Ah, demasiado tiempo sin actualizar. Ahora mi cabeza está pensando en algo importante: correcciones de tesis. Ya pueden imaginarse cómo ando, presento en febrero y estoy que me como las uñas. No tengo idea de exactamente cómo ha quedado todo esto, pero creo que finalmente puedo comenzar con la historia como tal. Bien, entre una y otra cosa que me ha pasado, creo que este fic es uno de los que más cariño les tengo por diferentes motivos que tal vez les diga después. De momento agradezco su infinita paciencia y espero todavía se animen a leerme. No se olviden de dejar un pequeño review para saber qué opinan de la historia, ya saben que son el pan de los escritores.
Los olores de los platos inundan el sitio y pronto percibo aquél despedido por el nuestro. El mismo camarero de bigote gracioso y ropa correctamente portada se acerca, en sus manos trae la charola con una enorme porción de pato, una canastilla de pan recién horneado y un plato con verduras hervidas, asimismo nos entrega un par de platos extra para poder servirnos lo que deseemos de ello, dejándolo todo frente a nosotros mientras hace una reverencia y nos desea buen provecho.
Hikaru me observa en silencio mientras tomo una pieza de pan de una canastilla a mi derecha y le unto un poco de la salsa del platillo, sólo cuando empiezo a comer me doy cuenta de lo hambrienta que estoy, por lo cual tomo una porción jugosa de la carne y la coloco en uno de los platos extra con más de las papitas a las cuales me he vuelto aficionada.
–¿No vas a comer? –alzo el rostro, robando otra de las papas del centro.
–Claro que sí, sólo me parece interesante verte –sonríe en una mueca graciosa, toma más ensalada y se sirve abundantemente.
–Esto sería al revés, ¿no? –le digo.
–¿A qué te refieres? –pregunta despreocupado.
–Ya sabes, la chica debería ser la que tomase la ensalada y el chico el que comenzara con la carne.
Él comienza a reír suavemente mientras se tapa la boca con la mano derecha, cuando finalmente se controla, voltea a verme divertido.
–Hace mucho que no creo que seas una chica "normal", Haruhi, ya te lo he dicho.
–Y que llamo tu interés por eso –alzo los hombros mientras imito su ejemplo y tomo un poco de lechuga, realmente me llevo fatal con ella.
–Bastante. Nunca he salido con Tamaki o Kyouya y a ti prácticamente te acabo de conocer, así que puedes hacerte una idea –finalmente comienza a servirse del pato.
–Una muy pequeña, todo es vago contigo –antes de que me regañe, agrego–. Sí, sí, ya sé: no te metas en mi vida.
–Nunca he entendido por qué las mujeres se interesan por las cosas más extrañas. Si hay alguien que les trate amablemente y con cariño, simplemente no les importa. En cambio, pórtate como un cretino y ellas intentarán por todos los medios ver de qué forma pueden ayudarte –se sirvió un poco de pan.
–Suenas como una persona amargada con la vida –me encogí de hombros–. Estás generalizando y eso no me gusta. Si yo lo hiciera contigo podría fácilmente decir que sólo deseas llamar la atención, el cuento de "Oh, mírenme, sufro mucho. Soy un asco de persona y alejo a todos por eso" me lo sé de memoria.
–Bueno, entonces dime una y sólo una razón para ser tan terca conmigo –me miró fijamente a los ojos.
Dejé los cubiertos sobre la mesa y mantuve la vista gacha. Sabía que debía ser sincera si deseaba que Hikaru comprendiera mis motivos para estar en ese momento con él y seguirle como una niña caprichosa, sin embargo, no creía poder decirlo en voz alta a una persona como él.
–Mamá estuvo enferma mucho tiempo –comencé lentamente, tomando una fuerte bocanada de aire–. Ella estuvo internada cuando era niña, siempre entrando y saliendo de la clínica. Tómalo como una pobre justificación, pero nunca pude hacer nada por ella, así que cuando se me presenta la oportunidad, no puedo evitar querer ayudar a las personas. Creo que mi más grande defecto es ofrecer mi ayuda incluso si nadie me la pide.
Hikaru quedó en silencio. Bajo la mesa apreté los puños molesta, me sentía realmente miserable por decir eso, incluso si él no sabía, se trataba de una verdad a medias, ¿cómo podría utilizar a mi madre de esa manera?
