Lamento mucho el tiempo que he tardado en actualizar, la verdad es que tenía las ideas pero no sabía cómo unirlas y esto fue lo que salió. Todavía dudo mucho de algunas cosillas, así que las revisaré un poco más en estos días. Espero aclarar algunas dudas o irregularidades del capítulo anterior, intento que no se vea todo demasiado forzado, pero no estoy muy segura de ello.
Gracias a ti que te tomas el tiempo de leerme.
–¿Qué pasó?
–La encontré tomada en las calles.
–¿Tomada? La señorita Fujioka no se me figura ese tipo de chicas.
–Pues te engañó perfectamente.
–Espera…
–¿Qué?
–…Acuéstala.
Vagamente escucho la voz de Kyouya llamarme desde lo más profundo de mi cabeza, las palabras me resultan enredosas, apenas logro entender algunas partes de la conversación que sostiene con Hikaru. Me siento confundida, mis pensamientos se enredan unos con otros y mi cuerpo se siente desconectado de la realidad, algunas manchas borrosas me indican que estoy nuevamente en el apartamento con los chicos, los cuales me miran con detenimiento lo que me parece un par de minutos.
Lo siguiente que veo es una luz brillante y los sonidos ahora ya no son entendibles, incluso me encuentro incapaz de decir algo. Lentamente cierro los ojos sabiendo que no puedo resistirme a la droga, lo único que puedo hacer es esperar que sus efectos se pasen, sólo ruego que Kyouya no crea soy ese tipo de chica, odiaría perder el departamento por este error.
Cuando finalmente abro los ojos debo cerrarlos con rapidez, la luz del día me da de lleno, confundiéndome un poco. Me enderezo torpemente para darme cuenta que estoy recostada en mi cama, aunque no recuerdo haber llegado hasta ella, fijo la mirada en el piso intentando ubicarme y recordar qué fue exactamente lo que pasara la noche anterior.
Había ido con mis compañeros del trabajo a un antro de moda donde pedí una bebida ligera considerando que no tomo mucho. Platiqué con Nozomi hasta la media noche cuando él se ofreció acompañarme a mi casa, caminamos tranquilamente hasta la parada del autobús cercana donde me sentí mal y él fue a buscar una botella de agua. Luego aparecieron ese sujeto y Hikaru… de allí todo es difuso, tengo algunas voces e imágenes en mi cabeza, pero se confunden de tal manera que ya no sé exactamente qué sucedió.
Escucho un zumbido molesto que identifico como mi tono de llamada, no distingo de dónde proviene por lo cual no logro contestar a tiempo. Finalmente en una silla a un lado de la cama encuentro mi bolso, corriendo a verificar que todas mis cosas sigan allí. Respiro aliviada al ver el monedero, un paquete de Kleenex, un lapicero, una pequeña libreta y mi celular. Reviso el móvil notando que tengo más de diez llamadas perdidas de Nakao y dos de mi padre, el cual me marcó anoche y esta mañana, seguramente preocupado al ver que yo no llamé. Rápidamente le mando un mensaje avisando que me acosté temprano y que al tener el celular en vibrador no lo escuché. Lo que menos deseo es mortificarlo, no tiene por qué enterarse de esto.
Pasa un par de minutos antes de que me llegue un mensaje suyo donde me riñe suavemente por no tenerle consideración y luego pide me cuide. Respiro aliviada y por fin reviso lo que me importa. Nakao ha llamado toda la mañana, seguramente preocupada por no haberle contestado la primera vez, espero no crea me fui con Nozomi, después de todo es día laboral y…
Mierda.
Verifico con horror que pasan de las 10 am y mi horario de entrada era a las 8, seguramente Jiro estará molesto ante ello y pedirá mi cabeza, pues a pesar de su carácter despreocupado e intrépido él sabe que la diversión y el trabajo no se mezclan. Me paro de un brinco de la cama y busco algo de ropa en mi ropero dispuesta a llegar al Café así sea a medio día, noto el frío del suelo reparando que no tengo zapatos, seguramente los chicos me los quitaron la noche anterior. A la mitad de mi búsqueda la puerta se abre entrando por ella Kyouya.
–Veo que ya se siente mejor –dice seriamente.
–Es tarde –alcanzo a decir.
–Si le preocupa su trabajo, descuide, no tiene que ir.
