Coleccionista
Capítulo 2
-Hummel.- dice una voz cantarina desde la cocina del local. -Cuando vas a darle tu número de teléfono a ese muchacho. Tal vez tengas suerte y dejes de ser virgen.-
-Shh! Santana basta!. Tiene que enterarse todo el mundo?.- pregunto Kurt mirando hacia donde estaba Blaine sentado. -Ni siquiera sé si es gay.-
-No te mira como un hetero. Ningún hombre al que le gusten las mujeres mira a otro hombre con ojos de "eres el sol de mis días".- dijo Santana López parpadeando varias veces cerca del rostro de su amigo.
-Oigan ustedes! No les pago por hablar! Trabajen!.- grito un hombre robusto con un sartén en su mano.
-Ojalá se caiga dentro de la freidora.- dijo Santa observándolo.
-Si le pasa algo no tenemos más trabajo.- dijo Kurt por lo bajo.
Blaine dejo su propina, ya había pagado lo que consumió y como cada noche se quedaba unos minutos sentado solo observando a Kurt trabajar.
Cuando Kurt volteo él ya no estaba, pero una sonrisa se dibujo en su boca, sabía que era cierto lo que Santana le había dicho, y él se sentía igual, su corazón latía rápido cada vez que lo veía, cuando se miraban el aire se quedaba atorado en sus pulmones y no podía dejar de verlo. No sabía si algún día se animaría a hablarle, pero no quería que ese muchacho dejara de ir al local.
Su suerte no había cambiado mucho, seguía siendo el niño que salió de Ohio. Su padre era congresista, estaba casado por segunda vez con Carol, habían tenido que superar la muerte de su hermanastro Finn y era demasiado para la familia, tuvieron que mudarse a Washington por su trabajo, él quería ir a New York pero la salud de su padre recayó por el estrés y tuvo un infarto, así que sin más decidió acompañarlo a la capital de país. Estudiaba en una academia de artes muy buena, era uno de los mejores alumnos, y el asistente de la mejor diseñadora. Había ganado muchos concursos de diseños y una media beca en la institución. Pero aún así trabajaba en el local de mesero, con eso pagaba la renta de su pequeño departamento en las cercanía de la academia. Su padre le ayudaba mucho pero él quería independizarse y ganar su propio dinero.
Ni bien entro a trabajar en el lugar conoció a Santana López. Una mujer difícil de ignorar, no solo por su natural belleza sino por su personalidad. Ella tenía veinte años, una figura digna de una modelo, descendiente de una familia latina, de piel trigueña, cabello negro y ojos color café. Vivía con su novia Brittany, se hicieron buenos amigos, a pesar de la diferencia de personalidades, Santana le daba la confianza que a él le faltaba. Con sus diecinueve años había tenido un solo novio, y él nunca estuvo seguro de estar enamorado por eso no llego mas allá de los besos, y se estaba arrepintiendo de habérselo contado a su amiga. Hacía seis meses trabajaba allí, y los últimos dos tenían el agrado de atender a Blaine.
-Vamos Kurt! No puedes negar que te gusta y le gustas!.- dijo Santana mientras se colocaban sus chaquetas para retirarse de su trabajo. -El tipo ni bien piso el local te quedo mirando embobado, cuando lo atendí, ni se dio cuenta que estaba junto a él, y además...le dije que tú atendías esa área, me agradeció y al otro día se sentó en una de tus mesas para que tú lo atiendas. Más obvio no puede ser.-
Kurt la quedo mirando unos segundos. Negó con la cabeza sin decir nada.
Salieron del local y caminaron un par de cuadras juntos, luego Santana salió rumbo a su departamento y Kurt hacia el suyo.
Era una zona tranquila, Kurt vivía en un edificio que solo tenía tres pisos, y su departamento estaba en el segundo, era el más pequeño, tenía el comedor, una habitación, y el baño. Sus vecinos eran personas mayores y no eran molestos. Se sentía a gusto. Su padre vivía en otra zona de la ciudad, y se veían todos los fines de semanas. Su carrera le consumía todo el tiempo que tenia, Amy era su mentora, le pidió que fuera su asistente y así aprendería mucho mas, casi todos los sábados había un evento, Kurt siempre asistía, y cumplía con todo lo que ella le pedía.
Estudiaba de mañana y de tarde, de noche trabaja y el poco tiempo que tenia para descansar normalmente se la pasaba pensando el ese muchacho de ojos color miel, con cabello negro y rizado, y una sonrisa encantadora. Era tan guapo, tan hermoso, Kurt conoció muchos modelos muy atractivos pero no le llegaban ni a los talones a ese muchacho. Se moría de ganas de saber de él, saber su nombre, sus gustos, conocerlo de verdad.
Pero no sabía si algún día eso sucedería. Tal vez Santana tenía razón y él debía tomar la iniciativa y hablarle.
Sus ojos se cerraban estando ya en su cama, al día siguiente tenía que levantarse temprano, para ir la academia, pero se sentía contento, se durmió con una sonrisa y la imagen de unos ojos miel gravados en su memoria.
...
-En qué mundo estas Hummel?.- pregunto un jóven sentado en un escritorio junto a Kurt.
-Lo siento Adam. Estaba pensando en otra cosa.- dijo Kurt retomando la lectura.
