Día 21

Tema: Two dreamers / Dos soñadores

Advertencias: Romance, drama

800 palabras

Summary: Soñar era para los tontos, para los niños, para quienes no vivían invocando a la muerte con sus acciones. Para ellos, los sueños eran un capricho que no podían permitirse.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.


Derecho a soñar

¿Tenía derecho a soñar? Erwin se lo había preguntado muchas veces a lo largo de su vida, sobre todo cuando las cosas iban bien. Cuando sentía tanta felicidad que le abrumaba, de inmediato se obligaba a parar, convencido de que si estaba demasiado feliz, algo malo pasaría indudablemente. Así habían sido las cosas desde que su padre muriera y, por extraño que pareciera, funcionaba para él. Así no se ilusionaba demasiado. Así no dolía perderlo todo.

Pero desde unos años antes, desde que aceptó sus sentimientos por Levi y posteriormente comenzaron a salir, aquel pensamiento se había vuelto mucho más recurrente, al igual que sus formas de reprimirlo se volvieron más severas.

Amaba a Levi, nunca perdía la oportunidad de hacérselo saber, pero él mismo procuraba mantener sus sueños e ilusiones de un futuro con él al mínimo. Algunas veces era imposible, para cuando se daba cuenta, ya había recreado una tranquila vida juntos en su mente, en un lugar lejano y agradable, seguro. Esos días eran los más difíciles, después de todo él mejor que nadie sabía que aquello nunca pasaría. Entre más pronto lo aceptara menos doloroso sería para ambos.

Erwin no podía dejar de pensar en que aquello estaba mal. Una y otra vez había dudado de su decisión. Si bien nunca se arrepentiría de su amor por Levi, a veces creía que lo mejor hubiera sido mantenerlo en secreto, guardar sus sentimientos donde no pudieran hacerle daño a su amado ni entorpecieran su deber. A veces se odiaba por la profunda preocupación que reflejaban sus ojos, provocada por él y sus arriesgados planes.

Sí, eran conscientes de que sus vidas podían acabar en cualquier momento, pero desarrollar esa clase de sentimientos sólo volvía las cosas más difíciles para ambos. Para él era exactamente lo mismo, pensar que Levi estuviera en peligro cada vez que salían era la tortura más grande que pudiera sufrir.

No era más que un estúpido soñador, que había deseado creer que podía seguir sus sueños sin que nada se interpusiera entre él y la vida que soñaba para ambos. Vivir en un engaño, en una ilusión, era algo que no podía permitirse. Soñar estaba prohibido para los hombres como ellos.

Para Levi, las noches que pasaban juntos eran las más tranquilas. No así las mañanas en que despertaba a su lado. Abrir los ojos a la realidad era un golpe duro luego de haber soñado con la libertad que tanto ansiaban obtener.

¿Tan malo era soñar una larga vida a su lado? Se sentía egoísta al pensar de esa forma cuando todos los demás parecían haberse resignado a que sus vidas terminarían más pronto de lo que esperaban.

A su alrededor, incluso aquellos que se aventuraban a formar lazos románticos eran conscientes de que su amor sería corto. Él simplemente no podía. Por mucho que lo besara, por más fuerte que se abrazara a él o por más que le dijera cuanto lo amaba, Levi sentía que el tiempo se acababa.

Era como vivir contra reloj, temiendo el día en que su tiempo juntos llegara a su fin pues estaba seguro de que ni viviendo eternamente podría demostrarle lo que sentía por él. Erwin era la luz de sus días oscuros, pero también era la oscuridad que le consumía por completo.

Lo único que tenía, lo único a lo que podía aferrarse, eran sus sueños. Esos sueños que nadie podría quitarle y donde no tenía que temer a la muerte o a la soledad porque en su imaginación todo estaba bien, estaban juntos, vivos.

Sabía que no tenía derecho a soñar, pero estaba seguro que un poco de egoísmo no le hacía mal a nadie. Así como Erwin mantenía sus sueños en secreto, él los reservaba a sus momentos más privados, los momentos de debilidad en que su determinación flaqueaba y necesitaba una razón para volver a levantarse, para seguir peleando pese a las heridas que pudiera sufrir. Para los momentos en que temía que todo fuera a acabarse.

Si pudiera vivir por siempre en sus sueños, estaba seguro de que lo rechazaría sin pensarlo. Por hermosos que fueran, por tranquila que pareciera esa vida, no eran reales, Erwin era su realidad y mientras él estuviera a su lado no necesitaba nada más.

Soñar era para los tontos, para los niños, para quienes no vivían invocando a la muerte con sus acciones. Para ellos, los sueños eran un capricho que no podían permitirse.

Eran dos soñadores jugando a esquivar la realidad, sabiendo que acabarían por hacerse daño pero arriesgando todo de cualquier forma. Sin importar como lo vieran, los sueños no eran más que un recuerdo doloroso por las mañana, pero despertar juntos hacía que ese dolor valiera la pena. Merecían un poco de felicidad, al menos en sus sueños.