Diabolik Lovers, al igual que todos su personajes son propiedad de Reject.
Este capítulo tiene situaciones con contenido sexual explicito, no recomendado para personas menores de edad.
Había pasado mucho tiempo después de que Raito entrara en el cuarto de baño de su madre, el se había convertido en un joven y apuesto vampiro que era perseguido tanto por chicas mortales como por hermosas vampiresas con sangre aristocrática, sin embargo ninguna de ellas le interesaba en lo más mínimo. No quería nada con ninguna y no veía la necesidad de perder el tiempo jugando a enamorar a cualquiera de esas chicas, lo único que él quería era recibir lo que consideraba "el tierno amor" de su madre.
Él la había visto con otros hombres paseando por los jardines, o guiándolos a su habitación, lo cual le repugnaba y lo llenaba de ira, inclusive el ver a Ayato cerca de ella hacia que le dieran punzadas en el estómago y La cabeza le diera vueltas, sin embargo sabía que ella lo amaba, se lo había demostrado antes ¿no?
Ese día la había visto con su tío, parecían muy acaramelados tomando té en el living. Raito no pudo soportar escuchar la risa de su madre mientras Richter le susurraba algo al oído, era realmente asqueroso, como podía siquiera mirar a ese estúpido mientras tocaba el brazo desnudo de su madre… así que subió corriendo la escalera para encerrarse en su habitación.
-¿Cómo es posible…? él no es más que un maldito estúpido que quiere tomar el poder de su sangre… -los pensamiento y las imágenes de antes lo bombardeaban – ¿Cómo es posible que ella no se dé cuenta de que el bastardo trata de usarla? Él no merece ni una pizca de su afecto… todo su amor tendría que ser solo mío que soy su hijo!
Nuevamente el recuerdo de su madre desnuda en la bañera lo asalto, haciendo que su cuerpo fuera inundado por una extraña sensación de calor.
-Agggggg… como puede siquiera mirarlo!?
Su enojo llego a tal extremo que pateo la mesita de noche junto a su cama causando que todo lo que se encontraba encima de ella volara por los aires, cuando escucho el estruendoso sonido de objetos rompiéndose se propuso tranquilizarse, no debía alterarse de esa manera, no por un bastardo como Richter.
Entro al baño de su habitación para tomar una ducha rápida tal vez eso le calmara un poco las ideas y así podría continuar tranquilamente con su día, sin tener que pensar en nada más. Retiro todas las prendas que cubrían su cuerpo y las dejo regadas por todo el piso del baño, qué importaba acomodarlas, al final alguna sirvienta se encargaría de limpiar todo eso ¿no?
El agua corría suavemente empapando su cabello castaño y formando pequeños ríos sobre su piel, era una sensación deliciosa, le recordaba lo que había sentido mientras era acariciado por su madre, así que cerró los ojos y se dejó llevar. Pronto sintió como el calor abrazador recorría el interior de su cuerpo, desde su vientre hacia sus extremidades, particularmente a su entrepierna, el miembro que hasta entonces colgaba en ese lugar empezaba a endurecerse, el agua caliente que caía sobe el solo ayudaba a hacerlo crecer más, de una manera que lo hacía doler, cuando se dio cuenta de esto se sintió sumamente avergonzado, esto no podía estar sucediendo… no mientras pensaba en su propia madre…
Tomo el miembro completamente erecto y comenzó a moverlo suavemente, pero la imagen de Cordelia desnuda lo acosaba, se sintió asqueroso, y decidió que era mejor dejarlo, realmente no podía pensar en masturbarse usando la imagen de su aquella mujer desnuda en la bañera, no podía manchar el único momento en el que ella le había demostrado su amor.
Abrió a tope el agua fría, pensando que así podría cortar el calor que sentía y que mantenía su erección al máximo; sin embargo estaba equivocado, eso no era suficiente para frenar la excitación que lo invadía, lo único que podía hacer era luchar contra el dolor que le causaba estar en ese estado, y recostarse en la cama hasta que pasara o por lo menos que pudiera pensar en otra mujer a la cual dedicarle "el momento"…
Al salir del baño se dio cuenta de que nada le estaba funcionando, el tratar de tranquilizar su mente solo hacía más nítidos los recuerdos de unas manos más cálidas que el mismo infierno recorriendo su cuerpo, y entonces recordó lo que ella había dicho:
"- Ya te lo he dicho, tú eres mi preciado hijo, no tiene nada de malo que acaricie tu piel, además eso es lo que hacen las madres ¿no?"
