A/N: Bueno, he aquí la parte 3 de esta historia. La inspiración escasea, por eso no puedo prometer nada especialmente bueno. Pero si a alguien le gusta, ya habrá cumplido su función.
Disclaimer: DW nunca será mío, la realidad duele.

"En la casa de Fred"

Al aterrizar Fred salió de la TARDIS, abriendo las puertas cuidadosamente, como temeroso de que al hacerlo despertase de un sueño y aquel maravilloso escenario se desmoronase. Perola cabina azul imposible seguía ahí cuando volvió a pisar el suelo. Destacando firme y llamativa entre el negro y gris de los alrededores, como un faro salvador. Viéndola así no pudo evitar plantearse cuántas personas habrían visto la nave y sentido lo mismo. Esa cabina extravagante traía esperanza con su tonalidad azul o el sonido que producía al trasladarse.

El Doctor permanecía quieto mientras Fred tenía la vista clavada en la TARDIS, no hizo ningún movimiento hasta que él se giro hacia el número 30. Pudo verlo presionar el timbre y unos pasos se dirigieron enseguida hacia la puerta, que se abrió de inmediato.

-¡Fred!-exclamó una mujer joven visiblemente preocupada- Llevamos tres días buscándote. ¿A dónde fuiste? Primero tu padre y después... pensé que te había sucedido algo.-comenzó a llorar con alivio. Las ojeras y bolsas que marcaban sus ojos se contraían en varios parpadeos tratando de frenar las lágrimas- Sé que tú también lo estás pasando mal, pero cariño, no puedes seguir desapareciendo así. La próxima vez me matarás del susto.

-Mamá, lo siento. No quería asustarte, pero no podía...-no terminó la frase interrumpido por un fuerte abrazo.

-No pasa nada. Un funeral no es sitio para un niño, no deberíamos haberte llevado.

-Debería haber sido más valiente y quedarme. Papá merecía que hubiese estado ahí para decirle adiós. Lo siento.

-Cariño, tu padre nunca te obligaría a hacer algo que no quisieses. Él siempre decía que el miedo no era algo malo, que lo único que los valientes no temen es admitir estar asustados. Vamos, entremos en casa, es peligroso quedarse fuera. Después de ver a la señora Elliot... esta ciudad ya no es como antes Freddie.

-¡Espera mamá!-exclamó el niño con inquietud, reparando en la presencia silenciosa del Doctor, que no se había atrevido a interrumpirlos.- Este hombre me convenció de volver, él me trajo. Podríamos...

-¿Usted encontró a Fred?- hizo una pausa y prosiguió tras un asentimiento por parte del Doctor como respuesta- No sé cómo agradecérselo...-la mujer lo miró esta vez con más detenimiento, la insólita vestimenta del hombre no dejó de captar su atención- disculpe, pero, si no es indiscreción, ¿no es usted de por aquí, verdad?

-No, soy el Doctor. Siempre estoy viajando, es la primera vez que vengo.-contestó sonriente rascándose un lateral de la cabeza.

-En ese caso si no tiene dónde alojarse, no tendríamos inconveniente en que se quedase unos días. Mi familia y yo conocemos muchos lugares que ver en la ciudad. Si usted quiere, por supuesto.

-¡Me encantaría!- en ocasiones normales el Doctor habría rehusado la oferta de la amable madre de Fred. Sin embargo su instinto le decía que ésta no era una ocasión común. La TARDIS me trajo hasta aquí por un motivo. Se recordó a si mismo.

Mientras entraban en un vestíbulo pequeño, muy bien distribuido de ahí que cupieran sin grandes problemas, Fred se dirigió a él en voz baja:

-¿Quieres saber lo que le pasó a la señora Elliot?-musitó casi sin mover los labios, con la pregunta el Doctor se dio cuenta de que Fred había notado su gran curiosidad.

-¿Quién es la señora Elliot?

-La señora Elliot era la esposa de el señor William Elliot, el antiguo dueño de la compañía de armas. Tuvieron que mudarse a aquí cuando el señor Elliot perdió todo su dinero. Verás, su fábrica más grande e importante se instalaba en un planeta del sistema vecino, un día fue destruida y crearon -continuó con expresión de extrañeza- una plantación de plátanos en su lugar.-el Doctor levantó la mirada por un momento hacia el techo, lanzando una risita- Hace unos meses a la gente le empezaron a pasar cosas... la señora Elliot se volvió loca la semana pasada. Nadie entiende lo que sucede y la policía no hace nada.

-¿Cómo sabes tú todo eso?-inquirió el Doctor pensativo y asaltado otra vez por la curiosidad. Desde luego la TARDIS sabía cuándo algo podría interesarle.

-La gente habla del tema continuamente, mis amigos y yo no somos adultos; pero siempre se nos dio bien escuchar. En el Oasis se cuece todo, por eso solemos ir.

-¿Qué es el Oasis?

