Día 13

Tema: Morning rituals / Rituales matutinos

Advertencias: Romance, slice of life

660 palabras

Summary: A la vista de todos, Erwin era el hombre perfecto. Mientras no estuvieran en batalla, su apariencia siempre se mantenía pulcra. Era como si durmiera perfectamente y entonces se levantara temprano para arreglar su apariencia antes de salir de la habitación.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.


El hombre perfecto

A la vista de todos, Erwin era el hombre perfecto. Mientras no estuvieran en batalla, su apariencia siempre se mantenía pulcra. Su cabello peinado perfectamente, su rostro limpio, su ropa ordenada, su expresión tranquila… era como si durmiera perfectamente y entonces se levantara temprano para arreglar su apariencia antes de salir de la habitación.

Nada más lejano a la realidad. Erwin pasaban entre tres y cuatro horas al día en su habitación, de las cuales dormía tan sólo dos, pues el resto del tiempo lo invertía en actividades mucho más interesantes y divertidas en compañía de Levi. Por las mañanas, apenas dedicaba unos minutos a su apariencia ya que prefería comenzar de inmediato con sus ocupaciones, de esa forma podía ganar algunos minutos al final del día para pasarlos con su pareja.

Y, pese al poco tiempo que dedicaba a ello, cada mañana seguía un estricto procedimiento para arreglarse. Una especie de ritual.

Su día empezaba en cuanto los primeros rayos del sol llegaban a sus ojos, despertándole de inmediato. Se tomaba unos momentos antes de abrir los ojos por completo, acostumbrándose a la luz que molestaba su vista cansada. Apenas abría los ojos, le gusta admirar el rostro de Levi, adorando en silencio sus bellas facciones hasta que él despertaba poco después. Aunque Erwin siempre había odiado levantarse temprano, poder ver su expresión relajada al dormir hacía que valiera la pena.

Se besaban por varios minutos, algunas veces incluso iban un poco más allá y tenían una intensa sesión de sexo matinal, se miraban a los ojos, enamorados, y finalmente salían de la cama para darse un baño donde, si Erwin tenía suerte y Levi había despertado de buen humor, tendrían otro apasionado encuentro todavía más rápido que el anterior. Así de agitadas eran sus mañanas. El cariño y las caricias lentas estaban reservados para la noche, por la mañana, su único objetivo era devorar ese cuerpo que le enloquecía hasta que ninguno de los dos pudiera respirar. No había mejor forma de empezar el día que esa.

Luego del baño, Erwin tenía la costumbre de oler el cabello de Levi por unos segundos, ganándose una queja de su parte, obviamente fingida. Se vestían entre sonrisas traviesas y besos robados. Para Erwin, esa era una de las mejores partes del día pues era capaz de admirar la belleza del cuerpo de Levi, cada musculo, cada curva, cada centímetro de su blanca piel… sus ojos lo recorrían por entero, intentando convencerle de que se tomara el día libre y recorriera con sus labios esa dulce piel. Por desgracia, pocas veces podía faltar a sus obligaciones por cumplir un capricho como ese.

Una vez vestidos, Levi insistía en regañarlo por ser tan descuidado y, sin pedir permiso, le acomodaba la camisa hasta dejarla perfecta para luego pasar a su cabello. Erwin no necesitaba ser adivino para saber lo mucho que Levi disfrutaba peinar su cabello, podía notarlo en la forma en que invertía valiosos minutos en desordenarlo de forma cariñosa antes de tomar el peine para acomodarlo de nuevo, tomándose su tiempo.

No era sino hasta que Erwin estaba listo que Levi se ocupaba de sí mismo. Claro, con menos atención de la que invertía en su pareja. Se vestía y peinaba rápidamente mientras Erwin se perfumaba y luego dejaba que le aplicara alguna loción también. Erwin le había dicho que era porque debían oler bien para no desagradar a sus superiores, pero la verdad era que él amaba el aroma de Levi cuando se mezclaba con la suave loción que siempre compraba para él.

Así, limpios y perfumados, ambos compartían un último beso antes de salir y comenzar con su día.

A la vista de todos, Erwin era el hombre perfecto. Pero, tras las puertas de su habitación, toda esa perfección, al igual que su excelente ánimo el resto del día, se los debía únicamente a Levi, que siempre se encargaba de cuidar de él con devoción.