–¿Acaso Jiro llamó? –me detengo lívida, no puedo perder mi empleo.
–No sé quién sea Jiro, pero ya Hikaru se ha encargado del día de hoy, ha ido al Café a avisar que no podía presentarse –me avisa.
–¿Cómo saben dónde trabajo?
–Su amiga llamó esta mañana cuando no respondió el móvil, al parecer éste es el número que dio como segundo contacto.
–En caso de una emergencia.
–La cual ya ha ocurrido –se acomoda los lentes–. Haruhi, no soy el tipo de persona que se equivoca tan fácilmente al juzgar al resto, por eso me resisto a creer que anoche fuese tan irresponsable como para…
–No lo hice –le interrumpo molesta–, no tomo, fumo o me drogo, alguien le puso algo a mi copa.
–Tuve ese presentimiento.
–Afortunadamente Hikaru estaba cerca, pero de ahora en adelante evitaré ir a ese tipo de sitios.
–¿Por qué no me dice qué pasó?
Me extrañó un poco que el azabache luciera ligeramente interesado en los sucesos acontecidos, quizá sólo quería verificar que escenas como ésa no se repitieran, yo misma no me sentiría cómoda con un compañero de piso adicto a las drogas e investigaría un poco más al respecto. Me senté en la cama y relaté todo lo que me acordaba desde que entré con Nakao al Gato Negro, Kyouya me miró con atención sin decir palabra hasta que terminé.
–¿Es todo? –preguntó cuando quedé callada.
–Ya le dije que de allí tengo recuerdos confusos.
–Falsamente se cree que las drogas hacen efecto de inmediato, algunas toman varios minutos antes de entrar en el torrente sanguíneo y alcanzar el sistema nervioso dependiendo el excipiente con el que son mezcladas –comenzó a explicarme como si me tratase de una niña pequeña–. Últimamente hay una droga de moda conocida como Dama Blanca, afecta la corteza frontal principalmente provocando un estado de estupor y relajación muscular. No tiene sabor, por lo cual puede ser agregada en las bebidas sin que se note, su aroma es muy leve, dificultando su detección aun por los mejores perros entrenados. Sin embargo, es fácil propasarse con su uso, por lo cual muchos chicos terminan en el hospital.
–Imagino que debe saber de ello por su padre –me atreví a aventurar.
–Es sólo conocimiento básico –se encogió de hombros, restándole importancia–. Por sus pupilas dilatadas y letargo sospecho que anoche ingirió una dosis leve pero lo suficientemente poderosa para marearla unas horas. Si a ello agregamos el alcohol como catalizador y el cambio de temperatura del antro con el frío de la madrugada, el efecto se aceleró apenas salió.
–Algo así sospeché –contesté.
–Haruhi, ¿no se le hizo raro que su amigo le dejase en su estado por ir a comprarle una botella de agua a un par de cuadras? –me miró con detenimiento.
–Nozomi no es la persona con más sentido común y también había bebido.
–Exacto, él podría reconocer los efectos del alcohol en usted, debió sospechar que algo pasaba y pedir ayuda… a menos de que eso quisiera.
–¿Qué trata de decir?
–Sospecho que fue su amigo quien le puso la droga a su bebida mientras iba al baño, aprovechando de seguro un momento de distracción de sus acompañantes, o bien ellos estaban enterados de su plan.
–No podrían; Nakao no es ese tipo de chicas, Jiro jamás lo permitiría y no imagino a Nozomi recurriendo a ello.
–Nadie dejaría a una chica sola a la mitad de la noche y menos en el estado en que te encontrabas, él sabía que los seguían porque a eso se dedica: a conseguir chicas –me dijo seriamente.
Quedé muda. Todas las cosas que dijera parecían cobrar sentido para mí poco a poco aunque quisiera negarlo, no podía aceptar que el chico con el cual conviviera por meses fuera ese tipo de persona. Era cierto que no teníamos un trato cercano, ¿pero podía realmente haber intentado lastimarme? Y Jiro, ¿estaba enterado? Sabía que eran muy cercanos, el azabache tenía que desconfiar de él o haberle visto hacer algo sospechoso en el tiempo que tenían de conocerse, de no ser así no quería imaginarme qué tipo de persona era para manipular tan fácilmente al que decía ser su mejor amigo. El teléfono volvió a sonar en ese momento y como aún lo tuviera entre mis manos lo contesté de inmediato, escuché la voz angustiada de Nakao al otro lado de la línea.
