Diabolik Lovers, al igual que todos sus personajes son propiedad de Reject.
El intenso brillo rojo de una luna sangrienta perforaba las nubes a su paso, tiñendo de escarlata todo aquello que intentase interponerse en su camino. El viento rugía salvajemente, semejando jaurías de animales hambrientos que intentan acorralar a su presa mientras el dulce y negro pánico se propaga por las venas de esta… una cacería ya ganada, con un indudable y fatídico final; este era sin duda el aire que se respiraba en la mansión Sakamaki aquella tormentosa noche.
El embriagador aroma de la sangre fluyendo libremente se propagaba por todos los rincones del enorme edificio, como si suplicara ser engullida por alguno de sus singulares habitantes. Gritos ahogado acompañados de la horrible sensación de una muerte anunciada; electrizaban el denso aire haciendo de él un silencioso cómplice de los acontecimientos.
Raito se encontraba en el cuarto de música, con los ojos cerrados intentaba dar voz a los acontecimientos convirtiéndolos en un fluido interminable de notas musicales, cada palabra que lograba captar con sus vampíricos sentidos, cada embriagador aroma de sangre derramada, le evocaba una erótica sensación que fluía a través de él para transformarse lentamente en una suave melodía. Sus manos recorrían vivazmente aquellas hermosas teclas de marfil, arrancando delicados sonidos a cada una, los cuales se sobreponían unos a otros transformándose en un todo.
El castaño aguzo el oído, podía escuchar la respiración agitada, el latido irregular de un corazón perforado que intenta mantener vivo un cuerpo maltrecho que lo contiene. Los pesados pasos llenos de temor luchando por librar torpemente una carrera contra la inminente muerte.
Podía claramente vislumbrar en su mente la escena que se llevaba a cabo en el piso inferior, los sonidos eran tan ricos y los aromas tan nutridos, que prácticamente podía observarlo aun teniendo los ojos cerrados. Lentamente repaso la silueta de aquella mujer, debía llevar el hermoso vestido negro que tan bien le ceñía, modelando una figura perfecta; el aroma a sangre era abundante y el sonido de latidos irregular, así que seguramente había sido apuñala y aquel delicioso carmesí debía correr abundante por los pliegues negros, empapando la tersa piel de porcelana que había sido protagonista de todos sus sueños y pesadillas por tantos y tantos años.
A cada instante podía notar como el sonido de pasos cansados se intensificaba, dirigiéndose a su encuentro. Al pensar en esto una fugaz sonrisa se dibujó en su rostro y su incesante melodía se intensifico, haciéndole sentir una indescriptible sensación de autosuficiencia, ella por fin vendría a buscarlo; ni Ayato ni ningún otro podrían entrometerse en su camino, no hoy. Esta noche ella finalmente seria suya, sin importar lo que sucediera.
El sonido de un pesado cuerpo cayendo a trompicones por el pasillo le llenaba de excitación anticipada, unos segundos más tarde el picaporte de la puerta giro abriendo paso al olor de sangre fresca.
-¡Raito! ¡Por favor, Raito! –Exclamo Cordelia intentando mantener la compostura
-¿Si madre? –Respondió tranquilamente, mientras se hundía en el delicioso aroma que manaba de aquellas heridas.
-¡AYATO…MIRA LO QUE HA HECHO AYATO CONMIGO!
Finalmente Raito abrió los ojos, de manera pausada.
Una silueta blanca y delicada revestida de negro se recortaba contra la poca iluminación de la habitación; tal como lo había predicho, la sangre brotaba del pecho de aquella mujer, la cual intentaba detener el flujo presionando con sus propias manos, mientras disimulaba fallidamente el terror y desesperación en sus ojos.
-Bueno… -dijo el castaño calmadamente –algo como esto iba a suceder tarde o temprano…
Los ojos de Cordelia de abrieron de par en par como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.
Una ráfaga de aire sacudió los ventanales de la habitación haciendo de ella una presa del pánico, sabía que estaba acabada y la única esperanza que tenía, era poder convencer a Raito de salvarla, no quería morir… debía usar cualquier método para sobrevivir.
-¡Ya viene! ¡Viene a asesinarme! – chillo, esperando alguna reacción en el castaño el cual permanecía inmutable.
-Tranquila ~Madre~, es tan solo el viento…
-¡Él quiere matarme, tienes que detenerlo!¡Te ordeno que me ayudes! –Exclamo intentando reunir la poca dignidad que le quedaba.
