Algo que no puede faltar: los personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia es de Rochelle Allison, yo solo traduzco.

En esta traducción como en las demás sigue presente mi amiga y Beta Erica Castelo. Gracias por seguir apoyándome.


Edward me quitó los pantalones con la velocidad y eficiencia de un atleta olímpico antes de volver a cernirse sobre mí. Me tomó un momento admirar su complexión, la definición de sus brazos y el panorama delgado y musculoso de su pecho.

"Chica hermosa," me dijo, sonriendo un poco al acercarse por otro beso.

"¿Qué es lo que haces?" Pregunté.

A unos centímetros de mis labios, se detuvo, y luego me besó de todos modos. "Sobrevivo."

"¿Por qué eres tan ambiguo?"

"¿Por qué estás tan resuelta a saber?"

"Te das cuenta que cada vez que evades mi pregunta, solo haces que desee saber más, ¿no es así?"

Presionó su rostro en mi cuello, inhalando. "Hueles bien, Bella."

"Así—"

"¿Así? Está bien." Inhaló otra vez, pasando su nariz por mi mandíbula, haciéndome estremecer.

Lo empujé sin ganas. "No, así. Que no me respondes."

Sus ojos buscaron en los míos. "¿Confías en mí?"

"No lo sé."

"No lo sabes. Es instintivo, nena. Lo haces o no."

"Yo… no lo sé." Era una mentira, porque tenía razón—en parte. "Confío en ti en algunas cosas, pero no en otras."

Rodándose para apartarse de mí, se sentó, encorvado, subiendo sus rodillas y descansando sus brazos sobre ellas. "Entonces, eres lista."

Me quedé callada, deseando que dijera más… pero en realidad no.

"Pero deberías tener más cuidado a quién dejas entrar."

Mi corazón se detuvo por un momento, y pasé saliva, sentándome a su lado. "No podía dejarte morir allá afuera."

"Tal vez debiste hacerlo." Me miró de soslayo. "He hecho cosas malas."

"¿Qué tipo de cosas malas?" Le susurré.

"Cosas malas necesarias, pero aun así, cosas malas."

Desvié la mirada, dirigiéndola hacia el fuego.

"¿Quieres que me vaya?" Me preguntó.

Bajando la vista, pasé mi mano sobre la alfombra en la que acabábamos de estar acostados. No sabía qué estaba mal conmigo. Él me hacía sentir cosas que nunca antes sentí y no solo físicamente. Pero, ¿cómo podría sentirme tan conectada a alguien que no conocía y en quién apenas confiaba?

Edward se acercó, besando mi mejilla, y se levantó. Lo escuché ponerse de nuevo sus botas, y un momento después la puerta se abrió.

Esto era ridículo. ¿A dónde iba a ir? Terminaría de la misma forma en que lo encontré, a menos que los lobos lo encontraran primero.

Poniéndome de pie, envolví la manta de fútbol a mi alrededor y medio corrí hacia la puerta. La abrí para encontrar a Edward mirando hacia los remolinos de nieve, al borde de desaparecer en ella.

"No puedes irte. Vas a… morir. Y todo esto habrá sido para nada."

000

No sabía qué hacer. Sentía como si esto fuera todo mi mundo, esta cabaña en la nieve. Y Edward. Pero él se había retraído de nuevo. Me hallé haciendo lo mismo, preguntándome si mi evidente retorcido afecto no era correspondido. No era exactamente como si tuviera competición allá afuera.

Por otro lado, él tampoco la tenía.

Cenamos temprano, sándwiches de mermelada y mantequilla de maní. Hablamos, pero no mucho. Tal vez era esta sensación de desnudez: yo había admitido desearlo aquí mismo y él había admitido hacer "cosas malas". Las cosas incluso estaban más turbias de lo que habían estado. Después, me dirigí al piso de arriba, anhelando la comodidad de las pijamas. De nada había servido el cárdigan.

Fríos dedos acariciaron mi espalda desnuda. Jadeé, girándome, sujetando la franela contra mi pecho. Ni siquiera había escuchado la puerta, no había escuchado a Edward entrar. Era así de sigiloso, leonino y grácil.

Peligroso, quizás.

"Te deseo, Bella," me dijo, arrojando a un lado la camisa de mi pijama. Me atrajo a él y me besó, sus manos extendidas en mi espalda. "¿Está bien? Te deseo. Por favor."