–Mírame, Haruhi –le escuché decir, alzando el rostro para contemplarle fijamente–. No soy tu madre. No te estoy pidiendo ayuda. No te necesito. No necesito de nadie.
–Tal vez si lo repites las suficientes veces, algún día te lo creas –contesté seriamente.
El resto de la comida la pasamos en silencio.
– UNA HORA DESPUÉS –
Después de dejar el restaurante pensé que Hikaru buscaría cualquier excusa para dejarme en el departamento o incluso para perderme en los sitios más congestionados. En contra de ello caminó tranquilamente hasta la parada del autobús y pagó ambos pasajes, sin embargo, no me dirigió la palabra en todo ese tiempo.
Bajé tras él, caminando un par de cuadras antes de llegar frente a una enorme e imponente casa estilo tradicional. En la entrada de la misma se lograba apreciar un cartel de madera a la vieja usanza donde rezaba el título "Dojo Haninozuka", el azabache me invitó a pasar delante de él con un movimiento de la mano. Por dentro la casa era más grande de lo que pensaba: un hermoso camino de piedrecillas franqueado por jardines estilo zen, un estanque para peces koi y un árbol de cerezo acondicionado con una banca de piedra para tomar el té bajo su sombra.
Miré furtivamente en derredor, muy lejanamente me llegó el sonido de las personas entrenando, seguramente en la parte trasera de la casa. Sólo entonces caí en cuenta de que mi compañero no había llamado a la puerta, por lo cual me pregunté cuán bien conocía a estas personas. Ni siquiera se detuvo en la entrada principal, sino que consultó la hora en su celular y rodeó el sitio para llegar directamente al dojo.
Varias personas se encontraban entrenando en ese momento, un chico moreno y alto se hallaba al frente, tenía gotas de sudor perlando su frente y una toalla en sus hombros, secándose cuando la humedad le incomodaba. Además, la cinta negra que portaba me indicaba claramente cuán bueno era en ese deporte.
–Hola, Mori-senpai –saludó Hikaru sin formalidades de ningún tipo.
–¿Es tan tarde? –preguntó.
–En realidad llego un poco antes –se cruzó de brazos tras la nuca–. El viejo finalmente se puso de acuerdo con mi madre, no pensaba tolerar un discurso de su parte, así que salí de allí apenas recogí el encargo.
–Lamento la molestia, pero Mitsukuni…
–¡Hi-ka-chaaan!
Un niño no mayor de ocho años llegó corriendo a nosotros en ese instante, llevaba puesto el karategi, pero a diferencia del resto él no había sudado ni una gota. Se dirigió directamente a Hikaru al distinguirle, mas frenó en seco de pronto.
–¿Are? –le miró con detenimiento– Tu cabello…
–¿No se ve mejor? Estaba harto de ese naranja tan llamativo –se llevó la mano a las hebras, despeinándose ligeramente.
–¡No me gusta, Hika-chan! –le riñó con lágrimas en los ojos– ¡Lo has hecho sólo por Kao-chan!
–Kaoru no tiene nada qué ver en est…
–¡Sí que lo tiene! –le dijo más enérgicamente– ¡Eres igual que Chika en ese aspecto!
–Mira, podrás ser su mejor amigo, podré soportar al viejo sólo porque es un favor que tú me pides, pero definitivamente no te permito que me hables de esa manera –le dijo fríamente.
El moreno y el resto de los estudiantes de artes marciales se acercaron en ese momento, dispuestos a atacar si la situación lo requería. Sin embargo, el pequeño rubio alzó la mano, frenando sus intenciones.
–Está bien, descansen –pidió con seriedad–. Hika-chan, ¿nos acompañarás a tomar el té? –sonrió dulcemente– Y también puedes presentarnos a tu amiga, Usa-chan quiere conocerla.
El niño le tomó de la mano y llevó consigo por el jardín, el moreno me pidió le acompañase, llegando a la estancia principal. Una doncella vestida en yukata nos trajo agua caliente en una tetera y tazas para todos, incluyendo para un peluche de conejo rosa que fue sentado a nuestro lado. Un chef apareció con un carrito lleno de los más diferentes y deliciosos postres occidentales que jamás había contemplado, retirándose después de ello.
