Hola pequeñas personitas del Internet, antes que nada déjenme pedirles una sincera disculpa por el tiempo en que estoy tardando en subir los capítulos. Generalmente escribo parte de los siguientes episodios debido a que la inspiración me ataca en cualquier lugar y en base a esto parto con lo que me haga falta. Desafortunadamente mi laptop se arruinó… bueno, sólo el Disco duro, pero ello fue más que suficiente para perder la información ya plasmada y de la cual no tenía ningún respaldo. Lo que más me duele de este fic es que… ¡ya estaba escrito el final! Aunque no me crean ya tenía escrito el final de TODA la historia, no de un capítulo, sino de la historia, ¿pueden creer cómo me sentí? Oh, Dios… no creo poder plasmar todo de nuevo con el mismo sentimiento que le metí (y no es broma), pero haré el intento.
Espero esto compense ligeramente el tiempo que anduve perdida en el ciberespacio, ¡no se olviden de dejar su lindo review!
La ciudad me ensordece por un momento, a uno y otro lado distingo ruidos diversos que me confunden y sin importar a dónde mire las luces parecen nublar mi sentido de la orientación, las personas van y vienen en un movimiento constante que no por ello es menos sofocante. Busco a Hikaru una y otra vez entre el tumulto de gente desconocida que me mira extrañada, sólo entonces recuerdo que he salido con la pijama puesta por lo cual cierro todos los botones del abrigo que he jalado al pasar junto a la puerta.
Camino un poco a la Avenida principal, esperando que al ser la ruta más probable el chico se haya decidido por la misma. Finalmente le distingo a lo lejos, esperando en la parada del autobús al próximo con gesto serio, me doy cuenta de que es casi imposible que le alcance y sin embargo mis piernas se mueven por sí solas, intentando llegar a él. Hikaru gira el rostro a su derecha pero no es a mí a quien reconoce pues me hallo del lado contrario. Una chica de larga cabellera castaña a quien no logro distinguir los rasgos se acerca a él, parecen conocerse ampliamente pues pronto le veo golpeando el hombro del azabache en un gesto amigable y al siguiente minuto suben juntos al transporte público.
Yo me quedo parada a media calle con un celular que no es mío en la mano, desde el cual Time de Pink Floyd se deja escuchar.
Regreso a casa con lentitud mientras niego con la cabeza, ¿no era preferible simplemente dejar el móvil donde estaba y esperar a que él se diera cuenta de su olvido? Claro, siempre he de intentar hacer las cosas por mi cuenta, ofrecer mi ayuda a pesar de que nadie me la pide, metiéndome en problemas que no me corresponden e incluso incomodando a la gente. ¿Qué necesidad tenía de apagar la alarma del reloj de Hikaru? Ninguna, ninguna, ninguna.
Cuando abro la puerta del apartamento ya tengo claro algo: devolver el teléfono a su sitio. Con este pensamiento en mente regreso sobre mis pasos hasta la habitación del centro, la puerta emite un suave click al ser abierta, el cuarto se encuentra en penumbras por lo que evito cerrarla y con ello bloquear la luz del pasillo. Estoy a punto de cumplir mi cometido cuando el móvil me vibra en las manos, asustada volteo a verlo notando que se trata de un mensaje recibido.
Mis ojos se quedan clavados en la pantalla del aparato, contemplando indefinidamente el nombre del remitente: Sanno Hospital.
Inconscientemente me llevo conmigo el celular a mi cuarto, deseando entregárselo en persona al chico cuando regrese. Pienso que nuevamente he tenido una mala idea cuando a las tres de la mañana el azabache no ha vuelto y yo me encuentro todavía despierta con el aparato en la mano.
Observo el fondo de pantalla del móvil, allí donde la foto de los gemelos se deja ver. Hikaru guiña el ojo a la cámara haciendo la V de la victoria, su hermano pasa su brazo izquierdo por su espalda mientras mantiene una mueca graciosa en el rostro. Suelto un suspiro pesado al sobreponer ese chico alegre al que duerme a unos metros de mi cama, son como el día y la noche, ni siquiera un esbozo de lo que antes solía ser, preguntándome qué ha pasado para cambiar tanto.
Me revuelvo nerviosa en la cama porque realmente no soy nadie para juzgar a la gente, porque incluso yo misma guardo secretos que no deseo el resto descubra, sé que el pasado del azabache no me concierne, que es muy pronto para llegarle a considerar mi amigo a pesar de haberme ayudado en un tema tan delicado, pero hay algo en él que pareciera ser sumamente triste y ello oprime mi pecho cada vez que recuerdo el rostro que tenía esa noche, cuando me mudé aquí.