–¡Haruhi! –gritó tan fuerte que casi revienta mi oído– ¡¿Cómo estás?! ¿Estás bien? ¿Te hicieron daño?
–Hola Nakao, estoy bien.
Kyouya aprovechó ese momento para salir del cuarto, dejándome con algunas preguntas todavía rondando en la cabeza.
–¡Menos mal! –escuché suspiraba aliviada– Te he llamado toda la mañana desde que ese guapo azabache se fuera, me quedé muy preocupada.
–¿Ehhh? ¿Hikaru? –pregunté confundida.
–Oh, ¿así se llama? No pude oír su nombre, muy temprano llegó molesto pidiendo hablar con nuestro Jefe, Jiro se hizo cargo de todo… Haruhi, te debo una disculpa, no sabía que Nozomi era ese tipo de persona, lo juro, de ser así jamás lo hubiera invitado y menos te hubiese dejado ir con él.
–No hay problema, en serio.
–De cualquier modo, Jiro ya lo despidió, así que no debes preocuparte cuando regreses a trabajar, él también está muy apenado contigo; no podíamos hacernos cargo del Café nosotros solos, así que nos ha dado el día libre, procura descansar un poco. Comprenderé si no deseas regresar a trabajar con nosotros, pero realmente quiero que sepas que Jiro y yo no sabíamos nada.
–Unnn… –asentí.
–Sé que tal vez no me creas y no te culpo de ello, ¿pero podríamos vernos mañana? Incluso si renuncias, me gustaría disculparme apropiadamente.
–Sí, no te preocupes, nos vemos mañana.
–Hasta luego, Haruhi.
Colgué sintiéndome un poco mal, ¿podía creer en las palabras de Nakao? No lo sabía, ni siquiera concebía el hecho de abandonar el Café. Me dejé caer en la cama sin saber qué hacer, lo único cierto era que Kyouya y Hikaru me había ayudado la noche anterior aun sin conocernos realmente. Me paré como impulsada como un resorte, tenía que agradecerles cuanto antes; salí del cuarto decidida a buscarles, mas solo encontré al de lentes en la sala tomando una taza de café negro mientras leía el periódico.
–¿Senpai? –lo llamé.
Kyouya clavó sus ojos oscuros en mí, interrogándome con sólo una mirada, yo agaché la cabeza y reverencié.
EL LADO OSCURO DE LA LUNA
Toda la tarde del sábado pensé si debía continuar trabajando en el mismo Café o buscar otro empleo. Kyouya me había informado que pasarían unas horas más antes de que la droga se eliminase totalmente de mi sistema y que debía estar bajo vigilancia ante el riesgo de que mi cuerpo entrase en lo que muchos llamaban "período de abstinencia"; incluso si sólo la probaba una vez se corría el riesgo de sentir que dependía de ella, por lo cual se ofreció en observarme, comenzando a anotar lo que él consideraba importante como el número de veces en que iba al baño o cuánto líquido tomaba, incluso registró mis estados de ánimo y preguntó si me sentía desorientada. Supuse que haría un informe con los datos que recabara, pero realmente no me importaba.
Intenté repasar un poco los últimos artículos que habíamos visto en clases, mas no pude concentrarme por mucho tiempo; prendí la televisión pero no encontré nada interesante en la misma además de una película de Hayao Miyasaki que viera con mi madre cuando era más pequeña. Me decidí por ésta y preparé un bol de palomitas para disfrutarla, ofreciéndole al de lentes, pero él rechazó la propuesta.
Las horas transcurrieron lentamente, me entretuve resolviendo algunos crucigramas del periódico y revistas viejas, lavando ropa e incluso reacomodando los muebles de la sala a pesar de que eran bastante pesados. A la media noche yo todavía conservaba energía mientras que el de lentes llevaba rato bostezando y frotándose los ojos debido al cansancio, esto era lógico sabiendo cómo se exigía el resto de la semana.
–Es todo, me voy a dormir –dijo, parándose de su asiento y caminando rumbo a su cuarto.
–De acuerdo, senpai, yo aún no tengo sueño, así que me quedaré un rato.
–Es probable que sea un efecto secundario, algunas drogas alteran el ciclo circadiano –me avisó antes de abrir la puerta–. Se pasará en un par de horas, o al menos eso espero.
