DISCLAIMER ON: Los personajes no son míos, pertenecen a sus respectivos creadores y yo solo los uso para crear bellas, lindas y doloras historias, sin fines de lucro.
Disfruten~
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ESTACIONES.
Primavera. Los cerezos que se reflejan en ti.
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La mañana tan poco sensata, había tomado la decisión de entrometerse por entre las cortinas, que habían dejado un pequeño y diminuto hueco por el cual, el sol sin miramiento entraba con dirección a la cama; y a no ser porque el despertador se unió en un complot sonando tan fuerte como pudiera ser posible, él jamás hubiera despertado a esa hora; su mano busco el camino estirándose, tentando todo a su paso, hasta lograr encontrar el tan ruidoso y cobarde enemigo, y llevándolo hasta él por debajo de las sabanas para luego volver a su lugar. En tan poco tiempo ya había tomado posesión de toda la cama que ahora estaba vacía al lado contrario, y que días anteriores tuviera a alguien más junto a él. No, ya no parecía tan fría después de una semana. Pero la nostalgia pesaba más bajo las mantas, el frío que se comenzaba a alejar gracias a la primavera, ahora era más que nada psicológico. Un suave quejido acompaño a su malhumorado rostro.
Cinco minutos más.
Y así, después de una corta meditación consigo mismo, su cuerpo entumido lo estiró cual gato, sacudiéndose el sueño con las manos; aunque las ganas de dormir aun seguían vivas. Un fuerte bostezo, un gruñido de disgusto. Despertar no había sido tan cansino antes ¿O sí? Pero no había mucho que hacer y ya estaba sentado a la orilla de la cama cuando menos lo esperó. Tenía ya el móvil en su mano, dando una rápida inspección entre los mensajes para encontrar al menos uno solo del que ahora se ausentaba, pero su expresión de desilusión era más que clara ¿Cuánto más estaría sin dar razón de vida?
Te echo de menos.
Un año había pasado desde que declararon uno al otro lo que sentían. El recuerdo de lo mal que la pasaron, aquellos momentos de confusión y de tomar decisiones que cambiarían su vida. El dejar sus amores pasados y abrirse a nuevas experiencias. Fue el momento de tomar sus vidas y unirlas. Ahí es cuando fueron sinceros con sus sentimientos, con lo que les atraía el uno del otro. Se dieron tiempo para conocerse un poco más, para entender un poco más las necesidades ajenas. Sin darse cuenta, poco después comenzaron a vivir juntos en Tokyo. Y un día en el café, tomaron esa decisión de alquilar un departamento más amplio, más de ellos. Se habían cansado de "visitarse y despedirse", necesitaban algo que fuera propio, un lugar a donde llegar, un sitio en el que despertaran y estuvieran conscientes de tener al otro a su lado cada mañana, cada tarde, cada instante. Algo así como un hogar.
Ya incluso tenían planes de mudarse a otro país tan pronto terminaran los estudios o tal vez viajar por el mundo una temporada. Todo estaba yendo perfectamente, pero las emergencias pasan y la distancia los alcanzó para ponerles una agridulce prueba de resistencia.
Un último estirón y revolvió sus negros cabellos antes de levantarse, ponerse la ropa deportiva y empezar el día. Hora de correr y después a entrenar. Había hecho la promesa de no dejar de lado la rutina sólo porque se sintiera mal o un poco deprimido. Era importante si realmente quería competir dentro de los regionales.
"Si te entretienes en algo, el tiempo se pasará rápido."
Él siempre tan optimista.
Esa mañana era fresca, y el camino hasta la piscina era un poco burdo. Coches, cerezos que comenzaban a retoñar, los vecinos que habría que saludar, los edificios con sus negocios comenzando el día; y entre todo eso, la música que hacía de mediadora, al menos tenía su voz guardada entre aquellas canciones, una pequeña parte de su balada favorita que le había hecho cantar en alguna ocasión. Necesitaba que volviera, porque ahora no tendría a nadie a quien ver después del entrenamiento y la rehabilitación; el día transcurrió lento y sin el tan anhelado mensaje. Su paciencia comenzaba a quebrantarse, nunca la soledad le había calado tanto.
El apartamento parecía tan vacío y más amplio de lo normal. La cama seguía sin hacerse y no estaba nadie esperándolo para preparar la comida. ¿Cuánto había pasado ya? ¿Un siglo? No, apenas y transcurrió una semana desde que Makoto tuvo que partir de emergencia a Iwatobi.
