Algo que no puede faltar: los personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia es de Rochelle Allison, yo solo traduzco.

En esta traducción como en las demás sigue presente mi amiga y Beta Erica Castelo. Gracias por seguir apoyándome.


El clima se había refrescado un poco, pero está soleado como siempre. Me detuve en los acantilados, mirando hacia al mar azul parecido a una gema, sin poder evitar tomar otra foto. No pude contenerme; cada día aquí era como un sueño.

Los primeros dos meses fueron gratificantes pero difíciles. Sin embargo, una vez que me acostumbré a estar sola de nuevo, me entregué a la belleza que me rodeaba todos los días. Era difícil estar constantemente triste cuando había niños riendo, croissants de chocolate recién hechos y vino… y nuevas aventuras que vivir—todos los días. Me desenvolví como turista, pero cuando dejé de serlo y los locales me conocían como la Chica Americana, y luego como Bella—les encantaba mi nombre italiano—me desenvolví como si perteneciera a Riomaggiore. Porque realmente pertenecía aquí.

Gracias a mi amistad con Demetri, el dueño de un bar local que me encantaba frecuentar por su grappa (1), rápidamente fui introducida al mundo del vino—no a servirlo, sino hacerlo. Inicié mi educación con la Cooperative Agricoltura di Cinque Terre, como algo parecido a una aprendiz aprendiendo cómo hacer vinos locales. Fue verdaderamente increíble, y pese a que temía que lo pequeño de Romaggiore así como el aislamiento de la región de Cinque Terre haría que me sintiera claustrofóbica, no fue así. Solo me sentí, muy, pero muy segura. E inspirada.

Mantuve contacto con Alice y Rose, principalmente a través de correos electrónicos y FaceTime, decidiendo rehuir por un tiempo las redes sociales. No me estaba ocultando para nada, pero en realidad tampoco quería que el mundo se enterara de mis asuntos. En Seattle, hubo una búsqueda por Jacob Black, que había desaparecido en algún momento durante la primera semana de junio. Su coche había sido encontrado en un estacionamiento cerca de Tacoma, sin signos iniciales de algo sucio. Dejé de seguir el caso después de eso, permitiéndome desconectarme.

Tenía que hacerlo, para sanar. Para seguir adelante.

Y como sea, prefería centrarme en los aspectos felices de mi vida, como el primer Halloween del bebé Whitlock—Pinté las lámparas de Halloween con spray dorado y plateado, Bella. Con mucha más clase, ¿verdad?—y el exuberante patio trasero de Rose, que incluso en otoño, se parecía a los Jardines Botánicos. Ella y Em habían comprado un perro—Dios, Bella, tengo suficiente de bebés con la cría de Alice. En serio—y estaban renovando su terraza trasera. La vida seguía, sin esperar a nadie.

"Mi scusi per favore," tartamudeó una mujer, con voz americana detrás de mí.

Me di la vuelta expectante, sonriendo. "Hablo español."

"¡Oh! Oh, gracias a Dios," me dijo, dándome su cámara. "¿Podrías por favor tomarnos una foto?"

"Claro." Asentí, aceptando la cámara y tomando varias fotos de la rubia y su esposo—continuaron hablando de su luna de miel—mientras reían y posaban.

"Muchas gracias," me dijo con cariño después de un rato, viendo las imágenes digitales. "¿Estás también de vacaciones?"

"No, vivo aquí," le dije. Sintiendo algo extraño en mi estómago, como siempre sucedía cuando aceptaba ese simple hecho.

Sus ojos se le salían. "Wow. Tienes mucha suerte. Mataría por vivir aquí."

Su esposo sonrió con indulgencia, agarrando su mano. "Será mejor que nos vayamos… tenemos una reservación para cenar…"

"Oh, sí." Me miró otra vez, sonriendo con timidez. "Gracias de nuevo."

"No hay problema."

Su esposo me agradeció, y luego volvieron a tomar el paseo de pedregoso. Me quedé un poco más de tiempo, viendo el sol alcanzar su plenitud y llenar el cielo de color. Me recordó otras puestas de sol, otros tiempos. Tiempos tan buenos como malos.

Por encima de todo, estaba agradecida.

000

Nonna Renata, la mujer mayor que era mi casera y que se autoproclamó guardiana de mi alegría, me hizo señas cuando cruzaba nuestro patio. Cargada con pan recién hecho y las dos botellas de vino que acababa de adquirir, estaba por preguntarle si podía dejar mis cosas y volver enseguida cuando me gritó, "Signora Cullen, ah, creo que su esposo llegó. Le ofrecí comer, pero dijo que prefería esperarla dentro."

