaló que se dispersaran por la sala. Sostuvo el arma y la linterna ante él, y comenzó a avanzar sigilosamente por el corredor.
Desde donde se encontraba, Anne no tardó en perderlo de vista entre las sombras. La segunda de las linternas, en las manos de Kate, se movió hacia los dos cazadores restantes. Por señas les indicó donde debían colocarse. Uno de ellos se aplastó contra la pared junto a la puerta y el segundo se escondió entre las sombras de la sala a unos metros a la derecha de su jaula. Después el haz de luz avanzó hacia ella. Primero enfocó a sus pies, pero enseguida subió por su regazo buscando su cara. Al hacerlo, sus ojos se cerraron instintivamente y puso una de sus manos ante su cara, tratando de evitar que la linterna la deslumbrara.
-"Creo que alguien ha venido a buscarte"- escuchó susurrar a la cazadora, cuando pasó por su lado.
Sus ojos, que se estaban adaptando a la oscuridad, habían quedado completamente cegados a causa de la luz de la linterna. No sabía si Kate lo había hecho expresamente o sólo para molestarla, pero no consiguió distinguir hacia donde se dirigía la cazadora, ni donde se había escondido.
Kate, por su parte, se debatía entre la decepción y la excitación. Por un lado, ya suponía que Derek no le iba a dar el nombre del Alpha tan fácilmente. No entendía muy bien el motivo por el que no quería que ellos se encargaran del asesino de su hermana. A veces creía que quería hacerlo él mismo. Algo que le hacía gracia, ya que parecía no darse cuenta que él no era rival para el otro hombre lobo y lo único que conseguiría sería acabar muerto y descuartizado en el bosque como su hermana. No es que a ella le importara mucho su destino. Un animal menos del que preocuparse.
Pero al mismo tiempo todo ese jueguecito del gato y el ratón al que estaban jugando en esos momentos la excitaba, la hacía sentirse viva y era uno de los motivos por los que le encantaba su trabajo. Que Derek se colara voluntariamente en su trampa creyendo que era el gato, cuando obviamente no era más que el estúpido ratoncillo, estimulaba sus instintos de cazadora. Y qué es lo que necesita todo cazador? Una presa. Y esa noche, Derek era la suya.
De pronto, escucharon un par de golpes secos, seguidos de completo silencio. Anne se aferró con más fuerza aún a los barrotes de su jaula mientras miraba hacia donde sabía que comenzaba el corredor, pero sin ser capaz de distinguir nada. Unos instantes después un tenue haz de luz iluminó una de las paredes del pasillo. La linterna rodó por el suelo hasta que topó con la pared contraria, en ese momento se apagó, dejándoles de nuevo a oscuras.
Hasta aquí por el momento. Espero que os haya gustado y no dudeis en dejar un comentario.
Hasta pronto!