–Ha sido un mal día, ¿verdad? –preguntó el rubio mientras tomaba una rebanada de pastel– Algo ha debido alterarte tanto.
–He tenido a una molestia pegada a mí, puedes imaginarte –me señaló.
El niño rió suavemente mientras me miraba divertido. Mientras tanto, el moreno abrió el encargo que Hikaru y yo recogimos en el Monte Mitake, en su interior sólo se encontraba un paquete de té, el cual utilizó para preparar la bebida que degustaríamos. ¿Tanto conflicto sólo para un poco de té? Definitivamente mataría a Hikaru por ello.
–No te molesta, te agrada –le sonrió–. De otra manera no hubieras accedido a estar con ella más de una hora en el día. Y a ninguna de tus "amigas" le permites siquiera verse en un sitio que no sea un antro o un motel, así que ella no es un objeto de diversión.
–Mitsukuni… –le llamó el moreno.
–Oh, pero es cierto. Tú también lo pensaste, ¿verdad, Takashi? –volteó a verme, ofreciéndome una gran rebanada de tiramisú– Dime, ¿cómo es que conociste a Hika-chan? Estoy seguro de conocer a todos sus amigos y a ti jamás te había visto.
–Me llamo Fujioka Haruhi, soy una compañera de apartamento. Y no creo que esos temas deban ser hablados por niños –miré reprobatoriamente a los azabaches.
–Are, are –sonrió Hikaru–. En ese caso, ¿tal vez deba salirme y dejarlos conversar? Después de todo, soy el menor aquí.
–¿Ehhh? –le miré sin entender.
–Aunque tenga el cuerpo y la apariencia de un niño, en realidad es mi senpai –procedió a aclarar–. Él es Haninozuka Mitsukuni, 20 años de edad, de la Faculta de Ciencias y Tecnología, también es el capitán del equipo de karate de la misma y obviamente el líder de este dojo.
–¿Ehhh? –volteé a verlo sin poder creerlo.
–Lo siento, Haru-chan, no ha sido mi intención confundirte. Todas las personas cometen el mismo error, Usa-chan y yo ya estamos acostumbrados al mismo –procedió a tomar un sorbo de su bebida.
–Lo siento, Haninozuka-senpai –reverencié apenada.
–Dime sólo Honey, como miel en inglés, ¿de acuerdo? –sonrió dulcemente mientras abrazaba a su conejo de peluche.
–S-Sí…
–¿Así que eres compañera de apartamento de Hika-chan? –me miró encantado– Él jamás nos ha presentado a ninguna de las personas con las cuales vive, ni siquiera nos permite visitarlo allí y eso que nos costó mucho descubrir su dirección. Dime, ¿cómo se porta contigo? Si te hace algo malo, no dudes en decírnoslo, ¿de acuerdo? Takashi y yo le daríamos un buen escarmiento en tu nombre.
–No creo que eso sea necesario –me preocupé al corroborar que él también portaba el cinturón negro–. Hikaru puede ser infantil y grosero en ocasiones, pero en verdad no pienso que sea una mala persona.
–Oh, gracias, me siento mejor al saberlo –rodó los ojos y bufó molesto.
–Hika-chan es una buena persona –sonrió nostálgicamente mientras miraba su taza de té.
–Realmente no quiero escuchar lo que tengan que decir de mí –se paró de la mesa–. Mori-senpai, demos una vuelta por el jardín, tiene tiempo que no vengo por aquí.
–Ahhh, pero… –hice el ademán de pararme para ir tras de él.
–Descuida, no rompo mis promesas. No me iré sin ti –soltó un suspiro.
Los dos azabaches salieron dejándonos a solas a Honey-senpai y a mí. El rubio sonrió complacido con ello, acercándose un poco más a mí mientras comía rebanada tras rebanada de pastel a gran velocidad.
–Creo que sé por qué te sientes atraída por él –me dijo con una sonrisa.
–Yo no diría que "atraída"… –murmuré.
–Hika-chan tiene un poder magnético sobre el resto de la gente. Sé que ahora puedes no creerme, pero él y Kao-chan eran muy populares en la secundaria y la preparatoria. Y no, no hablo de sólo las chicas, también con los chicos. Pero… bueno… luego llegó ese día… –dejó el plato en la mesa.