Sousuke por su parte, tenía que quedarse y no interrumpir su entrenamiento. El ojiverde le prometió regresar a tiempo para los regionales; lo haría, eso estaba claro, jamás hizo una promesa que no pudiera cumplir.
Más días pasaron así, más días sin él.
El timbre sonó tan fuerte y repetidas veces, que era seguro que los vecinos ya lo habrían escuchado. ¿Quién podría ser a esas horas de la noche? El reloj despertador marcaba las 3:14 am, mucho pesaba ya abrir los ojos por la mañana y a esa hora era totalmente imperdonable. Pero terminó por levantarse, quitándose de encima las sabanas con coraje, pensando en quién en su sano juicio podría ser y que seguro en cuanto lo viera lo mataría; tanto le había costado conciliar el sueño, que verse interrumpido le causaba furia. Entonces, su mirada se elevó como iluminado por la mejor idea de todas. Sus pupilas dilatadas mostraron la emoción al pensar en aquel nombre, pero ¿Por qué no abría él con sus propias llaves? "Quizá las había perdido", fue el pensamiento inmediato. Y en una acción torpe y desesperada, se levantó cual resorte; un golpe en el dedo pequeño del pie, culpa de algún mueble que se entrometió en el camino, fue el resultado de tan poco cautelosa acción. En ese momento ya nada importaba, tenía que abrir y verlo.
Con el corazón acelerado, las manos temblando por el nerviosismo y el dolor del golpe que comenzaba a ser punzante, quitó con torpeza los pasadores de seguridad, giró la perilla y cuando vio quien era detrás de aquella puerta, sus ojos mostraron la total desilusión. La respiración agitada comenzó a normalizarse. Había derrochado energía por esa persona que, aunque le daba gusto ver, no era alguien deseado en ese instante.
—No es necesario que muestres tanta emoción, Sousuke.
—Rin… —Su disgustó no podía ser más evidente. En tan solo un momento lo habían bajado de su nube y metido en un balde de agua fría. Se dio media vuelta caminando por el suave piso de madera, le indicó que lo siguiera hasta el interior del apartamento, deteniéndose en el ima —¿Qué haces aquí tan tarde? —La pregunta iba con molestia.
—El vuelo se demoró —, respondió un poco cohibido con una suave sonrisa que no decía mucho —y apenas di con la dirección de este lugar. No pensé que vivieras en un sitio tan caro como este —En cuanto las luces se encendieron, observó meticulosamente el espacio, notó un diseño del interior en un estilo muy occidental, pero no encontró nada que le indicara algo fuera de lo normal, excepto su actitud al abrir la puerta —. Parece que esperabas a alguien más ¿Me equivoco?
—No espero a nadie —. Respondió Sousuke aun con la seriedad y la molestia que ahora mismo volvía a sentir —, no hoy…
Sus palabras se vieron interrumpidas por un repentino acercamiento del otro, sus orbes se abrieron por la sorpresa, fue un acto desesperado donde los labios de ambos se vieron envueltos en un beso que el pelirrojo propició. Aquello había tomado por sorpresa a Yamazaki, quien mantuvo la respiración mientras era empujado con fuerza hasta llegar a topar con un mueble, de donde varios objetos terminaron en el suelo. Ni las pequeñas suplicas de "espera" fueron escuchadas. Sousuke no quería lastimarlo, pero con un impulso violento lo tomó por los hombros y lo empujó hacía atrás. Tomó una bocanada de aire, llenó los pulmones de aire.
—¡Detente! —Fue enérgico en sus palabras.
Anonadado, estaba totalmente sorprendido. El desconcierto por fin llegó a su rostro cuando notó que Rin estaba llorando, la duda apareció en su entrecejo, parecía que aquellas lágrimas no dejarían de brotar jamás. Una mueca extraña en los labios del pelirrojo, indicaban un dolor que era imposible de explicar con palabras. Estaba sufriendo. Lo abrazó con tiento, sin ser muy efusivo o expresivo en su acción. Jamás se había requerido de más, así eran ellos y así le permitió llorar sin recriminar nada de lo sucedido.
Un té bastó para tranquilizarlo. Tenía que desahogarse.