Eso le dio un pequeño alivio, posiblemente no estaría mal masturbarse pensando en ella… todos los hijos aman a sus madres ¿no?, y esto no es diferente…es ¿amor?…
Sin siquiera pensarlo tomo el miembro entre sus manos y comenzó a moverlo de arriba abajo, imaginando que las manos que lo tocaban no eran las suyas sino las de esa mujer de cabellos violáceos, el placer iba en aumento, no podía dejar de soltar uno que otro gemido que intentaba callar mordiendo su labio y apretando los dientes. Los movimientos antes lentos y pausados se habían transformado en un ritmo acelerado que le hacía sentirse en la gloria, unos minutos más de esto y podría terminar satisfecho, su pene empezaba a palpitar dentro de su mano, secretando un líquido semitransparente, y sus gemidos se hacían cada vez más sonoros. En el momento en el que alcanzo el clímax, la increíble sensación de orgasmo que lo invadió, lo obligo a gritar el nombre de esa mujer, fue un grito que nació en su pecho, tan sonoro que sabía a ciencia cierta que había retumbado en toda la casa, y sin embargo no lo importo, lo único que interesaba en ese momento era el calor que le quemaba por dentro recorriendo su vientre hasta llegar al miembro que aun tenía en la mano. Aquel liquido blanquecino seguía saliendo a chorros, ensuciando su cuerpo y parte de la ropa de cama, cuando por fin se recuperó, abrió los ojos, los cuales había tapado con el interior del brazo que tenía libre.
La luz de la habitación lo cegó momentáneamente, aun veía pequeños patrones de puntos negros hacia cualquier lado del techo al que dirigiera sus ojos. Se sentía débil una debilidad bastante agradable, lo único que quería era incorporarse completamente y tomar una ducha apropiada, estaba a punto de sentarse sobre la cama cuando escucho algo que le helo la sangre por completo haciendo que lo recorriera completamente un escalofrió.
-Ara Raito, no sabía que te gustara hacer ese tipo de cosas pensando en mí, fufu - la voz de Cordelia sonaba realmente excitada y divertida – si pensabas divertirte un poco, pudiste haberme llamado, así te hubiera ayudado un poco.
Raito no sabía cómo reaccionar, estaba tirado en su cama, completamente desnudo y bañado en su propio semen… y ella se encontraba mirándolo como un gato que encuentra un suculento y gordo ratón que no puede escapar de sus garras.
-No es lo que piensas… yo no … - las palabras se iban de la boca y no conseguía concentrarse para formar oraciones coherentes – yo solo… estaba … yo
-Fufu, no tienes que decir nada Raito, escuche tus gemidos desde el principio y vine a ver que los provocaba, me lleve una sorpresa cuando dijiste mi nombre, FUFU – la sonrisa de Cordelia se hacía cada vez más evidente y sus ojos tenían una expresión felina.
-Yo lo siento… no era mi intención… no quería... yo… solo… recordé…
El rostro de Raito paso de ser más blanco que la cera a teñirse completamente de rojo, por tener que dar una explicación tan vergonzosa, a pesar de todo, su madre no parecía molesta, sino encantada con toda la situación, el supuso que sería algo que usaría para avergonzarlo frente a sus hermanos o peor aún, frente a los hombre que desfilaban por la casa para tratar de ganar los afectos de su madre.
-Ya te había dicho que no hay porque avergonzarse Raito. –nuevamente ese tono suave y sensual que había usado en el cuarto de baño años atrás surgía de esos hermosos labios –Es normal que sientas amor por mí, y que yo sienta amor por ti.
-Pero… este tipo de… ¿amor? –Estaba completamente en shock, no podía procesar lo que escuchaba –Esto… esto está mal ¿no?
