Disclaimer: Los personajes de DGray-Man no me pertenecen, son exclusivos de Katsura Hoshino. Esta historia está libre de fin de lucro.
Capítulo cuatro
Rompió el contacto de sus labios, para darle paso a la visión que tenía enfrente suya, con la intención de cerciorarse de que no fuera una sueño o alucinación, ante la marcada necesidad y traicioneros deseos.
Lenalee estaba acostada en el camastro, con su corta cabellera violeta esparcida en la almohada, con los ojos entrecerrados, con las mejillas sonrojadas y esos labios rosados entreabiertos.
¿Era ella? ¿Era él? ¿Eran los dos?
Su vista viajo un poco más abajo, encontrándose con el desnudo y blanquecino cuello, viendo ese pecho subir y bajar ante la agitación, por los contados besos que le robo a la chica.
Bajó el rostro y cerró los ojos tratando de encontrar una razón para detenerse, para no avanzar a la zona que le estaba totalmente prohibida, a pesar de que la puerta estaba abierta de par en par, ofreciéndole el Edén que no le pertenecía.
¿A caso él no merecía un poco de felicidad?
—¿Kanda?
Alzó la mirada al escuchar la dulce voz de Lenalee, encontrándose con esos interrogantes ojos violetas y la calidez de la suave mano que acunó su mejilla con infinita ternura.
—¿Por qué estás aquí? —Cuestionó entre dientes.
—¿No es obvio?
—No, se supone que tú…
—¿Yo qué? —Le acarició el pómulo con la yema del pulgar—. ¿Qué es lo que te has estado imaginado?
Abrió la boca, pero no pronunció absolutamente nada, a pesar de tener en su cabeza y en la punta de la lengua el nombre de Allen.
¿Por qué todo se trataba de Allen Walker?
Lentamente los parpados bajaron cubriendo su visión, mientras disfrutaba del calor y la suavidad que le regalaba la peli-violeta. Convirtiéndose en el afecto más confortable y dulce que había recibido desde que había vuelto a nacer.
—Kanda…
—Deberías irte —dijo sin abrir los ojos—. Vete, no quiero que después te arrepientas por haberte quedado aquí.
—¡Oh, Kanda!
No pudo evitar el abrir los ojos, al momento en que sintió ambas manos sujetarle del rostro y los suaves labios rozar con los suyos. Volviéndose en una libre y pudorosa invitación a continuar lo que tanto deseaba en esos instantes.
—Ya no soy una niña —le sonrió dulcemente—. Sé muy bien lo que quiero, a pesar de saber que el final me destruirá.
—Lee…
—Lenalee… Me llamo Lenalee, Yū…
A pesar de todo pronóstico de enfado y una posible rabieta, sintió como si le estuvieran acariciando el alma. Ese detestable nombre, sonaba tan bien en la aterciopelada voz de Lenalee.
—Te quiero…no…te amo, Yū —dijo entre una risilla nerviosa, mientras aumentaba el sonrojo de sus mejillas—. Y quiero estar contigo, hasta el último día.
Pegó su frente a la de ella y miró fijamente a los hermosos ojos violetas, que le reafirmaron esas esperanzadoras palabras.
—Tonta…
Lenalee rió dulcemente y los delgados brazos lo atrajeron, fundiéndolos en un cálido abrazo, el cual no dudo en responder con necesidad.
Si su vida fuera a terminar en esos momentos, que fuera entre esos brazos que le ofrecían sosiego y el mismo paraíso.
Ya no había vuelta atrás, había decidido en continuar.
Las temerosas caricias, se convirtieron en una inevitable necesidad, mientras que los besos dejaron el miedo, para convertirse en el medio con el cual obtendrían el alma del otro.
Las ropas habían sido despojadas torpemente, el contacto errático y los suspiros que rebotaban en las paredes, era lo único que rodeaba su mundo en esos momentos.
