Algo que no puede faltar: los personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia es de Rochelle Allison, yo solo traduzco.

En esta traducción como en las demás sigue presente mi amiga y Beta Erica Castelo. Gracias por seguir apoyándome.


Toca su barba del otro lado de la bañera, de la forma en que lo hace cuando está perdido en sus pensamientos. Sus ojos no me han dejado, al menos los alrededores de mi rostro, en cinco… diez… minutos, pero su mente está muy lejos. Es evidente. Pero entonces centra sus ojos en los míos, e incluso después de todo este tiempo, esos ojos tienen el poder de derretir mi interior. Soy la primera en apartar la mirada, volviendo mi atención hacia el agua de baño que se enfría lentamente.

Estirando mi pierna despacio, rozo mi pie contra su muslo. Parpadea, su mano bajando hacia mi pie. Puedo ver cuándo lo que está pensando gradualmente se suma a lo que está mirando, cuando la más pequeña de las sonrisas acompaña su mirada mientras viajaba hacia dónde mis senos están medio escondidos debajo del agua. La mayoría de las burbujas se han dispersado, dejando el agua tibia y casi cristalina.

"Cinco años es bastante tiempo," me dice, su mano apretando mi pie. Tira, deslizándome por la suave porcelana de la bañera, y lucho por mantenerme a flote, agarrándome de los costados para no hundirme.

"Eso creo," murmuro, riéndome. "También creo que está frío aquí. Salgamos."

No discute, pero en vez de eso me observa levantarme y luego salir, estremeciéndome al ponerme una de las batas azules que cuelgan junto a la bañera. Agarro una para él también, extendiéndola hasta que suspira y se pone de pie, su cuerpo resbaladizo y húmedo. Bueno, nunca me canso de esa vista. Él también sabe que me gusta, sonriéndome con suficiencia al aceptar la toalla pero sin hacer mucho por cubrirse.

Rodando mis ojos, me doy la vuelta antes de que pueda verme sonreírle en respuesta. No es como si no hubiéramos pasado casi cuarenta minutos sumergidos en una bañera, y quién sabe cuánto tiempo ensuciándonos lo suficiente para necesitarlo.

En la recámara, me pongo un vestido largo y holgado hasta el tobillo y me dejo caer en la cama. Mi laptop está donde la dejé antes de que Edward se me acercara, volcada por nuestro entusiasmo, el cursor todavía parpadeando mientras espera a que complete la oración. Le había estado escribiendo un correo a Alice, respondiendo a sus ruegos de ir a casa para Navidad.

Por favor, Bella. Por favor. Te echamos de menos. Y deberías estar en casa. En especial en esta época, deberías estar en casa.

Tenía razón; deberíamos estar en casa. Sin embargo, para mí, casa solo significaba volver a los Estados Unidos. Para ser honesta, ya no veía a Seattle como mi hogar. Ya no. Cosas buenas pasaron ahí, pero también muchas cosas difíciles, y no soy la misma persona que cuando me fui.

Me río por dentro, burlándome un poco de mí misma, por la ruta que han tomado mis pensamientos. ¿Alguien puede ser el mismo después de cinco años? ¿Diez? Todos cambian. No hay nada singular en eso. Es como decir "En música, tengo un gusto ecléctico". Todo el mundo cree tener un gusto ecléctico. Así que tal vez nadie lo tiene.

"¿Por qué estás sonriendo?" Pregunta Edward, la risa haciendo su voz más cálida al recostarse junto a mí. Con cuidado echa la pantalla hacia atrás, mirando mi correo.

"Nada… solo, no sé. Pensamientos tontos."

"Ninguno de tus pensamientos es tonto." Me dice guiñándome un ojo, pero sospecho que lo dice en serio, algo que queda claro cuando añade, "eres la chica más inteligente que conozco."

"Lo intento," susurro. "Aunque tú me dejas tonta con esto." Meto la mano en sus jeans, a los que todavía no les ha abrochado el botón o cerrado el cinturón.

Mordiendo su labio, agarra mi mano y la retira. "Dame un minuto, nena. Al menos una hora."

"Me comportaré," le aseguro, acercándome para besar su barbilla volviendo mi atención una vez más al correo de Alice. "Bien, solo voy a decirle que vamos a regresar."

"¿Sin sorpresas?"

