Disclaimer on: Estos personajes no me pertenecen a mí, pertenecen a sus creadores y yo sólo los tomo prestados para diversión y sin fines de lucro.
Las frases en cursiva son pensamientos.
DISFRUTEN…
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CAP 3
PRIMAVERA
PARTE II. El amor que nunca fue.
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Veía a la gente ir y venir con maleta en mano. Unos parecían llevar prisa, mientras otros se tomaban el tiempo para abrazarse de aquellos que habían esperado ansiosos por su regreso. Había quienes se dedicaban a tomar fotos, terminar trabajos pendientes o comprar algunos suvenires. El aeropuerto era un lugar muy transitado sin importar la fecha que fuere, era una especie de tienda comercial para quienes debían esperar horas y horas por un vuelo.
El momento que tanto esperaba llegó, pero el vuelo parecía venir retrasado. Él arribaría a las once de la mañana según lo que indicaba el tablero, y una voz femenina que dio el anunció de la llegada del avión retrasado por veinte minutos por lo menos.
Esperaría un poco más, puesto que era necesario pasar por aduana antes de poder verlo nuevamente a la cara después de tanto tiempo de ausencia.
Makoto ya veía impaciente el reloj de pulso que portaba en su mano izquierda, uno de los tantos regalos que Sousuke le hiciera. Esbozó un gesto de aburrimiento y desesperación, tal parecía que él siempre sería quien esperara por el pelinegro en aquel lugar. Viejos tiempo y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.
—¿Cuánto más piensas tardar, Haru?
Y la silueta de aquel chico apareció entre la multitud. Su cuerpo parecía más fornido y mejor nutrido de lo que recordaba. Tal parecía que el ejercicio diario y las ocho horas de práctica daban resultados. Pero, aunque su cuerpo pareciera cambiar y se tornara diferente con el paso del tiempo, aquella mirada y esa expresión de "chico solitario" jamás desaparecerían. Eso le alegraba, seguía siendo él.
—¡Haru-chan! —Dijo a conciencia de que el otro se molestaría.
—¿Ma-Makoto…? —Haruka le regaló una sonrisa que sorprendió al mismo ojiverde, y que respondió de la misma manera o con más entusiasmo —Y quita el "chan".
—¡Bienvenido, Haru!
—Estoy en casa —Tras decir esas palabras, y quizá sin notar la naturalidad de su respuesta, sus mejillas tomaron un cálido color rojizo, esa habitual bienvenida que deseaba jamás se perdiera, esa que se había hecho costumbre desde pequeños.
Nunca pensó que verlo y escucharlo le traería tanta felicidad. Su corazón latía acelerado, cómo queriendo escaparse, y por primera vez en mucho tiempo, deseaba abrazarlo y sentir la seguridad que los brazos de Makoto solían desprender. Esa calidez que venía buscando, el cariño peculiar que le pertenecía solo a él. La nostalgia se presentó, apenas llevaban unos minutos juntos y ya sentía que se llenaba de la tranquilidad que desprendía la compañía de Makoto. Se preguntaba por qué lo había dejado ir, por qué no alcanzó a ver algo más allá, "eran demasiado jóvenes", pensó sin más.
El ojiverde lo miró extrañado, esas expresiones de Nanase nunca las había visto, o quizá sí, cuando eran niños, entonces eran recuerdos que debían de ser guardados y atesorados por mucho tiempo y si era posible por la eternidad. Verlo ahora así, sin duda le llenaba de nostalgia.
Haruka había sido por mucho tiempo esa rosa de los vientos de Makoto, alguien con quien ir a la par, siguiendo cada paso hasta llegar a donde quiera que fuera. En cambio, para el pelinegro, Tachibana había sido algo así como un "seguro de vida", ese que siempre estaba ahí para todo, aquel apoyo que siempre estuvo presente y que no importaba si no le cuidaba, estaría ahí, algo parecido a un comodín.
Lo que nunca pensó o imaginó, era que el destino no era precisamente ese viento por el cual se dejan llevar, era más que eso. La vida llegó a decirles que sus caminos no eran uno junto al otro. El ojiverde fue quien primero lo descubrió, supo casi de inmediato que Haruka no podría llevarlo más de la mano, que su futuro estaba destinado para algo más, para sus sueños.