El resto de la noche se pasó explicando la "pelea" que había tenido con Haru. Ya no era noticia el que ellos dos eran pareja y de sus constantes discusiones, pero ¿Por qué ahora llegar y hacer semejante estupidez? No imaginaba del todo eso de tener "problemas" con Makoto, siempre solían atacar cualquier diferencia dialogando o en una simple conversación. Pero olvidaba por un momento lo impulsivo que era Rin y la terquedad de Haruka. Debieron tener grandes contradicciones para que estuvieran separados y más aún, para que el Rin hiciera aquello.
Un reemplazo, que cruel.
Trató de calmarse y entenderlo. Para Rin, Sousuke estaba libre, no tenía una pareja y además vivía solo, eso estaba claro a la vista de todos, pero la verdad era que tenía una relación de un año con Makoto. Una relación que había costado concretar por las innumerables dudas de ambos, por el temor a no ser correspondidos o volver a equivocarse.
—Haru se enteró de que Makoto estaba en Iwatobi —. Las palabras de Rin eran quebradas, dolidas —Fue tras de él con la intención de declararse. Es un idiota.
La noticia le llegó en frio, era como si su cerebro hubiera decidido detenerse en esas palabras. Haruka fue para Tachibana el amor imposible de toda su vida. Al mismo Sousuke le había costado llegar al corazón del ojiverde. Hacerlo creer que ese chico no lo era todo y que él podía ser mucho más ¿Por qué pasaba esto ahora? Infinidad de ideas pasaban por la mente ahora confundida del pelinegro. Su corazón se aceleró, pero mantuvo la calma. Haruka y Makoto estaban juntos, los mensajes al celular desaparecieron. Deseaba que todo fueran simples coincidencias ¿Y si Makoto accedía? Imposible. Estaba tan seguro del amor que le tenían, de que cada caricia hasta ese momento había sido sincera, no había duda en ello, no había nada malo en que dos amigos se volvieran a ver después de tiempo.
Tranquilo.
—¿Desde cuándo esta en Iwatobi?
—Cuatro días —Respondió sin vacilar.
No se haría ideas, no pensaría en tonterías momentáneas, eso no significaba que le estuvieran mintiendo. Se tomó su tiempo para continuar la charla, no escuchaba lo que decía Rin, por unos segundos se dedicó a guardar la calma. Se mordió el labio mientras se hacía del control de su respiración. Su corazón latía con prisa, no podía dejarse llevar. En su mente estaba seguro de los sentimientos de ambos, pero no entendía la reacción desesperada de su cuerpo. Calma. Tal vez era normal el sentir miedo, temor a perderlo. No era la inseguridad del engaño, no era ese tipo de confusión, era simplemente el temor a no estar más a su lado.
—Él nunca te cambiaría así —. Su voz sonaba fuerte y tranquila, como siempre, como era él —Haruka no ama a Makoto. Tal vez sólo te lo ha dicho para hacerte enojar, por molestarte, para causarte un poco de celos.
Sonríe.
—¿Tú lo crees? Parecía tan seguro de sus palabras —. Era tan normal su negatividad, el que estuviera sumergido en el peor de los escenarios.
—No seas tonto y dramático, deja de llorar de esa manera en cuanto sientes que pierdes las cosas o están lejos de tu control. Hubieras ido a Iwatobi, aquí no hay mucho que hacer —. Le reprendió sin temor, como era costumbre.
Se levantó algo decepcionado de las razones de Rin para estar ahí. Seguro que de igual manera pretendía darle celos a Nanase. Le parecía tan infantil esa reacción que sólo atinó a suspirar pesado y levantarse. En su habitación estaría más relajado, pero antes que nada dejó en el sofá un juego de sabanas para el otro. Dormiría ahí, era su mejor amigo después de todo, pero no podría dejarlo pasar a su cuarto, el lugar más íntimo dentro del apartamento.
—Trata de descansar un poco y en cuanto el día comience… —Se quedó en silencio al ver hacía la ventana, no faltaba mucho para que el sol se pusiera —veremos qué hacer.
Esa mañana dejó de lado la rutina y se encargó únicamente de atender a su visita. Por muy extraño que pareciera, no le causaba alegría tenerlo ahí. Era más como una "molestia". Pero no había mucho que hacer, la educación iba primero. Así que preparó el desayuno para dos; tamagoyaki, encurtidos, arroz cocido y salmón a la plancha. Acomodó la mesa con los platillos que comerían, dejando con precaución el espacio que solía ocupar Makoto.