"No." Sacudo mi cabeza. "Se está poniendo algo ansiosa. Han pasado… ¿dos años? Desde que regresé."

"La última vez que fuiste," dice en voz baja, rodándose sobre su espalda.

Y había vuelto—varias ocasiones desde que nos mudamos. Al principio fue cada año, pero eso cambió cuando Edward y yo nos adaptamos a la vida italiana—nuestro trabajo, nuestra casa… y sí, a viajar, pero a países europeos con tan fácil acceso que no visitarlos hubiese sido un pecado y un desperdicio. Viajamos por tren al subir y bajar por las costas y por las cordilleras de las montañas, y pidiendo aventones y rentando coches y como turistas emocionados en los autobuses de giras, llenando nuestros teléfonos y álbumes de fotos en línea con recuerdos. Sin embargo, durante todo ese período nunca perdí contacto con Alice y Rose, asegurándome de enviar cartas y postales, correos electrónicos y recuerdos. Nos llamábamos y hacíamos Facetime una vez por semana al menos, y así me sentía cercana a ellas y ellas a mí.

Pero Alice tenía razón; era el momento de que Edward y yo volviéramos a casa. Habíamos estado en el extranjero por media década, y no solo nosotros (y todos los demás) cambiamos, sino también el panorama de nuestro anterior entorno. Ahora el caso de Edward era literalmente historia. Estaba oficialmente muerto—y lo había estado desde hace mucho tiempo.

Edward mantenía contacto con su padre y James, pero era poco frecuente y bastante complicado. Habían dejado un poco su vida de crimen, al fin dejando atrás las metanfetaminas para sembrar marihuana en Colorado, pero era mejor para todos si no mantenían contacto. Sabía que Edward extrañaba a su familia, pero parecía bastante zen al respecto.

"Tú eres mi familia," me había dicho más de una vez, por lo general cuando me sentía culpable de que él no tuviera a nadie más.

Así que ahora, en realidad, no hay nada que impida que regresemos a los Estados Unidos. Tenemos nuevas identidades en papel—Isabella y Tony Cullen—aun cuando seguimos siendo Bella y Edward entre nosotros—de modo que no había problema en viajar… aunque la idea de hacerlo me hace sentir sumamente ansiosa. No puedo evitarlo. Vivir en Cinque Terre es como vivir en una burbuja, en un cuento de hadas, y ahora íbamos a volver a la vida real.

"Sí. Los echo de menos, supongo." Lo miro.

"Yo también. Ciertas cosas…"Dice abatido, extendiendo sus palmas en el sobrecama. "Aunque, echaré de menos este lugar. Ha sido…" Sonríe con suficiencia, mirándome, y sé que está pensando en cosas pervertidas. "Muy educativo."

"Sí," digo estúpidamente, ahora pensando lo mismo, porque lo ha sido. De verdad lo ha sido. Una luna de miel de cinco años es lo que fue.

"Nunca creí que terminaría en un lugar como este, pisoteando uvas y haciendo vino como algún cabrón en esas películas extranjeras que te encantan…"

"En realidad no son extranjeras cuando estamos viviendo donde hicieron algunas de ellas." Tiro de su oreja, al saber que le encanta hacerme enojar al pretender que es hosco y menos educado de lo que realmente es. Puede que Edward sea un duro exconvicto, pero también es uno de los individuos más inteligentes y bien educados que he conocido. Es solo que elige no alardear de su intelecto.

"Somos expatriados, sin importar cómo lo veas, la mia bella." Sonríe, complacido con su cuestionable italiano y su inteligencia, y se da vuelta sobre su costado. Estirando sus manos hacia mí, sube hasta arriba la tela de mi vestido para que sus dedos puedan rozar mi barriguita. "Pero me alegra. El mejor vino que he probado en mi vida."

"El mejor pan también." Murmuro, pensando en cenar algo.

"El mejor queso."

"El mejor café."

"El mejor chocolate," dice con reverencia.

"De hecho, ese… en realidad, podría haber sido en Amsterdam."

"Na, Amsterdam tiene la mejor f—"

"Shh." Pongo mi mano sobre su boca y cierro mis ojos, riendo en silencio. "Lo que pasa ahí se queda ahí."