-Fufu, ¿Por qué tendría que estar mal Raito?, ¿qué podría tener de malo que nos demostremos afecto de esta manera?
-Pero no es natural… -Su corazón parecía que quería salir corriendo y cada palpitar taladraba su cerebro sin que pudiera detenerlo.
-¿Quién puede decir lo que es natural?... lo que está bien y lo que está mal solo depende de la persona que lo mire ¿no lo crees Raito?
-Su-supongo que tienes razón… pero esto es…
-Es placer Raito, eso es lo que es, y no tiene nada de malo, si no… simplemente no sería placentero, ¿no lo crees?
Extrañamente esas palabras tenían lógica para él, algo que sea "malo" no sería placentero… tendría que ser desagradable ¿no?, y la sensación que lo había llenado algunos momentos atrás realmente no se podía denominar como algo desagradable.
-¿Realmente crees que este bien? –La duda lo llenaba y hacia que su lado "racional" y sus sentimientos se atacaran los unos a los otros. –Quiero decir… pensar en ti de esta manera… nunca he pensado en nadie más… ¿realmente es normal sentirme así?
Raito le había pegado al clavo, lo único que Cordelia escucho de esa oración fue que él también había caído en sus encantos, ese apuesto vampiro de cabello castaño y piel de terciopelo estaba completamente bajo su influencia y era todo lo que interesaba, si le daba el placer que necesitaba entonces ella podía obtener algunos beneficios más adelante.
-Claro que es normal, déjame demostrarte que tan "normal" puede ser ese sentimiento, déjame mostrarte cuan bien puede sentirte conmigo.
La mente de Raito se puso completamente en blanco, Cordelia cerró la puerta con seguro, para que nadie los molestara, y bajo lentamente el cierre de su elegante vestido, dejando que el peso del mismo lo hiciera resbalar por su figura, quedando únicamente con los guantes y su ropa interior. Tomo con sus dientes la punta del guante que llevaba en la mano izquierda, y retiro lentamente su mano para que este se deslizara dejando su brazo completamente desnudo.
Raito solo miraba la escena como si no fuera parte de ella, sabía que no era un sueño y estaba consciente de lo que estaba pasando, pero no podía evitar sentirse como si estuviera fuera de su cuerpo en un lugar remoto tan solo observando, de un momento a otro Cordelia se acercó a el mirándolo de una manera sumamente lasciva, fue cuando se percató de lo duro que se encontraba, no pudo evitar sonrojarse, pero de igual manera no tenía coordinación suficiente para intentar mover un solo musculo, y al parecer la mujer frente a él se había percatado de eso.
-Fufu, es la primera vez que tienes a una mujer desnuda frente a ti, ¿no es verdad Raito?
El solo pudo asentir levemente.
-Bien… hagamos que lo recuerdes por toda la eternidad.
Cordelia tomo el rostro casi inexpresivo de Raito entre sus manos, se arrodillo frente a él y lo atrajo para darle finalmente un beso, sus labios se rosaban pero el chico un tanto fuera de si no sabía qué hacer, así que Cordelia empezó a lamer la comisura que existía entre sus labios, para abrirse paso hasta el interior de aquella boca. Raito le abrió paso a esa lengua que lo quemaba y pronto empezó a sentir como era explorada la húmeda cavidad de su boca, no sabía qué hacer, así que cerró los ojos y trato de copiar los movimientos que sentía.
El beso empezó a hacerse cada vez más apasionado y profundo, las manos de Cordelia se movieron instintivamente para tocar el cuerpo de su nuevo amante, primero tomándolo fuertemente del cabello y jalándolo un poco para alejarlo con lo cual rompió el beso y consiguió que Raito sintiera un espasmo de dolor, empezó a besar aquel cuello blanquecino, repartiendo pequeñas mordidas en algunos puntos sensibles. Tomo entres sus dientes el lóbulo del oído dando un pequeño mordisco que lo hiso gemir levemente, al notar la excitación que sentía el joven vampiro se sentó sobre sus piernas, haciendo que sus sexos se rosaran mientras continuaba lamiéndole el oído.
-Detente por favor… yo no puedo- la voz de Raito salía entrecortada de su garganta –haaa!