Suelto un suspiro en parte porque no sé qué hacer y otra porque siempre he tenido la debilidad de querer ayudar a la gente, supongo que ello se debe a… ese día. El día que deseo olvidar con todas mis fuerzas.
Cuando me doy cuenta ya las lágrimas están rodando por mis ojos mientras yo intento vanamente limpiarlas con la manga de mi pijama; a pesar de que estoy sola y nadie puede verme no deseo continuar de esta manera, pensando en lo mismo, dando de vueltas a dicho asunto una y otra vez. Salgo de entre las sábanas y me siento en la cama mientras pincho mis mejillas, el ligero dolor allí me hace volver a mi realidad, no soy más una niña pequeña. Llevo mi mano derecha a mi pecho, sintiendo claramente cómo me late el corazón con mayor fuerza, a un ritmo cada vez más rápido. Es entonces cuando percibo el sonido de la puerta al abrirse y yo me paro presurosa para devolver la causa de mi tormento a su dueño.
EL LADO OSCURO DE LA LUNA
Observé reprobatoriamente el paso inseguro del Hitachiin, el chico cerró de un sonoro golpe la puerta para luego caminar cansadamente hasta el sofá del living, dejándose caer en el mismo con desgano y colocando la almohada decorativa sobre su rostro ante la molestia de la luz.
–Joder, apaga eso –masculló enfadado.
–Disculpa, pero algunos tenemos cosas importantes qué hacer –me molesté ante su demanda–, no podemos ir por la vida emborrachándonos sin preocuparnos del mañana, tenemos escuela, ¿sabes?
–Sí, sí, ¿acaso crees que no asisto a una? –volvió a comentar sin quitarse el cojín de la cara.
–Al menos yo no te he visto nunca haciendo la tarea… –le dije cada vez más enojada.
–No me toman más de media hora, si fueras la mitad de lista que yo ya hubieses terminado.
–Presumido egocéntrico, Leyes es más difícil que tu carrera de Artes, estoy segura de que no podrías con mis deberes.
–Oh, ¡por favor! –se enderezó, quitándose por fin el almohadón del rostro y tallándose la cabeza ante el dolor que experimentaba– ¿Si te ayudo con esa estúpida tarea apagarías de una maldita vez la puta luz?
Asentí con rabia ante el vocabulario tan florido que mi compañero de piso utilizase, el chico caminó hasta llegar a mi lado y se puso a revisar las anotaciones de mi cuaderno sin comentar nada, pasando las hojas con lentitud mientras leía cada una de ellas. Bingo. Mala suerte para usted, Sr.-tengo-resaca. Ni siquiera hizo el intento de buscar ayuda en Internet, sabía que había ganado. Sin embargo, Hikaru tomó el lápiz que dejase a un lado de mí y, sin titubear ni un instante, se apresuró en contestar todas y cada una de las preguntas dejadas por el profesor ante mi cara de asombro.
–Listo –comentó casualmente–, y ahora: buenas noches.
Se paró del lugar, apagando la luz y regresando al sofá dejándome con una sensación extraña en el cuerpo. Es la misma que me invadió la noche en que le devolví el teléfono, Hikaru me gritó enfadado que no debía meter mis narices donde no me llamaban y, a pesar de saber que era verdad, no había podido evitarlo. Tuve la intención de apartarme, es cierto, pero dicha idea fue relegada a un rincón de mi mente cuando vi el remitente de ese mensaje, quizás porque yo misma he sentido el peso que esa simple palabra indica para mucha gente.
Es por eso que me encontré de pronto recogiendo mis libros y apuntes del living, llevándolos a mi cuarto y sacando del mismo una manta ligera con la cual cubrí a ese chico, ese chico que siendo un completo desconocido me había salvado, ese chico del que a pesar de ser mi compañero de piso sólo conocía el nombre, ese chico que me desespera e intriga con la misma facilidad y aun sin quererlo. Ruedo los ojos ante ello, ¿quién es realmente Hitachiin Hikaru? Con esto en mente regreso a mi cuarto segura de que dicha respuesta es más complicada de lo que pensé en un principio, es quizás esto lo que más me hace querer descifrar el misterio. Bien dicen que entre más te piden algo menos ganas tienes de hacerlo, el distanciamiento de Hikaru parece fungir como imán sobre mí, atrayéndome hacia él por el simple hecho de que él no desea lo haga. No pienso en ello como una niña rebelde y caprichosa, sino como una chica intrigada. Es cierto que el hombre es fanático de lo prohibido y yo, simplemente, no soy la excepción.