Lame mi mano, por lo que la limpio en su pecho—Edward es alérgico a las camisetas—y con delicadeza me pone sobre mi espalda, moviéndose hacia abajo de manera que pueda besar mi estómago. "Aunque, ¿sabes que es lo mejor que se hace en Italia?"

Siento mariposas en mi estómago… por varias razones. "¿Qué?"

"Bebés."

000

El día que dejamos Italia, saliendo de Roma después de un largo fin de semana atiborrándonos con lo mejor del extranjero, el cielo está gris y encapotado, el aire está tan húmedo para la temporada que el que lloviera de verdad sería redundante.

"¿Estás seguro que ese es nuestro vuelo?" Bostezo, derrotada por el sueño. Hasta ahora me había logrado escapar de las náuseas este trimestre, pero el infinito agotamiento era otra cosa. Ha empeorado entre más avanzada estoy en el embarazo, y me encuentro deseando las siestas cada vez más.

"Sí, vamos," se ríe Edward entre dientes, alejándome a empujoncitos del exhibidor más cercano de chocolate en el aeropuerto. "Lo anunciaron dos veces. En español y en italiano."

"Estoy muy cansada para pensar claramente," le digo, bostezando de nuevo. Estiro mi mano para agarrar una de las bolsas, pero la aleja hábilmente mirándome de soslayo.

"Acabas de decir que estás cansada."

"Edward, por favor, déjame cargar algo."

"Estás cargando a alguien; eso es suficiente."

Hice una mueca por su caballerosidad, tanto frustrada como encantada con ella. "Una bolsa."

"Llevas una bolsa," me dice, señalando con su barbilla hacia mi bolso.

"No estoy inválida," susurro, parándome de puntillas para besar su barba.

"Eso lo probaste esta mañana, nena," sus ojos se estrechan lo suficiente para ser sugestivos, su mirada posándose en mi boca solo por si acaso no estuviera segura de lo que estaba hablando.

Sexo, sexo, sexo. Estos días mi vida eran largos párrafos de siestas enfatizados por frecuentes signos de exclamación de sexo.

Y refrigerios, miro hacia atrás con anhelo hacia el exhibidor de chocolate, triste de que además de Nutella (y ni siquiera la Nutella italiana), ya no tenía acceso a esa exquisitez.

Hacemos fila con el resto de los pasajeros abordando nuestro vuelo, quedándonos callados, perdidos en nuestros pensamientos. Esto es muy importante, volver a casa. La mayoría de las cosas que hemos acumulado en el extranjero—y sorprendentemente, no era mucho—ya han llegado a casa de Alice y Jasper. El plan era pasar un par de semanas visitando a los viejos amigos y lugares que solía frecuentar antes de dirigirnos al norte de California, el lugar que hemos elegido para vivir. Es bastante parecido al área de Seattle como para sentirlo familiar, pero lo bastante diferente y lejos para poder respirar tranquilos.

La línea se mueve rápidamente, hasta que es nuestro turno. Edward pasa primero, aun caminando con ese fanfarroneo que me encanta—algunas cosas no cambian—dándose la vuelta y esperando por mí tan pronto como está del otro lado.

"Buenos días, señora Cullen," me dice el guapo (como era de esperarse) auxiliar de vuelo con una voz ronca y acento muy marcado (como era de esperarse) cuando toma mi boleto. Caramba, voy a extrañar a Italia. "¡Gracias, y bienvenida a bordo!"

000

Duermo la mayor parte del camino a Londres, donde cambiamos de British Airways a American Airlines y nos dirigimos a Seattle. Edward y yo pasamos la mayor parte de ese vuelo compartiendo golosinas y susurrando por encima de nuestros teléfonos, mirando fotos de los últimos años.

"Esos waffles," Edward prácticamente gime, señalando una foto de los dos desayunando en Bruges. Sonrío, recordando. Mi cabello estaba muy corto entonces, un sexy corte hasta la barbilla que me había hecho por gusto. Cosa curiosa, a Edward no le gustaba mucho ese corte, de la misma forma en que a mí me había molestado la jodida barba que llevaba durante nuestra más larga discusión hace como un año. Me gusta el vello facial, pero él se veía como un leñador sucio, y no del tipo hipster sexy. Actualmente tiene la cara llena de una ligera barba dorada rojiza, y el cabello me llegaba a la mitad de mi espalda, brillante y oscuro gracias a la saturación de estrógeno recorriendo mi cuerpo.