Los verdes y felinos ojos del castaño se pasearon lentamente sobre esa figura maltrecha que le era tan amada, observo cada mínima expresión y ademan; podía ver el dolor y el sufrimiento dibujados en su encorvada figura la cual siempre había permanecido erguida y altanera; todo se había reducido a esto… una fragilidad innegable y hermosa, una gloriosa y sanguinaria criatura hoy inclinaba su cabeza buscando refugio y protección en sus brazos; el sueño de protegerla y hacerla completamente suya finalmente empezaba a tornarse real.
-Está bien ~madre~, yo te protegeré –dijo el castaño tiernamente.
Los ojos de Cordelia centellearon y el relámpago verde de aquella mirada se clavó directamente en el. Raito se acercó lentamente, como quien intenta no ahuyentar a un animal herido; posó sus manos sobre los hombros de Cordelia, para deleitarse con el tacto aterciopelado de aquella piel, y atrajo a la mujer hacia él.
Un hilo de sangre corría por la comisura de los labios de la vampiresa, en otro momento hubiese parecido una muestra clara de una comida reciente y sin embargo el aroma inconfundible perteneciente a ese cuerpo manaba de ella; Raito la miro con dulzura por un segundo y acerco lentamente su rostro al de Cordelia, haciendo que sus labios se tocaran con una ternura que jamás había sentido. La sangre de ella lentamente cubrió sus labios, filtrándose lentamente hacia el interior de su boca; era una experiencia sublime, por muchos encuentros que ambos habían tenido, ninguno podía compararse con esta sensación de pertenecer el uno al otro en cuerpo y alma.
El castaño se alejó nuevamente, caminando con paso decido en dirección al pasillo.
-Regresa a tu habitación, yo me encargare de Ayato.
-~Raito… -susurro con su típica voz la peli violeta –Te amo, Raito.
Esas palabras hicieron eco muy dentro de su ser, había algo nuevo en ellas… algo que hacia latir su corazón de manera inusual. Nuevamente sonrió para sí y salió de la habitación; sabía que su hermano se encontraba cerca, esperando el momento para terminar con su madre.
Apenas había dado unos cuantos pasos cuando vislumbro a una delgada figura pelirroja, cubierta de sangre.
Muchos años habían pasado desde que aquella persona ante él había sido participe de un sinfín de sus travesuras y juegos, incluso recordaba momentos en los que su hermano al que tanto llego a odiar por culpa de esa mujer, había sido el compañero inseparable y protector de su día a día; ¿Qué les había sucedido? ¿Por qué habían cambiado tanto?
Realmente no era el momento para preguntarse esas tonterías, Ayato se encontraba justo frente a él y tenía que detenerlo.
-¿Dónde está? –Exclamo con autosuficiencia el pelirrojo.
-Le dije que fuera a su habitación, estaba muy alterada ~Fufu.
-Tch, así que intentaras detener a Ore-sama, para salvar a esa perra…
-No hermano, realmente no vine a pelear contigo –corto Raito, clavando la mirada en Ayato. –Solo te pido que te alejes de ella por ahora. Ella siempre te favoreció, siempre quiso que tú fueras el heredero de esa persona… sin importar que tan dura fuera contigo ella siempre te prefirió sobre Kanato y sobre mí, pero hoy… hoy prefirió correr a mis brazos antes que morir en los tuyos.
La cara contrariada de Ayato empezaba a dar muestras de su enojo; el recuerdo de todos los años que sufrió bajo la tutela de Cordelia le llegaban como oleadas acrecentando el odio asesino que lo había obligado a apuñalarla, sin embargo, frente a él estaba el idiota de su hermano diciendo estupideces y hablando de "favores", que sabía el si nunca lo habían torturado con el pretexto de hacerlo merecedor de una estúpida herencia… ¿Qué sabia él?
Su mente se nublo por un instante, recordó como había sido arrojado al lago inescrupulosamente y la risa de aquella mujer al ver como su diminuto cuerpo luchaba por salir a flote, sin embargo otra imagen lo embargo… Raito llorando desconsoladamente por culpa de ella… rememoro aquellos días en que su hermano se había casi matado de hambre por su culpa, y el lastimero llanto con el que le había reprochado ser él a quien su madre prefería, recordó como aquel al que había amado y respetado de niño, se había vuelto un simple despojo, controlado por los hilos de aquella terrible mujer… era verdad… él había sufrido de muchas maneras, intentando siempre complacerla y hacerla sentir orgullosa, pensando que en algún momento recibirá el amor que una madre pudiera brindar… pero Raito… el dejo de verla siquiera como madre… se pudrió hasta las entrañas intentando ser amado y termino atado a la misma locura y depravación que ella.