—Lamento si no es más variado, aún no he ido a la compra de la semana —. Los modales, ante todo, tenían que seguir con la idea de que Rin era su mejor amigo y es que, si lo era, pero por ahora, era la "visita incomoda".
—Puedo acompañarte si me lo permites, así podría ayudarte y comprar algunas cosas que necesito —. La propuesta no estaba del todo mal, salir un poco ayudaría a ambos a no sentir la presión —Hay un minimarket aquí cerca, lo vi cuando llegue.
Rin había estado en el extranjero entrenando arduamente, llegando a posicionarse entre los mejores nadadores del país, impulsado continuamente por la velocidad de Haruka, que siempre le llevaba la delantera en ese tema. Por un tiempo fueron juntos a torneos internacionales, siendo la pareja "revelación" del momento y que daría a su país mucho orgullo y triunfos, sin dudar.
Rin en veces mandaba fotografías vía e-mail o mensajes de texto a Yamazaki, en los cuales lo animaba a continuar con su rehabilitación. De las peleas, Sousuke se enteraba por medio de Makoto, que era el que recibía ese tipo de mensajes tanto de Matsuoka como de Nanase. Y eso estaba bien, nunca se creyó ser un experto en relaciones amorosas, aun se preguntaba cómo la de él estaba funcionando tan bien.
El pelirrojo, de igual manera estuvo enterado de lo que había sucedido con sus amigos aquella ocasión en que Makoto se enclaustro en su apartamento; se lamentó siempre no haber estado ahí para apoyar al pelinegro como lo intentó hacer Haruka con su amigo de infancia. Se consideró una mala persona debido a eso, pero le confortaba saber que la relación con Sousuke no se había mermado. Aunque comenzó a sentir un cierto recelo por el ojiverde, ya que a veces le hubiera gustado tal sincronía con Haru; pero lo suyo era distinto, más alejado de las cosas "sobrenaturales". Agradecía de muchas maneras el no conocer del todo a su pareja, pensando constantemente lo aburrido que sería poder intuir lo que el otro quería o deseaba.
Y ahí estaba Sousuke, hablando sin parar de ese que ahora podía llamar su "rival". Sabía que estaban juntos en la escuela, y que habían terminado en las mismas clases, prácticamente ahora ellos eran buenos amigos desde que Haruka se apartara del camino para seguirlo. Eso lo aliviaba. Veía a Sousuke feliz, jamás lo había visto con una sonrisa tan tranquila y por qué no, tan sincera. Había olvidado lo difícil que era hacer a ese chico mostrarse ante los demás, pero pensó que tal vez era el efecto de tenerlo ahí. ¿Cierto? No, ahora Tachibana era el centro de atención de las personas más importantes para él.
—¿Podrías parar de una vez? No quiero saber nada de él —. El tono tan fuerte y cortado en que lo dijo fue de molestia —¡Makoto, Makoto, Makoto! ¿No puedes hablar de algo más? —No volteó a verlo, sólo dejó sus palillos a un lado y agradeció por los alimentos. Tragó saliva mientras sus puños se apretaban con fuerza sobre la mesa. Aspiró fuerte, tratando de calmarse, y ahí fue cuando Sousuke lo notó: Rin estaba destrozado por completo y no sabía cómo decirlo. Su mirada que casi siempre brillaba, ahora estaba apagada.
Él siempre tan complicado.
—Lo siento, no me di cuenta de que… —fue lo único que atinó a decir antes de hacer una larga pausa, no se había dado cuenta de sus palabras, ¿Lo había lastimado? Era raro que alguien guardara rencor por Tachibana, quien jamás hacía algo malo contra los demás; así que decidió levantar los platos y llevarlos a fregar. No trataba de evadir el tema, sólo pensaba cómo afrontarlo —Salgamos a dar una vuelta, ambos lo necesitamos.
—¿Sousuke?
Se detuvo en seco para escucharlo. La apariencia de Rin estaba dañada, desgastada. ¿Había sido tan fuerte la palea entre esos dos? No podía imaginar ni un poco a Haruka molesto, aunque ya había escuchado de un par de incidentes, no se hacía la imagen completa de esa escena. Rin siempre había sido impulsivo, siempre tomando iniciativa, tal vez había cansado a Nanase con su insistencia.