"Ahora quiero waffles," digo, mirando por la ventana con anhelo.

"Compraremos unos," dice distraídamente, repasando años de recuerdos. "¿Recuerdas ese tipo? ¿En el festival?"

"¿El que quería fotografiarme y le 'pisoteé sus uvas'?" Pregunto, arrugando mi nariz. "Era asqueroso."

"Era muy gracioso…"

"Casi lo mataste."

"Porque rompió la regla de oro," dice arrastrando las palabras, recostándose perezosamente en su asiento.

"¿Hacer a los demás…?"

"Que miras con tus ojos, no con tus manos."

"Era un viejo indecente." Digo con un resoplido, riéndome un poco, y entrelazo mis dedos con los de Edward.

"Sí, y tú ya tienes uno de esos." Deja que sus ojos vaguen de forma sugestiva, y también deliberada, ya que llevaba mangas largas y una bufanda.

"No es posible que tengas ganas."

"Siempre tengo ganas, nena." Toca mi estómago. "Esto… hace que me den ganas."

Todavía no se me ve, pero sé a lo que se refiere. El saber que llevo a su bebé parece ponerlo de humor. Sospecho que es algo biológico del hombre de las cavernas. Derramó su semilla. Él es el dueño. Etcétera.

"Me alegra. Porque muy pronto me voy a ver y sentir horrorosa y probablemente me ponga muy empalagosa y tengas que decirme diez veces al día lo ardiente que soy."

"Lo haré." Nos besamos. "Y será en serio."

000

Veo los globos antes de ver a Alice. Son tantos que me sorprende que no se la llevaran volando—o que la seguridad del aeropuerto no haya encontrado una razón para confiscarlos.

"¡Hola!" Grita, echándose a correr. Jasper muy apenas logra sujetar los globos con una mano mientras agarra al pequeño Thomas, cuyo cabello rubio es más claro que el de su padre, con la otra. Es el niño más lindo del universo—hasta ahora—y en realidad me sorprende que no procrearan unos cuatro más.

"¡Bella!" Jadea, su rostro sonrojado por la alegría al mismo tiempo que me rodea con sus brazos. Le devuelvo el abrazo, sintiendo las lágrimas fluyendo por mis mejillas. Maldita sea. La había echado de menos, estaba cansada, y juro que el embarazo le da al mundo el resplandor más diáfano y melodramático.

"Hola, Edward," pronuncia en un susurro, dándole un abrazo titubeante.

Él sonríe, palmeando su espalda. "Hola, señora Alice. Finalmente nos conocemos."

Retrocede, ahora con una amplia sonrisa, echándole un vistazo. "Mmm. Bueno. Edward, mi esposo Jasper," dice, presentando a sus chicos.

Me agacho, admirando al pequeño niño que había visto crecer a través de fotos y fragmentos de video. Alice tenía razón; esto es lo correcto: era el tiempo de volver a casa.

Mi madre llega de Florida un día después, encantada que hubiese entrado en razón y regresara. Para alguien tan empeñado en que hiciera el cliché de "mochilear por Europa" cuando era adolescente, está sorprendentemente resuelta a que ya no lo haga como adulta. También está muy emocionada de que estemos esperando un bebé. Puede que no sea tan cercana a Renee, pero nunca trataría de impedir que viera a su nieto.

Sin embargo, está completamente deslumbrada con Edward… y me refiero a de una forma embarazosa. Supongo que le recuerda a alguien de su pasado, y no ayuda que él se da cuenta y lo aprovecha, cautivándola y seduciéndola con sus palabras.

"Dios mío, Bella," me dice, viéndolo caminar tranquilamente, con un botella de cerveza colgando de la punta de sus dedos. "Ya veo por qué estás embarazada. Me sorprende que te haya tomado tanto tiempo."

"Por los anticonceptivos, mamá," le digo con ironía. No es nada nuevo su franca falta de filtro.

Me guiña un ojo, palmeando mi rodilla. "Bien por ti."

Empiezo a rodar los ojos, pero se queda callada, acercándose. "Lo digo en serio. Estoy muy contenta, cariño. Estuviste algo perdida por un tiempo."

