Algo que no puede faltar: los personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia es de Rochelle Allison, yo solo traduzco.
En esta traducción como en las demás sigue presente mi amiga y Beta Erica Castelo. Gracias por seguir apoyándome.
"¿Todo el tiempo?" Susurré. Cerré mis manos en puños, manteniéndolas a mis costados. Edward había existido en los bordes de mi imaginación por tanto tiempo que en realidad estar con él nuevamente era surreal. Tocó mi cabello, dejándolo caer a través de sus dedos antes de retroceder lo suficiente para que pudiéramos mirarnos el uno al otro.
¿Quién era él? ¿De verdad? Temo que nunca lo sabré. Me refiero a que, había un lado de él que conocía—la intimidad del pasado nos había permitido echar un vistazo al interior del otro, así como la información que me había dado Jacob, pero quería más. Quería entender qué había en él que despertaba esta cosa dentro de mí. ¿Y por qué él estaba tan fascinado conmigo? ¿Era algo simplemente físico?
No lo sabía, pero se veía diferente desde la noche que el destino nos había unido, cuando estuvo cerca a congelarse y yo estaba desesperada por salvarlo. Había estado casi vencido entonces, literalmente tocando a las puertas de la muerte. ¿Pero ahora? Ahora estaba lejos de estar desamparado: firme, fuerte, cerniéndose sobre mí de una forma que podría ser intimidante pero no lo era.
"¿Qué has estado haciendo?" Me preguntó, jugando una vez más con mi cabello, sus ojos siguiendo sus dedos.
"¿No lo sabes?" Le dije en broma, pero mi voz sonó insegura. "Solo… trabajando. Y en la escuela. Volví."
Asintió, bajando su mano, y la agarré sin pensarlo. "¿Cómo—" Comencé a decir.
Pegándose a mí, se agachó, su boca encontró mi boca como si la hubiese buscado toda la vida y apenas ahora la encontrara. Nos besamos. Levanté mis manos para tocar su rostro, para pasar mis dedos por su cabello. Me encantaba que me besaran así. No había sido besada así en mucho tiempo y sentí que me dejaba arrastrar, igual que antes. Se sentía bien dejarse llevar y dejar que él tomara el control. Subió sus cálidas y ásperas manos por debajo de mi chaqueta y la camiseta que llevaba debajo, y yo hice lo mismo, por la necesidad de sentir su piel en las puntas de mis dedos. Se estremeció ligeramente contra mí y se detuvo, respirando en pequeños jadeos contra mi rostro. Lo miré, mi corazón apretándose cuando hice contacto visual otra vez. Esto estaba mal. Muy, pero muy mal. ¿Qué estaba haciendo? Probarlo no iba a satisfacer mis ansias, me iba convertir en una adicta—como sabía que pasaría, en lo más profundo de mí.
Pero Edward retrocedió, dándose la vuelta para atravesar la habitación. "Sabía que vendrías."
Miré fijamente su espalda. Se veía más grande, de alguna forma. Había estado delgado cuando lo encontré en la tormenta de nieve. O más bien, cuando él me encontró. Cruzando mis brazos, lo seguí, deteniéndome cuando la cama estaba entre nosotros.
"Esperaba que vinieras," lo modificó, mirando hacia atrás por encima de su hombro. Se quitó sus zapatos, dejándolos a un lado de la cama.
Mordiendo mi labio, asentí. "Supongo que soy así de predecible."
"No." Sacudió su cabeza. "No podemos permanecer lejos del otro."
Fruncí el ceño, asimilando un poco esas palabras. Lo había estado considerando como el perseguidor, pero me atrajo aquí y yo he venido voluntariamente. "¿Dónde has estado todo este tiempo?" Le pregunté. "¿Cómo escapaste?"
"¿Quieres tomar algo? Tengo whisky… bourbon…" Me guiñó un ojo, y mi rostro ardió. "También traje algo de tequila."
"Esto no es un juego—"
"¿No lo es?"