Los nervios los había invadido por igual, aunque estaba seguro que fue por motivos totalmente diferentes.
Lenalee mostraba lo desubicada que se encontraba, afirmándole lo inocente que era. La nula información del acto sexual la delataba. Era obvio que su vida había girado sólo en las batallas, y que su hermano había impedido que esta averiguara más allá de lo que como señorita debía saber.
Sin embargo, el cuerpo desnudo, caliente, ansioso y libido le gritaba desesperadamente el ser tomado de una vez por todas.
En cuanto a él, a pesar de tener conocimientos, tampoco es que supiera mucho al respecto.
Había visto algunas ilustraciones en viejos libros, y había escuchado a los más viejos de la orden hablar sobre el tema. Ni hablar de las cosas que el mismo Lavi, había platicado al respecto, a pesar de ser tan joven y virgen, pero al final de cuentas, se trataba de enciclopedia andante.
Tomó con demanda los enrojecidos labios, mientras descendía su caricia desde el cuello, pasando entre el valle de los cremosos senos, siguiendo el camino por el vientre, para terminar entre los muslos de la chica.
Lenalee cerró instintivamente sus piernas, abrió sus ojos asustada y rompió el contacto de sus bocas, con la intención de cuestionar lo que estaba haciendo, pero su descontrolada respiración no le ayudaba.
—¿Qué…qué…haces? —Espetó al sujetarle del brazo.
—Saber si estás lista —respondió sin titubear.
—¡¿Ah?! —Exclamó sorprendida, mientras el rostro se pintaba completamente de rojo de la vergüenza.
—Se supone que debes estar lubricada —habló sin miramientos—, sino lo estás, podría lastimarte si entro en ti.
—Pero…pero…pero… —Infló sus mejillas enrojecidas y miró hacia otra parte—. Es vergonzoso, y es tan sucio…
—¿Quieres que paremos?
—¡No! —Se mordió el labio, reprendiéndose por haber gritado.
—Abre las piernas —le ordenó con sutileza.
Lenalee se mostraba reticente ante su petición, pero al final termino accediendo, dándole la libertad necesaria para que sus dedos se abrieran paso a la caliente y húmeda cavidad. Acción que repercutió en el cuerpo femenino, que se estremeció ante el contacto, ni que decir del gemido que escapo de los dulces labios, los cuales ella misma cubrió al instante.
Malditamente excitante.
Verla completamente desnuda, con esa ligera capa de sudor recorriendo su piel, la acelerada respiración, el rostro enrojecido y la humedad que brotaba de su intimidad, era suficiente para excitarlo.
Su corazón latía cada vez más rápido, su cuerpo le cosquilleaba y su endurecido miembro deseaba poseer a la peli-violeta de una vez por todas. Necesidades desesperadas, que debían esperar.
Con su dedo índice tocó un pequeño punto carnoso, que provoco que otro espasmo recorriera el menudo cuerpo de su compañera.
La observó esperando ver la reacción de la chica, al momento en que volvió a tocar ese punto. Obteniendo como respuesta la misma reacción por parte de Lenalee.
—¿Te duele? —Cuestionó curioso. Ante la posibilidad de haberla lastimado.
—No… —Respondió en un suspiro.
—¿Qué sientes? —Indagó, volviendo a tentar la misma área.
—Kanda… —gimió su nombre.
Los ojos entreabiertos y llorosos, los pómulos teñidos de carmín y esos labios separados, era la demostración de inocencia y sensualidad en una sola expresión.
Lenalee era una mujer erótica.
Sus dedos recorrieron los mojados pliegues, llegando en la pequeña hendidura donde provenía la esencia de la chica.
Hundió su dedo medio en la cavidad, recibiendo una respuesta al instante por parte de Lenalee, que apretó su brazo entre sus piernas, pero aun así no pudo impedir que su dedo entra por completo.
Las paredes carnosas y calientes, palpitaban alrededor de su dedo de una manera extraña, era como si le estuviera succionando, mientras era bañado por el espeso líquido que emanaba de su interior.