Un espasmo de placer lo recorrió cuando la mano de Cordelia roso su miembro acercándolo más a su cuerpo.
-Fufu, pero si tu cuerpo me dice todo lo contrario –susurro en su oído para después introducir su lengua en el.
-No creo que esto debiera ser así… no debería disfrutarlo… - Realmente tenia ganas de llorar y parecía que las palabras lo abandonaban – no debería disfrutar algo así…
-Pero lo haces Raito, no es necesario negarlo, solo déjate caer en el infierno y yo tomare tu mano para guiarte.
Esas palabras le pusieron fin a las dudas que lo acosaban, podía sentir el frio tacto de esas manos sobre su piel, la cual inexplicablemente parecía quemarse bajo su tacto, cada caricia… cada roce, sin importar que tan delicado fuese, encendía en el algo que jamás había sentido ¿Qué clase de sentimiento era ese?, ¿por qué tenía que suceder algo así?, ¿acaso estaba inevitablemente perdido?, ¿Por qué?... aun sabiendo que todo esto estaba mal… ¿Por qué se sentía tan increíblemente bien?
Lo único que pudo pensar es que si debía ir a parar al infierno, agradecía con todo su ser que fuera por algo como esto, con eso su alma podría fácilmente caer en las profundidades sin remordimiento alguno, por el simple hecho de tatuar esas caricias obscenas en su memoria… sin importar donde se encontrara estaría por siempre en ese pequeño paraíso que solo ella podía brindarle.
Un escalofrió recorrió su espalda al sentir los colmillos de Cordelia clavándose profundamente en su cuello, si antes se encontraba excitado, esto le había hecho llegar a un nivel completamente nuevo de placer. Sus sentidos empezaban a adormecerse, se sentía ligeramente mareado y todo a su alrededor comenzó a perder definición, todo menos ella… el rose de sus cuerpos se sentía más intensamente que antes, y ese dolor punzante tanto en su vientre como en su cuello eran las únicas cosas que lo mantenían consiente.
Podía sentir la humedad que salía de ella y aspirar el embriagador aroma que fluía desde lo más íntimo de su ser. Una de las manos de Cordelia jugueteaba delicadamente con su miembro, mientras la otra lo aferraba con una fuerza extraordinaria, para que no se alejara hasta que no terminase de beber. Algunos segundos después ella se retiró de su cuello, pasando la lengua sobre las dos pequeñas heridas que habían abierto sus colmillos.
-¿Aun quieres que me detenga Raito?
La expresión de excitación, ternura y lujuria era suficiente para hacer que cualquier hombre se rindiera a sus pies, ¿cómo podía el negarle cualquier cosa en ese instante?
-Yo…no…- a su mente llego el pensamiento de que si se detenía en ese preciso instante posiblemente su vida sería normal y tranquila, pero su cuerpo gritaba otra cosa…-no…no puedo detenerme ahora…
Bajo la mirada un segundo, realmente rabioso por las palabras que acababa de pronunciar, aun así no pudo controlar sus manos, las cuales se dirigieron rápidamente a las caderas de aquella mujer, y la atrajeron violentamente contra su cuerpo, haciendo que sus sexos quedaran rosando uno contra el otro como si fuesen uno solo, sentir el calor y la humedad que Cordelia desprendía solo lo provocaba más, comenzó a besar aquella piel desnuda, y a recorrerla con sus manos, era brusco, lo sabía… nunca antes había tocado a una mujer y no sabía cómo hacerlo, así que solo dejaba que la bestia dentro de el tomara el control. Su lengua se movía de un lado a otro dejando un rastro de saliva a su paso, pronto se encontró con aquellos sublimes pechos, su sabor era diferente del resto de la piel, más dulce, más suave. Sin detenerse a mirar, ataco aquellas formas, tomándolos entre sus manos y estrujándolos, tomo uno de los pezones con sus labios, besándolo en un principio al notar como se endurecía y cambiaba su textura aterciopelada por una rugosa, no pudo evitar morderlo ligeramente y succionarlo, era como si esperase que aquella leche materna que siempre le fue negada, ahora lo llenara mágicamente como muestra del amor incondicional que Cordelia le tenía.