Suspiró pesado y caminó hasta donde su amigo y le sonrió —. Estará todo bien. Lo de ustedes va enserio, las cosas no terminaran tan fácilmente. Créeme.
Siempre se mantuvo al margen, siempre intentando confortarlo a su manera. Era él quien debía de llegar lejos, así que siempre lo impulsó. Y aunque tuvieran que distanciarse sabían la complicidad y el rol que cada uno jugaba. Sousuke desde siempre tomó el papel del que protegiera a Rin, quien siempre terminaba llorando cada que perdía y había algo que no pudiera hacer. Siempre con tanta tenacidad, con esas ganas de comerse al mundo, Rin era mucho y lo era todo, pero nunca pudo caminar a la par de él. La luz de Matsuoka era inmensa y solía opacarlo fácilmente, al menos él así lo veía. Y eso lo dejó atrás, lejos de quien ocupara su corazón, distanciados por el orgullo propio, por no ser capaz de avanzar al mismo ritmo. Entendiendo que esas sonrisas tan infinitas jamás podrían ser para él, que sólo serían de aquel sujeto que se cruzara en el camino de Rin, Haruka. Celos, rabia, impotencia, todo eso los llevo a tomar caminos separados y la esperanza de recuperar lo perdido se desvaneció en el bachillerato. Todo por lo que había luchado, nunca fue suficiente para confortar y alentar a quien una vez amo.
—¿Tú… estabas enamorado de mí?
Una sensación extraña se formó en la mandíbula de Sousuke, apretando con fuerza mientras tragaba saliva. La pregunta tan directa lo hizo volver a esos recuerdos que creía ya no existían.
—Rin… no es momento para hablar de eso —. El moreno no quería entrar en detalles, el pasado había quedado lo bastante atrás como para traerlo nuevamente al presente. El nerviosismo lo había alcanzado.
—Yo… también sentía algo por ti… creo —Insistió con una suave sonrisa. Las palabras dejaron helado a Sousuke. ¿Qué tenía que decir o responder? Rin parecía dudar de sus palabras, pero a la vez eran tan firmes, no importaba que su voz fuera cortada. Había cierto grado de arrepentimiento, era como pedirle perdón por algo que no pudo ser, era pedirle permiso para retomar aquel instante. Si existía un momento indicado, esperaba que fuera ese, era momento de aprovechar las oportunidades. Y al ahora petrificado amigo, le dirigió una mirada fuerte, sin vacilo, exigiendo una respuesta
—Basta Rin.
—¡Dame una oportunidad! —Las palaras de Matsuoka iban subiendo de tono, a excepción de su mirada que estaba clavada ahora en el piso, esa estaba lo bastante derrotada como para levantarla y mantenerla firme después de ese "basta". No podía o tal vez no quería ver la expresión de Sousuke ahora.
—Lo siento, no puedo ayudarte con eso —. El tono seguro con que Yamazaki le respondía y el soportar no perder los estribos le hicieron morderse la lengua. Le estaba haciendo daño. ¿Por qué venir ahora con estas tonterías? —No sé a qué estés jugando Rin, pero esto es algo en lo que no puedo, ni quiero ayudar.
—¿Ayudarme? —Alzó la vista para encontrarse con una mirada extraña, con alguien que no conocía. ¿Quién era aquel que estaba al frente? Sousuke realmente parecía otro ante sus ojos ¿En qué momento se había vuelto tan grande? El oxígeno parecía escaparse de su cuerpo, su respiración no encontraba ritmo, y ni que decir de su corazón, el que ahora estaba totalmente devastado —, yo sólo… quiero intentar tener una relación contigo.
—Ahora estas con Haruka, no me vengas con estas tonterías. No entrare en tu juego de despecho. No necesito estas cosas en este momento —. El tono tan calmado y tan seguro de Sousuke asustaban, era como tener a alguien sin un gramo de piedad junto a él. Pero la mirada de compasión en él era mayor que cualquier indiferencia mostrada. Intentó en vano llevar su mano al hombro de Rin, pero era consciente de que cualquier acto como ese, podría ser mal interpretado, así que se contuvo, aun con todo el pesar que eso le representaba.