Mi corazón dio un salto. ¿Podría ser? ¿Por fin? Había imaginado este momento de tantas formas en los últimos meses. "Grazie, Nonna," exclamé, apresurando mis pasos. Subí corriendo los interminables y deteriorados escalones a mi departamento y abrí la puerta.

"¿Tony?" Sintiéndome como una tonta, puse el pan y el vino en mesita que estaba justo en la entrada. Edward salió del baño en bóxer, como si hubiese estado viviendo aquí tanto como yo, vapor fluyendo a su alrededor mientras se secaba el cabello con la toalla. Los últimos meses le habían sentado bien, y aunque estaba ansiosa por escuchar cómo había conseguido ese bronceado, y qué correrías finalmente lo habían traído a mí, todo lo que quería ahora era tocarlo, besarlo, y amarlo.

"Ese soy yo, nena." Sonrió, encontrándome en medio de la habitación, abrazándome con tanta fuerza que me levantó del suelo.

Envolviéndolo con mis piernas, agarré sus mejillas con mis manos y lo besé con ganas, poniendo todo mi anhelo y amor en él. Su toalla cayó, y retrocedió hacia el pequeño sofá de mimbre, sentándose. "Te tardaste demasiado," le susurré, besándolo una y otra vez. Apenas si podía seguirme el ritmo, pero lo logró, moviendo sus manos hacia mi trasero y debajo de él.

"Sabía que te encontraría en un vestido," me dijo, sonriendo en nuestro beso.

"Es una falda," le susurré. "Y una blusa."

"Es lo mismo." Me acomodó, deslizando sus manos por debajo de la tela de forma que pudiera agarrar mi trasero. "¿Qué tienes debajo, nena?"

Lo besé en vez de responderle, suponiendo que bien podía sentir lo que había debajo. Y simplemente… no podía creer que estaba aquí conmigo. Otra vez. Con suerte, esta había sido nuestra última separación. Ya no podría soportarlo.

Era una nueva era.

Empujándome para que me echara un poco hacia atrás, me instó a levantar los brazos y me quitó la camisola. Besó la parte hinchada de mis senos, bajando las copas para que salieran. "Te eché de menos."

"Yo también…" Me reí un poco cuando puso su boca en mis pezones, dándoles pequeños besos.

"Lo dudo. Aquí estás viviendo en un cuento de hadas."

"Un cuento de hadas sin un príncipe," le dije, dejando que lo que quedaba de mi tristeza, mi nostalgia al extrañarlo, emergiera y saliera volando. "Creo que esta debe ser la capital de la luna de miel del universo. Todo el mundo está enamorado aquí."

Sus ojos se enternecieron, y tocó mis labios con su pulgar. "¿Sí?"

"Sí."

"Bueno, ya estoy aquí… señora Cullen." Sonrió con suficiencia, bromeando.

"Tenía que decirle algo," le dije, sonrojándome. Todos aquí me conocían como Bella Cullen, aun cuando mi nombre no había cambiado legalmente. Era una tontería, pero me hacía sentir en contacto con Edward mientras estábamos separados. Cullen fue el nombre de soltera de su madre y me había contado, antes de que nos separáramos en Isla Lopez, que tenía intenciones de usarlo como su nuevo nombre. Le dije que tal vez también lo usaría. Además de un par de mensajes que compartimos justo después que llegara a Italia, fue la última vez que hablamos. "Seguía tratando de emparejarme con los tipos guapos de la ciudad…"

"Claro que sí." Entonces se puso serio, tocando mi rostro, pasando sus manos por mi cabello. "Eres hermosa."

Agaché mi cabeza, sonriendo, pero él también se agachó, besándome. "Tu cabello está largo… me gusta así."

Mi cabello había crecido también. Un look diferente para mí.

"Tú también te ves algo diferente. Más moreno." Presioné mi pulgar en el color dorado de su brazo. "Guapo."

Nos miramos fijamente. Por primera vez en toda nuestra relación, me sentí completamente en paz. No había otro lugar dónde se supone que teníamos que estar. Nadie nos estaba buscando.

"¿De verdad vas a ser la señora Cullen?" Me preguntó, su voz baja.

"¿Quieres que lo sea?" Llevé mis manos hacia mi espalda, desabrochando mi sujetador y dejándolo caer.

