Coleccionista

Capítulo 6

El sol brillaba, se podía decir que era el día más lindo de todo el año, o eso le parecía a Kurt. Se levanto temprano y dedico alrededor de cuatro horas a probarse ropa. No había combinación que le gustará, estuvo tentado a llamar a Santana o a Adam pero desecho esa idea cuando se imagino las recomendaciones que sus amigos podían darle. Se decidió por un jean azul oscuro bien ajustado y una playera color violeta sin ningún estampado, sus zapatillas no eran un problema, todas eran de color negras. Esperaba que no refrescara durante la tarde, pero eligió una chaqueta de cuero marrón por si acaso.

Almorzó a horario, estaba tan ansioso que no le sintió ni sabor a su comida. Se ducho y se aseguro que estar impecable.

-Es una salida de amigo. No es una cita. No es una cita.- repetía en voz alta Kurt. -Y si no viene?. Ni siquiera puede avisarme porque no tiene mi número de teléfono... No. ...Va a venir y todo va a estar bien.-

Los nervios lo estaban consumiendo. Se preguntaba qué tema de conversación sería apropiado, ni siquiera sabía si era gay o tal vez lo era y tenía pareja.

-Si tuviera pareja no me estaría invitando al cine.- razonó Kurt.

Se sentó en el borde de su cama y observó un estante donde había varios broches, se puso de pie y eligió uno. Lo coloco en su chaqueta con una sonrisa.

...

Era un desastre. Estuvo una hora acomodando su cabello, el gel no parecía ser suficiente, o era él que estaba tan nervioso que no podía peinarse.

Busco un jean beige, y una camisa con cuadros rosados, un corbatín color beige también.

Su departamento era grande, tenía una cocina-comedor, un baño y una habitación con un baño privado. Su cama matrimonial era una montaña de ropa, no encontraba su chaqueta negra preferida y no quería usar un saco porque le parecía muy formal.

Almorzó mientras caminaba por el departamento alistándose. Quería que fuera una salida perfecta, se moría de ganas de saber más de Kurt, de pasar la tarde con él, tenía ganas de tantas cosas que no sabía por dónde empezar.

Miró su reloj y faltaba media hora para recoger a Kurt, le pidió el auto a Sebastián, quien se lo presto gustoso, aun que tuvo que echarlo para poder estar tranquilo.

-No lo arruines Anderson.- se dijo a sí mismo.

Habían pasado cinco minutos nada más. Respiro profundo dejando los nervios de lado. Haría de este día, el mejor de sus vidas.

...

Estaciono el auto y pudo ver a Kurt asomarse por una ventana y saludarlo. Tenía una enorme sonrisa, como la que tenía él. Bajo del auto y Kurt ya estaba en la puerta del edificio.

-Hola!.- dijo Kurt muy alegremente.

-Hola.- dijo Blaine de igual manera. -Le pedí el auto a mi amigo así llegamos mejor.-

-Ok.-

Blaine abrió la puerta del acompañante y mientras Kurt ingresaba, él subió por el otro lado.

-Que te gustaría ver?.- pregunto Blaine ya con el auto en marcha.

-Alguna comedia. No siento mucha simpatía por las películas de terror.- dijo Kurt.

-Yo tampoco. Quiero decir, odio las películas de terror, me impresionan mucho.-

-Y las películas como Los juegos del hambre?. Te gustan?.-

-Estas bromeando. Me leí todos los libros. Adoro esas películas.- dijo sonriendo Blaine.

-De verdad?. Yo también los leí. Los leo de vez en cuando nuevamente, me pasa lo mismo que con Harry Potter, son adictivos.- confesó Kurt.

-Ok, entonces tendremos que hacer una maratón de ambas películas porque soy fanático de Harry Potter.-

Ambos sonrieron y comenzaron una conversación sobre las diferentes películas de Harry Potter y sus escenas favoritas.

Era evidente que tenían en común mucho más de lo que ambos imaginaban.

Llegaron al cine y buscaron en la cartelera una película para ver, compraron golosinas, y disfrutaron de dos horas de risas. Por momentos sus ojos se desviaban de la pantalla para observar al otro, y luego entre sonrisas y comentarios decidieron tomar un café.

-Lima?, En Ohio?.- pregunto asombrado Blaine.

-Sí. Nací y crecí allí.- dijo Kurt afirmando con la cabeza mientras tomaba su café.

-Wow! Yo crecí en Westville.-

-De verdad?, eso es a dos horas de Lima!.- dijo Kurt con sorpresa.

-Exacto. Es...es increíble. Digo...seguramente debe ser el destino, porque no me lo explico de otra manera.-

Se miraron unos segundos. Solo los separaba una mesa, y hacia varios minutos que perdieron la noción del tiempo y del espacio, entre sonrisas tímidas.

Kurt se mordió la parte inferior de su labio mirando hacia su tasa, Blaine no pudo despegar sus ojos de su boca y antes que Kurt lo notara, parpadeo varias veces desviando su mirada.

-Entonces...- dijo Blaine respirando profundo. -Como terminaste en Washington?.-

-Huh! Mi papá es congresista y se mudo aquí. Verás... mi mamá murió cuando era un niño, mi padre se volvió a casar hace un par de años, acepto ser congresista y al tiempo falleció mi hermanastro, luego tuvo un infarto, fue entonces cuando decidí quedarme aquí. Más allá que esta Carol con él, no sé... necesito estar cerca. Te va a parecer exagerado, pero mi padre y yo tenemos una relación muy especial, durante muchos años fuimos solo nosotros y no fue fácil para él ser padre sólo, y enfrentar mi situación.-

-A que te refieres con eso?.- pregunto curioso Blaine.

