A/N: Me he decidido a subir el siguiente capítulo de esta historia, aunque no estoy muy satisfecha con él, por lo que es muy posible que haga cambios.
Disclaimer: Doctor Who no es mío, ni nunca lo será.
Observó los alrededores curioso, no estaba en la Tierra, el planeta o la época le sonaban pues notó una vaga sensación de dejá-vù. La TARDIS había aterrizado en un callejón, junto a lo que parecían cubos de basura. Aquella gran cabina azul estaba situada de forma impecable entre dos paredes cuya fachada estaba compuesta por un montón de placas lisas negras, simulando alguna clase de enladrillado. Éso indicaba alguna influencia terrestre en quien planteó el diseño de las casas, por lo tanto habría de estar en la época de expansión de la raza humana.
-Dispersándose por las estrellas, llegando a cada rincón del universo. ¡Brillante!-dijo en voz alta de forma inconsciente, mientras miraba hacia los tejados con una amplia sonrisa en el rostro.
De pronto sus reflexiones se vieron interrumpidas por el ruido constante y frenético de unos pasos recorriendo la calle cuesta abajo.
Se giró casi de inmediato, y sin siquiera plantearse qué estaba haciendo se vio a si mismo caminando hacia el borde del callejón. Por la izquierda venía velozmente un niño ataviado con una vestimenta exageradamente arreglada. Unos pequeños pantalones cortos gris plomo ondeaban sobre sus rodillas, marcadas con la herida de algún que otro traspiés. El dobladillo estaba cosido con cuidado y de forma concienzuda, lo cual desentonaba con las manchas de polvo que poseía. Llevaba una blusa irregularmente sometida por la cintura, probablemente por su madre, que estaba también sucia. Por encima lucía una americana que aparentaba quedarle sutilmente grande, era seguro que fuese heredada. Como toque de gracia una pajarita que el niño se hubo aflojado cuando empezó a molestarle. Su pelo rubio estaba deliberadamente despeinado, luchando contra la gomina que le habían puesto para darle un aire más formal.
En el instante que pasó por delante de él lo hizo fugaz como una bala y no dudó en absoluto lanzarse a la carrera en pos de aquel niño tiznado. Corría con una velocidad endiablada, tal y como él lo solía hacer de joven. Presentía, por lo que vio brevemente en su expresión crispada y pesarosa, que no huía de nadie sino de la realidad en sí. Definitivamente le recordaba mucho a él. Bajando a un ritmo alocado por las callejuelas serpenteantes de aquella ciudad extraña, estuvo a punto de chocarse con algunos que por allí caminaban parsimoniosos. Súbitamente se metió dentro de un edificio ruinoso y abandonado.
¿Qué está pasando aquí? Oh, pregúntate qué motivo lleva a un niño de unos doce años a encerrarse solo en un lugar como éste.
Respirando muy fuertemente se detuvo en el rellano con agotamiento. Empujó la puerta sin ningún mecanismo de cierre mejor que una cuerda sin atar. Había unas escaleras viejas en frente, por las que, si no confundió el ruido que hicieron al crujir por el peso del chico con otra cosa, él debió de subir. Tratando vanamente de no armar un alboroto llegó al piso de arriba, donde aquel personaje tristón lo esperaba mirando con expresión de susto y duda.
-Hola, bonito lugar, bueno, -dijo poniéndose la mano detrás de la cabeza alargando el 'bueno' de esa forma indefinible tan suya- si te gustan los sitios lúgubres y solitarios. ¿Qué haces aquí?-preguntó con gesto preocupado.
-No es problema tuyo.-respondió de manera seca y cortante.
-Sip, tienes razón.-afirmaba poniendo énfasis en la 'p' al tiempo que el chico parecía mirarlo más atento que antes. Tal vez sorprendido por su inesperada respuesta.- No es asunto mío, pero me parece que necesitas que sea el asunto de alguien más.
-¿Alguna vez has perdido a alguien?-preguntó con un ademán taciturno.
-Demasiadas veces.
Lo miró fijamente, cuestionándose qué tenían aquellos ojos castaños para infundir una confianza casi instantánea. Ese hombre extraño proyectaba un aura invisible que conseguía infundirte la seguridad de poder dejar tu vida en sus manos con absoluta tranquilidad.
-¿No pensaste qué sentido tenía vivir? ¿Qué le importa a toda esa gente viva lo que a ti te pase? No veo ningún futuro, nada que pueda hacer cambiará lo sucedido. Va a seguir muerto y todo continuará sin tener significado. Soy diminuto e invisible, como él. Ahora a nadie le importa que se haya ido.
-Yo creo que puedes ser la persona con más relevancia de la historia y todavía no saberlo. Y también pienso que mientras a ti te importe, mientras tú te preocupes por alguien esa persona nunca estará perdida ni olvidada.