—¡No es un juego! Estoy hablando enserio, Sousuke. Por un día… al menos déjame intentarlo —La voz quebrada del pelirrojos suplicaban con dolor. Aferrado por completo al sentimiento del recuerdo, tratando de cubrir una herida abriendo la de alguien más
—Estoy saliendo con Makoto.
La declaración de Sousuke le cayó como un balde de agua fría. Un suspiro quebrado se dejó escuchar entre el silencio que reinó. La mirada desviada de ambos y las palabras que ninguno de los dos pretendía decir.
—Él lo tiene todo ¿No? A ti, a Haru… —Se levantó de golpe mientras sus puños se apretaban con más fuerza a sus costados. Frustración y coraje, y un dejo de tristeza, no había una manera de describir del todo como se sentía en ese momento. Su cabeza gacha, estaba humillado.
Su mejor amigo lo estaba rechazando. Estaba claro que no era bienvenido del todo y que era momento de marcharse. Y lo hubiera hecho si en ese instante la calidez de su tacto no hubiera cubierto su mano. Sousuke se había acercado lo suficiente para calmar aquel dolor; detestaba verlo tan derrotado, tan acabado emocionalmente. Estaba consciente de que Rin no era un hombre fuerte de sentimientos y que era tan sencillo quebrarlo y dejarlo caer. Tan desagradable era más aun el sólo hecho de pensar que quien tuviera la culpa de ese momento de pesadez, era él mismo.
—Salgamos, ahora mismo necesitamos caminar —. A como fuera lugar Yamazaki intentaba mantener el control de aquella escena dramática, comportándose con la madurez necesaria —Puedo ofrecerte un paseo por los cerezos, ahora mismo están en flor —Sonrió. Tan dulce y cálida sonrisa.
Rin asintió sin decir una sola palabra, limitándose a responder de la misma manera, sonriendo con vergüenza. Al menos algo había ganado.
Afuera, la primavera estaba presumiendo en todo su esplendor su colorido. Sousuke tenía razón, los arboles estaban rebosantes de flores, pero lo más espectacular en esa temporada eran sin duda las flores de cerezo, que adornaban en tonalidades de rosa, veredas y caminos, templos y casas. Matsuoka tenía un delirio extraño por aquellos árboles que solo florecían una vez al año alrededor del mes de abril. La flor de cerezo era su favorita gracias a ese enorme árbol que recordaba de su niñez.
Iban caminando despacio y en silencio, rozando apenas sus manos al andar. Cada uno pensando en lo que recién había sucedido. Envueltos en un ambiente sutilmente romántico y tranquilo. Tan perfecto.
—Sousuke, atesorare este momento —. Estaba complacido, ahora más tranquilo, pero aun con esas pequeñas lágrimas en los ojos —¡Gracias! —Dijo parándose frente a él y deteniendo el andar.
—No agradezcas, y deja de llorar, por favor —Sonrió con un sutil sonrojo en sus mejillas ¿Qué era todo aquello
El momento propició lo que ocurrió después. Rin había tomado la mano de Sousuke de manera tan natural, y él otro había respondido sujetándola con firmeza y sin vacilar. Ahora Yamazaki jugaba con fuego y lo hizo aún más cuando el pelirrojo dio un paso al frente acortando distancia.
Rin le miraba directamente a los ojos, perdiéndose en ese color jade que era tan atrayente. Buscaba algo en su interior, pero Sousuke no se quedaba atrás, las miradas iban y venían, y aunque su primer pensamiento era "detente", algo le empujaba a seguir disminuyendo la distancia con el menor, terminando aquello con un beso tan sutil y efímero; apenas unos segundos bastaron para dejarlos sin aliento. El arrepentimiento comenzaba a quemar el interior de Sousuke. Su mirada iba de sus labios a sus ojos, mordiéndose el labio al comprender el error que estaba cometiendo.
—Lo siento —. Fue lo único que Rin atinó a decir, al sentir el suave calor en sus mejillas ¿Qué era todo aquello? Se sentía bien, satisfecho. Esa disculpa fue sólo apariencia. Había encontrado la duda en Sousuke ¿Acaso el amor hacía Makoto no era tan firme? Sonrió triunfante.
Nuevamente el despertador hacía su ruido matinal, pero esta vez el sueño se había fugado y había decidido ausentarse por esa noche. El techo no era algo necesariamente interesante, pero en ese momento era el sitio perfecto al que podía atender.
