Algo que no puede faltar: los personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia es de Rochelle Allison, yo solo traduzco.
En esta traducción como en las demás sigue presente mi amiga y Beta Erica Castelo. Gracias por seguir apoyándome.
Oh, Dios.
El más brutal del miedo que alguna vez hubiese sentido subió lentamente por mi vientre, haciéndose un nudo en mi garganta. Ni siquiera pude tragar cuando Edward caminó hacia mí, sus rasgos haciéndose visibles cuando dio un paso hacia el tenue resplandor azul.
Me quitó el control remoto y apagó la televisión, hundiéndonos de nuevo en la oscuridad. Un momento más tarde su mano encontró la mía y me levantó con gentileza. "Te dije que no vieras esa mierda," me susurró.
Sin palabras por lo real que se habían vuelto las cosas ahora, me quedé inmóvil, incapaz de calmar mis nervios. Edward era un hombre buscado. Había hecho algo lo bastante malo como para justificar no solo pasar tiempo en la cárcel, sino también un transporte fuertemente custodiado. Estaba protegiendo a un fugitivo.
Mis ojos se habían adaptado una vez más a la oscuridad, y vi que me estaba mirando.
"Por favor," lloriqueé.
Sus brazos se deslizaron a mi alrededor. "Dije que no te lastimaría y lo dije en serio."
"¿A quién sí has lastimado?"
"Gente que se interpuso en mi camino."
Mis rodillas se doblaron, pero él me sostuvo, su corazón latiendo con fuerza de la misma forma en que lo estaba haciendo el mío. En un arranque de locura, lo empujé y subí al sofá. No sabía a dónde iba—literalmente no había dónde ir y no podía ver nada—pero mis instintos de escape al fin estaban funcionando y necesitaba poner tanto distancia entre nosotros como fuera posible.
Pero él me atrapó en segundos, agarrando mi brazo y tirando de mí atrayéndome de vuelta a su pecho.
"Me iré en la mañana."
Nos quedamos así, con frío y en la oscuridad, en silencio, hasta que me soltó y se alejó. Me quedé quieta un momento, observándolo. No había nada más que pudiera hacer más que seguirlo, y él debía saber que lo haría porque me esperó al pie de las escaleras.
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Yacía sobre mi costado, mirando hacia la ventana. El cuerpo de Edward curveado alrededor del mío. Él era la cuchara grande y yo la chiquita, él consiguió quedarse dormido otra vez, pero por obvias razones yo no pude. Afuera, la nieve al fin se había detenido, y el cielo estaba claro. No había podido ver las estrellas en semanas, pero esta noche estaban brillantes.
Pensé en la injusticia de todo. El único hombre que había logrado despertar algo en mí era un criminal. Tal vez incluso un asesino. A quién estaba engañando—definitivamente era un asesino. No tenía la menor idea de cómo iba a terminar esto; solo rogaba no terminar en ello.
Las lágrimas rodaron de lado por mi rostro, goteando de mi nariz hacia mi almohada. Ahora que todo estaba al descubierto, Edward no se había molestado en esconder mi teléfono otra vez. Estaba silencioso sobre el buró, un inesperado heraldo de malas noticias.
No voy a lastimarte, pero no puedes decirle a nadie que estoy aquí. ¿Está bien?
Está bien.
Y no lo haría. No esta noche de todos modos. Aun así, había mensajes en ese teléfono que tenía que leer. Como si supiera que lo estaba viendo, la pantalla se iluminó con una nueva alerta. Con cuidado estiré mi mano para agarrarlo y revisé mis mensajes más viejos, eligiendo los de Jacob primero.
Escuché algo bastante alarmante de Rosalie. ¿Estás bien, Bells?
Y luego.
Voy para allá. Quédate adentro.
Mi corazón se apretó. Miré la hora en el mensaje; había sido enviado hace horas. Venía hacia acá, mi equivocado caballero de brillante armadura, atacando el castillo de la forma que siempre lo hacía. Y eso es si llegaba aquí antes de que el ineludible equipo de búsqueda lo hiciera. Se nos estaba acabando el tiempo.
Hice una mueca en mi interior. Nos. Sí—a Edward se le estaba acabando el tiempo, no a mí. No había hecho nada malo, a menos que cuenten los crímenes emocionales hacia uno mismo.
"¿Vas a contestarle?" Preguntó la voz áspera de Edward, segundos antes de que me quitara el teléfono y lo arrojara al piso.
"No," susurré, permitiéndole que me diera la vuelta para mirarlo. "Solo quería ver lo que tenía que decir."
"¿Quién es él?"