Tan pronto hubo oportunidad ya se encontraban en casa del más alto, pasarían los días juntos en aquella casa, acompañados de los gemelos, Ren y Ran, quienes ya no eran esos pequeños niños que habían dejado atrás. Ambos habían crecido bastante, casi como lo hiciera Makoto en aquella época.
—¡Haru! —Gritó Ren entusiasmado al ver al pelinegro —¿Has venido a quedarte? ¿Ya no te iras? Las visitas a la piscina no son las mismas sin ti.
—¡Vayamos estos días! ¡Di que sí, Haru! —La pequeña Ran se había unido al entusiasmo de tener aquella visita. Aun no se acostumbraban a tener a ninguno de los dos lejos.
—Vamos chicos, no lo agobien tan pronto, acaba de llegar y quizá necesita descansar.
Nanase miró al peliverde con un poco de melancolía, extrañaba todo eso aunque no quisiera admitirlo abiertamente. Escucho atento cómo ellos tres discutían algo en lo que sin duda tendría que entrometerse.
—Makoto—Dijo con el tono de siempre, esa peculiar voz baja que los demás parecían tener tan clara que guardaron silencio apenas y lo escucharon —, vamos a la piscina, como los viejos tiempos —. Sin duda sentía la emoción desbordarse y podía notarse en un extraño brillo en sus ojos. El entusiasmo que sentía era algo extraño incluso para el mismo. Pero a esas alturas no se pararía a pensar de dónde provenía tanto sentimiento, no, todo lo contrario, los disfrutaría sin chistar.
Aquella propuesta sorprendió al otro, le miró con aquella ternura en los ojos y le sonrió. ¿Cuánto había cambiado en ese tiempo? Haruka no era el mismo del que se despidiera una mañana en el aeropuerto de Narita un año atrás, ese chico era otro. Eso pensó en ese momento, esa fue la única idea que vino a su cabeza.
—Está bien, Haru. Vamos todos a divertirnos a la piscina después de acomodar las maletas.
Más tarde, terminó de instalarse en la habitación del otro. Aquello era como en los viejos tiempos, pero ¿Y qué pasaba con los sentimientos?
Haruka parecía guardar cierta distancia, ciertas palabas, mientras que Makoto era tan natural que no era necesario forzarse a nada. El peliverde siempre mostró esa sutileza en su rostro, esas expresiones alegres como si nada en su vida le preocupara, esa devoción hacía su eterno compañero de vida. No importaba el tiempo que pasara, él siempre sería su mejor amigo, no importaban los sentimientos entre ambos, ni mucho menos los deseos del pasado. Haruka ya no era más el chico que tanto le gustó, al menos eso era lo que trataba de hacerse creer.
—¿No te parece extraño que volvamos a dormir en la misma habitación? —La pregunta del pelinegro hizo que Makoto volteara sorprendido. No había sentido venir eso, por extraño que pareciera, lo normal hubiera sido responder a esa inquietud antes de que él hablara.
—¿Quieres dormir en otra habitación? Si quieres yo puedo ir a otro lado, tu puedes dormir en mi cama —Era una respuesta fría incluso para él mismo. Makoto se sentía un poco atrapado, un poco extraño ahora en esa habitación.
—¿Ah? No…—Balbuceó nervioso, algo sumamente extraño en Haru—, no es lo que quise decir…
Makoto quería entrar en sintonía con Nanase, pero había algo distinto, algo que no lo permitía. En ese momento se dio cuenta de las cosas: ya no eran los de antes. Sus vidas habían tomado rumbos distintos, ambos habían cambiado, pero quisiera aceptarlo o no, entre ellos existía un sentimiento que ninguno lograba poner en palabras.
—Makoto —Se acercó con tiento hasta quedar de frente a él. La mirada azul y penetrante que tenía la dejo clavada en los verdes ojos del otro. Estaba nervioso, su corazón latía tan fuerte que parecía no habría manera de detenerlo. Se acercó más, casi anulando la distancia entre ambos. Ya para ese instante ambos respiraban con dificultar. Makoto sabía lo que todo eso representaba, pero aunque deseaba detenerlo no lo hizo. Haruka se alzó un poco y sin más, le dejó un pequeño beso que apenas y logro rozar la coyuntura de sus labios, el peliverde trago saliva sin poder articular ni una palabra —Me gustas, me gustabas —dijo el mayor con un tono de voz que temblaba, con unos labios que apenas y lograban moverse.
