Ya saben, preparen la caja de pañuelos. Yo lloré demasiado mientras lo escribía y aún más al editarlo, así que espero que puedan leerlo completo sin sufrir.
Este drabble va a dedicado a Izuspp, que me retó para que escribiera algo más triste que todo lo que he hecho, si quieren culpar a alguien, que sea a ella.
Día28
Tema: Not the last goodbye / No es el último adiós
Advertencias: Romance, drama, AU, vejez
1560 palabras
Summary: Los mejores años de sus vidas los pasaron juntos, pero la juventud no iba a durarles para siempre y los años pasaron cada vez más rápido, como si la vida tuviera prisa por escapar de ellos.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.
La vida en un instante
Durante sus años de juventud, el tiempo parecía estar a su favor. Los años pasaban lento como una fresca brisa, llenándolos de energía y vitalidad. Los mejores años de sus vidas los pasaron juntos, compartiendo un amor que no tenía fecha de expiración. Pero la juventud no iba a durarles para siempre y los años pasaron cada vez más rápido, como si la vida tuviera prisa por escapar de ellos.
Luego de sesenta y tres años de amarse incondicionalmente, ya no quedaba más que un recuerdo de quienes solían ser y un puñado de promesas que aún esperaban ser cumplidas, aunque bien sabían que eso ya no pasaría.
Del hombre alto e imponente que era Erwin ya no quedaba mucho. La edad y la artritis le habían hecho encorvarse, perdiendo varios centímetros. Su piel arrugada ya no brillaba con vitalidad y, en vez de eso, colgaba ligeramente en donde antes estuvieron sus definidos músculos. Su fuerza también se había ido, tenía problemas del corazón y cada día estaba un poco más ciego...
Y sin embargo, a los ojos de Levi no había cambiado ni un poco. Cada vez que le miraba, veía al hombre del que se había enamorado, ese al que observaba desde lejos en el trabajo por miedo a acercarse. Algunas veces lamentaba haber perdido tanto tiempo teniendo miedo, si se hubiera animado a hablarle desde la primera vez que lo vio, hubieran compartido al menos otro año de sus vidas. Si Erwin le hubiera pedido que se casaran en la primera cita, hubieran sido tres años más.
Pero no tenía mucho sentido pensarlo tanto, después de todo, aún estaban ahí, aún estaban juntos sesenta y tres años después de la boda, aunque nadie creía que podrían soportar tanto tiempo. Porque una cosa era salir con él algunas horas durante el día, pero nadie pensaba que Erwin fuera capaz de soportar sus inusuales manías las veinticuatro horas por el resto de su vida. Qué equivocados estaban.
Levi tampoco era como antes. Su cabello negro que durante años atrajo a tantas personas ya se había vuelto completamente blanco y había perdido su brillo. Estaba quedando sordo. Sus ojos ya no brillaban como cuando era joven y su piel de porcelana ahora estaba cubierta de manchas y arrugas. Ya no se movía con la misma sensualidad de antes, y gracias a sus problemas en la columna ya no salía sin su bastón.
Aunque su cintura ya no fuera tan estrecha y sus caderas no se contonearan al caminar, Erwin nunca había dejado de pensar que era el hombre más atractivo del mundo. Aunque se apoyara en el bastón a cada paso, Erwin seguía viendo esos movimientos felinos que le habían hipnotizado desde la primera vez que lo vio. Si tan sólo le hubiera preguntado su nombre en ese primer encuentro... Estaba seguro que aunque vivieran mil años, no serían suficientes para llenarse de él y del amor que sentía.
Aún después de tanto tiempo, Erwin se preguntaba como un hombre como Levi había podido fijarse en él. A sus ojos, Levi era tan inalcanzable como un ángel, pero la primera vez que le vio sonreír, supo que no podría volver a respirar si no estaba a su lado. Así habían sido todos esos años, una vida completa al lado del hombre más maravilloso.
Habían vivido tantas cosas juntos, que algunas tardes se sentaban afuera, en el jardín, y compartían sus recuerdos con una dulce taza de té. Algunos detalles ya los habían olvidado, tanto que algunas veces incluso acababan discutiendo cuál de sus versiones era la correcta, discusiones que siempre acababan en risas y besos robados. Ya estaban viejos para pelear por tonterías y de sus amigos ya no quedaba nadie que pudiera confirmar quién tenía la razón. En vez de perder el tiempo discutiendo, preferían pasarlo abrazados en el sillón, intercambiando caricias y besos inocentes.
Ya hacía bastantes años que no tenían sexo, pero eso nunca fue un problema. Levi solía burlarse de los primeros años después de la boda, cuando parecían un par de conejos en celo por cada rincón de la nueva casa, según Erwin, en busca del lugar más cómodo para hacer el amor. Incluso un par de veces aseguró que, de haber sido posible, hubieran tenido al menos una docena de hijos. Erwin había dicho que seguramente serían muchos más, pero el ataque de risas seguido de uno de tos silenció todas las quejas de ambos.