—Kan…Kanda… —Le llamó entre sollozos.
—¿Se siente bien? —Preguntó viéndola a la cara—. Tks…sino me dices lo que sientes, no podré saber cuándo algo te gusta o te lastima.
—Es extraño —pronunció a tropezones—, y a la vez vergonzoso.
—Hmmm…
Comenzó a mover su dedo de manera circular, obteniendo nuevas reacciones de su amante. Pero esa vez no preguntaría nada, se daría cuenta por su cuenta de si la peli-violeta lo estaba disfrutando o no.
Primero movió su dedo a la misma dirección de las manecillas del reloj, después lo hizo a la inversa, en seguida cambio el rumbo al moverlo de adelante hacia adelante, y, para terminar, sacando y metiendo su dedo constantemente.
Lenalee gimió a los estímulos que le ofrecía, aferrándose a la sábana, sus senos se mecían tentadoramente y su cadera empezó a moverse instintivamente. Acciones que afirmaba que ella estaba gozándolo, que le estaba gustando lo que hacía.
Bajó su rostro al nivel del pecho y con su boca apreso el duro pezón, empezando a lamerlo y chuparlo, mientras introdujo un segundo dedo en el interior de Lenalee, que gimoteó fuertemente ante el nuevo invasor en su estreches.
Así continuo su placentero trabajo, devorando los generosos y sensibles senos, al igual que seguía estimulando y dilatando un poco más el interior de la joven mujer, preparándola para que fuera capaz de recibirlo dentro.
—Kan…Kanda… —Lo nombraba con voz entrecortada—. Deten…detente…por favor, algo…voy a explotar…
La ignoró por completo y siguió penetrándola con sus dedos, acelerando aún más los movimientos. Como respuesta, ella lo sujetó fuertemente del cabello, sus piernas se contrajeron y sus caderas se alzaron.
Un fuerte gemido hizo eco en la habitación, al mismo tiempo en que el pegajoso fluido salió del interior de la peli-violeta.
Retiró su mano que estaba empapada llevándola a su palpitante y caliente pene, al cual masturbó con la esencia que le había regalado Lenalee. Ya que si planeaba entrar en ese estrecho espació, debía lubricarse lo mejor que podía, o eso es lo que le habían dicho.
Lo último que quería era hacerle daño a su compañera, cuando sabía que sería imposible. Después de todo, la virginidad de su pareja era algo que tenía bastante presente.
Incluso para eso, las mujeres tenían que sufrir.
Se acomodó entre las esbeltas y largas piernas de la peli-violeta, se colocó sobre su cuerpo, robándole unos cuantos besos, como si con ello pudiera calmar a la desorientada Lenalee. Aunque fue suficiente para centrar su atención en él, ya que los orbes violetas se clavaron en sus ojos.
—Tks… —Gruñó entre dientes al no querer preguntar, pero debía hacerlo—. Esta es la última oportunidad que tienes para detener todo esto. ¿Quieres que pare, Lenalee?
—Ya es muy tarde para echarme atrás —respondió con una pequeña sonrisa—. Quiero hacerte sentir bien…
—Tks…eres una tonta —dijo al instante en que se irguió.
Se posicionó de la manera en que su sexo tuviera contacto con el de ella, rozando la punta de su miembro los pliegues húmedos, contacto que hizo estremecer a Lenalee.
—Voy a entrar… —Le informó.
—Está bien —asintió nerviosa.
Introdujo lentamente la cabeza de su falo, abriéndose paso al interior de la peli-violeta, tan despacio y suave como podía, mientras miraba como cambiaban las facciones del rostro de su amante.
—Lena…
—Sigue… —Pidió en voz baja.
Frunció el ceño al ver las lágrimas que escaparon de los ojos violetas, al momento en que rasgo aquella delgada tela que le impedía avanzar. Sin embargo, no se detuvo hasta que introdujo por completo su pene.