-Es como un mercado, también un lugar de reunión. A mi madre no le gusta que vaya, porque la verdad, dentro no te puedes fiar de nadie, pero es la única forma de enterarse de lo que ocurre. A falta de uno, el Oasis se trata de lo más parecido a un periódico en los suburbios. Por ejemplo, el otro día se comentaba que en el hospital hay cada vez menos personal. La gente anda paranoica últimamente, aunque mi madre no lo sabe. Prefiero no mantenerla al corriente de estos rumores, ya le basta con tener que cuidar de mi y trabajar para mantenernos.

-Eres un chico listo.-sentenció el Doctor, impresionado por la madurez prematura del chico, pero sin manifestar su asombro del todo . Algo a lo que Fred no supo cómo responder.

Su charla se cortó por la aparición de un señor de mediana edad. Su pelo era largo y blanco, repeinado hacia atrás con prisa, y una nariz aguileña picuda terminaba de darle un aspecto de ave rapaz. Sin embargo, el par de ojos azules y la expresión amigable desechaban la primera impresión. Acababa de llegar al pequeño vestíbulo cuando levantó a Fred y le ofreció un abrazo firme, pero efímero. Después lo dejó en el suelo y se dieron un sólido apretón de manos.

-Frederick.-pronunció su nombre al tiempo que se miraban con complicidad.

-Tío Albert.

-¿Y usted quién es?

-Hola, soy el Doctor.- se presentó sacudiendo su mano derecha entre las suyas- traje a Fred a casa.

-Frederick, pequeño canalla. ¿Qué estuviste haciendo para que te escolte una autoridad?-preguntaba el tío Albert, sorprendiendo al Doctor con aquella actitud tan jovial. Sólo habían transcurrido tres días desde el funeral de su, posiblemente, hermano -...-el sonido del teléfono de Albert terminó momentáneamente con la cháchara, para cuando Albert colgó dijo:- Tu tío te manda recuerdos, lleva dos días muy atareado en el trabajo. Voy a volver a casa, dile a tu madre que estaré allí con tu prima, si necesita cualquier cosa que no dude en venir toma ésto.-dijo mientras le entregaba una bolsa, el objeto de su visita tal vez, a Fred- Oh, Enero ha caído, a lo mejor os interesa.

El Doctor y Fred caminaron hacia la cocina, donde la madre estaba asando algún tipo de carne, sin hacer mención a la extraña visita.

-Mamá, ¿puedo esperar a que la cena esté hecha en el salón?

-Claro hijo, recuerda haberte lavado las manos cuando te llame. Usted...-continuó dirigiéndose al Doctor.

-Llámame Doctor, sólo el Doctor.

-Oh, de acuerdo. Doctor, ¿querría tomar algo antes de cenar?-le ofreció cortés, sin percatarse de que al invitado le ponía de los nervios que le tratasen de usted, en lugar de eso parecía pensar en qué darle.

-No, no hace falta. Creo que estaré en el salón con Fred.

Se mantuvo callada, lo que el Doctor interpretó como respuesta y fue a reunirse con Fred, quien estaba contemplando la bolsa que su tío le acababa de dar hacía tan solo unos momentos. Al detectar la presencia del Doctor se giró, destensándose al comprobar que se trataba de él y no de su madre.

-Bueeeno... ¿qué hay en la bolsa?-comenzó a hablar con una mezcla de curiosidad y entusiasmo.

-¡Shh! Mi madre podría escuchar.-con sumo cuidado deshizo el nudo que mantenía cerrada la abertura en la tela y extrajo un artefacto metálico de su interior.- ¡No puede ser!-exclamó bajando la voz al instante, reprimiendo su emoción.- Es un lector, no puedo creerme que haya sido capaz de conseguirlo.-Viendo la expresión intrigada del Doctor prosiguió con la explicación entre susurros- Los lectores son decodificadores de información. Captan emisiones de televisión, aunque muy pocas porque casi nadie la usa, comunicaciones entre naves o campos telepáticos de bajo y alto nivel, entre otras cosas. En el último caso hay que utilizarlo con mucho cuidado, porque alguien hábil puede notarlo con relativa facilidad. Puedes llegar a intercambiar pensamientos que no son y dejar atontada a la gente, por lo que cualquiera se daría cuenta. Sin embargo, éste va perfecto con los lectores de la policía, instituciones, establecimientos... es justo lo que necesito en el Oasis. Claro que al tenerlo modificado ciertas funciones no son del todo legales, pero a situaciones desesperadas - el Doctor lo miraba con cierta satisfacción, sabía que no debería ser así ya que lo que Fred tenía no era lo más adecuado para un niño. No obstante le recordaba a sí mismo a su edad jugando con artefactos mucho más peligrosos en compañía de Koschei... incluso él, siempre sale de las peores situaciones y prefirió morir a quedarse conmigo...no debía pensar en el pasado, sólo le traería problemas. Ya no quedaba nadie más que él, no podía permitirse recordar cosas que lo pudiesen distraer. Tenía que seguir hacia delante, como siempre.- medidas desesperadas.

Y eso es todo por ahora.