EL LADO OSCURO DE LA LUNA
Ha pasado una semana desde el incidente de Nozomi. Ayer finalmente una chica que ha solicitado el empleo parece haber sido del agrado de Jiro, el cual ha puesto tres pruebas a los interesados en la vacante del rubio. Ha dicho que sin importar cuán bien puedan cocinar también sus postres deben tener una buena presentación ellos y trabajar adecuadamente bajo constante presión, por eso mismo los primeros tres que se presentaron salieron del Café a escasos quince minutos de entrevistarse con el Jefe y más de uno maldijo la hora en que se le había ocurrido presentarse allí. No sé si ocurrió lo mismo cuando Nozomi se ofreció a cocinar, pero no quiero imaginarme qué pasó en dicha ocasión conociendo el carácter explosivo de los dos.
Jiro nos ha dado a Nakao y a mí los dos días libres mientras termina de entrevistar a los candidatos y elige el nuevo Menú debido al cambio de estación. La primavera parece entrar lenta pero segura y el ambiente se logra apreciar más cálido y alegre por lo cual nosotros también debemos reflejarlo con nuevos postres en la Carta que incluyan fruta de la temporada.
Es fin de semana y sé lo que ello significa. Incluso si papá ha llegado a ser muy desordenado mientras me criaba, dejando a la suerte o destino lo que hiciera falta, lo cierto es que tiendo a ser un poco controladora con todo lo que me rodea, planificando lo que haré en el día y el tiempo que invertiré en ello. Por eso mismo el sábado es el día que generalmente empleo para hacer la limpieza y reabastecer la alacena. No tardo mucho en organizarme por lo que sólo media hora después ya he puesto a la lavadora mi ropa sucia, la cual no es mucha. Minutos después he sacudido el polvo de los muebles del cuarto y reacomodado cualquier cosa que estuviera fuera de sitio, así como limpiado el piso de madera. Noto en el reloj de la alcoba que apenas son las 8:30 am, buena hora para ir al mercado del Distrito, me digo.
Con ello en mente acudo a la cocina para hacer mi inspección general en la alacena y frigorífico. En la sala Kyouya parece leer la sección de Negocios del periódico mientras toma una taza de café negro, no sé si realiza una actividad diferente a ésta en su tiempo libre, al menos yo nunca le he visto salir a divertirse o invitar amigos al departamento. Mentalmente me pregunto si realmente tiene nuestra edad pues todas sus acciones parecen corresponder a las de un viejo amargado cercano a los cuarenta y no a un joven universitario que renta un apartamento lejos del yugo familiar. Me riño por pensar así, ¿qué sé yo lo que pueda serle mejor a él? Debo dejar de intentar meterme en la vida de los demás, es una pequeña mala costumbre que tengo desde los ocho años y que no me he logrado quitar.
Mientras saco las latas y botes de la alacena para verificar que aún tengan producto, la puerta del centro se abre y por la misma sale Hikaru. Extrañamente luce más cansado de lo habitual y con un aura deprimente alrededor pero he notado que si presiono para conocer lo que le sucede él se retraerá más sobre sí mismo. Lentamente se deja caer en el sofá a la izquierda de Kyouya y sin decir palabra alguna prende la televisión a pesar de que el Ootori prefiere la calma en las mañanas a ver un partido de foot ball. Sin embargo él no presta atención a la transmisión, pareciera ser que simplemente desea tener el ruido de fondo porque le veo cerrar los ojos, echar la cabeza atrás y hundirse un poco en el respaldo mientras lleva su mano derecha a su frente, cubriendo su rostro con sus dedos.
Abro el refrigerador verificando cuáles son los productos que nos hacen falta, incluso si los chicos no cooperan mucho con mantener llena la despensa me doy cuenta de que pagan por los artículos de uso colectivo como el papel de baño, jabón, shampoo, detergente e incluso limpiapisos. Saco una pequeña libretita donde comienzo a anotar la lista semanal junto con la cantidad de los productos deseados, calculando así mismo el precio de todo ello. Cuando finalmente verifico cuatro o cinco veces que no he olvidado nada tomo mi pequeña bolsa marrón y me dirijo a la entrada.
–¿A dónde vas? –me mira el de lentes por primera vez en la mañana, como si de pronto recordase que yo también vivo con él.
