Descargo de responsabilidad. Ghost Hunt, ni sus personajes me pertenecen. Solo uso este universo en apreciación de lo genial que es y lo entretenido de sus personajes.
Un trabajo de fan para fans
Advertencias. Contiene spoliers si solo han visto el anime.
Línea temporal. Después de Londres.
Aquí va mi intento de celos que terminó convirtiéndose en otra cosa. Igual espero lo disfruten. Parte 2 de 2. Cualquier error me lo disculpan :)
Anteriormente
—No iba a jugar a ser el reemplazo de mi hermano.
—Nadie te pidió que lo fueras. Eso fue lo que quisiste creer. Te amaba a ti.
—Mai —los libros de la mesa empezaron a flotar.
—Deja de atarme a ti. Déjame ir.
—No quiero —dejo salir finalmente.
—No siempre se trata de lo que quieres Oliver —dijo antes de azotar la puerta.
¿Cómo se atrevía? ¿Qué derecho tenía de meterse en su vida? ¿Con qué derecho se creía para venir a hacer reclamos ahora? Un narcisista al que solo le importa lo que él necesita. Caminó sin dirección, solo quería alejarse. Estar enojada era mejor que recordar que sin importar el número de días que pasaran no podía sacarlo de su mente. Descargar toda su ira contra él era mejor que preguntarse noche tras noche por qué aquel sentimiento simplemente no desaparecía. Sus esfuerzos para sepultar sus sentimientos y el dolor y la decepción que estos le trajeron eran inútiles porque cuando él decía palabras como aquellas su corazón latía dolorosamente en su pecho. Limpió furiosamente las lágrimas que salpicaban sus mejillas. ¿Por qué tenía Oliver el poder de abrazarla sin tocarla, por qué la apresaba sin necesidad de cadenas?
¿Cómo se suponía que olvidara sus sentimientos?
Cuando pensaba que era lo suficientemente fuerte para seguir adelante con su vida, hacia su próximo amor, él llega y dice que no quiere dejarla ir, y la fuerza que creyó tener, no es más que una sombra de su frágil resolución.
Por primera vez desde que salió de la habitación, se fija en sus alrededores y es consciente del descenso de la temperatura a su alrededor, sus instintos le gritan que salga de allí en la brevedad de lo posible, pero está paralizada en su lugar, incapaz de moverse. El aliento en la parte de atrás de su cuello y el olor putrefacto le confirma que no está sola. Su cuerpo automáticamente inicia los mudras y los rezos que los acompañan. Aunque asustada, las palabras salen claras, su voz fuerte, Rin (临), Pyō (兵), Tō (闘), Sha (者), Kai (皆), Jin (陣), Retsu (列), Zai (在), Zen (前). El espíritu deja escapar un chillido animal, antes de desaparecer, pero antes de que pudiese relajarse sintió la mano jalándola del tobillo, tumbándola y arrastrándola al piso. El grito que quemó su garganta resonó en todo el lugar.
Sentado en frente de los monitores trataba de calmarse, mientras escuchaba a Lin reprenderlo por su falta de control. Pero no tenía la atención ni en lo uno, ni en el otro, sus pensamientos estaban en Mai, en sus palabras, en la mirada herida en sus ojos, en la furia de sus gestos, y por primera vez en su vida se atrevió a dudar de su infalible lógica.
La gente siempre prefería a Eugene, el gemelo amable, gracioso, el que siempre sonreía, el que sabía cómo consolar; eso era un hecho, no una suposición. La gente siempre era atraída a su hermano por su personalidad encantadora y abierta, mientras él, era demasiado serio, demasiado raro, demasiado peligroso. Siempre había sido así y nunca le había importado, mientras tuviera a Gene a su lado eso no le importaba. Pero entonces Gene murió y en la búsqueda de su cuerpo conoció a Mai y todos sus demás asociados. Con el tiempo se descubrió sintiendo la necesidad de protegerla, poniendo en la línea su propia vida para salvarla, haciéndole un té para reconfortarla después de un sueño de muerte, doblando una cuchara con la mente para distraerla, haciendo trucos infantiles con una moneda para que no estuviera aterrorizada en el fondo de aquella oscura alcantarilla.
