Diabolik Lovers, al igual que todos su personajes son propiedad de Reject.


Raito siempre fue un niño alegre por decirlo de alguna manera, contrario a sus dos hermanos menores su vida y su temperamento eran relativamente normales. Kanato el segundo de los trillizos tenía una personalidad bastante complicada, era físicamente "débil" comparado con él y eso lo obligaba a comportarse de una manera extraña frente a los demás, tratando de compensar su estado físico con fuertes cambios de humor para poder conseguir siempre lo que quisiera; y por el otro lado estaba Ayato… el llevaba toda la carga de ser el sucesor de la familia Sakamaki. El mayor de los trillizos no tenía idea de dónde provenía el fuerte sentimiento de celos contra su hermano, realmente lo quería y se podría decir que era su mejor amigo, pero aun así cuando su madre reprimía a Ayato por no hacer correctamente sus deberes o abandonar las lecciones privadas para salir a jugar, Raito deseaba con toda su alma ser el al que obligaran a entrar en la mansión bajo la estricta mirada de su madre…

Aun así eso nunca sucedería, Cordelia siempre preferiría a Ayato por sobre sus otros dos hijos y eso era algo que aun cuando le costara una vida entera, tendría que aceptar tarde o temprano, la cruda verdad es que había nacido en el momento inapropiado, si su cuerpo hubiese soportado más tiempo antes de llegar al mundo, posiblemente hubiera tomado el lugar de su hermano y podría gozar de las atenciones de su madre, aun cuando algunas de estas fueran crueles.

Su vida en esa gran mansión transcurría de manera llevadera, luego de terminar las lecciones obligatorias para los trillizos, Raito salía al jardín a jugar, cuando Ayato se escabullía de la mansión, ambos se dedicaban a cazar bichos y después los usaban para molestar a Kanato, otros días simplemente corrían tratando de atraparse unos a otros o jugaban a patear la pelota hasta que alguien llegara a llevarse a Ayato. Así pasaron los primeros años de las que serían unas muy largas vidas.

Una noche lluviosa, en la que no les permitieron salir al jugar, los trillizos decidieron que la mansión era tan buen patio de juegos como lo sería cualquier otro lugar, así que comenzaron a perseguirse por toda la casa arrojándose una pelota los unos a los otros para ver quien las "traía", desafortunadamente la pelota fue a chocar contra una mesita del pasillo rompiendo el florero de cristal que tenía encima y por si no fuera suficiente había entrado por la puerta entreabierta de la habitación de su madre.

Los tres se quedaron helados al darse cuenta que para recuperar su magnífico juguete tendrían que entrar a hurtadillas en esa habitación… su madre podría ser muchas cosas, pero comprensiva y cariñosa no eran precisamente una forma de describirla, sabían que se habían metido en un gran problema y no tenían mucha intensión de hacerse los valientes y librar a sus hermanos del castigo afrontando a su madre en solitario.

-Creo que ahora si la armaste Ayato- dijo de forma burlona el castaño

-Tsh… La culpa es toda tuya, si no te hubieras movido te habría dado a ti y no a la mesa! – su cara, más pálida que de costumbre dejaba ver un temor que pocas veces se podía apreciar –Además… la idea de jugar dentro de la casa fue tuya!

-Sí, pero el único que quiso arrojarnos la pelota para poder molestar a Kanato fuiste tú… por cierto, ¿Dónde está Kanato?

Al mirar el sitio donde debía encontrarse el pequeño de ojos violetas, se percataron de que había huido mientras ellos se peleaban por ver quien tenía la culpa… lo cual le dio la maravillosa idea a Ayato de hacer exactamente lo mismo antes de que fuera descubierto, pero eso no era suficiente, esa pelota era su juguete favorito y no podía dejarlo en garras de su madre ya que esta seguramente lo destruiría y después le impondría un castigo. Por su mente cruzo una mejor idea, una mucho mejor a decir verdad.

Ayato se acercó a su hermano, lo tomo del hombro lo jalo un poco para que avanzara unos pasos lejos de la mesa y se aproximara a la puerta de la habitación.