Tiene razón. En algún momento estuve perdida, por bastante tiempo, hasta que apareció Edward. Desearía poder contarle todo; está loca y me quiere bastante como para juzgarnos, pero no puedo y no lo haré. Es bastante que pueda conocerlo, y hubiésemos podido volver a casa.

000

Pasamos los días festivos con la familia Whitlock y mi madre, con visitas frecuentes de Rose y Emmett. Es bueno estar en casa, entre las vistas, olores y sonidos que Seattle puede ofrecer, y mientras Edward decide relajarse en casa, las chicas y yo aprovechamos al máximo mi visita.

Dos días antes de Año Nuevo, Edward me atrapa en el pasillo y me mete a la habitación de huéspedes en la que hemos estado viviendo. "Hola."

"Hola." Me le quedo mirando, tratando de descifrar su expresión. Se ve feliz la mayor parte del tiempo, considerando que en verdad estos son mis amigos, pero algunas veces me pregunto si está triste por su familia. Sus amigos. "¿Estás bien?"

"Sí. Pero…" Me suelta y se sienta en la cama, pasando con rudeza sus manos por su cabello. "Creo que es tiempo, Bella. De irnos."

"¿Pasó algo?"

"No." Me da una pequeña sonrisa, sacudiendo su cabeza y veo todo lo que necesito saber en esos ojos. Él es una persona reservada, y extraña su espacio. No puedo decir que lo culpe; por años hemos sido solo nosotros dos.

Asintiendo, descanso mi mano en su muslo. "Podemos pasar el Año Nuevo en nuestra nueva casa."

El día siguiente, empacamos nuestro, en cierto modo, modesto surtido de cosas y nos fuimos, prometiendo que los veríamos a todos pronto. Mi madre se fue hace algunos días, así que solo era Alice, Jasper y Thomas.

"Puedo ayudarte a decorar la habitación del bebé," ofrece Alice, sus ojos brillantes. Creo que es el único humano que conozco cuyos ojos de hecho, literal y legítimamente, brillan. "Si quieres."

Como si fuera a arruinar sus sueños si digo que no. "Sí quiero. Comienza a buscar ideas."

"Oh, ya comencé un tablero en Pinterest."

"Por supuesto que sí," me río. "Muy bien. ¡Te amo! Tenemos que irnos."

Una camioneta U-Haul (1) no es ni sexy ni rápida, pero hay algo excitante en tomar la carretera despejada y dirigirse hacia nuevas aventuras en nuevos lugares. Al parecer es lo que Edward y yo hacemos mejor.

Hablamos de cosas prácticas al bajar retumbando por la carretera: Sobre Edward portándose bien, que eventualmente voy a enseñar. He decidido que Jardín de Niños. Thomas era adorable. Esto después de que nazca el bebé Cullen, por supuesto. Mucho después. Quiero estar en casa por un tiempo.

"O simplemente, quédate en casa," sugiere Edward.

"¿Qué? No. Solo me quieres como ama de casa y embarazada."

"Sí, suena bien." Asiente, apretando mi muslo cuando le di un fuerte pellizco. "Me refiero a enseñar en casa."

"No sé si sirvo para enseñar en casa."

"Yo podría ayudar."

"¿Con qué, química?"

"Ja. Ja." Aunque está sonriendo, totalmente divertido.

"Entonces, ¿cuándo lo sabremos?" Edward pregunta en alguna parte cerca de Redding, California.

"Me gustaría que fuera una sorpresa."

"Bien para ti. Les voy a decir que me digan."

"No," bufo. "No es justo si tú lo sabes y yo no."

"¿Qué hay de malo con saber? ¿Cómo va a hacer Alice toda esa mierda de la decoración que le gusta tanto si ni siquiera sabe si es un niño o una niña?"

"Oh, créeme. Eso no la detendría de decorar vaticinando lo que va a ser."

Edward pone los ojos en blanco. "Les voy a decir que me digan. Tú puedes cubrirte los ojos."

000

El vecindario es antiguo y agradable, la casa deteriorada pero adorable. Edward la mira como un hombre hambriento a un filete, trazando ya qué cosas va a arreglar, pintar y rehacer. La conseguimos barata— de un amigo de un amigo de un amigo; en realidad no quiero saber—así que aunque técnicamente estamos rentando, tenemos libertad de hacer lo que nos plazca.