Pero entonces llegó ese día, cuando encontraron el cuerpo de Eugene en aquel lago. Y en ese bosque, cuando ella le habló del Naru en sus sueños, el que era amable y sonreía, supo que estaba hablando de su hermano y una presión ajena a él se apoderó de su pecho. Cuando le dijo que tenía sentimientos por él, los descartó de inmediato, ella no lo amaba a él, amaba a su hermano. La gente siempre lo hacía. Y por primera vez en su vida, resintió de su hermano muerto. Porque incluso después de muerto como una sombra se cernía sobre él.
Pero hoy, un molesto pensamiento no lo abandonaba, ¿y si se había equivocado? ¿Y si como Gene decía no era más que un estúpido científico?
La gente siempre prefirió a Gene era cierto, pero Mai no era la gente, Mai no era cualquiera. Mai tenía el valor y la fuerza para llevarle la contraria, Mai siempre había estado a su lado, incluso había sonreído para él, con él era con quien discutía, con él era el que pasaba sus días, él era el que la había salvado todas esas veces. Fue entonces, que una hasta ahora esquiva revelación lo golpeó como un rayo… Siempre había sido él.
De repente un grito que conocía muy bien resonó en todo el lugar. Estuvo de pie antes de notarlo, sus labios dejando escapar el nombre de la dueña del grito. Miró las cámaras y una vez localizada corrió hacia ella con Lin pisándole los talones. Vio los orbes blancos pasar con gran velocidad, y supo que se trataban de los shiki de Lin.
Dejó escapar otro grito cuando sintió las astillas de madera clavándose en su espalda, sus manos ardían por sus esfuerzos para aferrarse a la superficie, de encontrar alguna cosa a la que se pudiese sujetar. Intentó con los sellos de nueve sílabas, pero debido a su enfrentamiento anterior su energía espiritual era muy baja. Escuchó pasos de carrera en la distancia y un silbido que resonó en el viento. Cuando vio los orbes blancos supo que se trataba de los familiares de Lin, quienes se lanzaron contra el espíritu que la soltó de golpe dejando escapar aullidos de dolor con cada ataque que los shikis le propinaban. El dolor recorrió su espalda y con los difusos brazos de la inconsciencia cerniéndose sobre ella, pudo ver lo que le pareció profundo miedo y preocupación en aquellos insondables ojos índigos antes de ser tragada por la profunda nada.
Despertó en el cuarto del hospital. Lo primero que notó fue a Oliver sentado en una silla con un libro en su regazo.
—¿Qué sucedió?
Él levantó su vista del libro y mirándola contestó.
—Tienes un par de cortes en la espalda de cuando el espíritu te arrastró, pero no dejaran cicatriz. John y Takigawa se encargaron de exorcizar a los espíritus, después de que fueras atacada. El caso está cerrado, los detalles están en el informe.
—Ya veo, ¿cuándo podré irme a casa?
—Tan pronto como el médico firme el acta dándote de alta.
Los dos permanecieron en silencio, hasta que Oliver lo rompió.
—Lo siento.
—No es tu responsabilidad salvarme todo el tiempo, Naru. Debí saber mejor que deambular sola, sin protección en un lugar lleno de espíritus.
Espero que Oliver, la insultara, pero el insulto nunca llegó, el solo miraba por la ventana, su rostro tan estoico como de costumbre, sus ojos por otro lado revelaban algún tipo de emoción que aún no podía descifrar.
—No me refería a eso.
—Oh —comentó confundida—… No entiendo.
—Lamento, lo que dije ese día en el bosque, nunca debí asumir como te sentías, nunca debí poner en duda tus sentimientos, basado en mis juicios y razonamientos, estuve fuera de lugar. Merecías una respuesta acorde y ahora me doy cuenta.
—Ya veo… Gracias.
—…
Ella sabía que lo que iba a preguntar a continuación tenía el potencial de destrozarle el corazón, pero tenía que saberlo. Así que tomando una respiración profunda lo dejó salir.
—¿Tienes la respuesta?
Él la miró directo a los ojos y ella pudo ver el asomo de una sonrisa y como la mirada en sus ojos se suavizaba.
—La tengo.
—…
Su corazón golpeó contra su pecho.
—¿Quisieras ir por una taza de té conmigo?
Ella sonrió una de esas sonrisas, de las que a él le recordaban a los arcoíris después de la lluvia.
—Me encantaría.