Ahí estaba, una vez más, el asunto del que nadie deseaba hablar. Su mirada se posó sobre el líquido caliente, perdiéndose en recuerdos tan ajenos a mí.
–Hay cosas que sólo pueden ser dichas por aquellos a los que competen –paseó el dedo por el borde de la taza, produciendo una ligera vibración–. Si Hika-chan quiere hablar contigo de ello posteriormente, bueno… es su decisión. Ten paciencia con él.
–He sido muy paciente, pero él me ha dejado muy claro que no me quiere en su vida –miré hacia el patio donde Mori y Hikaru estaban enfrascados en su propia charla.
–Hika-chan tiene una manera muy ácida de decir las cosas, no es su culpa, nunca ha sabido realmente cómo relacionarse con la gente, Kao-chan fue siempre su único apoyo… Tal vez tú no lo veas, pero el simple hecho de estar aquí hoy con él, representa ya un gran logro –sonrió dulcemente, tomando un sorbo de té–. Haru-chan, eres una persona muy especial.
Una persona especial… las mismas palabras que papá me dijera tantas veces cuando niña. Mientras veía a Hikaru parado en el verde césped me dije que eso no era verdad. Nunca había sido especial. No para mi madre. E indudablemente no para él.
Dejamos la casa de Honey poco tiempo después, el rubio nos despidió efusivamente mientras pedía a Hikaru darse una vuelta más seguido a lo que el otro sólo hiso un movimiento con la cabeza que podía ser interpretado como un sí o un no. Comenzamos a caminar de regreso por las calles sin saber ahora cuál es nuestro nuevo destino y esperando no tuviera que ver con ninguna de las "amigas" que Honey había mencionado.
–Parecen buenas personas –cruzo las manos tras la espalda mientras alzo la mirada al cielo.
–Lo son. A veces un poco idiotas, pero lo son –es su seca respuesta.
–Bien, ¿ahora a dónde? –espero en la esquina por una indicación.
–Vamos al cine –pide.
–¿Ehhh? –le miro sin comprender.
–Me gusta el cine pero nunca voy solo, te invito –mete las manos en los bolsillos mientras se dirige a la parada del autobús nuevamente.
–Pero…
–No es una cita –interrumpe mis pensamientos.
Así, nuevamente atravesamos la ciudad, esta vez a una plaza comercial donde los adolescentes se reúnen a tontear. Los locales son más sencillos que los visitados por la mañana, lo cual me hace sentir más cómoda. Hikaru se dirige tranquilamente al elevador conmigo detrás de él y pronto llegamos al tercer nivel donde están las salas de juegos, restaurantes y cinemas. Nos detenemos frente a la cartelera, asomo la cabeza curiosa para ver los títulos allí expuestos pero el azabache rápidamente escoge una función que iniciará en quince minutos y, con los boletos en la mano, me indica a qué sala dirigirme.
Ruego porque no sea una película aburrida, estoy segura de que no veremos ninguna comedia romántica y agradezco enormemente ello o estoy segura de salirme a los escasos minutos. En vez de eso Hikaru señala la sala B en donde "Marly & me" se está exhibiendo.
–¿Quieres comprar algo antes de entrar? –se detiene a la mitad del pasillo, reparando apenas en ello.
–No, gracias, no me gustan las palomitas del cine –declaro.
–Ni a mí –asiente mientras entrega los boletos a la señorita de la entrada.
Nos acomodamos en los últimos asientos debido a que están más elevados y ninguno de los otros asistentes podrán bloquearnos la vista de la pantalla con ello. Coloco mi celular en vibrador y Hikaru hace lo mismo no sin antes echarle un último vistazo. La película empieza en medio de un silencio por parte de los dos que, extrañamente, no me incomoda. Hace mucho que no venía al cine, desde que tenía seis años, así que es agradable ello. Me parece muy acertada la selección del azabache y pronto me encuentro disfrutando de la película a pesar de que tiene tiempo de haber salido y estar en una de las últimas funciones antes de retirarla de la cartelera. Es por este motivo que hay menos gente de la que se esperaría; la mayoría son niños y adolescentes acompañados de sus papás, esto hace que mi cabeza vuele lejos pensando en mi padre y cómo le estará yendo sin mí.