Ayato lo miro, algo en Raito le hacía sentir que no debía seguir adelante, no sabía que era, pero en la mirada de su hermano encontraba una claridad que jamás había visto.
-Hace años te prometí que me vengaría por todo lo que esa maldita nos ha hecho, ¿Por qué quieres detenerme ahora, Raito? –pregunto el pelirrojo con tono firme.
-~Fufu, ya te lo he dicho… ella vino a mi… -respondió el castaño de manera pausada y divertida, como si existiese en ese hecho una obviedad que nadie salvo él podía observar.
-¡Es mejor que te apartes del camino de Ore-sama, esta noche ella morirá por mi mano!
Una chispa de ira se encendió en la mirada de Raito, sus ojos, antes llenos de calma lentamente se llenaron de ferocidad al escuchar las palabras de su hermano. Jamás permitiría que nadie le arrebatara la vida de Cordelia, jamas!
-¡Ayato!… -exclamo de una manera en que parecía emanar veneno de cada silaba. –Pese a todo lo que ha sucedido desde que nacimos, eres mi hermano… aun así, jamás permitiría que nadie le arrebatara su último aliento. Esta noche pudiste haber acabado con ella… pero escapo… ella escapo… te dejo… y fue en mi búsqueda…
Las palabras de Raito empezaban a sonar vehementes, algo en ellas no concordaba.
-¡Ella me eligió a mí por sobre de ti! –Exclamo con regocijo el castaño –luego de tantos años ella me eligió a mí!
-Raito…
Por alguna razón el pelirrojo sintió una punzada en el pecho, esas palabras lo herían de una forma que no comprendía, y aun así, algo en su interior le decía que debía retirarse, cualquier cosa que su hermano tramara estaba fuera de su entendimiento y era mejor mantenerse alejado. Él había cumplido… había herido de muerte a la maldita que tanto los había lastimado y sabía que no duraría mucho con esas heridas, ahora era el turno de su hermano, sin importar lo que sucediera, esta batalla ya estaba ganada.
Por última vez, dirigió una mirada al castaño, adoptando una pose de autosuficiencia y autoridad, para posteriormente darle la espalda con un aire desdeñoso. Aun si se retiraba por esa ocasión, él era Ore-sama, no debía mostrar debilidad.
-Tsch, Ore-sama les dará la oportunidad de disfrutar sus últimas horas juntos Raito, deberías estar agradecido. –Dijo el castaño alejándose lentamente por el pasillo.
Raito se quedó inmóvil por un momento, mientras su hermano desaparecía en una esquina.
El castaño dio media vuelta en dirección a las habitaciones de Cordelia, ahora que Ayato se había retirado, finalmente podría hacerla completamente suya. Camino por los pasillos de manera sutil, casi como si el mismo viento lo guiara, entre más se aproximaba a su destino más se incrementaban los latidos de su corazón.
No podía recordar cuantos años habían pasado desde la primera vez que deseo poseerla, amarla y ser amado por ella, ser lo único que reflejaran sus ojos aun cuando no hubiese luz, y finalmente había llegado ese momento. Se detuvo frente a la puerta de aquella habitación, llevo la mano al picaporte y se abrió paso al interior delicadamente.
Una luna de sangre iluminaba la habitación, dejando que sus rayos llenasen cada rincón de un brillo carmesí. Como si fuese una visión, la pálida figura de Cordelia se encontraba reposando en el balcón con expresión contraída. Daba la sensación de ser una damisela esperando por su caballero de brillante armadura, y aquí estaba él, su salvador, esperando simplemente que ella se entregase a él sin reparo.
-~Raito… -dijo dirigiendo una mirada al apuesto vampiro. -¿Pudiste alejar a Ayato?
-Así es, ya no nos molestara. –respondió el castaño en trono tranquilizador.
Una sensación de alivio descendió sobre el rostro de Cordelia, sus facciones antes tensas por el nerviosismo y el dolor, ahora regresaban a su usual relajación, confiriéndole un aura casi angelical. En los labios color escarlata se dibujó una tenue sonrisa y la verde mirada se llenó de agradecimiento, era una visión sublime. Las voluptuosas formas de ese erótico cuerpo se habían llenado de algo indescriptible, como si cada pecado cometido por aquella piel hubiese sido lavado y reemplazado por un velo de pureza conferido solo aquellos que no llegan a conocer de la maldad o el deseo.
