El día de hoy hay romance, mucho amor y cosas tiernas. Espero les guste.
Día29
Tema: Getting married / Matrimonio
Advertencias: Romance
1080 palabras
Summary: Todo lo que su padre le había enseñado que debía ofrecerle a quien se convirtiera en su esposa, él no podía ofrecérselo a Levi. Lo único que podía entregarle era su corazón.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.
En cada estrella del cielo
—¿Estás seguro de esto?
La pregunta de Levi le tomó por sorpresa, no había hablado mucho desde que estaban ahí.
—¿Tú no? —Preguntó Erwin de vuelta, mirándole sobre su hombro. Quizás se estaba precipitando, ni siquiera sabía si Levi estaba de acuerdo o no. —Sabes, aún puedes negarte si no es lo que quieres.
Levi esquivó su mirada, un casi imperceptible sonrojo iluminando su rostro. Aún podía negarse, sabía que Erwin no iba a obligarlo, pero por más que lo pensaba, en realidad no tenía ninguna razón para negarse a algo que a él también le hacía ilusión.
Erwin sonrió ante su falta de respuesta, imaginando que estaría igual de nervioso. Sin decir más, tomó una pequeña flor de tallo delgado entre sus manos y, luego de decidir que sus pétalos eran suficientemente blancos, ató el tallo formando un pequeño círculo. Satisfecho con el resultado, repitió el proceso con otra de igual blancura, colocando ambas en su mano para observarlas. Eran hermosas, sí, pero también bastante sencillas, nada que pudiera compararse a lo que había imaginado para un día tan importante.
—Perdóname, no tengo nada que ofrecerte. —Derrotado, miró al suelo aún con las flores en sus manos, tentado a dejarlas caer.
—Eso lo sabía desde antes de venir aquí.
Levi se acercó, tomando las flores de sus manos para observarlas más de cerca. Erwin se había esforzado demasiado en que todo estuviera perfecto, tanto como era posible en sus condiciones, pero para él era más de lo que podría desear.
—Tal vez sea mejor que te lleve de regreso. Estoy seguro que nadie se ha dado cuenta aún de...
—¿Te arrepientes?
Aunque su expresión era tan seria como siempre, Erwin pudo ver cierta decepción en sus ojos. Le sonrió y abrazó con ternura, nunca se arrepentía de sus decisiones, pero de esa en particular, ni siquiera se atrevería a pensarlo.
—Terminemos de arreglar.
Se separó de Levi y volvió a lo suyo, limpiando hasta la última mota de polvo del lugar. Podía notarse que llevaba bastante tiempo abandonado, y ni siquiera estaba seguro de que se tratara de un templo, pero él nunca se consideró un hombre creyente y mucho menos Levi. No necesitaban un lugar sagrado para bendecir su amor.
Terminaron de limpiar en silencio y Erwin cortó algunas flores para adornar lo que quedaba del altar, convencido de que una vez limpio aquel lugar no se vería tan mal como cuando llegaron.
—Creo que está listo. ¿Qué te parece?
Levi observó cada detalle con atención. Cada rincón estaba limpio; cada uno de los asientos estaba perfectamente alineado, como si sólo esperaran la llegada de los invitados; la luz del sol se filtraba por los ventanales, dando un aspecto cálido al interior. Y Erwin, de pie frente al altar, terminaba de adornar la imagen ante sus ojos. Era más de lo que nunca soñó.
—Es... perfecto.
Erwin sonrió. Cuando encontraron ese viejo templo abandonado en medio de un paseo esa mañana, Erwin no tardó en pedirle a Levi que se casara con él. Sería un matrimonio simbólico, sólo ellos dos y cualquier deidad a la que se adorara en ese templo como testigos. Aunque Levi había aceptado su propuesta, todo aquello había parecido una broma hasta ese momento, cuando al fin terminaron de limpiar y adornar el lugar con algunas flores. Fue entonces cuando sintió la realidad de lo que estaban haciendo posarse sobre él.
Amaba a Levi, podría jurar que incluso más que a su deseada libertad, pero en realidad él no podía ofrecerle nada, ni un techo, ni comida en su mesa, ni siquiera un futuro juntos. Todo lo que su padre le había enseñado que debía ofrecerle a quien se convirtiera en su esposa, él no podía ofrecérselo a Levi. Lo único que podía entregarle era su corazón, pero no necesitaban casarse en secreto para ello.
—Levi yo... En verdad no tenemos que hacer esto...
—Es cierto, no tenemos que hacerlo. —Erwin asintió, sabía de antemano que eso no había sido más que un impulso, por lo que no se decepcionó cuando Levi lo confirmó. Pero su sorpresa vino después. —Pero no nos tomamos tantas molestias para nada.
Levi le sonrió, una sonrisa pequeña pero cálida, y Erwin estuvo seguro de que esa era la decisión más importante de su vida. Unirse en matrimonio, aunque fuera simbólico, era sólo otra forma de expresar el amor que sentían en un mundo tan difícil. Erwin le tomó de la mano con suavidad y los guio a ambos hasta el altar. Ahí, parados frente a frente, se atrevió a pensar que permitirse desarrollar sentimientos por Levi había sido la mejor decisión de su vida.
Erwin tomó sus manos y, mientras se miraban a los ojos, recitó sus votos de memoria. —Yo, Erwin, te tomo como mi esposo, desde hoy y por toda la eternidad, en éste mundo o en el de los muertos. Aunque mi cuerpo muera y mi alma se vaya de este mundo, mi amor por ti arderá por siempre en cada estrella del cielo. Mis ojos sólo te verán a ti, mis labios sólo conocerán los tuyos, mis manos sólo recorrerán tu piel... Y cuando muera, esperaré hasta que podamos reunirnos de nuevo y seguir amándote.
Levi, avergonzado, repitió sus votos y añadió: —Pero más te vale no morir si yo no estoy ahí.
Erwin sonrió, todo aquello podría parecer demasiado sentimental hasta para ellos, pero era el compromiso implícito en sus palabras lo que le llevaba a emocionarse ante esa inusual muestra de afecto. Aún sonriendo ampliamente, tomó una de las flores que había amarrado antes y la colocó en el dedo de Levi en representación del anillo que no había podido comprar para él.
Levi le imitó con la otra flor, acariciando suavemente los pétalos una vez se la hubo colocado a Erwin. Era todo tan íntimo que no le importó sonreírle abiertamente, emocionado, antes de que ambos compartieran un beso lento y lleno de ternura.
—Ahora que estamos casados, podemos tener nuestra noche de bodas. —Erwin sonrió sobre sus labios y le tomó en sus brazos, llevándolo hasta el cuarto de atrás, donde había colocado algunas mantas para ellos.
Aquello había sido demasiado sencillo, pero nada opacaría la emoción del día más importante de sus vidas. Aunque nadie lo supo, aunque nadie bendijo su unión, no hacía falta gritarle al mundo lo mucho que se amaban. Mientras ellos lo supieran, el resto del mundo no importaba.