"Mi exnovio. Es policía."
Edward se rio sombríamente. "Que apropiado."
"No iba a decir nada." La ira se encendió en mí, y me retorcí para salir debajo de él. "Dije que no lo haría. ¿Quieres que confíe en ti? Bueno, tú tienes que confiar en mí."
"Confío en ti," me dijo, rodándose sobre su espalda. "Ya me hubiera ido si no lo hiciera."
Casi no dormí. Cuando lo hice, fue de forma intermitente, un caos de sueños y realidad. Cuando al fin desperté completamente, Edward ya no estaba. Me incorporé, preguntándome si había dejado la cama o simplemente se había ido. A pesar de todo, la posible idea de de no volverlo a ver nunca más me hizo sentir algo pesado en mi corazón. Un sollozo se abrió camino por mi garganta y cubrí mi rostro, permitiéndome llorar.
"Mierda." Edward estaba parado en la puerta, apoyando sus brazos en el marco. Nunca podría volver ver unos estúpidos pantalones grises de chándal sin pensar en él. "No llores, nena. Ven." Se acercó, sentándose junto a mí sobre la cama.
"Pensé que te habías ido." Me sorbí la nariz, avergonzada. "Debías haberte ido."
"Toma una ducha conmigo."
"¿Qué? No."
"Oye."
"No." Lo miré de frente a los ojos, tratando de ignorar la evidente situación en sus pantalones. Incluso si quisiera, todavía estaba adolorida. De hecho, una ducha sonaba celestial; solo que no del tipo que Edward tenía en mente. Mentiras. Eso también sonaba celestial.
"Te deseo. Y sé que todavía me deseas." Me miró fijamente.
Desvié la mirada ahora, el rubor extendiéndose en mis mejillas. No dijimos nada más, tocó mi hombro y luego se levantó. "¿Al menos vas a dejarme tomar una ducha antes de irme? Puede que sea la última por un buen tiempo."
"Adelante." Me encogí de hombros, asintiendo.
"Las damas primero. Voy a preparar algo para comer."
Vi cuando se iba, golpeando otra vez la parte superior del marco antes de desaparecer por el pasillo. No entendía su falta de urgencia; ya sea que quisiera que lo atraparan o era tan engreído que pensaba que no podrían hacerlo. Mi estómago se hizo un nudo, pensando en la tormenta de mierda que venía hacia nosotros. ¿Qué iba a decir? ¿Cómo iba a ver a Jacob después de esto? Mentiría, por supuesto. Mentiría como nunca. Ya ni siquiera sabía quién era yo.
Tal vez eso no era tan malo. Me levanté, me estiré con el débil sol de invierno entrando por la ventana, y fui a tomar mi ducha.
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Estaba recargada en la puerta, mirando a Edward prepararse para irse. Muy bien abrigado y con botas, estaba lanzando comida y agua dentro de una mochila vieja, incluso una manta extra que yo había encontrado en el armario de los blancos.
"Nunca me dijiste qué fue lo que hiciste," le dije en voz baja. "¿Has matado?"
Se detuvo, dejando caer la mochila y caminando hacia donde yo estaba, los brazos cruzados sobre mi pecho.
"Hago lo que tengo que hacer."
Tomando eso como un sí, continué. "Entonces…"
"Manejo un negocio familiar, Bella."
"Creí que habías dicho que tu familia no vivía por aquí."
"Así es. Ya no más."
"¿La mafia?"
"Nop."
"¿Son… traficantes de drogas?"
La diversión danzó en su rostro. "Se podría decir eso."
"Deja de joder conmigo," dije entre dientes, mis ojos empañados por las lágrimas.
"Producción y distribución de metanfetamina."
"¿Metanfetamina?"
Sus ojos se movían de un lado al otro entre los míos.
"¿Tú también," pasé saliva, mirándolo fijamente, "haces eso?"
"¿Qué, cocinarla? Un par de veces… pero en realidad no. Solo me aseguro de que las cosas funcionen sin problema… hago contactos."
"¿Pero las has consumido?"
"No. Nunca consumas tu producto." Me dio una sonrisa bastante sombría.
"De modo que solo la vendes a otras personas—"
"Se la vendo a personas para que ellos puedan venderla a otras personas."
"Para que puedan drogarse." Sacudí mi cabeza, bajando la mirada. "¿Por qué? ¿Por qué querrías ser parte de eso?"
"Oferta y demanda, nena." Se acercó, llevando sus labios a mi oído, descansando su mano en mi cadera. "Algunas veces las cosas malas pueden hacer que la gente se sienta bien."