Ahora fui yo quien lo sujetó, quitándole su camiseta y fundiéndome en él, olvidando mis preguntas e inhibiciones, y probablemente mis valores morales. Nos metimos en la cama y él se rodó sobre mí, besando mi cuello y mis senos, donde se tomó su tiempo con mis pezones, estimulándolos y lamiéndolos, chupando y apretando. Lo rodeé con mis piernas y pasé mis manos por su cabello, agradeciendo lo aislados que estábamos. No había nada más que esto, nadie más que nosotros.

Me quitó mis pantalones, tirándolos junto a la cama. "No creí que te gustaran los tatuajes," me dijo, pasando su lengua por la diminuta silueta de un pájaro junto a mi ombligo.

"Me lo hice—" Jadeé cuando me besó a través de mi ropa interior "—Me lo hice cuando me gradué del instituto."

"Puedo imaginarte haciendo eso," me dijo, su aliento haciéndome cosquillas en el interior de mis muslos.

"¿Sí?" Casi lo dije en un chillido.

"Sí."

Me desnudó entonces, besando la parte inferior de mis rodillas antes de poner mis piernas sobre sus hombros.

"No tienes que hacerlo," le susurré, alejando su cabeza.

"Sí, tengo que hacerlo." Sentí que me abrió con sus dedos, pasándolos todo alrededor, provocando y estimulándome, manteniéndome quieta. Su lengua siguió, degustándome en lugares que me hubiesen avergonzado si no estuviera tan excitada. Lugares en los que pensaría el resto de mi vida.

"A veces me toma algo de tiempo…"

"Está bien."

"Sí," le susurré, cerrando mis ojos, pasando mis dedos por su cabello.

Para cuando de verdad tocó mi clítoris estaba desesperada por correrme. Deslizó dos dedos en mi interior y los movió al ritmo contrario de su boca, llevándome a un orgasmo que comenzó como un temblor y terminó como un tsunami, envolviéndome en placer. Me sentí mareada por el placer, por respirar pesadamente e inhalar oxígeno bruscamente.

Besó el interior de mis muslos cuando al fin lo alejé, sensible y temblando, besó todo el camino hasta mis pies donde bajó de la cama y cogió algo del piso.

"¿Dónde conseguiste eso?" Le pregunté, mi voz temblorosa como resultado del más grande clímax que había tenido en mi vida.

"Del buró de tu tío."

"Ugh," grité, sin saber que era más perturbador: la costumbre de husmear de Edward o la imagen de mi tío Phil entreteniendo a invitadas en su recámara.

"¿Ese fue un ugh o un oh?" Preguntó Edward encima de mí, deslizándose directamente al interior.

Oh!"

"Eso fue lo que pensé," me susurró.

Me besó todo el tiempo. Eso me gustó.

000

Poco a poco caí en el insomnio, al despertarme por la necesidad de hacer pipí. Junto a mí, Edward dormía pacíficamente. Se había quedado dormido en algún momento después de la segunda vez.

Creía que ese tipo de vigor era una leyenda urbana, o al menos relegada a los chicos adolescentes, pero Edward se puso duro y permaneció duro y luego se corrió y se puso duro otra vez. Sin embargo, también hizo que me corriera varias veces, y se había sentido bien. Realmente bien. Tenía sexo como hacía todo lo demás: Despacio y a conciencia. Al principio, la lentitud había hecho que me impacientara, pero entre más tardaba, más profundo llegaba, y entre más profundo llegaba, con más fuerza me corría. Era difícil para mí correrme con sexo, pero él se tomó su tiempo.

Aunque ahora estaba adolorida. Tan adolorida que sentarme dolía.

Cojeé hacia el baño, sintiéndome como en la frase final de un chiste de fraternidad.

En la planta baja, el fuego finalmente se había apagado, pero estaba demasiado cansada para hacer algo al respecto. Tomé un vaso de agua del fregadero y lo estaba bebiendo cuando la electricidad volvió con un zumbido, haciendo que me cagara del miedo. Dando un grito ahogado, casi dejé caer el vaso, atrapándolo por la gracia de Dios. Con las luces encendidas me sentí expuesta, y rápidamente las apagué.

"Bueno, gracias a Dios," murmuré, encaminándome hacia el termostato en el vestíbulo para poder ajustar la calefacción. La casa se había puesto fría mientras dormíamos, y la camiseta que llevaba hacía poco para protegerme.

