Fairy Tail y sus personajes no son de mi propiedad, le pertenecen a Hiro Mahima
Visitas (Parte 2)
Sakura se había dormido segundos después de terminar nuestra conversación. La acosté en el sillón grande y me senté en el suelo a su lado. Mire el reloj de pared, 10:00pm hace más de una hora y media hora que tenía que estar en mi casa, suspire. El sonido de una puerta abriéndose y cerrándose me saco de mis pensamientos.
—Haru —Él me miro con los ojos abierto.
—No vuelvas hacer eso, no sabes el susto que me diste —Puso su mano en el pecho, exagerado.
—Me quede porque no quería dejar sola a Sakura —Lo mire por unos segundo y me di cuenta de que si ojo estaba hinchado.
Me levante y fui a su dirección, antes de poder tocarlo él se alejó dos pasos, lo mire extrañado, avance otro paso y el retrocedió dos otra vez.
—¿Qué te paso en el ojo? —dije preocupada, él se cubrió el ojo con su mano derecha y pude ver como la maga de su camisa estaba cubierta de sangre—. ¿Por qué tienes sangre en la camisa?
Esta vez le pude agarrar el brazo antes de que retrocediera, en el momento en el que lo toque su cuerpo se puso tenso y su cara tenía un expresión como si hubiera visto un fantasma, no le tome mucha atención porque en el momento que vi su brazo me quede paralizada, su brazo tenía varias cortadas y unos cuantos pedazos de vidrios incrustados en la piel. Con toda mi fuerza lo empuje por la espalda a la cocina y lo senté en una silla.
—¿Tienen botiquín de primeros auxilios? —El asintió aun aterrado—. ¿Dónde está?
—En el baño principal.
Yo prácticamente salí corriendo al baño en busca del botiquín, cuando entre a la cocina vi como Haru intentaba sacarse los pedazos de vidrio con los dedos.
—¡¿Que estás haciendo?! —Le tome de la muñeca deteniendo su tarea—. ¡Estás loco!, ¡¿A caso quieres empeorar la herida más de lo que está?!
—Shh, Sakura está durmiendo —Deje de gritar al recordar a su hermana dormida en el sofá.
—Está bien, solo no te muevas te sacare los pedazos de vidrio —dije agachándome enfrente de él.
No sé porque pero cada vez que lo toco su cuerpo se pone tenso y me mira como si fuera el mismo diablo en persona. Nunca voy a entender a Haru.
Empecé a sacar los pedazos de vidrios con una pinza y después le pasaba un algodón con agua oxigenada. Con solo mirar como pedazos de piel se estiraban cuando sacaba esos pedazos me empezaba a doler a mí misma el brazo, pero solo quiero saber cómo Haru puede estar de lo más tranquilo. ¡Ni siquiera tiene una mueca de dolor! ¡Solo está mirándome fijamente, cosa que me pone aún más nerviosa!
—¿Cómo te hiciste esto? —pregunte sin detener mi tarea, él lo pensó por un momento antes de decir la escusa más estúpida del mundo.
—Me caí.
—Aja, y yo soy la mujer maravilla —dije con sarcasmo, el como respuesta gruño—, hace un tiempo hice trabajo comunitario en un hospital y te digo que está herida no es por una caída.
Puse los pedazos de vidrio sobre una bandeja, los cuales eran como 20 y algunos era del tamaño de mis dedos, ¿cómo es que no le dolía? Agarre las vendas del botiquín y empecé a vendar su brazo.
—Claro, al menos que te hayas restregados en el piso con los vidrios para que se incrustaran más.
—Bueno, tuve un accidente —dijo volteando los ojos.
—¿Qué clase de accidente? —pregunte terminando el vendaje, no me quedo tan mal como yo pensaba. Él se quedó callado un momento pensando su respuesta.
—Automovilístico —dijo en un susurro apenas audible, pero claro que lo escuche por lo cerca que estábamos.
—¿Automovilístico? —Levante mi ceja izquierda y el solo asintió—. ¿A caso me crees estúpida? Puedo ver tu carro por la ventana sin ningún rasguño —dije señalando la ventana a nuestro lado dónde se podía apreciar el hermoso Ferrari.
—Tsk —Desvió la mirada con la cejas pegadas—. Eres demasiado curiosa.
—Y tu un idiota.
—Gracias —dijo con una sonrisa yo lo mire de mala manera.
—Hablo enserio Haru, ¿qué clase de accidente?
—No es de tu incumbencia —Arrugo la nariz y cruzo los brazos.
—Otra vez esa actitud defensiva —Suspire cansada, no estamos llegando a ningún lado—, bien si no me lo quieres contar es tu problema.
—Bien.
—Bien —La se le empezaba a caer así que tuve que acomodarla de nuevo y apretarlo más.
—¿Puedes dejar de hacer eso? —dijo Haru parándose de la silla.
—¿Qué? —Ladee la cabeza confundida.
—¡Eso! Tocarme y acércate a mí, me pones nervioso y tenso —grito rascándose la cabeza con desesperación—, lo odio —dijo inflando los cachetes.
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¿Qué?, ¿Acaba de decir que mi presencia lo pone nervioso?
