Día 22

Tema: Samewavelength / Misma frecuencia

Advertencias: Romance

485 palabras

Summary: Para Erwin, la extraña habilidad de Levi para saber lo que estaba pensando sin tener que decírselo era una bendición.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.


Leer tu mente

—Levi, ¿podrías conseguirme un poco de…?

Antes de que pudiera terminar su frase, Levi le entregó un vaso de agua fresca, tal como le gustaba. Erwin le sonrió agradecido, besando sus labios con ternura antes de volver al trabajo, aunque su sonrisa no se borró por largo rato.

Para Erwin, la extraña habilidad de Levi para saber lo que estaba pensando sin tener que decírselo era una bendición. No sólo cuando estaba trabajando en el molesto papeleo o cuando tenía sed, en el campo de batalla resultaba especialmente útil pues la mayor parte del tiempo no necesitaba poner sus órdenes en palabras para que Levi las entendiera.

Quizás era por el tiempo que pasaban juntos que habían llegado a conocerse tan profundamente, al grado de saber con exactitud lo que pasaba por la mente del otro. A Erwin le gustaba creer que así era, pero algunas veces sentía que él no era capaz de comprender a Levi de la misma forma que él lo hacía.

Algunas veces le miraba a los ojos fijamente por largos minutos, tratando de descifrar lo que estaba pensando, hasta que Levi se avergonzaba y le golpeaba para que dejara de hacer eso. A veces parecía genuinamente molesto, pero Erwin había aprendido al menos a distinguir cuando estaba molesto y cuando simplemente estaba avergonzado. Conocer esos ligeros, casi imperceptibles, cambios en su expresión cuando nadie más parecía capaz de hacerlo le hacía sentir feliz de una forma extraña y difícil de explicar. Como si supiera un secreto que nadie más conocía.

Pero quería más. Necesitaba más. Ansiaba conocer todo de él, lo que sentía, lo que pensaba, lo que soñaba… Erwin quería saber cada detalle de Levi hasta que no hubiera ningún secreto entre ellos, hasta que pudiera decir con total seguridad que lo conocía mejor que a la palma de su mano. La palma de su mano no necesitaba conocerla, no era gran cosa, pero Levi, él lo era todo.

Estaba tan distraído pensando en eso que llevaba varios minutos mirando fijamente la misma página, casi con frustración, y Levi no había ignorado ese gesto en su superior. Curioso, se acercó a él hasta atravesarse entre él y el informe que supuestamente leía con tanto interés, notando así que ni siquiera estaba prestando atención.

Los ojos azules se posaron en los grises, buscando profundamente en un intento desesperado por descubrir su alma, descifrarlo, comprenderlo…

—Deja eso, concéntrate en el trabajo. —Se quejó Levi, esquivando su mirada en un vano intento por alejarse de sus penetrantes ojos.

Erwin rio suavemente, leyendo la verdad bajo esas palabras. —Lo siento.

En ese momento, ambos habían deseado poder mirar los ojos del otro por siempre, entender a la perfección lo que estuvieran sintiendo. Leer sus mentes. Pero eso no era necesario, sus pensamientos estaban siempre sincronizados, siempre en la misma frecuencia. Bastaba con una mirada o una sonrisa cómplice para demostrarlo.