Algo que no puede faltar: los personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia es de Rochelle Allison, yo solo traduzco.

En esta traducción como en las demás sigue presente mi amiga y Beta Erica Castelo. Gracias por seguir apoyándome.


Edward parecía cansado.

No solo se veía cansado, algo evidente por sus ojos caídos y andar encorvado, sino que… lo parecía. Como si fuera parte de él y no solo una sensación pasajera. Me le quedé mirando mientras terminaba de comer, preguntándome qué haría después. También me pregunté cómo iba a funcionar esto. Realmente me sorprendía que él siguiera con vida, de estar compartiendo este espacio con alguien a quien no conozco en lo absoluto.

Me ponía nerviosa, y no en una buena manera.

"¿Quieres más café?" Le pregunté, poniéndome de pie para recoger mi plato.

"No." Sacudió su cabeza, siguiéndome al fregadero. "Gracias. Creo que me voy a ir a acostar."

"¿Estás bien?" Le pregunté, como un disco rayado.

"No lo sé," me dijo, cerrando sus ojos por un segundo. Antes de que pudiera decir algo más, se fue, desapareciendo dentro de la sala.

No sabía cuál era su problema, si era físico o emocional. Una vocecita dentro de mí insistía en que había más en su historia que un coche descompuesto y un teléfono muerto. ¿Vivía cerca? Si era así, ¿no debería saber que aventurarse a salir en un clima como este no era bueno? ¿Sobre todo sin estar preparado?

Después de limpiar el pequeño desastre que habíamos hecho en la cocina, fui a la sala. Una parte de mí se preocupaba por él, como si necesitara cariño o algo así. Jacob siempre había sido tan autosuficiente y orgulloso. Nunca había querido que hiciera nada por él, tampoco quiso que hiciera nada por mi cuenta. Probablemente pensaba que me hacía sentir amada cuando en realidad todo lo que hacía era hacerme sentir aburrida. Inútil.

Edward ya se estaba quedando dormido en el sofá, acurrucado bajo una de las mantas. Me atreví a acercarme, entrecerrando mis ojos para verlo, dándome cuenta que no había abierto las cortinas. No quería despertarlo, pero la falta de luz estaba lastimando mis ojos y haciendo que todo pareciera más depresivo de lo que era. Sin hacer ruido, corrí las cortinas, parpadeando hacia el blanco resplandor.

Al volver a un lado de Edward, estaba consternada de descubrir que sus mejillas estaban sonrojadas. Toqué su rostro, su frente. Estaba caliente; demasiado caliente.

¿Qué pasaba con él? ¿Demasiado frío y ahora demasiado caliente? ¿Las fiebres era un efecto común después de la hipotermia? Tenía mi mano sobre mi teléfono, lista para hablarle a Rose, cuando Edward abrió los ojos.

Me retiré, cohibida por la cercanía. "Tienes fiebre."

"Lo sé."

"Tengo Motrin, si la quieres."

"Me la tomaré."

"¿Por qué no me dijiste?"

Se quedó callado, cerrando sus ojos poco a poco antes de abrirlos de nuevo.

"No puedo ayudarte si no me dices lo que necesitas," le dije en voz baja, alejándome.

Una vez más Rose llamó mientras preparaba té. Tenía la intención de hacer que Edward lo bebiera esta vez.

"¿Cómo está tu paciente?" Preguntó.

"Tomó una ducha y desayunó, pero ahora tiene fiebre."

"Maldita sea." Suspiró dramáticamente, enviando estática por la línea. "Este es un caso difícil, ¿sabes? Todavía creo que solo deberías llamar a la ambulancia para que venga por él, sacártelo de las manos. Aunque, por otro lado, lo más probable es que no sea tan serio. Puede que tenga un resfriado o algo así por la congelación. Sería una pena hacer que se arriesgaran en los caminos con este clima por algo de lo que él puede recuperarse solo."

Eso también había cruzado por mi mente. Traté de evaluar la situación de forma práctica, traté de ignorar mis deseos internos, las ansias de compañía. Si era honesta, no quería estar aquí sola, incluso si eso significaba mantener prisionero a un hombre enfermo.

Solté un resoplido por la trayectoria de mis pensamientos, provocando que Rose se riera un poco. "¿Qué?"

"No lo sé. Quiero decir, sí. Opino lo mismo. No sé qué hacer. Le estoy preparando té, otra vez."

"Eres dulce."

"Lo intento." La tetera hirvió, y la apagué, dejado que el té se remojara. "También le voy a dar un par de Motrin. Si eso no funciona, entonces…"

"Entonces dale un baño tibio. Tendiendo un poco a lo frío."

"Seguramente él puede darse un baño."

"A eso me refiero," me dijo, riéndose otra vez. "Tontita. Oye, tengo que irme—creo que Alice se quedó afuera de nuevo."

Sacudiendo mi cabeza, la dejé ir.

De vuelta en la sala, Edward estaba de costado, delineando la alfombra debajo con desgana.

"Toma," le dije, dándole las dos píldoras y la taza de té.

"Gracias." Se incorporó, aceptando ambas cosas.

Sin querer quedarme ahí mirándolo, lo dejé hacer lo suyo. No había mucho que hacer aquí, además de ver televisión y leer. Cada día me decía que debería usar los momentos de tranquilidad para hacer ejercicio, meditar o algo y todos los días me encontraba en el sofá, distrayéndome con películas viejas. Ahora incluso eso estaba descartado, al ver que Edward había reclamado el sofá.