–Al mercado por las compras de la semana –respondo mientras me pongo un abrigo rosa que mi padre insistiera hace tiempo en comprarme, nunca me ha gustado dicho color.
–Hikaru, ¿por qué no acompañas a Haruhi a hacer las compras?
El tono que Kyouya emplea es tranquilo y sin embargo no admite réplica alguna. Quizás el chico se siente extremadamente cansado para reclamar la orden o simplemente desea respirar un poco de aire, pero lo único cierto es que apaga el televisor y se acerca a mí sin prisa alguna, tomando del perchero junto a la puerta una chamarra ligera que inmediatamente cierra en su totalidad. Lo espero con calma mientras volteo a ver al de lentes, preguntándome si acaso desea quedarse solo o si ha notado, como yo, cuánto necesita Hikaru distraerse un poco incluso si sólo es salir a la vuelta del departamento.
EL LADO OSCURO DE LA LUNA
–Ahora sólo faltan unas verduras –avisé mientras consultaba la lista que llevase conmigo.
Ya había tachado más de la mitad de las compras que necesitábamos, así que no deberíamos tardar mucho. Hikaru no había dicho casi nada en nuestra pequeña visita al mercado, por lo cual supuse que no era especialmente de su agrado el tener que empujar el carrito por todo el edificio mientras íbamos de un lado a otro seleccionando la despensa de la semana. Que se aguante, pensé, yo debía cocinar para todos debido a que la comida rápida no era de mi total agrado y salir a cenar o pedirla a domicilio estaba fuera de mi presupuesto.
–Creo que los guisantes están en el siguiente pasillo –dije, señalando la dirección.
Sin embargo el azabache no se encontraba detrás de mí como suponía, volteé a uno y otro lado encontrándolo parado junto a la sección de frutas admirando sin decir palabra alguna las naranjas allí exhibidas. Me acerqué a él sin que reparase en mi presencia, noté que pese a que sus ojos se hallaban clavados en los estantes su mente se encontraba muy distante a mí, sus pensamientos volaban con facilidad cual frágiles mariposas y sólo muy de vez en cuando parecían acercarse a mí, siempre cuidando muy bien de mantenerse al margen.
–¿Quieres unas? –me aventuré a preguntar.
Hikaru no respondió nada. En ese momento se acercó una mujer rolliza que atendía dicha zona y, sonriendo maternalmente, nos extendió una pequeña charola donde reposaban algunos gajos ya pelados.
–¿Gustan probar? Están muy dulces.
Tomé una muestra con ayuda del palillo de dientes clavado en ella, realmente sabía bien, tenían jugo y no estaban ácidas a pesar de la época del año en la cual nos encontrábamos. Sin embargo el precio era un poco caro, reparando en que debería sacrificar algo de mi lista si deseaba comprar la fruta. La vendedora acercó las muestras a Hikaru, el cual simplemente dio media vuelta, continuando con el recorrido sin mí. La mujer no me dijo nada, mirándole preocupada, tanto ella como yo notamos claramente que algo sucedía con el chico… sus ojos así lo indicaban. Sin pensar realmente en ello pronto me vi pidiendo un kilo de fruta y corriendo detrás de él antes de perderlo de vista.
–Traje las naranjas –avisé cuando llegué a su lado.
–No te lo pedí… –respondió con la vista gacha sin voltear a verme.
–Parecías quererlas –alcé la bolsa, contemplando los frutos maduros allí expuestos–. ¿Debería hacer un dulce o postre con ellas?
–…así están bien –murmuró apenas audiblemente, sorprendiéndome de ello.
Me quedo clavada en el piso ante el tono que tiene su voz y observo su espalda mientras él se dirige a comprar lo último de la lista, sus pasos extrañamente resuenan en mis oídos como si de un eco se tratase. Justo ahora lo comprendo. Ante mis ojos Hikaru es como un niño pequeño que ha sufrido mucho anteriormente, del tipo que te hace querer apresarlos contra tu pecho mientras lloran porque afuera la tormenta es muy fuerte, o cargarlos mientras prometes comprar otro cono de helado porque el suyo se encuentra derramado en el piso por un descuido. No sé el motivo de su tristeza ni si algún día nos tendremos la confianza suficiente para que él quiera contármelo por lo cual sólo puedo quedarme en silencio mientras siento, extrañamente, que mi corazón se encoje.
El regreso a casa transcurre tal cual partimos con la única diferencia de que él se ha ofrecido a cargar las compras más pesadas, dejándome a mí sólo una bolsa de papel llena de pan. Ninguno tiene nada qué decirle al otro por lo cual me asombro cuando él decide romper con dicha tranquilidad aparente.