-Ya, claro...-contestó esbozando una sonrisa escéptica y vacía.
-Espera un segundo -le pidió entretanto corría devuelta a las escaleras.
El chico se asomó a la barandilla, observándolo bajar a toda velocidad. "¿A dónde vas?". Preguntó confuso, un rato después le llegó desde fuera el rumor de un"¡Tengo que enseñarte algo, quédate ahí...!".
El Doctor llegó al callejón donde se hallaba la TARDIS jadeando, se apoyó en la puerta y sacó la llave. Unos momentos después estaba dando vueltas pilotándola hasta la casa abandonada.
El chico escuchó un ruido peculiar y estrepitoso en la calle, por lo que miró por la ventana sorprendiéndose al ver una cabina de policía azul fuera. Curioso se dispuso a salir para examinar el llamativo objeto. Cuando llegó al umbral de la puerta pudo ver al hombre que se había marchado corriendo abrir la puerta diciéndole:
-¿Te gusta mi TARDIS?
-¡¿Tu qué?!
-T-a-r-d-i-s. Tiempo y dimensiones relativas en el espacio.-hizo una pausa y al ver que continuaba no entendiendo ni una palabra añadió- ¡No importa! Lo comprenderás cuando lo veas. ¿Quieres entrar?
El chico dio varios pasos, dubitativo. ¿Acaso pretendía que ambos cupiesen dentro de la pequeña cabina? Finalmente ignoró sus reparos y entró sin titubear. Su boca se abrió creando una o, mirando al hombre de brazos cruzados que se apoyaba sobre algo similar a una mesa llena de cosas. Abandonó el lugar corriendo y rodeó la cabina, palpándola con incredulidad.
Dentro el Doctor sonreía abiertamente, le encantaba cuando hacían éso. Cuando volvió adentro exclamó:
-¡Es más grande por dentro!
-Sip. Pero no es eso lo que quiero que veas. ¡Agárrate!
La TARDIS despegó oscilante, haciendo que sus pasajeros se tambaleasen. Al cabo de un tiempo se detuvo y el Doctor lo invitó a abrir las puertas. A los pies del chico se alzaba un barrio marginal diminuto, que reconoció como el suyo. Más al fondo había una ciudad de altos e imponentes edificios, la cual había visitado en una ocasión con su familia cuando era más pequeño. El sol se ponía a un lado, creando reflejos dorados en las vidrieras de los rascacielos. No se percató hasta que habló de que el Doctor estaba a su lado.
-¿Lo ves? Miles de personas, gente viviendo, respirando, pensando. Millones de seres vivos maravillosos que podrían cambiar el mundo en cualquier momento. Construyendo esos edificios altísimos en un planeta diminuto, en un pequeño sistema solar, en el medio de una galaxia. Tan insignificantes. Pero, ¿quieres saber algo? Las personas que parecían más irrelevantes, han cambiado la historia y, créeme, ninguno de ellos pensaban que podían ser ni remotamente importantes. He visto tantísimas cosas y; sin embargo, sé que todavía no he presenciado ni la mitad. Me he preguntado, tal vez demasiadas veces qué sentido tenía todo y cada vez que dudo miro ésto. Personas, que se ven diminutas cuando son gigantes. Son simplemente... brillantes. Así que si te preguntas cuál es el significado baja la vista. No veas el futuro como un gran agujero, porque el futuro no es más que una nueva aventura.-terminó con una enigmática y cautivadora sonrisa.
-Si...-contestó con los ojos llorosos. Reconfortado por una extraña sensación de calma. De pronto se percató de algo fundamental.-¿Quién eres?
-Soy el Doctor.-afirmó con expresión risueña.
-¿Eres médico?
-No exactamente...
-Entonces debes de ser rico. Jamás había visto una nave como ésta.
-Bueno, soy Lord.
-¿Conoces a la reina?
-He conocido a unas cuantas.-declaró añadiendo un resoplido al final.- Aunque lo que sucedió con la última está borroso. ¿Tú cómo te llamas?
-Fred.
-Bien, Fred. ¿Cuánto hace que te escapaste? Tu familia estará preocupada por ti.
-Tres días...¿cómo lo sabes?-preguntó incrédulo.
-Digamos que sé lo que es huir de casa. Llevo más tiempo corriendo que tú, noto cuando alguien intenta hacer lo mismo.-su mirada se perdió unos segundos apenas perceptible, recordando partes de su vida en las que solía evitar pensar- De acuerdo,-volvió rápidamente a la consola-¿dónde vives?
-En el bloque setenta y seis, la casa número treinta. Es un lugar muy pequeño, ¿podrás encontrarla?
-Bloque setenta y seis, número treinta.-decía al tiempo que levantaba una palanca con un movimiento enérgico-Marchando.
Y eso es todo por ahora.