Caminaba de puntillas de vuelta a las escaleras, con intenciones de regresar al calor de la cama cuando vi la escopeta. Edward la había dejado junto a la puerta principal, como lo hacía a menudo cuando venía de afuera. Debido al incidente con el lobo, entendía por qué lo hacía, pero no me gustaba. La tomé y la metí en el armario donde pertenecía, colocándola en el estante superior. Algo más cayó ruidosamente al suelo.

Mi teléfono.

Me le quedé mirando, mi estómago hecho nudos. ¿Por qué lo pondría ahí? ¿Qué estaba ocultando? Agarrándolo, me di cuenta que la batería había muerto. Sin embargo, ya teníamos electricidad, de modo que podía cargarla.

Esperando que los últimos días de hipotermia, cortar leña y sexo mantuvieran a Edward dormido, regresé volando a la sala. Mi bolso estaba ahí, enterrado entre las mantas y dentro, mi cargador.

Enchufé mi teléfono, esperando impacientemente a que encendiera. Seguí pensando en Edward y lo que me había estado haciendo hace unas horas. Cuánto me había gustado y lo había deseado. Cuánto seguía deseándolo, y lo mucho que iba a doler cuando todas las preguntas sin respuesta y presentimientos que había hecho a un lado salieran a la luz.

Por fin, mi pantalla se iluminó.

Once llamadas perdidas, veintitrés mensajes de texto.

Temblando, leí los mensajes primero. La mayoría eran de Rose, pero también unos cuantos eran de Jacob, lo que era extraño. No habíamos hablado en un tiempo. Abrí el más reciente de Rose.

Omg, Bella llámame, por favor. Me estoy asustando.

El anterior decía.

¿Ya revisaste? ¿Todo está bien?

Fruncí el ceño. ¿Revisar qué?

Dicen que fue en el área. No lo sé.

Confundida, continué revisándolos, yendo cada vez más atrás hasta que…

Salió en las noticias… probablemente no es nada pero Alice cree que debería decírtelo. Hubo un accidente. Una de esas camionetas que transportan criminales. Como sea, sorprendentemente el tipo pudo LIBERARSE. Ahora hay una gran búsqueda. Él es realmente peligroso.

Sentí que mi corazón se marchitaba y encogía, debatiéndose entre el desconsuelo y el temor. Mirando el teléfono fijamente, leí aturdida el resto de los mensajes que no tenían que ver con nada. El control remoto estaba entre los cojines del sofá como siempre. Temblando, encendí la televisión y bajé el volumen. No me tomó mucho tiempo encontrar un canal de noticias…

… o el rostro de Edward, mirándome desde la pantalla. Un letrero corría al final de la pantalla, en un color rojo brillante, instándonos a alertar a las autoridades si veíamos algo.

El piso rechinó, y él se materializó en la oscuridad.


Sí, algunas ya lo habían comentado, y una en uno de los anuncios que pongo en Facebook dijo que viendo bien el banner se dio cuenta de dónde venía Edward, ¡al fin! Jajajajaja Es un criminal peligroso que se escapó de un transporte de reos, la pregunta es, ¿qué hará ahora que Bella ya sabe quién es? ¿Y qué hará Bella ahora que ya probó esas mieles? *Menea cejas* Ya saben qué hacer si quieren saberlo pronto :P Gracias por seguir correspondiendo, es realmente sorprendente ver la cantidad de personas que siguen una historia y las que se toman momentito de su tiempo para simplemente dar las gracias. La verdad es que la diferencia es enorme y no me sorprende que muchas autoras y traductoras se desanimen y ya no suban tan seguido o dejen historias olvidadas. Piénselo ;)

Gracias a quienes dejaron su review: NNuma, NoeLiia, Jocelyn907, Gissy Cullen Swan, Maribel, marcelw, Tecla, Tata XOXO, Adriu, angelabarmtz, Roxy Sanchez, Valeria, Angeles MC, Gabriela Cullen, Bertlin, glow0718, liduvina, Ely Cullen, gaby9387, Antonia, muse3841, pili, EmmaBe, YessyVL13, Ericastelo, Manligrez, Shikara65, Sei, Pam Malfoy Black, Mafer, Sully YM, , jacke94, freedom2604, Dayis, patymdn, Marie Sellory, tulgarita, .10, dushakis, Yoliki, y algunos anónimos. ¿Cuándo subiré el otro capítulo? De ustedes depende, no lo olviden.