Cuando la historia llega a su fin todos salen conmovidos hablando de ella mientras intercambian opiniones. Sin embargo, yo no me muevo, quedando clavada al asiento, Hikaru se queda igualmente quieto mientras me observa.
–¿Estás bien? –pregunta tranquilo.
–Yo… Sí… –murmuro ligeramente confundida.
–¿Segura? –lleva un dedo hasta mi mejilla, recogiendo una lágrima.
–Estoy bien –oculto el rostro en el antebrazo, secando bruscamente el llanto que no he notado.
–¿Vamos a casa? –le escucho decir.
–No –niego como niña pequeña–. Aun no acaba el día.
–Bueno, entonces salgamos de aquí –pide, colocando una mano en mi hombro.
Asiento sin tener fuerza para negarme, dejamos la sala sin decir palabra. El viento me pega en el rostro una vez fuera y los rayos del sol entibian mi cuerpo mientras me abrazo intentando conservar el calor corporal. Hikaru usa un grueso abrigo, así que no nota el cambio de temperatura como yo. Maldigo internamente al vestido que todavía uso.
–¿Por qué me has traído a ver eso? –pregunto con la vista gacha mientras le sigo.
–Me gusta esa película, no pensé que te afectaría tanto –se encoge de hombros mientras saca su celular y consulta algo en él.
–No es la película –le digo.
–¿Entonces?
–Es complicado… –pateo una piedrecilla del camino.
–¿Murió tu mascota? –fija los ámbar en mí.
–Aún vive, es un maltés, me lo dieron cuando tenía seis meses.
–Yo tengo un bóxer, bueno… –se rasca la cabeza– No en el departamento, es obvio. En casa de mis padres, es un poco complicado atenderlo en la universidad y, por otro lado, no tengo cabeza para cuidarle en este momento.
–¿Cómo se llama? –pregunto, alegre de encontrar un tema neutral entre nosotros.
Canto victoria demasiado pronto. El celular comienza a sonar con el mismo tema de Pink que tan bien conozco, Hikaru ni siquiera debe sacarlo del bolsillo de su pantalón, su rostro se desencaja por completo y las palabras mueren en su boca. Rápidamente extrae su cartera y me da un par de billetes, contemplo los mismos en mis manos sin que pueda ver qué relación existe entre uno y otro hecho.
–Toma el tren y vuelve al departamento, ha salido algo y no sé a qué hora regrese –luego da media vuelta y alza el brazo con desesperación, frenando un taxi.
El azabache entra en el mismo sin brindar mayor explicación y yo, por un acto rebelde quizás, me subo tras él, cerrando la puerta.
–Un trato es un trato, dijiste que estaríamos juntos todo el día –me cruzo de brazos, mirándole.
–¡No seas necia, Haruhi! –me grita molesto– Esto no te incumbe.
–¡24 horas! –vuelvo a repetirle con seriedad– No pienso despegarme de ti, así que ni lo intentes.
Masculla molesto mientras se pasa la mano por los cabellos y despeina los mismos con frustración. El taxista voltea a vernos incómodo con el pequeño drama que desarrollamos, no sabiendo si debe o no meterse en medio de nuestro altercado.
–Realmente no tengo tiempo para esto –dictamina el otro.
–¿A dónde, joven? –devuelve la vista al frente.
–Sanno Hospital, le doy el doble si llega en menos de 10 minutos –avisa con voz fuerte.
Hikaru cruza los brazos molesto y comienza a tamborilear nervioso los dedos mientras el auto se pone en camino, ni siquiera me atrevo a decirle nada en los escasos minutos que dura el trayecto. Los coches pasan veloces a nuestro lado, nos metemos por un par de callecillas para acortar la distancia que nos separa y, cuando finalmente la entrada al hospital aparece frente a nuestros ojos, él entrega unos billetes al chofer sin siquiera esperarse a recibir el cambio. Abre la puerta rápidamente y entra corriendo conmigo detrás de él. Sé que no le importa en este momento que me encuentre allí o en la misma China, pero le sigo al ascensor, el cual avanza hasta alcanzar el piso de la Unidad de Cuidados Intensivos.