–Buenas noches –le despedí.
Rebusqué en la televisión, pero a esas horas sólo había películas porno y canales de compra por teléfono, por lo cual la apagué y encendí mi laptop para distraerme. Apenas tenía un par de amigos conectados, lo cual era entendible pues la mayoría reponía las horas de sueño o salía a divertirse. Busqué algunos videos en Internet e incluso adelanté mi tarea, pero me sentía demasiado ansiosa como para estar sentada frente a la portátil leyendo las leyes penales. Mientras esperaba la descarga de algunos libros que necesitaría a lo largo del semestre decidí salir a la pequeña azotea del departamento para relajarme un poco.
La noche era igual de fresca a la anterior, me senté en una de las pequeñas bancas que allí había y contemplé el ir y venir de la gente que a esas horas todavía transitaban las calles. El ruido de los coches y el paso constante de los pequeños puntos bajo mis pies me calmó un poco, admiré las plantas que adornaban el pequeño jardín que teníamos, todas eran alegres y de suave fragancia, algunas abrirían pronto y sería un espectáculo bello de ver. Mis pensamientos se dirigieron en ese momento a mi madre, me pregunté si verdaderamente ella me veía desde el cielo, nunca he creído en ese tipo de cosas, considero que son un bonito cuento para los niños pero alejadas de toda realidad… sin embargo, si verdaderamente ella vela por mí desde allá arriba quiero creer que fue la que me envió a Hikaru la noche anterior.
Lentamente el sueño comenzó a invadirme, parándome de allí antes de agarrar un resfrío. Cerré los archivos de la computadora y la apagué antes de ir a mi recámara, me cambié dispuesta a descansar de la agitación del día consultando la hora en el reloj a un lado de mi cama. Eran las 2:38 am y el azabache todavía no regresaba, me pregunté si acaso estaría en otra fiesta como ayer o si por el contrario había ido a visitar a su familia. Poco después me dormí.
EL LADO OSCURO DE LA LUNA
–Ha-Haruhi…
Nakao me miró con tristeza. Sabía que tenía remordimiento, pues ella había insistido mucho en que los acompañase hasta que finalmente lograra ceder. Al parecer no sabía la forma correcta de iniciar una conversación después de enterarse del incidente, pues le vi desviar la mirada nerviosa al tiempo que se mordía el labio inferior.
–Está bien, en serio –intenté tranquilizarla–. No me ha pasado nada.
–¡Pero pudo ser! –volteó a verme– Te puse en peligro irresponsablemente.
–No podías saberlo, Nozomi nos engañó a todos –fui a mi casillero por mi uniforme.
–Yo tenía que haberme asegurado de que llegases a salvo a casa, en lugar de ello me fui con Jiro… cuando pienso en lo irresponsable que fui, yo…
–Tranquila –me encogí de hombros.
–¿Eso significa que te quedas en el Café? –preguntó al verme colocar el uniforme.
–No veo por qué tenga que dejarlo –contesté con simpleza.
La chica se arrojó a mí, abrazándome con fuerzas mientras festejaba la decisión tomada. Escuchamos un suave carraspeo detrás de nosotras, girándonos y topándonos con Jiro, el azabache tenía el labio partido y parecía mortificado al verme.
–Haruhi, me alegra verte. Temía no quisieras regresar luego del… incidente –tanteó el terreno que se le presentaba–. Me siento profundamente apenado contigo, realmente no tenía idea de las intenciones de Nozomi, como tu Jefe estás bajo mi responsabilidad, fui muy descuidado al exponerte de esa manera, lo siento mucho.
El chico reverenció profundamente mostrando su arrepentimiento. A pesar de las costumbres japonesas no me sentía cómoda al verlo pedir perdón de esa manera, era demasiado irreal que el adolescente juguetón e irresponsable que acostumbraba ver cada tarde ahora mismo estuviese con la mirada gacha y las manos a los costados mientras esperaba mi respuesta. Le pedí se enderezara, obedeciéndome mansamente pero sin atreverse a mirarme a los ojos, Nakao creyó prudente dejarnos hablar a solas, por lo cual salió prontamente.
–Realmente no quiero hablar del tema, para mí está olvidado –le avisé–, lo único que necesito es regresar al trabajo y continuar como si nada hubiese pasado.