"Edward, ¿qué estoy haciendo aquí?" Lo miré con el ceño fruncido, confundida por su actitud despreocupada. "¿Y qué estás haciendo aquí? Sabes que todavía te están buscando." Me detuve abruptamente, mirando al suelo. Me sentí como una niñita tonta, tratando de entender un juego del que no conocía las reglas.
Edward caminó tranquilamente hacia el buró, inspeccionando su colección de botellas antes de elegir una. Nos sirvió una taza a cada uno antes de dejarse caer en la cama hecha descuidadamente. "Te dije que te encontraría." Me tendió una taza. "¿No es así?"
Me senté junto a él, aceptando la taza. Al olisquearlo en seguida me di cuenta que ciertamente era bourbon, ese bastardo descarado. Cuando fui asaltaba por recuerdos de besos y caricias en el sofá del tío Phil, dejé el bourbon sobre el buró. Edward tomó un sorbo sustancioso y se recostó en las almohadas, poniéndose cómodo, pero yo no podía. Tenía demasiadas preguntas. Y además, no pensé que tuviéramos ese lujo, no ahora y tal vez nunca. La realidad de eso seguía golpeándome una y otra vez, lastimando mi corazón: no podríamos nunca, jamás, estar juntos. No de la forma que yo quería.
Probablemente, tampoco de la forma en que él quería.
"Oye," me dijo, su mano sobre mi pierna.
"No debí haber venido," le dije. "Pero tenía que verte, tenía que…" Pasé saliva, mirando su rostro. Dios, realmente me gustaba ese rostro. Tal vez incluso lo amara. "Asegurarme."
"¿Esa es la única razón por la que viniste? ¿Para ver por ti misma que no estaba muerto? ¿Quién creíste que te envió esos mensajes?"
"Sabes a qué me refiero." Bebí despacio mi bourbon. "Estoy segura que ha sido… un año difícil."
Se me quedó mirando. "No tienes idea de cómo ha sido."
"Entonces, dime."
"¿Qué quieres saber?"
"Todo." Hice un gesto hacia él. "Comenzando desde que dejaste la cabaña. ¿Cómo sobreviviste a la intemperie?"
"No fue difícil… tengo la complexión física para eso. Cuando me encontraste…" Pasó sus manos con brusquedad por su cabello. "No estaba en buena forma. No estaba vestido para el clima. Cuando te dejé unos días después tenía botas, comida y agua—un abrigo. La supervivencia no es difícil cuando sabes lo que estás haciendo."
"Jacob dijo que tu familia era de supervivientes."
Inclinó su cabeza. "Ese cabrón necesita dejar de pronunciar mi nombre."
Dejé escapar un suspiro. "No es probable que lo haga. Está obsesionado con encontrarte."
"Tal vez yo debería encontrarlo primero."
Mi alma cayó al suelo y agarré su brazo. "No lo hagas. Solo… déjalo en paz."
"¿Lo amas Bella?" La diversión en sus ojos se vio acentuada por un brillo duro que tal vez había visto una vez antes.
"No de la forma—"Hice una pausa, sin seguir con lo que iba a decir. No de la forma que podría amarte. "De la forma en que él me ama. Estuvimos juntos hace mucho tiempo, pero somos amigos."
"Algunas personas no pueden ser amigos."
"Eso es cierto," admití. "Pero no quiero hablar de Jacob."
Nos miramos fijamente. Él tenía esa forma de desconcertarme por completo con solo esos ojos. "Entonces. Lograste salir del bosque."
"Caminé todo el día, siguiendo a lo largo de la carretera cuando la encontré. Pedí un aventón."
"¿No tenías miedo que alguien te reconociera?"
"Para eso era el arma." Terminó lo que había en su taza, y volvió a recargarse, sus manos detrás de su cabeza. "Para eso y los lobos."
"Hubieses matado para escapar."
"No necesito matar para escapar. La mayoría de la gente haría lo que quieras si tienes un arma." Me miró de soslayo. "Pero no fue necesario."