Santa Rosa es un lugar perfecto para comenzar de nuevo. Está en el agua, con una dramática y escarpada costa y bosques cercanos llenos de secoyas. También es uno de los muchos lugares conocidos en California por su vino, que podría decirse fue una coincidencia pero tan apropiado para nosotros que tal vez es simplemente el destino.

"Hay una escalera y un taladro allá atrás," dice Edward, saliendo de un cobertizo en la esquina del patio trasero. "Parecer ser el taller de alguien."

"Genial. No vas a tener que comprar herramientas."

"Nop." Besa la cima de mi cabeza cuando pasa de camino al refrigerador. "¿Te sientes bien?"

"Con sueño."

"Deberías de tomar una siesta. En un momento voy a salir."

"Pero quería ir contigo," digo, mirando con anhelo la nueva camioneta pick up en la acera. "A comprar comida para la cena."

"Tal vez yo voy a cocinar."

Lo miro con desconfianza. "¿Qué, enchiladas?"

"¿Qué hay de malo con eso?" Agarra un palillo, metiéndolo en su boca.

"Nada." Bostezando, cojo mi teléfono y me encamino hacia nuestra desordenada recámara. "Creo que voy a tomar una siesta."

"Te dije." Me sigue dentro, besando mi cuello. "Volveré enseguida."

"Bien."

"Oye."

Lo miro por debajo de las mantas en las que me acurruqué.

"Te amo."

"Te amo," le repito, sonriendo.

Cuando despierto, ya oscureció. Una fría brisa se filtra por las ventanas ligeramente abiertas, desordenando mi cabello. Está haciendo frío, pero se siente bien, y me quedo en la cama por un minuto, disfrutando de nuestro nuevo espacio. Pronto los sabrosos aromas de comida mexicana comienzan a cosquillear en mi nariz, haciendo que gruña mi estómago. Supongo que Edward cumplió su palabra. Abrumada por una oleada de sensiblero amor, entro a la sala.

Y me paro en seco.

Ahí, en la sala, chisporrotea un fuego vivo y brillante.

"Wow," murmullo, encontrando a mi esposo con apariencia bastante satisfecha en el sofá.

"Sí, nena. No vimos la chimenea cuando entramos, ¿eh?"

"De hecho, lo digo por nuestra ropa." Casi iguales en grandes camisas de franela vieja y calcetines arrugados, al parecer estamos regresando a la onda lumberjack (2). Si no tengo cuidado puede que Edward se deje nuevamente esa barba fuera de control.

"Chistosita." Levanta su mano, acariciando mi trasero.

Muevo su mano y me siento junto a él, acurrucándome.

"Ese cobertizo estaba lleno."

"Déjame adivinar." Descanso mi cabeza en su hombro. "De leña."


(1) U-Haul – compañía de renta de camionetas, camiones y otros transportes de mudanzas.

(2) Lumberjack (leñador en español) Supongo que saben que fue una moda reciente, cuando todo mundo andaba de barba y con franelas u.u


Awwwww y terminaron como empezaron, juntos frente a la chimenea :) Espero que hayan disfrutado de esta historia, que yo disfruté de leer y luego traducir para ustedes. Gracias por seguir apoyándome y recomendando a otros mis traducciones. Ciertamente no soy la mejor traductora, pero trato de hacerlo lo mejor que puedo para ustedes.

Como siempre, si disfrutaron de esta historia, les pido un GRAN FAVOR. Si son de esas lectoras anónimas que no les gusta dejar reviews, o si siempre me han regalado sus palabras con sus reviews, les pido por favor que se dirijan al link de la historia original que está en mi perfil y le dejen un review a la autora. Si saben inglés ya saben que poner, si no, pueden poner algo así:

1. Hi! I'm from (Su país de origen) and I want to say thank you for allow the spanish translation of this story. You're amazing!

2. Hello Rochelle! I'm from (Su país de origen). Thanks for write such a wonderful story, I really enjoy it! I read the Spanish translation. Thanks for give your permission for that by the way.

Les pido que pongan su país de origen porque cuando son varios reviews con las mismas palabras, ff tiende a marcarlos como error. O tal vez puedan poner su nombre o cualquier otro detallito para diferenciar el suyo de los demás. Se los agradecería mucho. Así que le decimos adiós a estos dos y las espero en mi próxima traducción.