¡Volvió el angst! No se olviden de la caja de pañuelos... espero lo disfruten.

Día 25

Tema: Huddleforwarmth / Juntándose en busca de calor

Advertencias: Romance, drama, tragedia

1200 palabras

Summary: Diez años y muchos ascensos después, habían vuelto a esa montaña para conmemorar su aniversario, convencidos de que ese lugar mágico les había traído las más grandes dichas al estar juntos.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.


El calor de tus brazos

¿Cómo había podido pasar algo así? Probablemente había sido un descuido, algún error de alguien que había sido demasiado despistado. En realidad no importaba la causa, las consecuencias eran graves y no parecía que fuera a mejorar.

Erwin y Levi eran conocidos por sus grandes proezas conquistando las montañas más altas del mundo. Desde que se conocieron, diez años atrás en una de las imposibles cuestas del Everest, había nacido una innegable atracción entre ellos difícil de esconder. Aunque cada uno había llegado por su cuenta, pronto descubrieron que formaban un gran equipo, qué mejor prueba que haber llegado juntos a la cima. A esa montaña le siguieron muchas más. Algunas veces por casualidad, otras de forma planeada, pero cada vez que subían juntos era una garantía de éxito.

Las expediciones se convirtieron en citas en tierra firme, y pronto pudieron confirmar que estaban hechos el uno para el otro. Casi dos años después de aquel primer encuentro, finalmente unieron sus vidas con la promesa de que ninguna pendiente, por inclinada que fuera, haría flaquear el gran amor que sentían y ninguna nevada enfriaría jamás la llama que les había unido.

Como era de esperarse, la luna de miel la pasaron a los pies del Everest, que al día siguiente escalaron por segunda vez, conmemorando que allí habían sido unidos. Eran la pareja perfecta.

Diez años y muchos ascensos después, habían vuelto a esa montaña para conmemorar su aniversario, convencidos de que ese lugar mágico les había traído las más grandes dichas al estar juntos.

El plan era sencillo, a pesar de su amplia experiencia, se tomarían tres días para subir y tres más para bajar, y descansarían un par de días antes de volver a casa. Habían estado tan entusiasmados con la idea y tan confiados por sus dos anteriores visitas que no dudaron que esa ocasión sería un éxito. Después de todo, estaban juntos.

Con más confianza de la que usualmente sentían en esas situaciones, salieron muy temprano para unirse a los guías, a quienes siempre confiaban sus vidas durante esas aventuras. A diferencia de las dos veces anteriores, sus guías eran más jóvenes y no parecían tan confiables, pero debían estar calificados para el trabajo por lo que no le dieron importancia. Acompañados por cinco guías y otros diez alpinistas, comenzaron a subir.

Las primeras horas fueron sencillas, tan sólo un tranquilo paseo a medida que la temperatura comenzaba a descender y el paisaje se cubría de nieve. Por un tiempo incluso habían decidido subir tomados de las manos, hablando de los recuerdos que les traía ese lugar de la primera vez que estuvieron juntos. Sus radiantes sonrisas provocaban la envidia de sus acompañantes ante el notable amor que sentían aun después de tantos años.

Para cuando llegó la noche, el infierno se desató. Un infierno helado en forma de ventisca que poco a poco había ido empeorando, obligándoles a desmontar el improvisado campamento. Ya se encontraban bastante lejos del último poblado, por lo que tendrían que encontrar refugio para protegerse del inclemente tiempo que, de paso, les impedía ver con claridad el terreno. Los guías, inexpertos, pronto lograron que el grupo se separara, quedando todos a su suerte pese a tratarse de alpinistas experimentados en la mayoría de los casos.

Erwin, tratando de mantener la calma, tomó sus pertenencias y les ató a él y a Levi con una soga para evitar perderse. No era la primera vez que experimentaba algo así, pero nunca había visto tanto descontrol en un grupo. Tomando el control de la situación, comenzó a guiar a los pocos hombres que quedaban reunidos de regreso hasta un montículo de nieve que habían pasado un poco antes, convencido de que al menos les protegería mientras el clima mejoraba.

Para cuando finalmente llegaron al modesto refugio, aquello se había convertido en la peor tormenta de nieve que alguna vez hubieran experimentado. Erwin descubrió con horror que algunos de los hombres que le seguían se habían perdido en el camino, pero dadas las condiciones no había nada que pudieran hacer, tan sólo rogar que aquello terminara pronto pues no serían capaces de soportar toda la noche de esa forma.

Ya que encender una fogata era imposible, los cinco alpinistas que quedaban se sentaron cerca uno del otro, formando un pequeño círculo para mantener el calor tanto como fuera posible. Se cubrieron del helado viento, rezando en silencio para que todo pasara.

—Acércate más, te daré calor. —Susurró Erwin en el oído de su esposo tras sentir el temblor en su cuerpo. Levi siempre había sido más sensible que él a las bajas temperaturas, pero eso nunca le impidió conquistar las cimas más altas del mundo, aunque eso no evitaba que Erwin estuviera preocupado.

Levi se acercó tanto como pudo a su cuerpo, obviando el entumecimiento que comenzaba a experimentar en los dedos de manos y pies. Sabía que eso no podía ser buena señal, pero se preocuparía cuando estuvieran a salvo.

Con el paso de las horas, que se sentían eternas, todos se habían juntado aún más, buscando un poco de alivio entre los cuerpos helados de sus compañeros. Uno de ellos, un hombre bastante mayor para subir, llevaba ya demasiado tiempo sin moverse. Aunque nadie se atrevió a decirlo en voz alta, todos sintieron el peso de su muerte como una premisa de lo que se aproximaba.

Los brazos de Erwin rodeaban a Levi de forma protectora, aunque ya hacia bastante que había dejado de sentirlos. A ese paso, cuando les encontraran tendrían que romperlos para separarlos, aunque entre más tiempo pasaba más comenzaba a dudar que fueran a salir de ahí. Sería imposible que enviaran a un equipo de rescate en su búsqueda y aún más que ellos volvieran por su cuenta. Estaban perdidos.

—Erwin... ya no... puedo más... —El simple acto de hablar suponía un gran esfuerzo, pero ya no había caso, era consciente de que no soportaría mucho más ese frío.

Sus labios ya estaban azules por la hipotermia y su cuerpo entero estaba congelado, estaba seguro de que aunque salieran de ahí perdería al menos las piernas, y no concebía una vida en la que no pudiera volver a escalar. Como alpinista, conocía los riesgos de ese pasatiempo que tanto amaba, y no podía negar que, aunque doloroso, morir en esa montaña sería un gran final.

—Sólo un poco más. —Suplicó Erwin, aunque él mismo estaba seguro de que ese era el final. Al menos, se sentía tan tranquilo como si lo fuera.

—Al menos estamos juntos.

Erwin estaba a su lado, no tenía miedo de la muerte. Usando el resto de sus fuerzas, llevó una de sus manos sobre las de Erwin. No podían sentir ese toque, pero si sus cuerpos se mantendrían en esa posición aún después de haber muerto, Levi quería estar seguro de que nadie nunca dudaría del gran amor que habían compartido.

Mientras sus cuerpos se congelaban y sus órganos iban colapsando uno tras otro, todo el dolor desapareció por completo y una calidez diferente les rodeó. Aunque ese fuera el final, su amor era tan grande que siempre habría calidez en sus almas y dentro de sus corazones.