Luego de escribir esto, me parece que el tema podría dar para más, quizás un par de capítulos, si les interesa podría considerarlo luego de terminar el reto.

Día 27

Tema: Shaking from the cold / Temblar de frío

Advertencias: Romance, AU, Sugar daddy

1205 palabras

Summary: Los días eran fríos, las noches, heladas, y Levi estaba acostumbrado a volver a casa temblando de frío, tan sólo para ser recibido con el frío de la soledad.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.


Take me home

Día tras día, la temperatura había ido descendiendo un poco más. Los días eran fríos y las noches, heladas. Levi, que trabajaba en la barra de uno de los bares más famosos de la ciudad, odiaba esas fechas más que cualquier otro momento del año. Su turno terminaba a las dos, pero si aún quedaban clientes, las políticas del bar le obligaban a atenderlos hasta que el último decidiera ir a casa.

No era un trabajo que amara, pero le permitía pagarse la universidad y no interfería con sus horarios, aunque las noches que pasaba sin dormir le pasaban factura al día siguiente, sobre todo en temporada de exámenes. Y ni hablar de su vida social, que se limitaba a los clientes ebrios que decidían hablar con él de lo tristes que eran sus vidas.

Eran esos días, cuando la navidad estaba tan cerca, que ese tipo de clientes aumentaban y él tenía que pasar horas y horas fingiendo comprenderlos mientras le hablaban de cómo pasarían las fiestas en total soledad. A Levi no le parecía que fuera gran cosa, el llevaba años pasando esas fechas sólo y ya no le afectaba, ni siquiera al saber que era su cumpleaños y nadie lo recordaría.

Estaba bien así, no necesitaba a nadie. Luego del trabajo, volvía a casa temblando de frío tan sólo para ser recibido por un frío diferente al abrir la puerta, el de la soledad. Al inicio había sido duro, pero con el tiempo dejó de importarle y dejó de pensar en esas cuatro paredes como un hogar, así dolía menos.

Desde que se quedó sólo en el mundo supo que sería así, que nadie volvería a preocuparse por él o a esperarlo con la comida caliente como su madre lo hacía cuando era pequeño, o incluso con preocupación disfrazada de regaños como hacía su tío. No importaba, todo había sido tan repentino que no tuvo tiempo de sufrir sus muertes, cuando se dio cuenta ya estaba acostumbrado a estar sólo.

Fue una de esas interminables noches cuando Levi lo vio por primera vez. Un cliente nuevo con expresión perdida que apenas llegar fue directamente a la barra, el hombre parecía abatido, pero eso no impidió que Levi se fijara en lo atractivo que era. Tomó varias cervezas y se fue, dejándole intrigado, pero al mismo tiempo estuvo seguro de que no volvería, probablemente sólo había tenido un mal día y pasó al bar a relajarse, no se parecía en nada a la clase de ebrios que frecuentaban el lugar.

Sin embargo, su sorpresa fue grande al verle regresar cada noche durante toda la semana. Él no hablaba como los otros clientes que se sentaban en la barra, pero parecía que algo le abrumaba, aunque claro, Levi no iba a preguntar nada. En esos días, siempre llegaba a la misma hora, cargando un maletín y un abrigo bastante largo; posiblemente trabajaba cerca de ahí y estaba teniendo problemas en el trabajo. Sin darse cuenta, Levi se encontró imaginando toda una vida para ese hombre, un pasado, una familia… Y sus ojos azules se colaron en sus sueños.

La primera vez que Erwin fue al bar, había tenido un día tan terrible que estaba seguro de que al menos el alcohol serviría para bloquear el dolor y los recuerdos de lo que había pasado. A sus treinta años, justo el día anterior acababa de confesarle a su padre que era homosexual luego de que él insistiera en que ya era tiempo de que formara una familia. Había sido tan fuerte la impresión y el posterior enojo de su padre, que sufrió un ataque al corazón y fue internado de emergencia en el hospital, donde por desgracia no pudieron hacer nada para salvarlo. Había matado a su padre, jamás podría perdonarse.

Erwin pensaba tomar hasta perder la consciencia ese día y luego volver a su aburrida vida, tratando de superar la muerte de su padre, pero había quedado cautivado con la exótica belleza del barman. Comparado con él, parecía un niño, pero eso no le impidió disfrutar de la natural sensualidad de sus movimientos o de su apariencia. Se sentía como un enfermo por interesarse de esa forma en un chico tan joven, pero no podía dejar de mirarlo. Durante toda la semana, volvió cada noche tan sólo para verlo, convencido de que estaba totalmente fuera de su alcance. Al menos hasta que las coquetas miradas que le dirigía el chico se volvieron más frecuentes.

—Levi, ¿podrías servirme otra cerveza? —Le llamó la noche del viernes luego de reunir el coraje suficiente y haber escuchado su nombre en boca de otros clientes.

Levi, que estaba acomodando algunas copas, se sorprendió de escucharlo y no pudo evitar notar lo bien que sonaba su nombre en la boca de ese hombre que apenas conocía. Le atendió de inmediato y volvió a lo que estaba haciendo, agradecido de que fuera una noche tranquila. No quedaban muchos clientes y podría salir temprano.

—Tus ojos son hermosos. —Comentó Erwin, la cerveza ayudándole a sincerarse. La verdad era que no esperaba que sucediera algo entre ellos, pero de algún modo su presencia le reconfortaba.

—Señor, si quiere puedo pedirle un taxi… —No parecía que estuviera borracho, pero para Levi esa era la única explicación para que de pronto se hubiera vuelto tan comunicativo, y parte de su trabajo era pedir un taxi cuando sus clientes ya estaban demasiado tomados.

—Erwin. —Le interrumpió, dedicándole su mejor sonrisa, decidido a averiguar qué tan lejos podía llevarles ese juego.

—Si quieres puedo pedirte un taxi, Erwin. —Repitió, esta vez con un tono más familiar, creyendo que el hombre quizás estaba buscando en él a alguien con quien hablar, aunque al menos ya conocía su nombre.

—No estoy borracho. —Aclaro Erwin con diversión, notando un ligero sonrojo en las mejillas del chico.

Habiendo roto el hielo, la conversación se prolongó por varias horas hasta que el último cliente se marchó y sólo quedaba Erwin en el bar, además de los otros trabajadores que ya comenzaban a irse. Levi no quería que se fuera aún, pero tuvo que pedirle que lo hiciera pues ya era bastante tarde. No podía negar que la estaba pasando bastante bien con Erwin, que había resultado mucho más agradable de lo que parecía a simple vista.

Mientras Erwin se colocaba su abrigo para salir, Levi acabó imaginando lo cálido que era, lo bien que se sentiría usar algo así; seguramente era muy caro, pero al mismo tiempo lucía demasiado cálido. De sólo recordar que caminaría a casa con tan sólo su camisa, su cuerpo tembló anticipando el frío.

Para Erwin, aquello no había pasado desapercibido, por lo que reunió todo el valor que aún le quedaba y, en cuanto Levi estuvo frente a él, se inclinó sobre la barra para susurrar en su oído con voz profunda. —Ven a casa conmigo.

Levi lo dudó un momento, pero sus ojos sinceros terminaron por convencerle. Al salir del bar, Erwin rodeó sus hombros con su brazo, protegiéndolo del frío, y Levi, por primera vez en mucho tiempo, no tembló de frío camino a casa.

Por primera vez en mucho tiempo, ni siquiera podía sentir el frío de su corazón.