—¡Haru! Yo… —Titubeó. No lograba aterrizar sus palabras y es que Haruka lo había dejado así, sin ideas, sin nada en la mente. No tenía argumento alguno siquiera para rechazarlo, para negarlo o mínimo para molestarse con él — Tú estás con Rin —dijo en su defensa—, no vengas a jugar conmigo así.
La sonrisa cínica de Haru le perturbó un poco, pero fue aún más la sorpresa cuando él se acercó nuevamente. Esta vez, para dejar un verdadero beso en los labios de Makoto. Su cuerpo se tensó un poco mientras las manos del pelinegro tomaban las ajenas para suavizar aquello. Debía soltarse, alejarlo, tenía que hacerlo pero algo lo mantuvo en aquella acción. Sus labios respondieron lentamente. Despacio, su cuerpo se fue relajando y se entregó al momento sin más vacilación.
Las manos del peliverde se soltaron sólo para apoyarlas sobre el cuello del otro y hacer aquel beso más intenso. Sus labios fueron tomando con fuerza los otros, abriéndose paso para intensificar la sensación, explorando, reconociendo aquella humedad que le brindaba su boca. Ambos estaban tan entregados al momento que no notaron que entre sus cuerpos ya no había distancia alguna, que el calor entre ellos aumentaba y que la excitación podría hacerse presente en cualquier momento.
—¡Makoto! —Una voz fuera interrumpió todo, haciendo que ambos se atragantaran en el acto —. Saldremos a dar una vuelta, no tardaremos. Estaremos aquí para la cena
Los pasos de Ran se iban alejando y se escuchó la puerta cerrarse a lo lejos.
Makoto miraba perplejo a Haru, quien tenía sobre sus propios labios la yema de sus dedos. Estaba incrédulo de que el más grande respondiera de aquella manera.
—Lo siento —Dijo Haru mostrando un sonrojo demasiado marcado. Dio un paso hacia atrás, dudando aun sobre si era necesario retroceder o debían continuar, pero el recuerdo de Rin se hizo presente —. No debí…
—No, no debimos. Pero ya ha pasado —la fría respuesta de Makoto dejó aún más perplejo al ojiazul. ¿En verdad estaba escuchando al otro expresarse de esa manera? Por un momento pensó estar alucinando, aquello no podía ser tan real como aparentaba.
Ahora, era él quien veía a otra persona frente a sí. Aquel chico no era el Makoto que recordaba. Sus facciones incluso eran más frías, más duras. Entonces cayó en cuenta, el beso fue un arrebato de pasión, una respuesta natural al deseo y no una respuesta a un sentimiento emocional, o mínimo a un poco de cariño.
Aun después de aquello, los días habían pasado más tranquilos, sin más cosas que pudieran sorprenderlos a ambos.
Aquella noche, la cena se estaba preparando a manos de Makoto una vez más, algo que dejó sorprendido a Haruka quien lo veía desde una distancia prudente. No había querido decir nada hasta entonces. Pero la curiosidad siempre gana.
—¿Desde cuándo sabes cocinar? —Preguntó el pelinegro asombrado por tan maravillosa proeza.
—Tuve que aprender ahora que vivo en Tokio. No estabas tú para hacerlo, así que no me quedó más que aprender —la voz de Makoto parecía volver a ser la misma, llena de calidez y paciencia que lo caracterizaba tanto.
—Mi hermano aun es un aprendiz, no esperes que tenga un buen sabor —interrumpió Ran—. Pero algo tenemos que comer en lo que mamá regresa —El tono de sarcasmo era evidente y soltó una risilla cuando Makoto le volteó a ver con seriedad. Ella, ignorando totalmente esa pequeña reprimenda, tomó el móvil de su hermano para tomarle una foto y le indicó a Haruka que se acercara para tomar una foto de ambos—. Esto tiene que quedar capturado para la historia.