-Creo que podemos culpar a Kanato de todo esto, el salió huyendo y si ambos le decimos a madre que fue el, seguramente no creerá, pero tenemos que hacerlo juntos y pronto… -Su mirada inocente parecía sincera.

Raito miro a su hermano y sonrió un poco, sabía que si ambos se unían su madre seguramente les creería. Tomo todo el coraje que poseía, intentando no hacer caso de la sensación de nauseas que le había dado desde el momento en que escucho el florero romperse, y tomo la decisión de caminar los pocos pasos que faltaban para entrar en la habitación, ya que se encontró frente a la puerta, le dio un leve empujón para poder tener acceso al cuarto y fue cuando sintió un fuerte empujón en su espalda y súbitamente la puerta se cerró tras de el, Ayato lo había traicionado…

Ahora se encontraba solo, parado a mitad de la espaciosa habitación de paredes violáceas, al parecer la en ese momento se encontraba vacía. Un sentimiento de alivio le llego de pronto, aun había algo que lo inquietaba pero era posible que su madre jamás se enterara del incidente y así no tendría que sufrir ningún castigo. Miro rápidamente a su alrededor en busca del juguete causante de todo el desastre, hallándolo cerca de un bonito tocador con espejo, se apresuró a tomarlo y cuando pensó que todo había pasado y pronto se encontraría sano y salvo en el corredor, escucho la voz de Cordelia.

-Raito…-él no sabía muy bien de dónde provenía pero era obvio que tenía que encontrar la fuente rápidamente o las cosas solo empeorarían – Raito… ven aquí, no me hagas llamarte nuevamente, sé que estas en mi habitación.

-l-lo siento… yo-yo no… es que… -Su nerviosismo era tal que había quedado completamente helado pegado a la pared que había a su espalda

-Te dije que vinieras, ¿no es así?

-P-pe-pero… no puedo verte.

-Fufu, ven al cuarto de baño.

Sus piernas se sentían de plomo, cada paso de daba le costaba toda la fuerza de voluntad que poseía y aun así logro cruzar la habitación y llegar a la puerta que daba al cuarto de baño, ese fue posiblemente el momento en el que todo lo que era y todo lo que podía ser se vieron definidos para siempre. Al girar la perilla y abrir lentamente la puerta pudo observar a Cordelia sumergida en la bañera.

El agua le llegaba al cuello, sin embargo la falta de burbujas dejaba expuesto su cuerpo completamente desnudo bajo aquel liquido transparente, Raito no supo porque pero sentía esa imagen lo perseguiría por el resto de sus días, el seguía siendo un niño ciertamente, y aun así no pudo evitar recorrer con la mirada ese cuerpo de pálida piel.

-Veo que te gusta mirarme- La sonrisa burlona de Cordelia devolvió a Raito a la realidad

-Yo… yo solo me… sorprendí – un leve rubor había invadido sus suaves mejillas y ahora miraba al piso como si este fuera su única salvación.

-No tienes porque sonrojarte Raito, es natural que un hijo mire a su madre desnuda, no tiene nada de malo.- hiso un pequeño movimiento para sentarse más erguida dentro de la bañera lo cual dejo parte de sus pechos fuera del agua.

Las palabras que había pronunciado su madre eran tranquilizadoras, ella tenía razón… si hubiera sido otra persona posiblemente tendría razón para avergonzarse, pero ¿acaso no había nacido de su vientre? Porque tendría algo de malo mirarla, ella era su madre, o eso era lo que se repetía mentalmente mientras alzaba la mirada, para posarla nuevamente en ese cuerpo desnudo.

-Raito, ven aquí – la tierna mirada de su hijo la cautivaba, nunca había visto que la miraran con tal inocencia – ¿Por qué no te quitas la ropa y me acompañas? Nunca tome una ducha contigo o tus hermanos, no me gustaría quedar como una mala madre, así que hazme ese favor y entra a la bañera.