–Te pagaré las naranjas.
–No es necesario –me apresuro a contestar a pesar de que no tenía contemplado dicho gasto.
–A decir verdad sí las quería, pero me he olvidado la cartera –murmura mientras camina con la mirada gacha.
–Sólo debías decirlo –le resto importancia.
–Tal vez, es sólo que mi hermano siempre se ha encargado de estas cosas.
Volteo a verle con incredulidad, es la primera vez que le oigo hablar de su familia o su vida privada por lo que no sé qué rumbo seguir, si acaso es sólo un comentario al aire o finalmente él parece permitir que me asome por las rendijas de la pared que ha colocado entre ambos, espiando un poco de lo que oculta con tanto afán. Sin nada qué perder me arriesgo por esta última opción sabiendo que quizá no vuelva a presentarse ante mí.
–¿Acostumbran hacer las tareas domésticas juntos?
–Hace tiempo –responde quizá por inercia pues en ningún momento sus ojos se dirigen a mí.
–Sinceramente no te imagino yendo de compras, quizás administrando el dinero.
–Aunque soy bueno con las matemáticas realmente no sé distribuir mi dinero… Kaoru se encargaba de eso, del de los dos…
Hikaru aprieta las bolsas con fuerza y sé entonces que debo detenerme, al parecer el tema no es de su completo agrado por lo cual decido guardar silencio hasta llegar al departamento. El viaje en el ascensor se siente ligeramente más agradable pese a estar a solas en un espacio tan reducido y él, en un extraño gesto, me permite salir antes cuando las puertas se abren. Dejo las cosas en la cocina acomodándolas en el sitio que les corresponde, me encuentro tan ensimismada en mi pequeña rutina que no logro ver a dónde se ha ido el chico y me quedo con las naranjas en la misma bolsa del mercado. Tomo un par de frutas y un cuchillo y acudo a su cuarto, mas él no responde cuando toco a la puerta, recuerdo la mala experiencia de la última vez que entré sin permiso por lo cual me dirijo a la pequeña azotea aprovechando que el clima es más fresco recientemente.
Inesperadamente allí se encuentra el azabache, un gato del color de la noche se ha recostado en su regazo mientras que él se halla sentado en una de las bancas contemplando la ciudad de Tokio bajo sus pies. No dice nada cuando me acerco, acaricia la barbilla del animal suavemente y apenas si me presta atención, es casi imposible de saber en qué piensa, esos ojos ambarinos tan parecidos a los felinos se encuentran demasiado distantes a mí.
Coloco los frutos en mi regazo mientras los pelo sin prisa alguna y ofrezco un par de gajos que el otro ni siquiera nota por lo cual he de colocarlos a unos centímetros de su rostro. Sólo así él parece recordar brevemente dónde se halla pero en lugar de tomar la comida con las manos se mete la fruta directamente a la boca. Le miro perpleja ante ello y él parece finalmente darse cuenta de lo que ha hecho.
–Kaoru hacía eso… –responde sin más, omitiendo un simple "perdona" o "lo siento".
Es un chico molesto, infantil y huraño la mayor parte del tiempo, por eso mismo me extraño hoy con dicha actitud. ¿Cuál de los tres es Hikaru? El chico alegre y divertido que aparece en las fotos dista mucho del engreído que conocí al rentar el apartamento, y ambos son completamente diferentes al sujeto que tengo frente a mí.
Siento que Hikaru se disuelve en las sombras, justo frente a mis ojos, que el chico se oculta constantemente de mí y al hacerlo deja muy en claro que jamás podré acercarme lo suficiente a él para conocerlo, que jamás develaré los secretos que oculta. Es como si hubiera construido una barrera a su alrededor, impidiendo el paso a cualquiera. Y yo, por un extraño motivo, me siento tentada a derribarla, a tirar una por una esas piedras, a dejar entrar los tibios rayos el sol, a quitar el polvo de las zonas más apartadas, a llenar el sitio de esperanza.
–¿Y ese gato? –pregunto mientras pelo la otra naranja.
–A veces viene cuando le doy de comer pero nunca se queda –se encoje de hombros.
–Los gatos van y vienen, prefiero los perros –digo antes de meter un trozo de fruta en mi boca.
–Cierto es que son leales… A los gatos debes ganártelos… lo mismo pasa con las personas, algunas se entregan fácilmente al resto y otras son reacias a forjar lazos –menciona mientras acaricia el pelaje del animal.