Haruka no pudo evitar sonrojarse un poco ante el puchero que Makoto hiciera al momento que se capturo la foto. Sonrió y dio un pequeño suspiro, aliviado de que las cosas estuvieran bien entre ambos y que el ambiente no estuviera tenso —. Ran, pásame la foto —le pidió con entusiasmo, y es que, era claro que no iba a perder la oportunidad de tener ese recuerdo.
Ella no dijo nada por unos segundos, tenía la mirada atónita en la pantalla del celular, incrédula de aquello que había en este. Volteó a ver al más alto quien seguía con la cena sin imaginar nada de lo que sucedía detrás de él.
—Hermano... —habló la niña por lo bajo, sorprendida y clavando sus ojos en la espalda del peliverde.
Makoto se giró al escucharla, sin comprender nada en su expresión —¿Pasa algo Ran?
—¿Estas saliendo con Sousuke? —Su tono de voz era casi inaudible. Sus manos temblaban ante la mirada fija de los otros dos. En silencio, dejó el móvil en la mesa y en la pantalla lograba verse una foto de su hermano y Yamazaki juntos. Sin titubear más, se retiró rápido de la cocina.
—¡Ran! —La expresión clara de Makoto era de sorpresa, se quedó helado, sin moverse, sin reaccionar a las acusaciones de su hermana. Quería ir tras de ella, pero la presencia del otro lo mantuvo en el lugar. Volteó a verlo con temor, con un miedo que pudo sentir en su garganta hecha nudo.
—Así que, ¿Sales con Yamazaki? —Nanase no apartaba la mirada de la pantalla que a poco se fue apagando—. No pensabas decírmelo, ¿Cierto? Dejaste que pasara lo de aquella mañana sin queja alguna ¿Qué tipo de juego es este?
—Haru, yo no podía hablar de esto con nadie. Yo... Yo lo amo, tenemos una relación estable. Vivimos juntos… —Las palabras de Makoto eran torpes y apresuradas, casi dudando salir. Le faltaba el aire, sus labios temblaban ante la faltaba el valor para poder expresarse, o por tener pocas razones para justificarse. No había mucho que decir, ahí estaba la verdad.
—Voy al templo, volveré en unos minutos —La molestia de Haru era notoria. Estaba dolido, se sentía traicionado.
El silencio incómodo que prevaleció en la cocina después de que ellos se marcharan dejó el corazón de Makoto lleno de dudas, de un dolor que no entendía. ¿Les había engañado? ¿Había cometido un error al no mencionar su relación con Sousuke? Apretaba con fuerza sus puños a los costados mientras trataba de no morder su labio del coraje que todo eso le hacía sentir.
Quería entender por qué ellos tomaban esa actitud, por qué no le permitían dar explicaciones o sus motivos para no decir nada hasta el momento.
—¿Hermano? —Una voz al fondo lo hizo volver. Su pequeño hermano le hablaba desde la puerta de la cocina, le mostró una sonrisa que le hizo sentir vergüenza. Bajó la cabeza para no verlo a los ojos mientras se acercaba—. Yo hablare con Ran, tú ve con Haruka. Tienes que hablar con él, es tu mejor amigo y te entenderá.
—¡Ren! —Ahora la vergüenza era mayor. ¿Desde cuándo había crecido tanto ese chico? Makoto asintió y mostró nuevamente esa sonrisa de confianza —Volveré para cenar todos juntos.
—Tómense su tiempo. Ran quería que te quedaras con Haru, pero ahora eres feliz. Con Sousuke tú eres más feliz, y mi hermana y yo estamos bien si tú sonríes como lo haces últimamente.
Las palabras de su hermano lo hicieron sentir un alivio tremendo, por lo que no lo pensó más y fue tras de Nanase. Era necesario hablar y aclarar todo, y más que nada los sentimientos. Quería explicarle lo que estaba pasando y decirle las razones del porqué no le mencionó su relación con el otro.
Subió las escaleras que llevaban hasta el templo donde estaba él. Cuando lo vio sentado le sonrió acercándose despacio y acomodándose a su lado en aquel escalón, lugar donde ya en el pasado habían tenido charlas interminables sobre su amistad. Desde ese sitio tenían una vista hermosa de la ciudad, con un horizonte que ya enmarcaba el atardecer.