Y en ese preciso instante, cuando había olvidado cualquier prejuicio, cualquier moralismo y se había entregado completamente al ardiente frenesí que le ofrecía aquella mujer de cabellos violáceos a la que tanto amaba, pudo escuchar como el plomo de la puerta era bruscamente removido, alguien al otro lado de la puerta estaba intentando entrar en la habitación, seguramente los gemidos que habían articulado se escucharon en el pasillo, llamando la atención de algún habitante de la mansión.
-Oi! Raito, ¿qué demonios sucede?-Sin duda era la voz de Ayato- ¡Si no le respondes a Ore-sama tendré que entrar por la fuerza!
Raito sabía perfectamente lo que su hermano era capaz de hacer… nadie podía detenerlo si quería algo y por el momento lo que Ayato quería era entrar en su habitación, lo cual era mas que posible ya que podía aparecerse donde quisiera, y eso lo dejaba en una situación bastante vulnerable con Cordelia desnuda, sentada sobre sus piernas y el completamente excitado lamiendo los suaves pechos que esta poseía. Así que hiso lo más sensato que podía haber hecho.
-No pasa nada, me estaba duchando… - trato de fingir una voz tranquila pero todo aquello le ponía los nervios de punta.
-No sonaba como una ducha… más bien parecía que te habías golpeado con algo
-Ha! Tropecé con la mesa de noche cuando buscaba mi ropa.
Ayato no estaba muy convencido por esa explicación, Raito ocultaba algo, aunque no quisiera demostrarlo, quería mucho a su hermano mayor y le preocupaba que algo le hubiera pasado, ya que los sonidos que pudo escuchar parecían como si estuviese llorando por algo… pero si se encontraba bien, no tenía por qué seguir interrogándolo.
-Está bien, iré a mi habitación. Tengo que terminar con las tareas que me dejo esa horrible mujer…
-E-está bien Ayato.
El sonido de pasos alejándose por el corredor fue algo que lo lleno de alivio, y nuevamente dirigió la mirada a ese hermoso par de ojos verdes, pero algo había cambiado, la hermosa y ardiente mirada que le habían dirigido esos ojos unos segundos atrás se había desvanecido por completo y en su lugar solo quedaba un mar de hielo verde. Sintió miedo, el miedo de alguien que desata una bestia incontenible.
Cordelia se limitó a ponerse de pie y caminar en dirección a la puerta, donde se encontraban tiradas todas las prendas que había llevado antes, dirigió una nueva mirada con una mezcla de enojo y asco a su hijo y se desvaneció.
Raito quedo ahí, tal como había estado antes de que ella llegara, completamente desnudo, aun con el cuerpo sucio y un miembro punzante entre sus piernas. La única diferencia es que ahora su deseo se había transformado en desesperación, había podido beber del más puro amor que pudiese existir, pero su hermano le había robado la oportunidad de hacerlo… dejándole una especie de vacío que le oprimía el pecho y le revolvía el estómago.
Antes que nada! Gracias por leer este fic, espero les esté gustando.
Algunos dirán: "pobre Raito! ¿Por qué lo haces sufrir de esa manera?" pero seamos realistas, ninguna persona se trasforma en ese tipo de pervertido SM solo por un ratito de pasión, así que… muy a mi pesar seguirá siendo torturado de todas las maneras que me pueda imaginar mientras escribo… y seria de mucha ayuda si me dieran sugerencias.
Para la personita que me dijo que Raito le tenía pánico a los bichos y que lo había puesto jugando con ellos lo cual era un error, emmm le tengo preparado algo "estresante" en un capitulo futuro, para tratar de justificar eso, pero aún falta para llegar a ese punto.
Muchas, muchas gracias a las personas que me dejaron su Reviews y a las que me mandaron PM, sinceramente pensé que nadie leería esto (risa nerviosa), pero espero seguir mejorando con su ayuda, asi que ya saben, dudas, preguntas, quejas, comentarios, críticas y sobre todo sugerencias, todas son bienvenida! Si lo odian díganmelo y si lo aman también!