Los besos que comenzó a recibir por los delgados labios del japonés, trataban de calmar aquella punzada de dolor. A pesar de que no se comparaba con el dolor que provocaban las batallas, se resentía y era molesto. Pero al mismo tiempo era una sensación extraña, al sentir aquello invadirla, sintiendo dentro de sus entrañas aquel palpitar ardiente.
Kanda no se movió ni un solo milímetro, simplemente permanecía encima de ella, besándola sin prisa alguna. Y no se movería, hasta que fuera ella misma quien le dijera estaba lista para continuar.
Llevó sus manos hacia el rostro del pelinegro, retirando las largas hebras del rostro de su amante, ganándose así la afilada mirada azul.
Su corazón se aceleró precipitadamente, no solo por los penetrantes ojos, sino por la calidez y la manera tan dulce en que la estaba cuidando. Una faceta que nadie conocía, ni siquiera ella, que tenía años conociéndolo.
Que bien se sentía ser amada.
Besó suavemente los labios de su compañero y sus manos se colocaron en los duros pectorales del japonés.
—Estoy bien… —habló apenada—. Quiero que continúes, Kanda.
—¿Estás segura? —Espetó dudoso.
—Sí —sonrió.
—Hmmm…bien.
Kanda se volvió a erguir, dándole una espectacular vista del hombre que había decidido entregarle su primera vez en todo.
El largo cabello negro se pegaba a la piel empapada de sudor, el ancho pecho subía y bajaba al son de la agitada respiración, las níveas líneas que marcaban cada uno de los músculos en el delgado cuerpo, incluso aquella área en donde ambos estaban unidos.
Su piel se erizó al sentir las grandes manos acariciar sus piernas, mientras su vientre se sobrecalentó al instante en que el pelinegro empezó a moverse en su interior.
En un principio las penetraciones eran sutiles y rítmicas, de tal manera que podía sentir el roce del miembro masculino con las paredes de su vagina. Logrando que su cuerpo volviera a perder la serenidad, dándole entrada a la agitación y los gemidos que no podía detener.
Cuando la cogió de la cadera y la penetró con fuerza, su espalda se arqueo involuntariamente, al igual que el grito que broto de sus labios. Y fue ahí cuando todo dio entrada a la pura e irracional entrega.
El golpeteó de la escurridiza cadera entre sus muslos, el sudor que recorría sus pieles y aquel calor que los sofocaba, logró que su mente comenzara a nublarse, convirtiéndose un plano blanco.
Kanda volvió a refugiarla entre sus brazos y empezó a callarla a besos, mientras seguía embistiéndola hasta la parte más profunda de su interior.
No pudo más que aferrarse a la espalda del pelinegro, con una necesidad desesperada y temerosa, ante la idea de que esa placentera sensación se acabara, de que él se fuera. Quería aferrarse a ese momento y mantenerlo a su lado, impidiéndole a las personas, a la orden, a la vida, a la muerte misma el que se lo llevará.
Kanda era suyo y no lo dejaría ir.
—¡Oh…Kanda! —Gritó su nombre al sentir como aceleró sus movimientos—. ¡Kan…Oh por…!
—Tks…ya no aguanto —gruñó entre dientes—. Lena…
En ese instante sintió como si todo se hubiera detenido, su mente se envolvió en un destello de luz y su corazón se detuvo. Fue como si hubiera caído en entre los cálidos y amables brazos de la muerte, por unos cuantos segundos.
—¿Oi, estás bien? —Preguntó con voz ronca.
Abrió los ojos al escucharlo y sentir como esa mano retiraba el flequillo de su rostro.
—Te ves cansado —murmuró.
—Tks…
—Yo estoy cansada —le dio una lasa sonrisa.
—Eres una tonta, Lee —apoyó frente a la suya.
Sonrió ante las palabras del gruñón chico, ya que no importaba cuantas veces se negará a decir algo lindo, porque no había necesidad de que lo hiciera.