"Pero había una búsqueda… ¿no tenían controles de carretera?"
"El clima estaba a mi favor. Viajé cuando era seguro, caminé cuando tuve que hacerlo. No había electricidad en ninguna parte… las comunicaciones se fueron a la mierda. Estuvo cerca un par de veces, pero… logré llegar."
"¿A dónde?"
"Canadá."
"No estás hablando en serio." Froté mi rostro con mis manos. "Estaba segura que te atraparían."
"Sigues diciendo eso. Me subestimas."
"Obviamente. Es solo que… todo eso es increíble. Llegaron muy cerca—muy cerca… Me refiero a que, Jake dijo que iba en camino pero no sé. No esperaba que se presentaran tan pronto y aun así todavía lograste desaparecer. Debes tener suerte." Asentí, tomando otro sorbo antes de dejar a un lado la taza otra vez. "En fin, me alegra que lo hayas logrado. Quería que estuvieras bien."
"Sí, bueno, aquí estoy. Perfectamente bien."
"Te busqué en las noticias… en internet. Traté de estar al tanto."
"¿Ah, sí?" Sus ojos se arrugaron, y estiró su mano, tocando la manga de mi chaqueta, tirando de ella. "Oye, ¿vas a quedarte un rato?"
Titubeante, asentí.
"Entonces, quítate esto."
Encontré el cierre y lo bajé a medida que Edward se acercaba, quitándome la chaqueta tan rápido como pudo. Tocó mi brazo entonces, pasando sus dedos sobre mi piel. Fue una simple caricia, pero hizo que me retorciera por dentro, provocó que mis pezones se endurecieran debajo de mi sujetador. Quería darle más.
Lo miré. Estaba lo bastante cerca para besarlo ahora, sus ojos siguiendo el toque suave de sus manos como el de una pluma. Sintiendo mi mirada, levantó la vista, haciendo que mi corazón latiera con fuerza con las cosas que no dijo con palabras. Se movió más cerca, poniéndome lentamente sobre mi espalda. Cuando me besó esta vez, fue profundo y lento, de la forma que recordaba de la cabaña, como si estuviese desacelerando el tiempo para follarme de la forma que realmente quería.
Tiré de la sudadera, y sentándose sobre sus rodillas, se la quitó por encima de su cabeza, dándome un vistazo rápido de la piel entre su camiseta y sus jeans. Me estiré para tocarla, y sonrió de verdad, estirándose sobre mí, encerrándome entre sus brazos.
"Te ves tan bien," susurró, riéndose un poco. Estaba expuesto ahora, adorable. "Te he deseado tanto, nena."
"¿Sí?" Acerqué su rostro al mío, besándolo. "¿No había nadie que te mantuviera caliente por la noche?" Literalmente.
"¿Por qué follar alguna chica cuando podía hacerme una paja contigo?"
Ahora, me reí con fuerza, empujándolo juguetonamente pero volvió en seguida, besándome. "¿Crees que estoy bromeando…" Murmuró, y la idea de que él no había, que había esperado por esto, me sorprendió. ¿Era cierto? ¿Por qué haría él eso? Envolvió una de mis piernas alrededor de sus caderas y levanté la otra, sujetándolo contra mí, sintiendo lo duro que estaba.
"Una vez fui 'alguna chica'," le recordé, tocando su barba, su boca.
"Nunca fuiste alguna chica." Besó mi palma. "Me quedé dormido pensando que iba a morir y desperté envuelto en ti. Salvaste mi vida. Me dejaste entrar…" Sonrió con suficiencia al decir eso, probablemente satisfecho de lo que vio en mi rostro. "Y guardaste nuestro secreto. Nunca fuiste alguna chica. Tú eres la única chica."