–Eso no puede ser, lo sabes bien. Ayer quise denunciar a Nozomi por venta de estupefacientes, pero no tengo pruebas para ello… comprenderé si tú también deseas ir a la comisaría.
–Fui hace un par de horas, no podía dejar las cosas así; si bien a mí no me pasó nada grave no podemos asegurar que no intentará lo mismo con otra chica.
–Entiendo… Cambiando de tema, me preguntaba si todavía querrías trabajar para mí.
–Si me lo permites…
–Por supuesto. Sin embargo, existe un ligero inconveniente… Comprenderás que no he podido conseguir un cocinero en unas cuantas horas –me miró seriamente–, pensaba cerrar un par de días mientras alguien más se presenta a solicitar el puesto, pero en esta temporada no podemos perder clientes, por eso me preguntaba si tú podrías reemplazar a Nozomi en la cocina.
Ahora que el rubio había sido despedido y denunciado a la policía no teníamos nadie a cargo de la comida, Nakao no era buena cocinando y lo cierto es que no me imaginaba a Jiro preparando las diversas recetas de nuestro Menú, el cual contenía muchos dulces. Era perfectamente entendible su postura ante la situación.
–¿Qué dices, Haruhi? –esperó por mi respuesta.
EL LADO OSCURO DE LA LUNA
–¡Dos banana cream pie para la mesa seis!
–Un cream bruleé y un frapé de amaretto para la mesa tres.
–Una tarta de almendras y dos capuccino para la mesa ocho.
Los pedidos comenzaron a inundarme, siempre me había agradado ver la cantidad de clientes que entraba por la puerta porque me hacía sentir orgullosa de nuestro servicio y la calidad de nuestra comida, pero sólo ahora comprendía que las cosas eran muy diferentes en la cocina, Nozomi debía ser muy rápido para realizarlos perfectamente en sólo minutos. Yo solía cocinar por gusto y siempre me tomaba el tiempo necesario en ello, tampoco me importaba mucho cómo luciera lo que preparase pues sabía que nadie más lo vería pero en ese momento quería que todo fuese intachable.
–¡Más rápido, Haruhi! –Jiro entró para recoger su parfait de fresas, notando que todavía estaba decorándolo.
–Hago lo que puedo, son muchos clientes.
–Es porque somos el número uno en Tokio –me avisó, saliendo de allí con el postre terminado.
Suspiré ante ello, no podía bajar la guardia, tenía que estar a la altura del Café y demostrar que aun sin Nozomi nosotros éramos los mejores. Estaba decorando una tarta de almendras cuando la puerta se abrió de golpe.
–¡Kyaaa! ¡Haruhi! –Nakao entró dando un pequeño brinco de felicidad– ¡Le va a pedir matrimonio!
No era extraño que algunos de nuestros clientes hicieran una propuesta así en nuestro pequeño Café, lo cierto es que los postres eran hermosos y sabían bien, además de que muchas parejas habían tenido su primer cita aquí, por lo cual el sitio les era idóneo. En esta ocasión, sin embargo, era la primera vez que se me encargaba preparar el dulce más importante, quizás, en la vida de una mujer. El novio había elegido nuestro panna cotta al caramelo, uno de nuestros platillos más pedidos y tal vez el que compartieran en su primera cita. Mi compañera me dio el hermoso anillo que debía colocar en el plato junto con la leyenda E + T escrita con caramelo derretido a un lado. Me esforcé, quería que fuera perfecto, por lo que di lo mejor de mí. Acomodé la copa justo en el centro antes de colocar el postre con cuidado y adornarlo con unas figuras sencillas, a un costado dejé el anillo junto con hermosas letras garigoleadas.
Nakao se marchó poco después con el panna cotta y una sonrisa de alegría en el rostro debido a la gran sorpresa que se llevaría la novia, tuve el impulso de salir de la cocina y ver la reacción que provocaría mi postre, quería saber si acaso lo alabaría o terminaría odiándolo. Sin embargo, tenía que ser profesional, aún había más órdenes esperando. Tal vez Jiro se dio cuenta de eso, pues estuvo en la puerta unos minutos, luego de lo cual sonrió y volteó a verme.
–Ha dicho que sí –me comunicó–, estoy seguro de que le ha encantado.