Eran las tardes como esa las que hacían a ambos preguntarse en silencio cuánto tiempo más podrían disfrutar de toda esa felicidad. Aunque habían vivido cada día al máximo, aún había muchas cosas que les faltaban por hacer. Ese crucero por el atlántico, por ejemplo, o las vacaciones en Alemania que tanto planeaban. Lanzarse en paracaídas, ir a esquiar, viajar a Alaska para ver las auroras boreales, escribir un libro sobre cómo se conocieron, adoptar un niño, renovar sus votos, tener una cuarta luna de miel...
La lista seguía y seguía de forma interminable. Habían hecho tantos planes juntos que nunca se habían detenido a pensar que la vida no era tan larga, por mucho que ellos quisieran pensar que sí. El tiempo se les estaba escapando como agua entre los dedos y los años se pesaban con la idea de una inevitable separación. Ya no hacían planes, ya no hablaban del futuro. Era la promesa implícita entre ellos, como si de esa forma el tiempo pudiera detenerse para que siguieran amándose. Erwin incluso le había hecho prometer que en su próxima vida se reunirían de nuevo, pero que esa vez le daría su nombre, su teléfono y aceptaría casarse con él. Levi, obviamente, había prometido aquello, aconsejándole que tuviera el valor de pedirle matrimonio en cuanto se encontraran, pues él mismo no tendría el valor de hacerlo. Pensar en una nueva oportunidad para amarse les daba un poco de consuelo mientras el final se aproximaba.
Una de tantas mañanas, exactamente igual a las otras, Erwin no tuvo ánimo para salir de la cama. Levi se había preocupado, pero no dijo nada y tan sólo se quedó acostado a su lado, en silencio, entrelazando sus manos, en las que aún llevaban sus anillos de matrimonio, y besando su cabeza, que ya había perdido casi por completo el cabello. No necesitaba decir nada, la suavidad con que tomaba su mano era distinta, desesperada, como si confirmara con ese roce lo que él mismo ya sabía.
—Tengo mucho sueño. —Susurró Erwin, buscando en los ojos de Levi un motivo para no cerrar los propios.
—Es porque estás viejo, te sentirás mejor después de desayunar. —Respondió tratando de ser tan natural como fuera posible, pero no dejaba de pensar que era una mentira.
Erwin sólo asintió, apretando el agarre de sus manos. No quería irse, no quería dejarlo aún, había cosas que quería hacer, palabras que tenía que decirle... Pero en realidad no se le ocurría nada. Habían estado juntos por tanto tiempo que ya todas las palabras habían sido dichas hasta el cansancio. A esa edad, la mejor manera de expresarse era el silencio.
La mañana pasó lenta, como si la vida quisiera darles un poco más de tiempo para estar juntos, y la tarde se fue de igual forma. No habían hablado mucho en ese tiempo, pero no sentían la necesidad de hacerlo. Aunque no se quedaron dormidos en ningún momento, los ojos de Erwin cada vez tardaban más en volver a abrirse luego de cada parpadeo.
Levi quería llorar, pero de sus ojos no salía nada, quizás porque no tenía ningún asunto pendiente con él. Habían tenido una buena vida, con sus buenos y malos momentos, pero siempre fueron más felices de lo que alguna vez pensaron que llegarían a ser. Mirando en retrospectiva, esa larga lista de cosas por hacer no era sino una excusa. Ya lo habían compartido todo, habían hecho lo que deseaban, estaban en paz.
—Sabes, Levi, creo que este es el adiós.
Las palabras de Erwin fueron como un puñal atravesando sus esperanzas de que aquello fuera tan sólo un malestar pasajero. El nudo en su garganta le impidió responder de inmediato, pero su cuerpo buscó instintivamente estar más cerca de Erwin, abrazándolo con fuerza para retenerlo un poco más.
—No seas tonto, has dicho eso muchas veces. —Se quejó, aunque su queja fue más una súplica.
—Esta vez es diferente. —Respondió Erwin, seguro de que Levi también lo sabía. —Este es... es el último adiós, mi amor.
—No lo es... —Sus ojos finalmente se llenaron de lágrimas, acompañando al dolor que crecía en su pecho. —No es un adiós... es un hasta pronto.
Erwin sonrió. Levi estaría bien, pronto volverían a estar juntos, y tendrían toda la vida por delante para acabar esa lista de pendientes. Estaba convencido de que así sería.
Con un te amo y un último beso, los ojos de Erwin se cerraron y su corazón dejó de latir, aunque la sonrisa en su rostro hacia parecer que estaba teniendo un sueño agradable. Si la muerte era un sueño, quizás Levi no tendría que estar tan asustado cuando finalmente le alcanzara.
Un par de horas después, Levi dejó de llorar. Su última lágrima acompañó a su último aliento y también sonrió, seguro de que Erwin le estaría esperando para irse juntos. Si lo pensaba de esa forma, aún tenían mucho tiempo por delante.