La puerta se abrió con suavidad y unos sigilosos pasos avanzaron hasta él. No dijo nada al respecto y sólo le permitió adentrarse por completo. Pudo notar, casi al instante, el peso extra sobre el colchón y un suave roce en sus labios que lo hicieron responder con una sonrisa. Aquel ajeno cuerpo se había tomado el atrevimiento de sentarse sobre él. Estaba nervioso y el otro también, podía sentirlo en el suave temblor de sus piernas. Acto que lo hizo llevar sus manos hasta sus caderas y aferrarse con fuerza a ellas para tranquilizarlo, y tal vez, para tranquilizarse el mismo. Levantaba suavemente la cabeza para alcanzar esos labios que se retiraban un poco, los atraía entre besos, entre murmullos y suspiros. Ambos estaban nerviosos. ¿Qué era lo que seguía después de aquello? Yamazaki se atrevió a llevar su mano al rostro del otro, acariciando con suavidad las mejillas ligeramente calientes de Matsuoka. Sonrieron a la par, cuando el pelirrojo se agacho para acomodar su cabeza sobre el pecho del mayor, tan cálido, había tanta seguridad en ese sitio. Sousuke terminó aferrándose a él con un fuerte abrazo, acariciando los cabellos rojizos, dando un poco de cariño, sin llegar a dar amor. Lo acercó un poco más para hundir el rostro en su cuello, el pelinegro estaba ahora avergonzado por sus actos.
—Makoto… no me odies.
El cuerpo entre sus brazos se congeló al escucharlo y se levantó de a poco. Le miró lleno de dolor —¿Tanto lo amas? —Preguntó con una suave y apenas audible voz, se pudo notar la duda en sus labios y unas manos que se aferraban al otro temblando.
—Rin… yo… —las palabras no podían salir con facilidad, necesitaba dejar las cosas totalmente claras, pero no encontraba las precisas para expresarse.
—No digas nada, Sousuke, sólo déjate llevar. No pienses en nada más —. Intentó besarlo nuevamente, pero Sousuke lo detuvo.
—No tarda en llegar Gou, dúchate y prepara tus maletas, tienes que ir por Haruka, él te necesita. Rin, tu eres mi amigo y no puedes ser nada más en mi vida. Yo amo a Makoto y nada cambiara eso ¿Lo entiendes? —Las palabras comenzaban a fluir por fin —. Yo hubiera sido feliz de escuchar esto hace poco más de un año y te hubiera alejado de Haruka lo más posible, pero debes de comprender que cada uno tomo su propio camino. Esto es doloroso —aspiró profundo antes de continuar —, el que vengas y juegues de esta manera con los sentimientos ajenos, con mis sentimientos. ¡Solo detente! No quiero lastimarte y no quiero ser utilizado por mi propio amigo como un reemplazo o escape a sus emociones.
La frialdad no solo estaba reflejada en sus palabras, su mirada estaba en la misma sintonía, viéndolo con la lástima que jamás creyó demostrar por el otro. Lo apartó de encima y se sentó en la orilla de la cama.
—Hazme el favor de bajarte. Este sitio no te pertenece y no puedo permitirme mancharlo con más engaño.
Despacio, tragando un poco de saliva, casi como un niño que recién ha sido regañado, entre suspiros pesados y las inmensas ganas de llorar, se bajó de la cama, y a paso lento llegó hasta la puerta y se recargó en el vano de esta —. No tiene por qué enterarse —, dijo con cinismo.
—Lo sabrá, y yo seré quien se lo diga. Y quizá lo nuestro termine, pero eso no significa que quiero que estés conmigo. Tú amas a Haruka, no tengo que repetírtelo una vez más —. Levantó la mirada con molestia. Las palabras de Rin estaban llenas no sólo de cinismo, estaban repletas de egoísmo. Eso no podía pasarlo por alto tan fácilmente, había que ponerle fin a toda esa tontería —. Así que, por favor, Rin… basta de juegos infantiles. ¡Sal de mi cuarto ahora! —
Cuando el otro salió, Sousuke se quedó con la amarga sensación en su garganta, con el dolor de haber fallado a todo. Hacía tanto no se sentía de esa manera. Llevó sus manos al rostro, quería intentar borrar todo con un grito que soltó después de aquello.
"Así que, esto es sentirse miserable".
—Espero que lo perdones. Él me no paro de rechazarme y decirme lo mucho que te amaba.