Mi pecho se infló de orgullo, sentía que había hecho las cosas bien y que por el momento podía cubrir el puesto del cocinero. Nakao regresó un poco después mientras me comentaba todos los detalles de la propuesta, a lo que el azabache contestó golpeándola en la cabeza con el Menú mientras le pedía volviera a su puesto.
Reí ante esa escena, sin importar la mala experiencia pasada me daba cuenta de cuánto había llegado a apreciarlos, incluso sus pequeñas peleas me parecían algo cotidiano y perfectamente normal. No podía simplemente irme del Café, ya no se trataba solamente del lugar de trabajo, era también el sitio donde me esperaban mis amigos.
Las horas pasaron relativamente rápido, la cocina era un sitio más absorbente debido a que me hallaba sola, suspiré rendida cuando Jiro salió con el último pedido y Nakao entraba a paso forzado mientras rebuscaba en la heladera las sobras del día de hoy.
–Vas a engordar –le hice burla, sabiendo lo adicta que era a los dulces.
–¡Qué mala eres, Haruhi! –se quejó como niña pequeña tras encontrar un poco de helado– El Jefe nos deja llevarnos los sobrantes, ¿cómo podría rechazar esa propuesta?
–Terminaré pensando que es el único motivo por el que trabajas aquí –me burlé mientras empezaba a recoger los utensilios utilizados.
–Las propinas son buenas –alzó el pulgar derecho.
–En eso concuerdo contigo, pero los cocineros no reciben ninguna, espero Jiro pueda conseguir otro empleado en poco tiempo.
–Sigo sin creer que Nozomi fuera capaz de ello –Nakao quedó pensativa–, cuando recuerdo el tiempo que convivimos…
–Al parecer es cierto el dicho de que las apariencias engañan.
–El más afectado es Jiro –la pelirroja se asomó por la puerta, espiando al azabache, el cual todavía atendía a la última pareja del Café–, fueron compañeros desde la preparatoria, no ha de ser fácil para él. Haruhi, no digas que yo te dije, pero… incluso llegaron a los golpes.
–¿Ehhh? –la miré sorprendida.
–Cuando Hikaru contó todo lo que había pasado el Jefe no quiso creerle, justo en ese momento llegó Nozomi y tu amigo lo confrontó, no pudo negarlo al verlo tan enfadado. Las cosas se complicaron al punto de que Jiro tuvo que intervenir… salieron molestos del Café, cuando regresó tenía el labio partido y la ropa desarreglada, me dijo que Nozomi no volvería y que tampoco deseaba saber nada de él.
–¿Y Hikaru? –pregunté confundida.
–Él se marchó un poco antes, estaba muy molesto.
No había visto al chico desde la noche del viernes, tampoco se había aparecido en el apartamento ni Kyouya sabía dónde podía encontrarse. Toda la madrugada había estado pensando que un simple gracias era suficiente, mas ahora ello me parecía insuficiente, pero ¿qué podía hacer para mostrar mi gratitud hacia Hikaru? No nos conocíamos realmente y dudaba que le simpatizara, simplemente había hecho lo que cualquiera en esa situación.
–¿Todavía queda pastel de chocolate? –pregunté a la pelirroja.
Ante el asentimiento de mi amiga elegí la rebanada más grande y con más betún encima, metiéndola en una de las pequeñas cajas del Café y ésta en una bolsa. Sabía que no era mi mejor idea, pero no conocía a nadie que odiase el chocolate, por lo que esperaba Hikaru lo aceptara. Terminé de recoger y me despedí de mis compañeros iniciando el recorrido de vuelta a casa. Llegué al apartamento en pocos minutos cuestionándome continuamente la forma correcta de entregarle el pequeño presente. Me detuve frente a su puerta sin saber si tocar o no, decidiéndome a hacerlo.
No tuve respuesta, por lo que me extrañé, ¿dónde podía encontrarse? Hikaru no era el chico más sociable que conocía y francamente no me lo imaginaba yendo a casa de unos amigos, pues era aún muy temprano para ir a los antros o sitios de moda. Quizás estaba dormido, por lo cual me atreví a abrir la puerta con suavidad, algo que yo nunca haría y que incluso el día de hoy me arrepiento de haber hecho.