~O~
No sabía cuánto tiempo había pasado, ni mucho menos en que momento había cerrado los ojos. No notó que el cansancio se había apoderado de él, cada vez su vulnerabilidad se volvía latente y eso le molestaba.
Frunció el ceño molesto, pero no precisamente por la situación que estaba viviendo, sino porque pudo sentir como algo —o más bien alguien—, le miraba con insistencia, incluso como se remolineaba frente de él, y como ocupaba su brazo como si de una vil almohada se tratara.
Abrió los ojos para encontrarse directamente con los iris violetas, que le observaban expectantes y con un brillo particular.
—Hola —le saludó en un susurro.
Pestañeó un par de veces, para enfocar y acostumbrarse a la escasa luz que había en la habitación. Ya que parecía aun ser de noche y la vela que descansaba en la pequeña mesa, ya se había extinguido.
Centró su atención en su compañera, que cubría su desnudes con la sábana blanca, que también lo cubría a él, aunque solamente la parte inferior.
—¿Aun es de noche? —Preguntó para cerciorarse.
—Sí —le sonrió.
—Hmmm…
—¿Qué ocurre? —Le miró curiosa—. ¿A caso esperabas despertar solo?
—Sí —fue sincero.
—Que rudo eres, Kanda —infló sus mejillas.
—No es bueno que te vean salir de mi habitación, podrías provocar la guerra —le recordó—. Si tu hermano se va enterar de esto, quiero que sea por mí.
—¿Y qué le dirás a mi hermano? —Preguntó entre risillas.
—Tks… ¿Qué no es obvio? —Le pellizcó la mejilla—. De que somos pareja, y ahora eres completamente mía.
—¿A sí? —Ocultó su sonrojado rostro contra su pecho.
Hasta el día en que mi cuerpo y mi alma ya no puedan más.
—Tks…eres una tonta, Lee… —Apoyó su barbilla en la corona violácea.
—Y tú un gruñón —murmuró sobre su piel.
—Tks…cállate y duérmete.
—¿Pero no querías que me fuera? —Alzó el rostro, mostrando su curiosidad.
—Qué más da, al final terminaré siendo acosado por una de las estúpidas creaciones de tu inepto hermano.
Lenalee se soltó riendo y volvió acomodarse, abrazándolo y ocultando su rostro de nuevo en su pecho. Acción a la cual solo asintió abrazándola y pegándola aún más a él.
—Gracias —musitó.
—Tks… —La sujetó con firmeza, antes de abrir la boca—. Gracias a ti, Lenalee…
Sabía qué hacía mal, que estaba siendo egoísta, que era un infeliz al permitir tal acto. Pero por una sola vez, lo único que deseaba era olvidarse de dolor y sentir la paz que sólo ella podía regalarle.
Sabía que ella sufriría, por regalarle un poco de su amor.
Fin.
¡Hola a todos!
Aquí les traigo el nuevo y último capítulo de éste pequeño fic, el cual espero haya agradado y gustado.
El capítulo lo termine a la una de la madrugada de éste lunes, realmente no sabía cómo hacer la escena sexual, ya que es muy difícil manejar a dos vírgenes que poco conocen del sexo (o eso creo XD).
Quiero agradecerles a las personitas que agregaron el fic a sus listas de favoritos y de historias que siguen, al igual a los lectores anónimos.
Espero haberlo podido entretener y haberse llevado un bonito momento al leer cada una de las líneas escritas.
Un fuerte y agradecido beso a Fei, por el bonito review que posteo.
Y ya para terminar…
Cambios es un fanfic que escribí con mucho cariño para mi hermanita querida, Sam. Quien ya había leído desde hace mucho los tres primeros capítulos, y espero que pueda leer este cuarto y último.
¡Espero y te haya gustado, hermanita!
Ahora sin más que decir, me paso a retirar.
¡Muchas gracias! :D