El puerto de Iwatobi a lo lejos parecía tan tranquilo, tan sensato gracias a ese atardecer que aminoraba esa terrible y cruel explicación. Las palabras del pelirrojo eran sinceras y llenas de culpa, pero dolorosas al fin de cuentas. Nunca pensó que sus actos pudieran llegar a dañar a una de las personas más importantes en vida.
Makoto por su parte, mantenía su singular mirada, la compasión era desbordante siempre en aquella expresión. No imaginó que algo así pudiera pasar y de cierta manera estaba tranquilo, sereno porque Sousuke hizo lo que debía. No había, ni sentía rencor alguno por quien le contaba aquello. Haruka en esos días había intentado algo parecido, pero fue rechazado de inicio, lo había apartado completamente de sus sentimientos y se lo dejó tan claro, que no quedo duda en absoluto de los sentimientos que ambos tenían el uno por el otro: amistad.
—Los amores tardíos son los que más hacen daño ¿No crees? —el ojiverde, siempre tratando de guardar la calma, su serenidad era inquebrantable. Sonrió, una sonrisa que a Rin tomó por sorpresa —. Gracias por ser sincero, Rin. Ahora te pido que, por favor, no vuelvas a acercarte a solas a Sousuke, él es mío y no pretendo dejar que me lo quites como lo hiciste con Haru.
Makoto, en un instante mostró una mirada y una expresión totalmente diferente, era irreconocible. Se podía sentir un cierto odio que había mantenido oculto. Pero no dejaba la sonrisa de lado. Estaba tan seguro de lo que sentía por Yamazaki, tan seguro de que ahora lucharía por no perder a quien amaba. Desde que el ojijade se topara en su camino, todo había cambiado. Había calma y tranquilidad en su vida. Tenía la seguridad que tanto había buscado, que ahora, el sólo hecho de pensar en perderlo, le daba rabia.
La charla terminó con aquello, con un Rin derrotado y un Makoto triunfante y lastimado.
—Así que ¿Soy tuyo?
El pulso de Tachibana se aceleró al escuchar esa voz tan firme tras de él. Despacio, se giró mientras el otro se acercaba con cautela.
—¿Tienes dudas sobre eso? —Le respondió tranquilo y sonriendo.
—No, sólo tengo miedo de perderte.
Makoto no dudó ni un poco, y se acercó para abrazarlo. No lo miró a los ojos, sólo se dedicó a sentirlo entre sus brazos, a no dejarlo ir, a desaparecer esa pequeña distancia que se había formado entre los dos —No tengas miedo, estamos juntos después de todo.
—Si…
Sousuke lo aleló un poco y apoyó su frente con la de Makoto, se quedó en silencio unos segundos, disfrutando el suave respirar del otro. Despacio y sin miedo, buscó los labios de él. Los rozó con tiento, abriéndolos suavemente, incitándolo a que hiciera lo mismo. Su aliento, su calor, todo se hizo uno cuando el beso se presentó. Las manos de Yamazaki no permitían la distancia entre los dos, sus labios exigían un poco más de aquel beso, un tanto más de lo que ya había probado. No importaba la sensación de falta de oxígeno, eso estaba de más en ese momento. Un instante que se vio interrumpido por una pequeña risilla de ambos al sentir un poco de saliva resbalar por su mentón. Por primera vez, sintieron un poco de vergüenza y complicidad. Sousuke lo abrazó, se aferró a su amor, a ese al que jamás podría renunciar.
—Te amo, Makoto. Lamentó haberte hecho pasar este momento tan desagradable.
El ojiverde negó con la cabeza —No. Gracias Sousuke, por elegirme a mí una vez más. Te amo —Le regaló una vez más esa sonrisa, esa que tanto amaba.
Muchas gracias a quienes se han dado el tiempo de leer este pequeño y humilde fanfic. Está hecho con el amor y cariño total a las letras y a esta hermosa pareja SouMako.
Muchas gracias también, a quienes se dieron el tiempo de dejar un review, para mi estos son importantes, porque me dejan ver lo que esperan de este escrito.
Espero que les haya agradado este capítulo, y espero sus comentarios, sugerencias, criticas, etc. Todo esto me ayuda a crecer y corregir lo que sea necesario.
En verdad, mil gracias.
Esperen el próximo capítulo~
