Algo que no puede faltar: los personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia es de Rochelle Allison, yo solo traduzco.
En esta traducción como en las demás sigue presente mi amiga y Beta Erica Castelo. Gracias por seguir apoyándome.
Las manos de Edward se deslizaron más abajo. Yo me acerqué más. Había estado deseando esta: interacción humana, contacto físico. No estaba creada para estar sola. No ese tipo de soledad, de todos modos. Echaba de menos a mis amigos. Extrañaba estar en una relación. Echaba de menos quién era yo cuando no era 'Bella en el bosque'.
Y extrañaba sentirme tan instintivamente atraída por alguien.
Metí mis dedos en su cabello. De cerca, olía como a bourbon, como a mi champú y jabón. Sus dedos se deslizaron en la parte de atrás de mis pantalones, piel áspera contra tersa. Me contoneé para acercarme más y sentí que su respiración cambió, sentí que todo cambió. Los pantalones que tenía puestos poco podían impedir que lo sintiera, y ahora fui yo la que sonreí engreída, apartándome. Supongo que no soy la única que sufre de poca fuerza de voluntad.
Me sonrió, pero sus ojos estaban medios cerrados y estaba casi jadeando. "¿A dónde vas?"
"A ninguna parte," susurré, acercándome de nuevo.
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Cuando desperté para encontrarlo en mi cama, mi primer instinto fue correr.
No muy lejos, porque ahora que sabía que había lobos cerca, salir había perdido algo de su atractivo, sino simplemente alejarme.
Pero todavía estábamos completamente vestidos, y aunque había estado bastante borracha la noche anterior como para que me doliera la cabeza por la mañana, recordaba todo. Hubo mucho, pero mucho toqueteo y besos. Cuando nos calmamos un poco lo llevé arriba para dormir en una cama cómoda, sintiendo que era lo correcto. No había sido un error… lo hubiese hecho con o sin el bourbon.
Eso solo había facilitado las cosas, por así decirlo.
Pero ahora era de mañana y la habitación estaba fría. Me sentía adolorida, asquerosa e insegura. Era un hombre—por supuesto que respondía a un beso cuando involucraba alcohol. En ese momento se movió junto a mí, dándome el incentivo que necesitaba para levantarme. Saliendo de la cama con cuidado y haciendo una mueca al escuchar el rechinido del piso de madera, crucé de puntillas el pasillo y entré al baño. Cerré la puerta con llave y abrí la llave de la ducha, agradecida por el calor del vapor.
Cuando al fin salí, regresando a la habitación de huéspedes, la cama estaba hecha. Comencé a ponerme otra sudadera encima de mi camiseta, y entonces me detuve, considerando ponerme una delgada camisola y mi cárdigan color rosa pálido no tan pasado de moda. Sabía lo que estaba haciendo, pero ya no quería fingir. Me importaba. Quería ser deseada. Lo quería de él.
Incluso cuando no tenía idea de quién era.
Al bajar las escaleras, caí en cuenta que no había escuchado de Rose en un buen tiempo. Miré hacia la sala, recordando que mi teléfono había estado allí en algún momento. Sobre el sofá, tal vez, o el suelo. Se había caído en algún momento entre los cojines durante nuestro maratón de besos, pero ahora no lo veía por ningún lado.
El olor a tocino salió desde la cocina. Mi estómago gruñó. Me hice una nota mental de encontrar mi teléfono más tarde y en vez de buscarlo me fui a la cocina, donde Edward estaba de pie frente a la estufa.
"¿Había tocino?" Pregunté.
"En el congelador," dijo Edward, echando un vistazo hacia atrás. Sus ojos me recorrieron rápidamente.
Cruzando mis brazos, me recargué en la pared de enfrente. "Eres bueno para encontrar cosas, ¿verdad?"
"Supongo que sí."
"¿Cómo sabías que había un arma? ¿Estuviste husmeando?"
"Sí."
Mi corazón se detuvo. No había esperado su honestidad. "¿Por qué?"
"Para ver qué había aquí."
"¿Pero… por qué?"
Quitó el último tocino de la sartén y lo puso en el plato. "Porque estamos aquí en medio de una tormenta de nieve y no hay nada allá afuera más que predadores."
Apartándome de la pared, fui a pararme frente a él. "¿Cómo el lobo?"
Sus ojos viajaron por mi rostro, pausando en mi boca. "Sí."
"¿Los viste cuando estabas… allá afuera? ¿Antes?"
"Los escuché. Sabía que era cuestión de tiempo. No hay nada más allá afuera."
"Entonces, ¿sabías que mi tío tenía un arma?"
"Un hombre no vive aquí solo sin algún tipo de protección."
"Bueno, ¿dónde la encontraste?"
"En el armario junto a la puerta principal."
Entonces me sentí como una tonta, porque en todas las veces que abrí y cerré ese armario por zapatos y chaquetas nunca había visto una escopeta. Luego pensé en el estante que estaba dentro, comprendiendo que probablemente había estado guardada arriba. Supongo que tío Phil no creyó que necesitaba saberlo
Edward sirvió huevos en un plato y me lo dio.