-Soy gay.- dijo Kurt mirándolo a los ojos.

-Entiendo. Yo también soy gay pero mi relación con mi padre no es la mejor.- dijo Blaine.

A pesar del tono un poco decaído, Kurt se despejo una duda, Blaine también era gay.

-Es difícil. Para ellos más que nada. Mi padre una vez me dijo que a medida que yo crecía, el soñaba con jugar al béisbol o ir a un partido de fútbol, pero en cambio, tuvo que jugar a tomar el té y ver la Sirenita unas cuarenta veces mientras cantaba conmigo todas las canciones, pero lo hizo feliz porque yo era feliz, y a la vez sabia cuanto necesitaba a mi madre.-

-Es un gran padre. El mío no es el mejor del mundo pero es el único que tengo.- dijo Blaine.

-Y donde vive?.- pregunto Kurt.

-Se quedaron en Westville. Mi padre es senador, mi madre es diseñadora de interiores y mi hermano trabaja con mi padre, él quería ser actor, pero mi padre no se lo permitió, así que ahora es su mano derecha. Vivimos aquí con mi familia unos años cuando era niño, mi padre empezó su carrera, luego nos mudamos a Westville.- dijo Blaine tomando lo que quedaba de su café.

-Y cuando decidiste volver a Washington?.-

-Cuando termine la academia. Aquí está el departamento de crímenes más importante, y uno de los detectives más respetados es mi jefe ahora. Aunque, tengo que confesar que no es lo que imagine. A veces creo que no es lo mío.- confeso Blaine.

-Me dijiste que te gustaba ayudar a la gente no?.- preguntó Kurt.

-Sí. Es lo que me gusta.-

-Entonces si te gusta es lo tuyo. Estoy seguro que llegará el momento en el que todo va a estar en su lugar.- dijo decidido Kurt con una sonrisa.

Y ahí estaba. Blaine se había perdido en esas palabras alentadoras, en sus ojos y su sonrisa.

-Gracias.-

-Es lo que creo. A las personas buenas, les sucede cosas buenas.- dijo Kurt con mucha convicción.

-Bueno, entonces estoy seguro que te espera lo mejor.- dijo Blaine mirándolo a los ojos y con una sonrisa.

Kurt sintió un calor en su rostro, y ni siquiera levanto su vista ya que sabía que debería estar rojo hasta las orejas.

-Eso es un hipopótamo?.- pregunto Blaine observando por primera vez la chaqueta de Kurt colgada en el espaldar de la silla.

-Sí, es un broche de colección. Tuve que pelear con una señora inglesa por él.- dijo Kurt observando el broche.

-De verdad?. Donde lo compraste?.-

-En una subasta por internet, junté dinero dos meses por el.-

-Vaya. Los coleccionas verdad?.- pregunto Blaine.

-Sí. Tengo unos treinta más o menos.-

-Yo colecciono corbatines.- confeso Blaine mientras se acomodaba el que tenia puesto con una sonrisa.

-Ese es muy lindo.- dijo Kurt mirándolo.

-Gracias.- dijo educadamente Blaine. -Quieres que ir a dar una vuelta por el paseo?.-

-Sí, claro.-

Caminaron uno junto al otro mientras hablaban, pasearon por toda la galería antes de volver al estacionamiento.

Ya estaba de noche cuando llegaron al edificio de Kurt, habían pasado una tarde maravillosa, y ninguno de los dos quería que terminara.

Bajaron del auto y Blaine le entrego su celular. Kurt lo tomó y anoto su número de teléfono con una media sonrisa.

-Te gustaría que fuéramos a la feria mañana?. Estarán por unos días y venden artesanías muy lindas, yo suelo comprar allí.- dijo Kurt con cierta timidez.

-Si!.- dijo entusiasmado Blaine. -a mí también me gustan las artesanías.-

-Bien, es a unas cuadras podemos ir caminando, quieres que pase por tu casa?.- pregunto Kurt.

-Si.- dijo Blaine, busco un papel en su auto y un bolígrafo. -esta es mi dirección, es a dos cuadras por esa vereda.-

Blaine le indico con la mano y le entrego el papel a Kurt.

-Ok. A las tres?.-

-Sí. A las tres.-

Kurt se acerco y le dio un beso en la mejilla sonriendo.

-Adiós.-

-Adiós.- dijo Blaine sintiendo aun los labios de Kurt en su rostro.

Se subió al auto cuando Kurt ingreso al edificio, sonrió sin creer que había estado toda la tarde con el hombre más maravilloso de la tierra. Era más que probable que no durmiera esa noche repasando todos los momentos que compartió con él.

Kurt entro a su departamento prácticamente dando saltos, estaba increíblemente emocionado, y suspiro recostándose en la cama.

Adam tenía razón. Estaba enamorado de Blaine, y esa fue la mejor tarde de su vida. No sabía de dónde saco las fuerzas para despedirse con un beso, y aunque fue en su mejilla, pudo sentir el aroma de su piel y definitivamente era embriagador. Suspiraba una y otra vez con sus ojos cerrados, no tenía la certeza que Blaine sentía lo mismo que él, pero si la esperanza y se aferraría a ella hasta que pudiera saber si le sucedía lo mismo a su nuevo amigo.