Una vez las puertas se abren y yo estoy segura del lugar en donde nos encontramos, él corre presuroso a un cuarto en específico, un médico se halla a la entrada del mismo, esperando por él. Noto la seriedad en su rostro, así que me preparo para lo que sea que él deba comunicarnos. Ante cada palabra del doctor mi compañero se pone más pálido, pudiendo apenas asentir a lo que dice e interrumpiéndole muy poco ante cualquier duda que tenga.
–Lo siento –dice finalmente, colocándole una mano en el hombro antes de dejarnos a solas.
Hikaru parece un cascarón vacío, su cuerpo permanece inmóvil después de ello, sin atreverse siquiera a pestañear. Temo que en cualquier momento se desplome, por lo cual me quedo a su lado en silencio. Unos minutos después que a mí me parecen una eternidad, entra lentamente en el cuarto, dejándome a solas y contemplando la pequeña plaquita a la entrada donde reza el nombre:
Hitachiin, Kaoru
Me abrazo con fuerza mientras a mi mente llega de manera abrupta un solo recuerdo. La noche que me instalé en el apartamento Hikaru me abrazó con fuerza, pidiéndome perdón y repitiendo el mismo nombre. No había hecho la relación hasta el momento, pensando que se trataba de una antigua novia, sin embargo, la verdad cae sobre mí como un balde de agua fría. Espero que el chico salga por cuatro largas horas, sin que éste aparezca nuevamente, me pregunto si acaso debo quedarme aquí hasta el amanecer, recordándome que tengo clases temprano. La vocecita lógica de mi cabeza me dice que no tengo deber alguno con el chico, que no puedo hacer nada por él y que tal vez se ha olvidado de mí con el estado delicado de su hermano. Me muevo por el pasillo indecisa de mi decisión y finalmente regreso al elevador, presionando el botón de la planta baja.
El sitio está atestado de personas que caminan en todas direcciones, la mayoría se sienta en una banca libre esperando no molestar mientras aguardan noticias de sus familiares. Me dirijo a la cafetería del sitio mientras pido dos café para llevar, el mío solo y caliente, y el de Hikaru tibio con leche. Recojo un montoncito de sobres de azúcar mientras recibo los pedidos y tras pagar el importe regreso sobre mis pasos.
Cuando llego nuevamente al piso donde dejé al azabache le encuentro sentado en la entrada con la cabeza hundida y frotándose las manos con desesperación mientras sus pensamientos vuelan lejos. Me siento a su lado con el café en las manos y ofrezco uno de los vasos, el que contiene aquél de acuerdo a su gusto. Golpeo suavemente su frente con el mismo sin decir palabra alguna, esperando lo acepte. Mecánicamente lo recoge y quita la tapa mientras bebe el primer sorbo.
–¿Qué haces aquí? –pregunta a media voz– Las 24 horas hace mucho que terminaron.
–Bueno, no podía dejarte solo con todo esto –me siento a su lado, comenzando a tomar de mi bebida–. ¿No deberías avisarle a alguien? Querrán saber qué ha pasado…
–No… –aprieta los dedos con fuerza– Lo mejor es que no sepan. Supongo que ya te enteraste por las enfermeras, ¿no? –una sonrisa amarga se posa en su rostro– Del estado de Kaoru…
–Coma.
Digo la palabra intentando darle menos importancia de lo que realmente me gustaría, pero sé que sin importar cuánto se desee suavizar, ello no cambia su significado. El azabache asiente como toda respuesta y, tras tomar aire, agrega.
–Coma postraumático. Choque de auto… Yo conducía…
Sin embargo, antes de que podamos continuar con nuestra pequeña charla, las puertas del elevador se abren y una chica de cabellera azabache recogida en dos coletas se abalanza sobre mi compañero. Sus ojos están anegados en lágrimas y la preocupación es evidente, su vestimenta está toda revuelta, notándose que apenas se ha colocado un abrigo encima para acudir de inmediato al hospital. Hikaru se para prontamente al verle.
–¿Cómo está? –le pregunta mientras toma con fuerza de la ropa– ¿Qué pasó? ¡Me dijiste que estaba estable, Hikaru!