—Pensé que tú y yo siempre estaríamos juntos, que nunca existirían secretos entre nosotros —su voz estaba entrecortada, un poco dañada o tal vez era duda sobre sus propios sentimientos. Era el saberse frente algo que ya estaba ahí y ahora tenía que vencerlo. Nanase nunca pensó decir esas palabras tan duras—. Makoto, en verdad ¿Somos tan diferentes? Pareciera que somos unos completos extraños.
—Hemos cambiado —continuó el ojiverde—. Eso está bien ¿No crees? Esto significa que hemos crecido, que ya no dependemos más el uno del otro. Creo que está bien desconocer un poco de ambos. Así que no te preocupes, siempre estaremos juntos. Somos amigos y a veces hay problemas entre los amigos. —La voz de Makoto era calmada, se sentía tranquilo, era el Makoto de siempre, ese chico que siempre estaba para confortar. Su mirada estaba puesta en el horizonte, donde buscaba las palabras exactas para decir en ese momento, y luego volteó a verlo, le sonrió como siempre, con esa seguridad con la que siempre andaba a pesar de ser un chico algo ansioso —. Me gusta estar contigo, me gustas mucho Haru, pero hace mucho dejé de amarte. Nuestro camino es distinto y nuestras vidas son con otras personas. Tienes que volver con Rin, lo amas y en ese beso lo pude sentir.
Las palabras le llegaron por completo. Haruka sonrió al escucharlo, tan honesto y tan real, sin duda sus sentimientos estaban claros, amaba a Rin, y todo eso había sido necesario para dejarlo completamente claro. Ahora estaba bien.
Se acercó un poco más a Makoto y se recargó en su hombro. No entendía por qué lo hacía, pero entendía que tenía que responder a ese impulso. Su mano buscó a tientas la del otro y entrelazó sus dedos sin dudarlo. No le sorprendió que Makoto no lo rechazara, pero si le sorprendió sentir la presión en su mano cuando el otro correspondió.
—Solo por un momento, Haru. Estaremos bien ahora.
La vista era más que maravillosa, y el silencio entre ambos era el cómplice natural que entre ellos siempre había existido. El momento era perfecto, algo que ya no se daba y que antes estuvo siempre ahí sin importar el lugar. Sentir el tacto el uno del otro, era algo que necesitaban los dos y lo entendían, así siempre había sido. Haru tomando la mano de Makoto para darle esa seguridad. Pero esta vez, era el peliverde él que entregaba ese confort, esa muestra de eterna amistad, eso que jamás se destruiría aunque pasaran los años.
Así estuvieron el tiempo que fue necesario hasta que sus sentimientos se calmaron y sus corazones dejaron las dudas fuera. El sol a poco se iba ocultando pintando todo en tonos rojizos, reflejándose en el mar hasta alcanzar los colores purpura y así darle paso a la noche, era la hora de volver.
Haruka se soltó y tras un fuerte suspiro se puso en pie sacudiéndose los pantalones y luego ofreció su mano a Makoto para ayudarlo a levantarse. La sonrisa del pelinegro era irreconocible, una sonrisa tan sincera que hizo latir con fuerza el corazón del ojivede, quien había aceptado aquella mano para ponerse en pie. La sonrisa de ambos era la muestra clara de que entre ambos todo iba bien.
Iban bajando cuando el móvil de Makoto sonó. Era un mensaje de Kisumi que parecía traer algo más. Le resultó extraño así que no dudo en revisarlo, más por curiosidad que por afán de responder. Su rostro palideció y abrió la boca tratando de decir algo pero no lo logró.
—¿Makoto? —Haruka se acercó para observar lo que había recibido Tachibana como mensaje. Su rostro denoto sorpresa al ver la foto adjunta en el mensaje, era todo muy claro y no había mayor explicación. Ambos se quedaron sin decir nada, ni siquiera se miraron a los ojos. Estaban aturdidos. Las manos de Makoto temblaban aferrándose al móvil, quien volvía a leer el mensaje: "Pensé que Rin salía con Haru y no con Sousuke."