Un leve rubor cubrió las mejillas del castaño; nunca en su vida había visto nada más hermoso que esto. Sin importar que hubiese pasado, supo que todo lo sufrido había valido la pena solo por este momento, el cual deseaba que durara por toda la eternidad.
-Raito, mi amado Raito… -dijo tiernamente la peli violeta. –siempre supe que eras el único en quien podía confiar.
Los labios del castaño se curvaron en una delicada sonrisa, mientras que su corazón latía frenéticamente; por primera vez en su vida lo entendía claramente, ella lo amaba, siempre lo había amado simplemente habían dado demasiadas vueltas para llegar a ese punto y aun así deseaba escucharlo, para poder declararse victorioso sobre todos esos imbéciles que se habían interpuesto en su camino, el sin fin de monigotes coronado por Richter y Karl, se podían ir al infierno, solo deseaba que aquel ángel frente a sus ojos le otorgara los laureles de victoria con un par de simples palabras.
-Dime ~Madre~, ¿realmente me amas?
Los ojos de ambos se encontraron, unos llenos de anhelo y otros llenos de veneración.
-Te amo Raito, te amo más que a ningún otro. –Susurro frágil y cariñosamente Cordelia, mientras hacia un ademan invitándolo a acercarse.
Con un suspiro aliviado, el castaño se aproximó a ella, envolviéndola fuertemente entre sus brazos; el embriagador aroma dulzón que despedía la peli violeta, llenaba su cuerpo de una cálida sensación desconocida hasta ese momento, cientos de mariposas parecían aletear en su interior haciendo que el mundo a su alrededor girara en un torbellino que lentamente se disolvía dejándolos solo a ellos dos, entrelazados el uno con el otro, como si formasen parte de un todo.
Raito suspiro nuevamente y beso a su preciado ángel de manera apasionada, ella recibió aquel beso sin poner excusas.
-Tú nunca cambias madre… te amo. –Susurro el castaño mirándola directamente a los ojos. –Ahora podrás ser solo mía por toda la eternidad.
Al escuchar estas palabras, el rostro de Cordelia se crispo en una mueca de terror e intento soltarse del firme abrazo del castaño.
Con una última tierna mirada, Raito empujo a la peli violeta, haciéndola caer por el balcón. Los gritos desesperados, llegaban hasta sus oídos; al escuchar el golpe seco de un cuerpo estrellándose contra los rosales, sintió como el alivio llenaba su corazón. Pasará lo que pasara, de ahora en adelante ella sería siempre suya, pues le había dado el más preciado regalo que se le puede regalar a un ser inmortal.
Raito lo sabía, al final ella lo había elegido a él, para ser el que acabara con su existencia; todos los peleles que se interpusieron entre ellos, ahora no significaban nada, pues al final, solo su amor había sido aceptado.
Finalmente lo entendía, sin importar que tan duro fuera... podía decir sin lugar a dudas que esta sensación, este incomprensible sentimiento… era amor.
Hola a todas/os!
¿Qué pensaron, que me tardaría otro año en publicar el último cap? (Pues no… pero casi :P)
Así llegamos al final de este que fue mi primer fanfic, les agradezco muchísimo todo el apoyo que me brindaron durante este año y 2 meses casi, pues sus comentarios, favorites, y follow, fueron sin duda un grandioso incentivo para poder concluir esta historia.
Espero que les gustara, realmente no tengo idea de si es o no el mejor final que pude haber escrito, pero siento que es algo "digno" de ser un final.
Al principio pensé en incorporar una parte del brute ending del HDB pero deseche la idea pues de este modo uno puede decir "bueno de menos en algún punto puede que alguien le muestre el amor verdadero" y no un: "uy también se cargó a Yui, pensando que es amor".
En fin.
No me queda mucho más que darles las gracias por soportar mis locuras, y recordarles que, todas las dudas, preguntas, quejas, comentarios, críticas y sobre todo sugerencias, todas son bienvenida! Si lo odian díganmelo y si lo aman también!
Haaaaa! Es verdad, hay un fanfic que deje completamente abandonado en otra pag… (si, si completamente) y es que realmente no me agrada ese formato… y pensé que podría traérmelo para acá y continuarlo, pero no estoy muy segura… y quisiera que me dieran su opinión… es un personaje propio x todo el harem de Dl, y lo que quería intentar con "Rosa de sangre" era pintar una protagonista con MUCHO más carácter que Yui desenvolviéndose en el mundo de los chicos, pa pronto, una latina hecha y derecha vs una panda de vampiros.
Espero sus comentarios! Besooooos!