–Sus signos vitales bajaron… Le volvieron a subir la concentración de Oxígeno –explica con voz apenas audible.
–Pero… ya estaba al 90… –baja la fuerza de su agarre y su voz se quiebra.
Hikaru asiente con la cabeza y un nudo se atora en su garganta antes de poder continuar. Cuando lo hace, su voz se escucha rasposa.
–Está al 100%, el médico dijo que otro evento así… podría dejar daño cerebral permanente... Yo… Lo… Lo siento…
La chica lanza un pequeño grito antes de perder fuerza en las piernas y ser sentada por el azabache en el sitio que tuviera hace unos instantes. Hábilmente le desabrocha el abrigo para permitirle respirar adecuadamente y entonces reparo en dos datos importantes que no vi desde el principio: el delicado anillo de brillantes en el anular izquierdo, y el vientre crecido.
Con un cuidado fraternal que jamás he visto en él trata de hacerle reaccionar al golpear suavemente sus mejillas y permitirle el paso del aire. Grita pidiendo una enfermera, la cual no tarda en acudir, quitándose el estetoscopio que lleva al cuello mientras comienza a revisar sus signos vitales, sobre todo en el estado en el que se encuentra. Cuando finalmente corrobora que se ha tratado sólo de estrés, nos pide no le demos impresiones fuertes y le invita a retirarse a descansar. Ella niega con la cabeza y promete ser cuidadosa, así que a regañadientes la mujer accede a dejarnos tranquilos.
–¿Puedo pasar a verle, por favor? –pide suplicante al azabache una vez que nadie puede escucharnos.
–Sólo un rato –accede a sus ojos anegados en lágrimas.
Ella asiente con la cabeza y entra en el cuarto adjunto mientras Hikaru lleva una mano a sus cabellos y los despeina como cada vez que se siente impotente.
–¿Es buena idea que le dejemos ir? –pregunto preocupada.
–De no haberlo hecho, estoy seguro que se hubiera quedado a la mitad del pasillo hasta que consintiera –se sincera, volviendo a sentarse.
–¿Y ella es…? –pregunto aunque ya lo intuya.
–Ella es Hibari Tsugumi, la prometida de mi hermano –juega con el vaso vacío de café, fijando la mirada en el mismo sin atreverse a levantarla–. Ellos estaban próximos a casarse cuando… tuvo lugar el accidente…
–Ella está… –me detengo a la mitad de la frase.
–Embarazada, sí. Kaoru no se enteró de ello, nosotros supimos porque se puso mal tras la noticia, tuvimos que llevarla al hospital y… ella tuvo una amenaza de aborto –se calla, volviendo a girar el vaso como si no pudiera realmente continuar, coloco mi mano sobre la suya, intentando decirle que no es necesario decir más, pero él prosigue–. Mi madre quería que se mantuviera alejada del hospital, pero creo que lo mejor para ella es saber de Kaoru, de su estado actual, de los cambios que puedan ocurrir. Claro que también pienso en el bebé, así que me abstengo de informarle cuando ocurren… bueno… cambios negativos…
–¿Ya sabes qué va a ser? –le pregunto para intentar cambiar el tema.
–No, Hibari quiere que Kaoru sea el primero en enterarse, así que si nace antes de que él despierte, vendrá directamente de maternidad a presentarle al bebé.
–Hikaru… ¿cuánto tiempo tiene Kaoru en coma? –hago la pregunta que no deseo, pero la cual es obvia viendo el avanzado estado de la azabache.
–Siete meses… –sus manos se crispan– Siete meses desde el accidente.
–Y… ummm… ¿ha habido algún cambio?
–Sólo ha empeorado… –se sincera por primera vez conmigo.
–Todas esas noches que sales del departamento…
–Vengo a verlo, a hablar con él. No soporto los espejos ni ninguna superficie que me devuelva mi reflejo.
–Por eso también cambiaste tu color de pelo –digo lo obvio.
–Ese día era nuestro cumpleaños… no podía soportar seguir viendo su cara frente a mí –se lleva una mano al rostro, tapándoselo.