"Sí, quiero." Me sonrió, frotando mis pezones con sus pulgares.

"Sí, quiero," repetí, diciéndolo en serio.

000

Vimos la puesta de sol desde mi departamento, envueltos en mis sábanas, agotados por hacer el amor y por lo vivido durante el año. Edward estaba encantado con el pan y el vino, y nos los terminamos a medida que caía la noche y pequeñas luces titilaban por toda la ciudad como estrellas.

Se sentía como si estuviéramos al borde de la tierra aquí, ocultos pero también libres.

"Estoy muy cansado," murmuró Edward, cerrando sus ojos y acostándose. Mi corazón dolía por él; había estado huyendo por mucho tiempo.

"Duerme," le susurré, besando sus mejillas y luego sus párpados. "Aquí estaré."

Y lo estuve. Cuando despertó y me quiso, haciéndome el amor con un cielo tan cerca de la ventana y tan brillante que sentimos que podíamos tocarlo… cuando al siguiente día nos aventuramos a salir para conseguir provisiones… cuando días se volvieron semanas y meses, y todo el mundo conocía a Tony el de Bella… cuando elegimos anillos de un joyero local y nos casamos en una pequeña iglesia en el campo a pesar de que ninguno de los dos éramos católicos… cuando comenzó a trabajar conmigo en el viñedo, encontrando divertido que una vez más estaba fabricando algo que hacía que la gente se sintiera bien… cuando conseguimos algo mejor, una villa que él pudo pagar con el dinero que había guardado con el paso de los años… siempre. Estuve ahí.

Lo vi cambiar frente a mis ojos, las mejores partes haciéndose más brillantes mientras los bordes ásperos se limaban. Yo también cambié, prosperando con el amor que compartíamos y la paz de nuestra nueva vida. Puede que no hayamos tenido el mejor de los comienzos, pero no podía desear algo diferente porque tal vez no hubiésemos terminado aquí. Sería una loca historia para tratar de contar a futuros hijos, pero supuse que lo resolveríamos cuando llegara el momento.

Estábamos sobre un acantilado, mirando hacia el mar, sintiendo el aire ponerse frío, señalando el comienzo del otoño. Había estado un año en Cinque Terre.

"¿Tienes frío?" Me preguntó Edward, sintiéndome estremecer.

"Un poco. Estaré bien."

Me rodeó con sus brazos, descansando su barbilla en mi hombro. "Déjame mantenerte caliente."


(1) Grappa es el nombre con el que se conoce en Italia, Argentina, Uruguay y en la Suiza italiana al aguardiente de orujo, licor con graduación alcohólica que varía entre 38 y 60 grados, obtenido por destilación de orujos de uva, es decir las partes sólidas de la vendimia que no tienen aprovechamiento en la previa elaboración del vino.


Hay que tener fe chicas :) Algunas pensaban que la iba a dejar después de todo lo que habían pasado pero ya vieron que no. Tuvieron que pasar por muchas cosas, obviamente su relación no era algo fácil pero después de varios contratiempos terminaron juntos y casados. Este es el último capi, uno más y le decimos adiós a esta historia.

Gracias a quienes dejaron su review en el capi anterior: , Laura Katherine, lizdayanna, Janneth, Tsuruga Lia1412, SummerLove20, Andrea Peralta, mayerlinglopezj, paosierra, Gissy Cullen Swan, SkyC, bbluelilas, Paulina, Adriu, danielaMc1, Gabriela Cullen, EmDreams Hunter, Paty Limon, Marlecullen, Marie Sellory, CarolinaYDM, Maribely, somasosa, JulieDeSousaRK, Ericastelo, verdejade469, Manligrez, injoa, Shikara65, shamyx, YessyVL13, tulgarita, Antonia, Wawis Cullen, Sully YM, Roxy Sanchez, PEYCI CULLEN, MONICA.C.M, Emi Cullen, freedom2604, Angel twilighter, Pam Malfoy Black, Mafer, patymdn, Ely Cullen M, Nadia616, isa Kathe, Lili Cullen-Swan, alondrix1498, Merce, pili, Bertlin, glow0718, Tata XOXO, rosy canul, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en la próxima actu.

PD. Tsuruga Lia1412 me preguntaba si la nueva traducción iba a ser publicada en el perfil de la autora como Rental Exchange, de la misma autora, y la respuesta es no. Quedó tan contenta con la anterior traducción que me dijo que podía publicarlo en mi perfil, así que si me tienen en alerta de autor recibirán el aviso del primer capítulo ;)