Lamento muchísimo el retraso, pero en verdad ha sido un día muy pesado. Espero que el capítulo compense la espera. Aun es 12 de octubre aquí así que cuenta como el drabble de hoy. Ojalá les guste y gracias por leer.
Día 12
Tema: Arguing / Discutiendo
Advertencias: Romance, drama
1006 palabras
Summary: Era como si el cielo de pronto dejara de ser inalcanzable, como si Dios se volviera humano.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.
Humanos
—¡Ignoraste mis órdenes! ¿¡En qué demonios estabas pensando!?
La voz del comandante resonó por todo el pasillo, alertando a algunos soldados que pasaban por ahí de que debían alejarse de inmediato. Erwin, siempre tan cortés y amable con todos sus hombres, rara vez se molestaba con alguien al punto de gritar sin importarle que le escucharan. Todos en el cuartel conocían los rumores, cuando él se enojaba, era mucho peor que el capitán Levi.
La mayoría se alejaron de inmediato, temerosos por empeorar aún más su molestia, otros, se acercaron a la puerta entreabierta del despacho, curiosos por saber quién era el desafortunado que había provocado la ira del comandante. Apenas supieron de quien se trataba, salieron corriendo lejos de ahí, seguros de que el mundo llegaría a su fin si esos dos hombres se enfrentaban.
Eren y Jean, que pasaban por ahí por casualidad debido a sus deberos, no pudieron evitar sentir curiosidad luego de verles huir. Nunca habían visto a su superior tan molesto y temían que se tratara de algún novato. Probablemente había cometido un error grave que comprometió su misión, de otro modo no estaría tan alterado. Se miraron a los ojos un segundo, acordando en silencio que sólo echarían un vistazo y luego se irían para no entrometerse. Claro que no era porque estuvieran aterrados por la ira del comandante.
Se acercaron sigilosamente, asegurándose de que nadie les viera, cuando otra voz se escuchó desde el despacho, dejándolos helados.
—¡Estaba siguiendo tus órdenes!
Incapaces de creer lo que estaban escuchando, se asomaron por la pequeña apertura de la puerta tan sólo para descubrir con horror que sus sospechas eran ciertas. La persona a quien el comandante le estaba gritando de esa forma era nada más y nada menos que el capitán Levi. Ahora podían entender por qué todos habían huido.
—¿Y mis órdenes incluían abandonar tu posición y atacar sin cuidado? —Erwin se cruzó de brazos, su mirada severa clavada en los ojos del capitán.
Su dura expresión hizo temblar a los chicos que les espiaban en silencio, pero Levi ni siquiera pestañeo. Acababa de atender sus heridas y lo único que quería era ir a descansar, pero Erwin insistió tanto en que tenían que hablar que no pudo negarse, aunque tampoco tenía sentido, ya sabía exactamente lo que le iba a decir. Sí, había abandonado su posición, pero todo fue por seguir sus órdenes y, de paso, proteger a Erwin de ser atacado.
—No entiendo por qué tanto alboroto, de cualquier forma todo salió bien. —Levi suspiró y se apoyó contra el escritorio, mirando a Erwin con seriedad. Estaba cansado; su plan, si salía con vida del repentino enfrentamiento, era descansar un poco y pasar la noche con él, aunque eso último parecía imposible.
—¿No lo entiendes? ¿Qué es lo que no entiendes? ¡Pudiste haber muerto! Por Dios, Levi, tan sólo mírate.
Ambos chicos dieron un salto. Nunca esperaron que la voz del comandante pudiera elevarse aún más. Él, que siempre era amable con todos y siempre parecía pensar con la cabeza fría, a quien nunca habían visto reclamarle a nadie por cometer un error, ahora parecía haber perdido la calma repentinamente. Pero lo que más les confundía era que estuviera molesto precisamente con el capitán. Entendían que, siendo tan importante para la legión, no pudieran permitirse perderlo con tanta facilidad, pero Eren sabía que no era la primera vez que Levi arriesgaba su vida o iba contras las órdenes de Erwin. No entendían nada de lo que estaba pasando.
—¡Pero no lo hice! —Gritó Levi. Comenzaba a hartarse de toda esa situación. Claro que entendía la molestia de Erwin, que más bien era preocupación disfrazada, pero no quería seguir discutiendo por algo que ya había pasado. —Sí, desobedecí tus órdenes para salvar tu vida, ahora déjame en paz.
Cuando Levi le dio la espalda para irse, los chicos se miraron aterrados, conscientes de que no podrían esconderse antes de que llegara a la puerta. Podían fingir que pasaban por ahí por casualidad, pero los gritos de ambos eran tan fuertes que se escuchaban hasta el final del pasillo, sería imposible que no lo hubieran notado. Estaban perdidos.
O al menos eso pensaban, pues la situación se volvió aún más extraña de lo que ya era. Antes de que Levi pudiera alejarse, Erwin le había abrazado por la espalda, ocultando su rostro en su cuello. Ninguno de los dos podía creer lo que estaban viendo. Ahí, frente a sus ojos, los dos hombres más fuertes, los más importantes, los que más admiraban, compartían un abrazo que parecía no incomodarles.
Por un momento estuvieron seguros de que Levi se molestaría, incluso temieron por la integridad del comandante pues sabían lo mucho que detestaba el contacto físico, y estaban listos para ir y separarlo en caso de que fuera necesario, aun si acababan perdiendo algunos dientes en el proceso. Pero el infierno nunca se desató.
—No vuelvas a hacer eso… sabes que no soportaría perderte. —Susurró Erwin en su oído, pero los chicos fueron capaces de escucharlo también debido al repentino silencio.
Levi, para sorpresa de ambos, cerró los ojos y se relajó en sus brazos, permitiendo que su calidez le embriagara y borrara el dolor de sus heridas.
—Esa es la única orden que no puedo cumplir. —Respondió Levi, uniendo su frente a la de Erwin.
No lograban entender cómo habían pasado de discutir arrebatadamente a un momento tan íntimo, pero el verlos a ellos de esa forma, tan humanos, movió algo en ellos que no sabían cómo explicar. Era como si el cielo de pronto dejara de ser inalcanzable, como si Dios se volviera humano.
Sus superiores compartieron un corto beso, ajenos a la presencia de los chicos y a lo que pasaba por sus mentes, olvidándose de todo excepto la presencia del contrario.
Compartiendo una mirada cómplice, ambos decidieron darles la privacidad que necesitaban. Cerraron la puerta sin hacer ruido y se alejaron del despacho, ignorando el calor en sus rostros provocado por lo que acababan de presenciar.