"Gracias," le dije en voz baja, viéndolo trabajar. Había sido rápido con el arma, pero por lo demás parecía moverse lentamente, a propósito. Anoche también, con los besos. Todo fue intenso y a conciencia. Miré su perfil, sus labios. La extensión de sus manos y la forma en que su cabello se rizaba en la parte de atrás. Recordé que lo toqué. Mi rostro se calentó e iba a darme la vuelta, pero entonces él me miró.
"¿Te molesta?"
Agarré un tenedor. "¿El que husmearas?"
Asintió.
"Algo así. No lo sé. Supongo que agradezco que lo hayas hecho porque…" Mi voz se apagó. Era obvio por qué estaba agradecida.
El desayuno fue casi en silencio como era costumbre, con la excepción de los recuerdos de anoche entre nosotros. Sabía que yo estaba pensando en eso, y sin importar lo impasible que él se veía, sospechaba que también lo estaba haciendo. Después de comer, limpiamos, uno a lado del otro. Las luces parpadearon y luego se apagaron. Contuve el aliento, esperando que volvieran a encenderse, pero no lo hicieron.
Mierda.
Edward limpió sus manos en su camiseta. "Voy a ir por más madera."
A diferencia de antes, estaba bien con eso—y él lo sabía. Observé desde la ventana mientras se dirigía afuera, con el trineo en una mano y la escopeta en la otra. Desapareció dentro del cobertizo y emergió un momento después, acarreando la madera de regreso.
"No queda mucha," anunció al pasar junto a mí, llevando la madera a la chimenea. "Voy a tener que cortar más."
"¿Ahora?"
"Sí."
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Para cuando Edward volvió a entrar, con el rostro sonrojado por el esfuerzo, estaba absorta en un libro. Me levanté de un salto, sintiéndome inexplicablemente culpable por haber estado holgazaneando mientras él estaba cortando madera. Todavía tenía el hacha en su mano. Asustada por la escena, retrocedí, mirando de la filosa hoja a su rostro.
"Hice tanto como pude, pero," me mostró el hacha, señalando el mango, "está empezando a separarse. ¿Sabes si hay otra hacha?"
"N-no. No lo sé."
Me miró con los ojos entornados y luego volvió a salir. Escuché un golpe sordo en el porche, y luego pasos alejándose. Asomándome por la ventana, lo vi cargar un montón de madera tras otro de vuelta al porche, donde los dejaba antes de volver por otro. Finalmente la puerta principal se cerró definitivamente, y me sentí extrañamente aliviada.
"¿Me tienes miedo?" Me preguntó, apareciendo súbitamente en la sala. Respiraba con fuerza mientras se desabrochaba el abrigo que le había dado, uno de tío Phil.
"¿Debería tenerlo?" Pregunté a la ligera.
"No." Sacudió su cabeza, quitándose las botas. Más cosas de tío Phil. Dijo que le apretaban un poco sus pies, pero cualquier cosa era mejor que tenis en la nieve. "Nunca te lastimaría."
No me había dado cuenta de lo mucho que necesitaba escucharlo decir eso. Me relajé contra la pared, arrojando mi libro a la mesita de café.
"Lo sabes, ¿verdad?"
"No," admití, pasando saliva. "En realidad no sé… nada sobre ti."
Se acercó, deteniéndose a solo unos pasos de distancia. "Sabes eso, entonces."
Deliberadamente evasivo: había tratado de ignorarlo pero ahora era innegable. Abrí mi boca para hablar, pero cerró la distancia entre nosotros y tocó mi manga, silenciando mis palabras antes de que siquiera tuvieran una oportunidad. "¿Te pusiste esto por mí?"
Asentí, bajando la vista a mi cárdigan.
Levantando mi barbilla con su puño, encontró mi boca con un beso, presionándome contra la pared con su cuerpo. Nos besamos así con besos largos y húmedos, sus dedos desabrochando los botones de mi cárdigan antes de quitármelo. La camisola que llevaba debajo le siguió, hasta que estaba frente a él en jeans y sujetador. Lo insté a quitarse su camiseta, y entonces estábamos piel con piel, recordándome su primera noche. No había llegado tan lejos, pero lo hubiese hecho de haber sido necesario.
Comencé a rodearlo con mis brazos, pero se apartó de pronto, llevándome hacia la alfombra. ¿No había sospechado que terminaría así? ¿Un polvo frente a la chimenea, al estilo Harlequin?
¿No lo había deseado?
Estaba encima de mí, besando mi cuello y mordiéndome un poco. Deslizó sus manos dentro de mis pantalones, esta vez por enfrente, y jadeé en nuestro beso, ansiosa y anhelante.
"¿Deseas esto?" Me preguntó.
"Sí."
Chan, can, chan, chan…. Lo harán, no lo harán. ¿Qué dicen? No me avienten tomatazos, yo no fui la que lo dejó ahí jajajajaja. Pero ya saben que si quieren pueden leer pronto el otro. ¿Podrán? Mmmm…. Ya veremos. Y sí, como ya Bella lo dijo también y ustedes lo habían mencionado, está siendo deliberadamente evasivo, ¿por qué?
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