Su habitación era del mismo tamaño que la mía, incluso los muebles lucían iguales, aunque algunos detalles fueran diferentes. En las paredes tenía unos bocetos de crisantemos, así como en el pequeño escritorio junto a la ventana. En el buró a un lado de la cama habían muchos marcos con fotos, sin saber exactamente por qué me acerqué un poco. Todas ellas eran de las mismas personas. Hikaru y un chico idéntico a él salían retratados en varios lugares, la mayor parte de las veces abrazados y sonriendo a la cámara o mostrando la V de la Victoria, algunas otras con los pulgares alzados. Me pareció un poco extraño verle tan alegre y sociable, pareciera una persona totalmente diferente. Además, en todas las fotografías tenía el cabello de un peculiar tono anaranjado, así como el chico con el cual se encontraba, por lo cual era obvio que ahora se lo teñía.
Recordé la primera vez que había visitado el apartamento, en ese entonces su cabello era del mismo color que en las fotos, ¿por qué lo habría cambiado? Tal vez estaba sobre exagerando y era un simple capricho de su parte, Mei probablemente me diría que seguía la moda del momento o algo por el estilo, pero algo en mí decía que no se trataba de eso. Tomé uno de los marcos cuya foto había sido fechada y tenía algo escrito con marcador negro.
9 de junio. ¡Qué gran cumpleaños!
Los jóvenes tenían gorros de fiesta y la cara llena de merengue, sonriendo abrazados a la cámara. El hermano de mi compañero se recargaba en su hombro derecho y éste parecía disfrutar mucho de la celebración que lograba apreciarse detrás de ellos.
–¿Qué estás haciendo aquí?
Me giré sorprendida como si me hubiesen descubierto violando una de las Leyes más importantes de Japón, el marco escapó de mis manos por la sorpresa, dejándolo caer sobre la alfombra del sitio. Hikaru lucía molesto con mi presencia, pero lo que llamó mi atención inmediata fueron las enormes ojeras bajo sus ojos. Su rostro lucía cansado a pesar de que eran apenas las 4 de la tarde, por lo cual no podía deberse a la resaca de un par de días atrás.
–Lo siento, te estaba buscando y…
–¿Y te pareció bien entrar en mi cuarto sin mi permiso? –se enfadó, apresurándose a recoger la foto que había soltado.
–No ha sido mi intención, te traía un presente a modo de agradecimiento por el otro día, es pastel –traté de justificarme.
Hikaru suspiró, contempló la fotografía en sus manos como si le pesase su propia existencia, luego acomodó el marco en su sitio correspondiente y dio media vuelta, buscando en su armario una toalla y ropa limpia. Sólo entonces noté que llevaba puestos la misma camiseta y pantalón del viernes, extrañándome de ello. No era probable que hubiera asistido a una fiesta y despertado en la casa de un amigo y tampoco parecía el tipo de chico descuidado con su aspecto.
–Déjalo en el refrigerador –me avisó con seriedad.
–¿Estás bien? Luces un poco cansado.
Mentira, se notaba que apenas se podía mantener en pie, todo su cuerpo parecía que colapsaría de un momento a otro, necesitaba descansar por al menos ocho horas para recuperarse y quizá una sopa caliente que le ayudase a recobrar fuerzas.
–Sí, sí –me dijo–, nada que una ducha y unos minutos de descanso no solucionen.
–Pero…
No me dejó continuar, entrando en el baño conjunto y cerrando la puerta detrás de él. Decidí hacerle caso y guardar el pastel en el refrigerador, pero en vez de retirarme a mi cuarto me puse a ordenar un poco el desorden que había en el suyo, recogiendo las hojas de cuadernos sueltas que se hallaban regadas en el piso, la cama y otros sitios impensados. La ropa no era problema, pues se encontraba perfectamente acomodada en su armario por prenda y color, así como la estación en la cual nos encontráramos, ese chico se preocupaba más por su apariencia que yo. Estaba terminando de levantar algunas carpetas, lapiceros y pinceles cuando el azabache entró en la habitación.
–¿Sigues aquí? –preguntó sin ánimos de discutir.
–Es obvio, ¿no? –me encogí de hombros, restándole importancia al asunto.
–Como sea… –suspiró.
Reparó entonces en los pequeños cambios que había realizado, no sé si no le importó en demasía o si estaba demasiado cansado para siquiera molestarse en reclamarme, lo único cierto es que se acostó en la cama inmediatamente con el cabello todavía húmedo y sin calcetines ni zapatos.