Cerré mis ojos, un escalofrío recorriendo mi cuerpo. Incluso después de todo lo que me había dicho, esa transferencia de calor—de su piel a la mía—me derretía. Sabía que estaba mal. Sabía que nunca funcionaría. Y aun así, mi corazón lo anhelaba.
"¿Te doblegué, Bella?" Besó mi oreja y luego se agachó para besar mis labios. "Porque tú sí que me doblegaste."
Agarré su camiseta en un puño mientras me besaba, respondiendo a su beso con todo lo que tenía. Tiró de mi cabello, mordisqueó mi cuello, y finalmente tiró de mis pantalones bajándolos al suelo, pateándolos a un lado al mismo tiempo que desabrochaba los suyos.
"No vamos a hacer bebés, ¿verdad?" Gruñó, levantándome contra la puerta.
"N-no."
Se introdujo en mí, penetrándome despacio hasta que estuve más húmeda. Me aferré con fuerza, dividida entre lujuria, tristeza… y un poco de incomodidad.
"¿Estás bien?" Me preguntó, su rostro enterrado en mi cuello.
"Me duele un poco."
Debía sentir lo mismo, porque agarró mis muslos y se dio la vuelta de manera que quedó contra la puerta. Se deslizó hacia el suelo, manteniéndonos unidos. "Déjame sentirte," me dijo entre besos. Lamió su pulgar y metió la mano entre nosotros, tocándome. "Déjame sentir como te corres en mí."
El sexo fue mucho más rápido de lo que había sido la noche anterior, más intenso. Grité cuando me corrí, sujetando sus hombros mientras me penetraba, persiguiendo rápidamente su propia culminación. Entonces, esos ojos verdes encontraron los míos y supe que sentía lo mismo.
El pánico por la pérdida me inundó cuando recuperábamos la compostura. Ahora Edward tenía prisa, poniéndose unos guantes y un gorro para esquiar.
"Llévate el arma," le dije. "Sé que es grande, pero… es mejor que nada."
No dijo nada, solo desapareció en la sala antes de regresar con otra arma más pequeña. La miré boquiabierta.
"Estaba en el cajón junto a su cama."
Sacudí mi cabeza. "Está bien. Solo… vete. Estarán aquí en cualquier momento." Tal como estaban las cosas, dudaba que llegara muy lejos y eso me destrozaba. Además de las autoridades locales y los federales, sabía lo dedicado que era Jacob. Edward tenía que correr como el viento para tener al menos algo de oportunidad.
"Adiós, chica hermosa." Agarró mi rostro y me besó antes de abrir la puerta. Apenas si sentía el frío. "Te encontraré."
"No. No lo hagas."
"Lo haré."
"Te encontrarán primero."
"Nunca me encontrarán," me dijo, sus ojos endureciéndose. Fue como ver que alguien se convertía en piedra frente a mí. Me empujó dentro de la casa, puso el seguro por dentro, y cerró la puerta con fuerza detrás de él.
Aaaaaaah dijo que la encontraría de nuevo, ¿creen que lo haga? Al menos no le hizo daño, y alguien por ahí menciono lo extraña que es esta Bella, tal vez alguien juicioso hubiera actuado diferente a ella, tal vez tratar de comunicarse con la policía o al menos no volver a ceder a él, pero tomemos en cuenta que esta Bella estaba hastiada de su vida y él despertó algo en ella, y al parecer es mutuo. La pregunta es, ¿sobrevivirá él a la búsqueda? ¿Cumplirá con su promesa de encontrarla? ¿Ella accederá a continuar algo entre ellos? Ya lo veremos. Gracias por todos esos reviews, me encanta ver que están disfrutando de la historia. Siempre trato de elegir las que de verdad me enganchan al leerlas con la esperanza de: 1.- Que la autora me dé el permiso. 2.- Que ustedes la disfruten. Espero seguir teniendo éxito al elegirlas ;)
Gracias a: JulieDeSousaRK, Antonia, V1V1, Jazmin Li, paosierra, Sully YM, Caty Bells, glow0718, Gissy Cullen Swan, rjnavajas, patymdn, marcelw, Paulina, tulgarita, Sei, rosy canul, angelabarmtz, pili, suhaylc, Ely Cullen M, Pam Malfoy Black, Anastacia T. Crawford, , EmDreams Hunter, Angeles MC, Roxy Sanchez, gaby9387, Ana, YessyVL13, freedom2604, Yoliki, EmmaBe, Mafer, maribel, jacke94, elizabeth, Dayis, Fatavill, dushakis, Ericastelo, Tata XOXO, , y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en…. Ustedes deciden :P