Suspirando, subí al segundo piso. Era un buen momento para leer, después de todo.

Y tal vez hacer ejercicio.

Dos horas más tarde, después de responder algunos correos, espiar a gente en el Facebook, y explorar Pinterest en busca de los mejores tratamientos y limpiezas faciales que nunca me haría, cerré mi laptop y me puse de pie. Probablemente era hora de ir a ver a Edward; no había oído nada de él en un buen rato.

Pero primero, tenía que hacer pipí. Entré al baño, ya desabrochándome los jeans, y me paré en seco.

Edward estaba parado en el lavamanos, con una maquinilla rosada en su mano, afeitándose. Tal vez debía estar molesta porque hubiese robado una de mis afeitadoras… una nueva, esperaba… pero todo lo que vi fue esa suave y recién descubierta línea de su mandíbula y sus brillantes ojos verdes, mirándome al espejo.

"Espero que no te moleste," dijo con voz rasposa, levantando la máquina. "Encontré un paquete debajo del lavamanos."

"Está bien," dije entre mi aliento, bajando mi camiseta sobre mis pantalones abiertos. Mis ojos se posaron una vez más en los de él… y el reflejo de su pecho… los músculos y piel pálida. Ángulos y curvas. Arañazos. Moretones. Inhalé aire bruscamente. "¿Qué demonios te pasó?"

Observé su reflejo mientras su mirada se movía impasible de su rostro a su pecho. "Una pelea."

"¿Quién ganó?" Le pregunté, un poco horrorizada.

"¿Realmente tienes que preguntar?"

Mis ojos se dispararon de nuevo a los de él. Me sonrió un poco, una sonrisa engreída en realidad, volviendo a su tarea. Era el primer atisbo a algo más que la enfermedad y tristeza que había visto de él y fue hermoso. Mi corazón se apretó, sin duda confundido por la agitación y los nervios que estaba sintiendo. Digamos que eso había sospechado. Sabía que una vez que se afeitara y se empezara a sentir mejor él se vería… ardiente.

Y no por una fiebre.

Aclarando mi garganta, me di la vuelta para irme. "¿Cómo te sientes? ¿Cedió la fiebre?"

"Sí. Estoy bien. Cansado, pero… mejor."

"Eso es bueno." Le eché otro vistazo cuando me escabullí de nuevo hacia el pasillo.

"¿Bella?"

Me asomé otra vez. "¿Sí?"

"¿Necesitabas algo de aquí? Puedo salir de tu camino—"

"No," le mentí, lo que era tonto. "Estoy bien—"

Pero él ya estaba en el estrecho pasillo conmigo, limpiando los rastros de la crema de afeitar de su rostro. Pasando los dedos por su barbilla, limpió sus manos en sus pantalones de chándal… que ahora se le habían bajado un poco, dándome una vista obscena de sus abdominales y líneas en V.

"Deberías usar una camiseta," murmuré. "Me deberías permitir lavar tu ropa."

"Bueno, ¿cuál será?" Me preguntó.

Levanté la vista, esperando ver la sonrisa de suficiencia, pero hablaba en serio como un ataque al corazón. Alejándome despacio le hice un gesto para que me siguiera a la habitación del tío Phil. Ahí, le arrojé una sudadera limpia y unos pantalones de franela. Edward era más alto y delgado que mi tío, pero a caballo regalado no se le miran los dientes.

Sin embargo, no le revelé estos pensamientos.

"Solo deja esos en el suelo," le dije, señalando sus pantalones. Probablemente pensó que era una friki de armario, obsesionada con que se quitara la ropa.

"Sí, señora."

Con eso comenzó a bajarse los pantalones. Tomé eso como mi señal para irme. O él me estaba jodiendo, o era un tipo raro.

Tal vez las dos cosas.


Uyyyy ya le está moviendo el tapete, dirían en mi rancho. Lo que quiere decir que ya le está alborotando las hormonas jajaja. Por lo visto no somos las únicas que no nos creemos ese cuento del coche, Bella empieza a dudarlo, pero tal parece que las hormonas están afectando su cerebro :P ¿Y qué hay de esos moretones y arañazos? Dijo él que fue de una pelea, ¿qué clase de pelea? ¿Teorías? Van muy bien chicas, como dijo mi querida Beta, a este paso tal vez lleguemos a los dos por día, ¿será? Espero que hayan disfrutado del capítulo.

Gracias a quienes comentaron en el capi anterior: marcelw, Pola Cullen Masen, Jazmin Li, Daniela, valeria, kitty, Izarys24, YessyVL13, somasosa, pili, Bertlin, anybella, angelabarmtz, , glow0718, nimo, Angeles MC, bellaliz, freedom2604, rosy canul, lagie, Arlette Cullen Swan, Sei, Shikara65, LicetSalvatore, Maribel, gaby9387, Gabriela Cullen, jemc18, EmDreams Hunter, mvfap18, patymdn, cary, Manligrez, Elizabeth, Roxy Sanchez, Sully YM, Ericastelo, Antonia, Pam Malfoy Black, , , Yoliki, Mafer, Tata XOXO, Liz Belikova, LeidaJim, jacke94, bbluelilas y algunos anónimos. Gracias por hacerme sonreír con sus palabras :)