Descargo de responsabilidad. Ghost Hunt, ni sus personajes me pertenecen. Solo uso este universo en apreciación de lo genial que es y lo entretenido de sus personajes.
Un trabajo de fan para fans
Algo que encontré en mi dropbox.
Advertencias: Ligeramente OC.
Algo andaba mal. Oliver, no necesitaba ser un genio para saberlo. Su siempre alegre y molesta asistente se encontraba deprimida y taciturna. No era como si a él realmente le importara, pero como empleador tenía que garantizar el bienestar de sus empleados.
—Mai, te pago para que trabajes, no para que mires fijamente un rincón de la oficina.
—Pero Naru, —dijo con lágrimas luchando por derramarse de sus ojos— Shiro, se perdió.
En contra de su mejor juicio decidió preguntar.
—¿Quién es este, Shiro?
—Mi gato.
—Esa cosa. ¿Esa molesta bola de pelos, violenta y mal agradecida que encontraste en el callejón?
Vio como su joven asistente, en un instante pasó de taciturna a enarbolada.
—Él, es un buen gato, fue tu culpa que te arañara. Lo enojaste.
Sintió una vena latirle en la frente recordando al animal en cuestión.
—Además —continuó Mai—, Shiro, era como mi familia, mi única compañía y ahora se fue.
Y allí estaba el cambio de nuevo, las lágrimas que se acumulaban en sus ojos amenazando con caer en algún momento.
Nunca le dio mayor importancia a los sentimientos de los demás. Pero Mai, era diferente y odiaba verla llorar. No que él supiese que hacer, el experto en estos menesteres era su hermano, no él.
—Vuelve a trabajar Mai, esa cosa regresará tarde que temprano.
…
Oliver, se preguntó una vez más por qué demonios estaba buscando a un gato, que claramente lo odiaba en medio de una tormentosa noche de lluvia, entonces lo recordó, lo hacía por Mai. Si ella seguía lloriqueando por el dichoso animal, nunca terminaría de hacer su trabajo. Si fuese un poco más sincero consigo mismo admitiría que no soportada la dolorosa mirada en los ojos de su asistente, y que si encontrar al estúpido gato, la hacía sonreír de nuevo, él, lo encontraría. No que él jamás lo fuera a admitir.
Después de dos horas y completamente mojado de pies a cabeza, Naru encontró a Shiro, pero el animalito no hacía más que bufar y tratar de arañar.
—Mira, yo no te gusto, y tú no me gustas, eso está bastante claro. Pero los dos tenemos a alguien en común, así que deja de ser un molesto y estúpido animal y ven aquí, así te puedo llevar con Mai.
El animal levantó las orejas al escuchar el nombre de su dueña y sin más problemas camino a las manos del narcisista.
…
—Cuando Mai abrió la puerta, nunca espero encontrar, a su narcisista jefe, completamente mojado de pies a cabeza con su gato en las manos.
—Toma —dijo ofreciéndole el empapado animal.
—Lo encontraste.
—No es como si lo estuviese buscando. Solo pasaba y lo vi.
—Gracias, gracias —repitió mientras lo abrazaba.
—Mai, idiota, si no me sueltas te vas a mojar toda.
—Lo siento —un pequeño sonrojo coloreaba sus mejillas.
—Mai, ¿pretendes que nos quedemos toda la noche en la puerta o puedo entrar?
—Perdón, entra, déjame conseguirte algo de ropa seca.
—Mai.
—Sí, Naru.
—Té.