—Yo... Haru... —Makoto tragó saliva, trataba de acomodar sus pensamientos. No entendía el contexto de aquella fotografía. No quería hablar ni mucho menos dar su opinión hasta no tener claro nada, hasta no tener la versión o la excusa de aquellos que estaban en Tokio, paseando de la mano y besándose bajo los cerezos.
—No tienes que decir nada ¿Tú estás bien? —Era una pregunta estúpida, ni él mismo sabía si estaba bien. Haruka estaba más preocupado por Makoto que por él mismo. Era su amigo y en teoría él estaba bien con Yamazaki—. Cuando los vea a ambos...
Nanase se quedó en silenció al ver la sonrisa que lucía el rostro de Tachibana. Nuevamente ese gesto de tranquilidad, de seguridad, una sonrisa que mostraba todo lo contrario a lo que había en su interior.
—Confío en él, Haru. Esto es claro que tiene un porqué. Nuestra relación creció con dificultades, con miedos y muchas dudas, pero cuando logramos superar eso... —La voz de Makoto casi se quebraba, pero recordar todo eso, las veces en que pelearon, en que lloraron juntos, aquellas noches en que pensaban que todo era un error, pero pensar sobre todo en las sonrisas, en los buenos momentos, en los ratos que pasaban tomando café mientras la lluvia del otoño caía afuera. Cómo dejar de lado todo eso por una simple fotografía, no era posible. Aún faltaba mucho por vivir. Sonrió y recupero la seguridad —miento, aún estamos reforzando todo lo que sentimos el uno por el otro. Así que Haru, no te preocupes por mí, todo estará bien.
Bajó los escalones dejando al otro atrás quien lo miraba sorprendido. Definitivamente aquel chico era otro, no era el mismo Makoto que había dejado atrás en Tokio. Ahora era él quien le enseñaba como seguir un camino.
—¡Makoto! —Lo detuvo de inmediato y lo abrazó, necesitaba de esa fuerza. Había que hacer cosas importantes y los siguientes días estaban marcando el futuro de los dos—. Arreglaré todo este lio, te lo prometo.
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Después de que Sousuke dejo claro las cosas entre él y Rin, tomó la decisión de ir hasta Iwatobi. La mañana que le siguió Gou había llegado, ambos hablaron claramente con el pelirojo, regresarían apenas terminaran el desayuno.
—Lamento todo lo que paso —Rin estaba arrepentido, era claro que no pretendía causar esos problemas. Pero había algo importante que aclarar —Kisumi nos vio y… envió un mensaje con fotografía a Makoto, donde tu yo… bueno —tomó aire para poder continuar, estaba nervioso —nos estamos besando.
Sousuke sólo le lanzó una mirada de molestia, ahora no sabía que estaba por venir.
Tan pronto terminaron de preparar las maletas se marcharon al aeropuerto, tomaron el primer vuelo libre y una vez estando allá, Gou impidió que el pelinegro fuera hasta donde Makoto, primero había que arreglar las cosas, y el único que podía hacer eso era sin duda Rin.
Así es como esa tarde, cercanos al puerto, Makoto escuchaba en silencio a Rin y su historia completa de lo que había sucedido esos días. De cómo él fue quien propició todo aquello entre él y Sousuke. Le mencionó lo mucho que estaba arrepentido y de que haría las cosas bien con Haru.
Makoto por su parte, mantenía su singular mirada, la compasión era desbordante siempre en aquella expresión. No imaginó que algo así pudiera pasar y de cierta manera estaba tranquilo, sereno porque Sousuke hizo lo que debía. No había, ni sentía rencor alguno por quien le contaba aquello. Había sucedido algo similar entre él y Haruka, pero las circunstancias les dejo ver claramente que lo de ellos era "amistad", reforzando esos lazos creados desde la infancia.
—Los amores tardíos son los que más hacen daño ¿No crees? —Makoto recordó el día anterior, las palabras de Haru y el momento en que tomaron sus manos, estaba tranquilo, su serenidad era inquebrantable. Sonrió, una sonrisa que a Rin tomó por sorpresa —. Gracias por ser sincero, Rin. Ahora te pido que por favor, no vuelvas a acercarte a solas a Sousuke, él es mío y no pretendo dejar que me lo quites como lo hiciste con Haru.
