Al fin llegó el día 30, pero aunque originalmente el reto era para treinta días, Octubre tiene treinta y uno, así que el día de mañana subiré el último drabble del reto, el tema es sorpresa así que no se lo pierdan. Por ahora, espero que les guste esta historia, no quedó tan aterradora como quería, pero hice lo mejor que pude.
Día 30
Tema: Halloween
Advertencias: Suspenso, tragedia.
1220 palabras
Summary: Se ocultaba en la oscuridad, esperando el momento perfecto para devorarlo. Y nunca lo dejaría salir de ahí.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.
Desde las sombras
Desde que llegaron a vivir a esa vieja casa, Erwin supo que no quería vivir ahí. Luego de la muerte de su madre, habían tenido que mudarse a otra ciudad por el trabajo de su padre. Erwin no quería ir, pero él le había dicho que visitarían la tumba de su madre una vez al mes y le agradaría la nueva casa.
Su padre le había dicho que era una casa muy bonita, de tres pisos, con bastantes habitaciones y un amplio jardín donde él podría jugar. Los vecinos también tenían niños, por lo que Erwin no tardaría en hacer nuevos amigos. La escuela estaba cerca y su trabajo también, así que él podía regresar a casa caminando y su padre comería con él todos los días durante su descanso. También habían hablado sobre contratar a alguien que cuidara de él durante las tardes, pero Erwin le aseguró que estaría bien, de cualquier forma sólo serían unas pocas horas por la tarde hasta que su padre llegara del trabajo.
Pero la realidad había sido totalmente opuesta a lo que esperaba. La casa estaba vieja y maltratada, pero su padre le había prometido que con algunas reparaciones y una capa de pintura estaría como nueva; las paredes estaban cubiertas de telarañas y el techo tenía algunas goteras. Durante la primera semana, se dedicaron a limpiar y acomodar sus pertenencias, logrando así que la casa se viera un poco más acogedora, aunque eso era sólo a la vista, pues para Erwin, a pesar de ser tan sólo un niño, el lugar le provocaba una extraña incomodidad.
Esos días habían dormido juntos en la sala de estar, pero cuando las habitaciones estuvieron listas, finalmente llegó la primera noche en que dormiría sólo en esa enorme casa. Sin embargo, lo que más le molestaba era el desván. No habían tenido tiempo de limpiarlo aún, pero su padre le había prometido hacerlo el siguiente fin de semana. Para Erwin, ese lugar parecía aterrador. Las primeras noches no lo había notado, pero esa vez, con su habitación justo bajo el desván, Erwin había tenido que cubrirse hasta la cabeza con las mantas para tratar de ignorar los ruidos que venían desde el techo. Era como si el suelo del desván crujiera bajo los pasos de alguien.
Al principio eran lentos, lejanos, pero poco a poco parecían ir más rápido a medida que se aproximaban justo sobre su cama. Erwin no se atrevía a mirar, pero la idea de que alguien pudiera estar oculto en ese lugar le llenaba de horror.
Le había contado a su padre al día siguiente, pero él le aseguró que debía tratarse de algún animal y que no tenía nada que temer, lo revisaría cuando volviera del trabajo. Pero no lo hizo, y Erwin pasó otra noche llorando en silencio por el miedo de escuchar los ruidos mucho más fuerte que la noche anterior.
Luego de una semana, su padre estaba tan inmerso en el trabajo que no había cumplido con ninguna de sus promesas. No habían terminado de ordenar la casa, no habían ido a jugar al parque para que conociera a los otros niños, tampoco recortaron el césped del jardín para que Erwin pudiera jugar en él y, más importante, no había subido al ático para atrapar al "animal" que vivía en él.
Armado de valor, proveniente a su vez de su creciente miedo, Erwin esperó a que su padre se fuera y se armó con una linterna, algunas baterías extra, y una espada de juguete, creyendo infantilmente que aquello sería suficiente para enfrentar lo que estuviera viviendo sobre sus cabezas e impidiéndole dormir tranquilamente. Cuando su padre regresara esa noche, seguramente estaría orgulloso de él.
Mientras subía uno a uno los escalones hacia el desván, Erwin se preguntaba qué clase de animal podría estar escondido en él. No podía tratarse de una rata, el ruido era muy fuerte, así que quizás sería un gato, pero por mucho que intentaba convencerse de ello, Erwin no podía dejar de pensar que era imposible. Ningún animal que pudiera haberse colado por algún hueco del tejado podría dar pasos tan fuertes, pero no quería pensar que pudiera tratarse de algo más.
El lugar estaba húmedo y cubierto de polvo, y tan oscuro que aun con su linterna era imposible ver más allá de un metro frente a él. Estaba casi vacío con excepción de algunas cajas viejas y muebles destruidos por el tiempo, dándole un aspecto aún más tétrico a sus ojos. Respirando de forma superficial a causa del pesado ambiente, Erwin recorrió primero con la mirada y después caminando lentamente el lugar, buscando en cada rincón lo que fuera que estuviera provocando esos aterradores sonidos.
Más de una vez se había asustado por las sombra provocadas por él mismo, pero había algo en ese lugar que no le dejaba estar tranquilo. Llevaba ya un buen rato buscando y aún no podía encontrar nada y, lejos de tranquilizarle, aquello sólo le hacía sentir cada vez más miedo. Justo cuando pensó en que era mejor irse y esperar a que su padre volviera, la puerta se azotó con un estruendo, haciéndolo gritar.
Quiso convencerse de que había sido el viento, pero la sombra que comenzaba a crecer entre él y la puerta no le permitía creerlo. Estaba asustado, tan asustado que sin darse cuenta había comenzado a llorar. De la oscuridad brotaron un par de brillantes ojos rojos que le miraban fijamente, hambrientos, haciéndole retroceder de forma instintiva. La sombra iba cobrando forma hasta convertirse en un monstruoso ser de enormes fauces, de las que brotaba un desagradable hedor a muerte y descomposición.
La espalda de Erwin chocó contra la pared opuesta, dejándolo atrapado entre la pared y la criatura que ya estaba demasiado cerca, lo suficiente para que Erwin pudiera sentir su aliento sobre su rostro. Entonces, cuando estuvo seguro de que sería devorado por el monstruo, alguien se interpuso entre ellos.
Había estado cerrando los ojos con tanta fuerza que no se dio cuenta de su presencia, pero cuando la esperada mordida no llegó, se obligó a abrirlos, sorprendiéndose al ver a otro niño, varios centímetros más bajo que él. Como estaba de espaldas a él, Erwin sólo pudo notar su cabello negro un poco más largo al frente. Estaba asustado, sí, pero algo en él le hacía sentir a salvo.
Ante su presencia, el monstruo pareció perder el interés y se retiró, pero Erwin estaba seguro de que seguía ahí, oculto entre las sombras. El otro niño suspiró aliviado y giró hacia él, mirándolo con lástima. Erwin estaba sin palabras, impresionado y temblando de miedo por lo que acababa de presenciar, por lo que su nuevo acompañante se atrevió a acercarse a él y rodearlo con sus brazos, cayendo ambos al suelo de rodillas.
—No puedes irte, él no te dejará. Hace años que me atrapó aquí. —Susurró contra su cabello mientras le abrazaba protectoramente. —Pero descuida, yo cuidaré de ti.
Erwin, llorando abiertamente, se aferró a él con desesperación. Probablemente nunca saldría de ese lugar, pero al menos no estaba sólo con esa cosa que esperaba por devorarlo. Quizás si pensaban juntos en un plan, algún día serían capaces de escapar. Quizás su padre subiría a buscarlo y estarían juntos, y podría tener algo de su atención.