–¿Y a cuál grupo perteneces tú?
–Soy un perro disfrazado de gato…
No esperaba esa respuesta de su parte por lo cual no sé bien qué contestar, sin que él lo sepa resulta curioso que yo sea lo contrario a lo que afirma Hikaru: un gato disfrazado de perro. Pero tiene razón, la gente debería tomarse el tiempo de conocer a los otros antes de creer estar segura de sus sentimientos y relaciones; yo tiendo a ser muy selectiva con las mismas, a pocos he considerado "amigos" a lo largo de mi vida, a pocos les he tenido verdadera confianza y con pocos me he mostrado como realmente soy. A decir verdad me había resultado extraño que en la secundaria y preparatoria me considerasen una de las chicas más sociables cuando únicamente no deseaba ser grosera con ellos, pero de allí a afirmar que los consideraba mis amigos había un enorme trecho, podía contar con los dedos de la mano izquierda a quiénes llamaría así. Bajo la mirada avergonzada por este pensamiento egoísta, termino de pelar la fruta y ofrezco de la misma al azabache, el cual ahora sí la toma con la mano.
–¿Siempre eres tan curiosa? –le escucho decir.
–¿Ehhh?
–No creas que no lo he notado… –se mete el gajo a la boca.
–No hablas mucho, me das curiosidad –confieso avergonzada.
–¿No has pensado que no tengo nada qué decir o que simplemente no deseo hacerlo?
–¿Y no crees que al decir eso sólo alientas más mi curiosidad? –devolví el golpe.
–…Touché –le veo sonreír por primera vez–. De acuerdo, Haruhi, si realmente te causo curiosidad y si seguirás involucrándote donde no te llaman, te propongo algo.
Tengo un mal presentimiento de esto, pero le escucho atentamente; es entonces cuando él parece cambiar delante de mis ojos: su mirada ya no luce tan opaca y en su boca se posa una sonrisa ligeramente parecida a la que ostenta en las muchas fotografías a un lado de su cama. Acerca su rostro hacia mí quedando a escasos centímetros mientras me dice cantarinamente.
–Acepta pasar todo un día conmigo.
Espero les haya gustado, como ven no quiero acelerar tanto las cosas entre ellos porque sería una gran mentira y la historia quedaría horrenda. Ahorita recuerdo algunas novelas que mi hicieron querer sacarme los ojos por ello. Sé que no es perfecto, pero intento hacerlo todo lo mejor posible y no se preocupen que sí habrá romance más adelante. Les dejo con un pequeño aviso, espero alguien se anime a responder.
Busco betas
Como saben mis archivos se perdieron en su gran mayoría, así que por el momento tengo ideas sueltas de lo que había plasmado pero que no he respaldado... sin embargo, todavía no lo considero lo suficientemente bueno para ser publicado en mis fics. En estos momentos "El lado oscuro de la luna" es el que me preocupa, por lo cual estoy buscando algo parecido a un Beta sin serlo... ¿cómo es eso posible?
Busco a alguien a quien le pueda mandar las ideas que tengo (ya escritas) para la continuación de la historia, siendo:
- diferentes ideas para el desarrollo de la historia, o
- diferente manera de plasmar/redactar los acontecimientos
El trabajo o colaboración consiste en elegir la que sea más de su agrado así como dando comentarios al respecto (ya sean buenos o malos). Es decir: no participarían en el desarrollo de la historia, sólo me encaminarían en lo que consideren más acorde a la misma.
Si les interesa, la dinámica es la siguiente:
1) Deben escribir un spin-off de la extensión que quieran de cualquiera de mis fics del Ouran. No importan los personajes que elijan, ni el tema de la historia, ni el final de la misma
2) Deben mandar dicho texto a mi correo electrónico, el cual está dado en mi perfil de FF
3) La fecha límite para la recepción es el 15 de mayo
4) Elegiré a 3 personas para colaborar y publicaré resultados en mi Facebook: Uyulala Oráculo del Sur
Aclaro: esta dinámica es para darme cuenta qué tan bien podemos complementarnos al momento de trabajar juntos, nada más. NO PUBLICARÉ NADA DE LO QUE ME MANDEN.
¿Qué es un spin-off? Es un proyecto o historia que surge de otro, generalmente con los personajes secundarios de aquél en el que se basó.
Si tienen alguna duda háganmelo saber, contestaré todo a la brevedad posible.
¡Nos estamos leyendo!