-Al menos dime que es lindo, y valió la pena.- Adam sonreía mientras observaba a su amigo.
-No hay nada que decir, sigamos estudiando.- dijo Kurt negando con la cabeza.
Le resultaba difícil estudiar de mañana, pero aún así se reunía con su amigo en la sala de lectura de la academia. Adam Tronner, era un muchacho esbelto, cabello negro y ojos del mismo color, un excelente estudiante, pero le gustaba salir con todos los modelos, eso perjudico su imagen y nadie lo tomaba en serio. Lo conoció el primer día que entro a estudiar, tenían la misma edad que Kurt, así que ya hacía más de un año que estudiaban juntos. No tenía muchos amigos, no tenía mucho tiempo, cuando no estaba estudiando, estaba trabajando.
-Tú solo piensas en estudiar. Porque no salimos esta noche, ah! Cierto trabajas! ...el sábado, este sábado no hay ningún evento, vamos algún bar o al club nuevo!.- rogó Adam.
-No puedo, tengo que terminar los diseños con Amy, además no ibas a salir con Taylor?.-
-Con quien? Ah! No eso se termino la semana pasada. Además estaba loco, quería que hiciéramos el amor en la sala de artes, frente a las imágenes de su familia. Necesita tratamiento.-
Kurt lo miro consternado. Su amigo tenía novios muy extraños.
-Y tú? Quien te quita el sueño? Sé que hay alguien, no me digas que no.-
-Hay alguien. Pero no sé nada de él, va a tomar café todas las noches y solo...no sé...es hermoso.- dijo sonriendo Kurt.
-Estas enamorado! Y dime, como es?.- pregunto Adam.
-Es bellísimo, tiene unos ojos increíblemente hermosos, una sonrisa que puede detener el tiempo y una voz muy suave.- dijo Kurt perdido en sus pensamientos.
Adam lo miraba con la boca entre abierta, preguntándose si su amigo estaba hablando de un ser real o algún personaje ficticio de alguna novela romántica.
-Ok. Pero esta como para pasar una noche inolvidable?.- pregunto Adam.
-Siempre al sexo Adam?.-
-Quien hablo de sexo? Tal vez se pueda pasar una noche inolvidable solo hablando. O eres tú el que quiere sexo inolvidable con sus ojos, su sonrisa y su voz?.- pregunto con una sonrisa picara Adam.
Kurt se sonrojo hasta las orejas, mirando hacia otro lugar. Era obvio que su amigo lo hizo caer en su trampa.
-Es un jóven decente. Con buenos modales y muy amable.- dijo Kurt.
-Seguro. Y como se llama?.-
-No sé.- dijo Kurt en un tono sincero.
-Qué? Y su teléfono?.- preguntó asombrado Adam.
-Tampoco lo sé.-
-Como?.- pregunto Adam.
-No sé nada de él, solo va a tomar un café y se queda observándome.-
-Es un loco. Aléjate de él...O es un loco o te enamoraste solo tú, porque si le interesas ya te habría pedido tu nombre, tu número de teléfono y tu dirección.-
-No es nada de eso. Es simplemente algo tímido. Yo tampoco le pedí nada.- respondió Kurt.
Adam lo miraba preocupado. Kurt era de esas personas que creían que todo el mundo era bueno y le preocupaba su inocencia.
-Ok. Sabes, que tal si voy a ver qué tal es, y te diré si está loco o no?-
-No.- sentencio Kurt.
-Porque?.- pregunto Adam alzando una ceja.
-Porque seguro le dirás algo desubicado.-
-Aaah! No es por eso. Es porque lo quieres para ti solo!.-
Kurt negó con la cabeza, ya tenía suficiente con Santana como para lidiar con Adam también.
Después de un buen rato discutiendo con Adam logro convencerlo para estudiar, no tenía mucho tiempo ya que entraba a trabajar temprano. Sus días se habían convertido en una rutina que no le dejaba tiempo ni para soñar.
...
Blaine se sentó en el lugar de siempre. Le dolía la cabeza y los ojos de tanto leer papeles, por suerte había estado tranquilo el día, su jefe lo hizo buscar muchos archivos y cajas con evidencias de casos anteriores, reviso tantos papeles que su mente era un lío.
Cerró sus ojos y un suspiro pesado salió de su boca, tenía la sensación que sus hombros los tenía a la altura de sus orejas, estaba cansado y agotado.
-Te sientes bien?.- pregunto una voz.
Blaine abrió sus ojos y le costó unos segundos centrar su visión, para su gran sorpresa, frente a él estaban esos ojos tan bellos que lo miraban con preocupación.
Una sonrisa se extendió en sus labios sin pensarlo, todos sus malestares desaparecieron al instante.
-Sí. Ahora si.- dijo Blaine.
Kurt sonrió de lado, y pero no estaba muy convencido de las palabras del otro jóven.
-Deseas lo mismo de siempre?.- pregunto Kurt.
-Emmm... Si, si lo mismo de siempre.- respondió Blaine.
Kurt le sonrió y se dio media vuelta. Volvió a la cocina observando por momentos la mesa donde estaba Blaine, preparo su orden y se dirigió a su mesa.
-Gracias...-
-Kurt. Me llamo Kurt Hummel.-
Blaine se quedo mudo por un instante.
-Soy Blaine Anderson.-