Más que una petición, sonaba como una orden… así que lentamente se desnudó, dejando tanto la pelota como sus tiradas a un costado de la puerta, y se dirigió a la bañera, al entrar en ella Cordelia lo tomo de la cintura colocándolo de espaldas y lo sentó entre sus piernas, las cuales se enrollaron en su cuerpo. Raito no podía mirarla, lo cual era considerablemente bueno ya que su cara se había puesto completamente roja y sabía que eso lo haría quedar como un tonto luego de las palabras de su madre.

El agua de la bañera se sentía sumamente caliente, increíblemente la piel de la mujer a su espalda parecía emanar aún más calor que el agua, era como si por esa piel corriera lava ardiendo, la sensación era complicada de explicar. El rose de los pechos de su madre contra su espalda hacia que sintiera como si una descarga eléctrica recorriera su columna, por otra parte el largo cabello violeta que flotaba en el agua se pegaba contra su piel desnuda originando un cosquilleo en cada lugar que tocaba.

-Ara… nunca había notado la hermosa piel que tienes Raito- había algo en esa voz que el pequeño no podía descifrar, como si se burlara de el y al mismo tiempo lo alabara –es una piel tan suave, incluso más suave que la de tu padre… me gustaría tocar toda tu piel…

-¿p-pero eso no estaría mal?- su nerviosismo era incontrolable y su voz se quebraba en cada silaba que intentaba pronunciar.

- Ya te lo he dicho, tú eres mi preciado hijo, no tiene nada de malo que acaricie tu piel, además eso es lo que hacen las madres ¿no?

-S-si… supongo que si…- tenía la cabeza tan agachada que su nariz rosaba contra el agua.

Lo siguiente que sintió fue como unas delicadas manos empezaban a recorrer cada centímetro de su piel, primero sus hombros, el tacto era tan suave como la piel de los duraznos, poco a poco ese par de manos lo aferraron para recargarlo sobre el pecho de Cordelia y poder seguir su camino por la piel que cubría sus brazos, luego su pecho, por el cual bajaron lentamente hasta sus piernas. Raito se encontraba completamente inmóvil, pese a todo, le gustaba la sensación de esas caricias, pensó que por fin podía sentir el amor de esa mujer que tanto tiempo le había sido negado, sintiendo como tocaba sus muslos y se acercaba a su entrepierna, el no podía parar de pensar que el amor maternal de Cordelia era realmente sublime, súbitamente, el roce que habían mantenido esas manos contra su cuerpo se detuvo, y lentamente las piernas que lo retenían se fueron retirando.

-Fufu, creo que por hoy es suficiente Raito, aún tengo que alistarme para ver a tu padre.

Algo en esa frase lo había lastimado, no sabía porque pero sintió como si un agujero creciera en su estómago dejándolo completamente vacío.

Cordelia se levantó de la bañera, tomo una toalla para envolver su cuerpo y se acercó lentamente al pequeño que aún se encontraba sentado y sin reaccionar, lo tomo del mentón y lo obligo a alzar su mirada, cuando ese par de ojos llenos de inocencia la miraron directamente, sonrió y la atrajo más hacia su rostro, haciendo que los labios de Raito quedaran a su alcance, los recorrió con la punta de su lengua para después depositar un beso sobre ellos. El beso solo duro unos segundos, los suficientes para ver cómo se dilataban las pupilas de los hermosos ojos verdes que poseía su hijo, ese reflejo de placer involuntario la complació, ahora podía irse, tenía que estar lista para recibir al hombre que amaba, no quería perder más el tiempo con esas pequeñas distracciones.

Cuando la puerta se cerró detrás de Cordelia lo único que Raito pudo hacer fue mirar fijamente a la pared, su respiración se había acelerado y su corazón latía como si hubiese corrido cuesta arriba la colina junto al lago, no sabía porque, pero una sonrisa se dibujó en su rostro y de su boca salieron unas cuantas palabras que no pudo contener.

-Así se debe sentir el amor...


Espero que les gustara este primer capítulo. Me disculpo por cualquier error que pueda tener ya que me pierdo entre tantas letras… u.u

Quisiera saber sus opiniones, criticas, sugerencias, comentarios, todos son bienvenidos y prometo subir pronto el siguiente capítulo, donde podremos ver un Raito un poco más "maduro" por decirlo de alguna manera. :P