Nos besamos lo que pareció una eternidad. Era una repetición de todo lo que sucedió en la cabaña, afuera una lluvia torrencial en lugar de nieve, el silencio profundo remplazado por el tráfico constante. La diversión dio paso a la necesidad. Besó mi cuello, más abajo, chupando la piel con tanta fuerza que la puso morada. No podía quitarle las manos de encima, levantando su camiseta para poder sentir su piel. Echándose hacia atrás repentinamente, se quitó la camiseta. Si antes se veía bien, ahora era arrollador. Mientras que antes había estado delgado, ahora había ganado peso y estaba bien definido.
Sin perder tiempo hizo que me incorporara, quitándome la camiseta y luego llevando su mano hacia mi espalda para desabrochar mi sujetador. Sus movimientos más lentos entonces, recostándome, tomando uno de mis pezones en su boca. Me recordó lo de antes, las ansias pero también la reverencia… su paciencia. Su cabello era una suave maraña entre mis dedos, haciéndome cosquillas en el estómago a medida que bajaba. Él era tantas cosas, un análisis de los opuestos: fornido y suave, peligroso y cariñoso.
Esta vez no preguntó sobre protección, y yo no dije nada. Quería sentir todo de él en mí, de lo forma en que lo hicimos antes de que se fuera—sin el frenesí de la inminente separación. Me corrí en sus dedos segundos antes de que se deslizara dentro de mí. Exhaló pesadamente, besando mi oído.
"Ni siquiera eres consciente," me dijo, tan bajito que ni siquiera estaba segura que lo dijera para que yo lo escuchara.
Lo miré, esperando hasta que abrió los ojos, y cuando lo hizo, lo que vi me desgarró y me derritió uniéndome de nuevo. Me miró como si me amara, lo que era imposible.
Edward se quedó dormido a mi lado, dentro de mí. Podía haberlo despertado, apartándolo de mí, pero en vez de eso me aferré a él, al saber que nuestro tiempo juntos era limitado. Quité el cabello de su rostro, sintiendo que mi corazón se henchía, torturándome con esta intimidad.
Finalmente me aparté, liberándome. Me aseé en el pequeño bañó, incapaz de mirarme al espejo por temor a que empezara a llorar o algo estúpido. La parte lógica de mí me decía que solo dejara una nota y me fuera. Mi corazón me rogaba que me quedara, y, porque nunca fui del tipo racional, lo hice.
Me subí de vuelta a la cama, estirando mi mano por encima de Edward para apagar la luz. Fue entonces cuando noté lo que no había notado antes: una pequeña letra 'B' en script entre el pulgar y dedo índice de su mano izquierda.
¡Sí! Se hizo un tatuaje por ella :) Lo que quiere decir que para él es algo serio, ¿no creen? ¿Será que Bella lo vea así? ¿Y qué les pareció la reacción de Edward cuando habló de Jacob? ¿Celos o algo más?
Bueno, ahora quiero decirles que subí el capi por quienes lo esperaban y porque a estás horas hace treinta años nació mi querido Rob, muchas de ustedes saben que soy Robsessed y el 13 de Mayo, que ya es en Londres, es el cumpleaños de mi niño. Así que no quise dejarlas esperando más. Solo recuerden que el que las actualizaciones sigan siendo diaras depende de ustedes. Gracias a quienes comentaron en el capi anterior: Gabriela Cullen, NNuma, EmDreams Hunter, Paulina, PoliFP13, Tata XOXO, Manligrez, angelabarmtz, lagie, suhaylc, maribel, lizdayanna, Antonia, NAIARA23, Marie Sellory, Shikara65, Dess Cullen, YessiVL13, marcelw, tulgarita, Ely Cullen M, Yoliki, amogv, patymdn, Pam Malfoy Black, Fatavill, Sei, Alejandra Navas, rosy canul, glow0718, kitty, Sully YM, Wawis Cullen, Bertlin, Mafer, Roxy Sanchez, freedom2604, Anastacia T. Crawford, somasosa, anybella, y algunos anónimos. Nos leemos en el próximo, ¿cuándo? Ustedes deciden ;)
