Mucho romance y sensualidad, espero les guste.

Día 6

Tema: Wearing each other clothes / Vistiendo la ropa del otro

Advertencias: Romance

900 palabras

Summary: ¿Había algo mejor que tener un día libre? La gloriosa vista apenas abrió los ojos le confirmó que sí.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.


Dulces mañanas

¿Había algo mejor que tener el día libre? Erwin llevaba tanto tiempo trabajando sin parar, que ni siquiera recordaba cuando había sido la última vez que tuvo un día libre, pero estaba seguro de que ya había pasado más de un año. Cuando le dijeron que se veía cansado justo después de derramar su café sobre los informes en los que había trabajado toda la noche, supo que era hora de dejar el trabajo al menos por unas horas, pero la insistencia de Hanji en que se tomara uno o dos días de descanso fue tal que acabó por convencerlo. De cualquier forma, de qué servía que pasara todo el día trabajando si acabaría por arruinarlo todo al quedarse dormido con el café en la mano.

Esa noche fue a dormir bastante tarde, tanto que incluso Levi, que siempre le esperaba despierto, ya se encontraba profundamente dormido. Intentó acostarse sin hacer ruido, tratando de no mover demasiado la cama, pero todos sus esfuerzos eran en vano tratándose de él. Apenas tocó las sábanas, Levi le miró a los ojos con sorpresa pues estaba seguro de que pasaría toda la noche haciendo los informes de nuevo.

Quiso convencerlo de volver a dormir, pero llevaban tanto tiempo sin verse que en cuanto Levi comenzó a besarle no pudo resistirse, ¿cómo podría resistirse a los dulces labios y la suave piel de su capitán? Así se les fue la noche, entre besos, caricias y sonrisas cariñosas, porque claro, Levi también disfrutaba de esos momentos luego de haber descuidado su relación a causa de sus obligaciones.

Justo antes de dormir, cuando Levi le preguntó a qué hora se iría a seguir con el trabajo, no tuvo que pensar dos veces antes de sugerir que se tomara el día también, asegurando que se olvidarían de todo por veinticuatro horas y sólo serían ellos dos en esa habitación que se había convertido en su pequeño mundo privado. Erwin estaba seguro de que se negaría, pero al parecer le había complacido tanto esa noche que no solo aceptó sino que además tuvieron otra ronda, igual de dulce pero mucho más intensa. El día no podía ir mejor.

O al menos eso era lo que pensaba. Apenas los primeros rayos del sol interrumpieron su descanso, Erwin buscó el cálido cuerpo de su pareja para abrazarle y volver a dormir, encontrándose con la cama vacía. Suspiró, decepcionado, creyendo que todo había sido una mentira y que seguramente ya estaría en el campo entrenando a su equipo. Aun sin querer abrir los ojos, sus manos buscaron la almohada de Levi, deseando al menos poder tener su aroma cerca para quedarse dormido.

—No puedo creer que me reemplaces con una almohada.

La tan conocida voz de Levi le hizo abrir los ojos con pereza, sorprendido por su presencia en la habitación.

—¿Levi? Creí que te habías ido… —Quiso quejarse por su ausencia, pero apenas sus ojos se posaron sobre él, su mente olvidó por completo cualquier clase de pensamiento razonable.

Justo cuando pensaba que el día no podía ser mejor, ahí estaba Levi, vestido únicamente con su camisa, que le quedaba tan grande que cubría sus muslos hasta la mitad y caía provocativamente por sus hombros. Erwin, incapaz de apartar sus ojos de a seductora imagen de su pareja, estuvo seguro de que no había nada en el mundo que pudiera competir con semejando belleza.

—¿Qué? —Preguntó Levi tratando de disimular su vergüenza, provocada por la forma en que le miraba, como si quisiera devorarle.

Sólo se había levantado porque necesitaba ir al baño, pero no pensaba ir desnudo y mucho menos quería perder tiempo en vestirse si después tendría que quitarse la ropa de nuevo para volver a la cama. Como una respuesta a sus dudas, la camisa de Erwin se asomaba debajo de la cama, justo al alcance de su mano.

No dudó en ponérsela, sorprendiéndose al notar que aún conservaba el delicado aroma de su colonia. Aspiró por unos segundos, dejándose envolver por el olor del hombre que amaba, y luego se levantó para cumplir con su objetivo y poder regresar a la cama. Lo que no esperaba era encontrarse con que Erwin había tenido el descaro de abrazarse a una simple almohada en la primera oportunidad, molestándose ante su facilidad para reemplazarle.

Iba a reclamar, a despertarlo, tirarlo de la cama y, seguramente, dejar de hablarle por un tiempo hasta que se arrepintiera por sus acciones, quizás cinco o diez minutos, y luego acabaría por volver a la cama con él, dejando que le rodeara con sus brazos. Iba a hacer todo eso, pero la penetrante mirada que Erwin le daba desde la cama le hizo temblar, haciendo que se olvidara por completo de sus intenciones.

—Te ves tan sensual… deberías despertarme así todas las mañanas. —Comentó Erwin con voz grave, erizando la piel del capitán. Deseaba tanto tenerle temblando bajo su cuerpo que no dudó en extender una mano hacia él, invitándole en silencio a volver a la cama.

—Estás exagerando. —Fue su respuesta, pero no tardó en acercarse, tomando la mano que le ofrecía y dejándose atraer por él.

Erwin no tardó en colocarse sobre su cuerpo, besando la piel que quedaba expuesta por el tamaño de la prenda y ganando sus deliciosos suspiros a cambio. Definitivamente, ambos necesitaban más días libres, y más de esas mañanas, despertando con el dulce sabor de su amado.