Makoto, en un instante mostró una mirada y una expresión totalmente diferente, era irreconocible. No era un odio hacía el otro, era posesión, tenía que defender lo que estaba en sus manos, proteger el amor que sentía por el otro. Aun así no dejaba la sonrisa de lado. Estaba tan seguro de lo que sentía por Yamazaki, tan seguro de que ahora lucharía por no perder a quien amaba. Desde que el pelinegro se topara en su camino todo había cambiado. Había calma y tranquilidad en su vida. Tenía la seguridad que tanto había buscado, que ahora el sólo hecho de pensar en perderlo, le daba rabia.
La charla terminó con aquello, con un Rin derrotado y un Makoto triunfante y lastimado.
Tachibana se quedó viendo al horizonte, estaba digiriendo todo eso. ¿Qué haría al verlo? ¿Qué expresión pondría? ¿Sonreírle, besarlo, ignorarlo? Habían pasado por dificultades, pero eso lo sobrepasaba.
—Así que ¿Soy tuyo? —El pulso de Tachibana se aceleró al escuchar esa voz tan firme tras de él. Despacio, se giró mientras el otro se acercaba con cautela.
—¿Tienes dudas sobre eso? —Le respondió tranquilo y sonriendo, dejando que el pelinegro se acercara.
—No, sólo tengo miedo de perderte, soy un idiota…
Makoto no dudó ni un poco, y se acercó para abrazarlo. Sousuke tomó aire tan profundamente, no se miraron, sólo se dedicaron a sentir el calor entre sus brazos, a sentir que estaban juntos, a desaparecer esa pequeña distancia que se había formado entre los dos
—No tengas miedo, estamos juntos después de todo.
—Si…
Sousuke lo alejó un poco y apoyó su frente con la de Makoto, se quedó en silencio unos segundos, disfrutando el suave respirar del otro. Despacio y sin miedo, buscó los labios de él. Los rozó con tiento, abriéndolos suavemente, incitándolo a que hiciera lo mismo. Su aliento, su calor, todo se hizo uno cuando el beso se presentó. Las manos de Yamazaki no permitían la distancia entre los dos, sus labios exigían un poco más de aquel beso, un tanto más de lo que ya había probado. No importaba la sensación de falta de oxígeno, eso estaba de más en ese momento. Un instante que se vio interrumpido por una pequeña risilla de ambos al sentir un poco de saliva resbalar por su mentón. Por primera vez, sintieron un poco de vergüenza y complicidad. Sousuke lo abrazó, se aferró a su amor, a ese al que jamás podría renunciar.
—Te amo, Makoto. Lamentó haberte hecho pasar este momento tan desagradable.
El ojiverde negó con la cabeza —No. Gracias Sousuke, por elegirme a mí una vez más. Te amo —Le regaló una vez más esa sonrisa, esa que tanto amaba.
—Me quedare en tu casa a dormir —Menciono el ojijade un poco triunfante.
—Sousuke, —interrumpió la alegría del más alto con una sonrisa llena de satisfacción y un poco de maldad —tienes casa y una cama, así que no, no puedes quedarte a dormir conmigo. Tómalo como un castigo.
Makoto lo tomó de la mano y caminaron con dirección a la parada de autobús. Él se sentía dolido y eso Sousuke lo sabía. Ahora tenía que trabajar arduamente para recuperar el camino perdido y que ambos volvieran a sentir esa confianza con que cimentaban su relación.
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Muchas gracias por llegar hasta aquí y haberme dado tiempo para leer este fanfic. Espero haya sido de su agrado y si es lo contrario, igualmente espero sus comentarios, opiniones y críticas, que me ayudaran a mejorar en el próximo capítulo.
Quiero disculparme igualmente por tardar tanto en sacar este capítulo. Tengan paciencia, estoy trabajando para entregarles una linda y hermosa historia donde cada sentimiento este plasmado de la manera correcta.
Nuevamente les digo que cada comentario que me han dejado lo he leído y me da gusto saber que hay quienes siguen aquí.
Muchísimas gracias a todos mis lectores.