–¿Te quedarás hasta que me duerma? –se burló abiertamente.
–¿Y qué si lo hago? –contesté a mi vez mientras terminaba de acomodar lo que aún tenía entre mis manos.
–Haz lo que quieras… –murmuró.
No tardé más de 10 minutos en recoger lo que aún quedaba, que eran esencialmente algunos artículos escolares; debajo de unos libros logré hallar su portátil, colocándola con los artículos en el escritorio de madera. Cerré las cortinas para evitar que la luz del sol molestase al chico y luego salí de allí dispuesta a dejarle descansar. Cuando lo hice supe que dormía profundamente, cerrando con cuidado para no despertarle.
Encontré a Kyouya en el centro de la sala leyendo un libro de Economía y tomando una taza de café, extrañándose al verme salir del cuarto del centro. Fui a la cocina por un vaso de frío jugo de naranja, bebiéndolo con rapidez.
–Veo que ya se llevan mejor –dijo al aire.
–No realmente –me senté frente a él.
–Por algo se empieza.
–¿Y Tamaki? No lo he visto –reparé en la ausencia del rubio.
–Los fines de semana va a visitar a su familia –contestó sin despegar los ojos del ejemplar frente a él.
–¿Viven muy lejos? –inquirí.
–Al otro lado de Tokio, pero a él se le dificultaba trasladarse, así que decidió rentar –me avisó.
–¿Tú no visitas a la tuya? –me atreví a preguntar.
–Si algo pasara, mi hermana me llamaría, además no tengo tiempo para ello –dijo tajantemente.
–¿El hermano de Hikaru viene mucho?
–Estás muy curiosa hoy –volteó a verme.
Me encogí de hombros, realmente no tenía una respuesta a ello, pero lo cierto es que hasta cierto punto el misterio que rodeaba a los dos azabaches me intrigaba un poco. Además, Tamaki era el único con el cual podía tener una conversación decente y no lo había visto desde el viernes, era entendible que quisiera hablar con alguien.
–No sabía que tenía un hermano –me comunicó–. Hikaru no habla mucho de su vida, es puntual con la renta, no deja sus cosas tiradas por todo el apartamento ni pone música a alto volumen… en otras palabras: es un buen roommate.
–Dicho de otra forma, no sabes nada de él.
–No considero que conocer su vida privada sea vital para nuestra convivencia. Él no me molesta ni yo a él, fin de la discusión.
Hice un mohín. ¿A ese grado llegaba la estancia de Hikaru en el apartamento? No tenía un horario de llegada, no salía de su cuarto, nunca comía con los chicos ni avisaba dónde iría. No me considero una persona especialmente curiosa, pero debía admitir que ese chico era un enigma. Kyouya no parecía dispuesto a continuar con la charla, así que decidí volver a mi habitación.
No supe cuánto tiempo había transcurrido, estaba repasando las leyes para la construcción que veríamos la siguiente semana cuando oí un ruido sordo proveniente del cuarto de Hikaru y luego una maldición salir del mismo, me paré angustiada al escucharle caminar de arriba a abajo y abrí la puerta en el mismo momento en que él salía de su recámara.
–¡¿Por qué desactivaste la alarma del reloj?! –me gritó furioso con un par de zapatos en la mano.
–Quería dejarte descansar.
–¡¿Y no pensaste que la puse por un motivo?!
–Es domingo, la mayoría de la gente descansa el fin de semana.
–¡Pues yo no! ¡Mierda, se me ha hecho tarde!
Salió corriendo de allí antes de jalar una chamarra de la entrada y colocarse los zapatos a medio camino. Negué con la cabeza, no pensaba haberle ocasionado un mal, iba a entrar nuevamente a mi cuarto cuando escuché música salir de su habitación, al asomarme noté que se había olvidado el celular en la cama, indudablemente con las prisas que llevaba. Segura de que terminaría arrepintiéndome de ello, lo tomé y salí en búsqueda del chico.
¿Les gustó? Espero que sí. Reconozco que Hikaru tiene una personalidad diferente debido a un aspecto de su vida que todavía no pongo, tampoco crean que se enamorarán en el siguiente episodio, realmente me parece poco creíble que dos personas tengan sentimientos fuertes mutuamente cuando apenas se conocen, aunque habrá más acercamientos.
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