–Pero, Hikaru, no necesitas hacer algo como eso. Kaoru y tú son gemelos, pero eso no significa que sean la misma persona, sé que el dolor de no tenerle a tu lado debe ser muy fuerte, pero…
–No es por el dolor, Haruhi… –me interrumpe– Ya te lo dije, no soy tan buena persona como tú, como el resto cree. La razón por la que vengo, el motivo por el que no soporto ver la cara de Kaoru en todas partes es sólo culpa… yo lo puse en ese estado.
–¿Qué… dices? –le miro sin entender.
–Fue una tontería en realidad –aprieta con fuerza el vaso–. Él y yo jamás nos habíamos peleado antes, no sé por qué… por qué debíamos hacer eso ahora… Yo no…
–No es necesario que me digas –le interrumpo, tomándole del brazo.
Noto las lágrimas cayendo de sus mejillas que trata inútilmente de ocultar, le atraigo hacia mí y dejo que se desahogue por primera vez en la noche. Poco a poco los sollozos disminuyen y su respiración se vuelve más acompasada. Las manecillas del reloj del pasillo marcan las 2 am.
– EL LADO OSCURO DE LA LUNA –
Vamos, salta. Es fácil. Tan fácil. Simplemente debes tomar la decisión, después ya nada importará.
Despierto sobresaltada al oír esa voz nuevamente. Sin importar cuánto corra las pesadillas llegan detrás de mí. No sé en qué momento me he quedado dormida, pero ha sido mientras cabeceaba en las sillas del pasillo, la entrada al cuarto sólo está permitida a los familiares cercanos y de manera individual. La chica de antes aun no sale, así que supongo no ha pasado mucho tiempo. Sobre mí tengo puesto el abrigo de Hikaru, volteando a uno y otro lado buscándole. Le descubro a unos pasos de mí, dándome la espalda mientras contempla el flujo de la ciudad a través de la ventana.
–¿Qué hora es? –pregunto adormilada.
–Cerca de las tres de la mañana –me dice tranquilamente.
–Hikaru, todas tus noches en el hospital, ¿las has pasado solo? –me acerco a él enfundada en su abrigo.
Asiente sin decir palabra alguna.
–Pero… ¿y sus padres? –no logro entender por qué él debe cargar con todo el peso.
–Perdieron las esperanzas hace mucho –me dice en voz queda y, extrañamente, muerta–. Tratan de ser lógicos ante lo que sucede con su cuerpo, para ellos esto se basa únicamente en probabilidades. Un día más que Kaoru pasa dormido es un día menos de esperanza para ellos.
–¿No se supone que los padres son los últimos en abandonar las esperanzas? –aprieto con fuerza la tela del saco– ¿No se supone que ellos deben sujetar hasta el rayo de luz más pequeño?
–Lo hacen… no los prejuzgues… –lleva la mano a su frente sin voltear a verme– Han ido con todos los médicos que les han recomendado, han puesto en práctica cualquier terapia que alguien aconsejara… pero no hay cambios. Lo único cierto es que la desesperación les ha hecho abandonar las empresas.
–El cierre de la tienda… –murmuro, recordando a las chicas de esta tarde.
–Las ganancias invertidas en remedios inútiles… –golpea con fuerza la pared con el puño– Eso les ha causado una gran depresión, Haruhi. ¿Sabes? En Navidad mi madre quiso sacar a Kaoru de aquí para que nos acompañara en la fiesta, los doctores se opusieron, naturalmente. Tuvieron que sedarla debido a la crisis que presentaba. Desde entonces mi padre ordenó a todo el personal del Hospital que le prohibieran el paso, él la cuida en casa, así que…
–Tú cargas con todo esto… –conecté todo.
–Es mi castigo… Me lo merezco…
–No debes autoflagelarte. Yo no creo realmente que…
–Haruhi, ya –interrumpe–. Deja de verme como si fuera un mártir, no lo soy. Te lo dije, no soy tan buena persona como crees. Tú estás aquí sólo porque te ayudé ese día en El gato negro, porque crees que debes pagarme de una u otra manera, pero no estás obligada conmigo.
–Pero yo…
–Lo que hice fue por un capricho –alza el tono de voz–. Estaba cabreado con Megumi por hacerme una escena en el antro, así que pensé que molestar al viejo que te acosaba me ayudaría a relajarme; sin embargo, huyó sin siquiera atreverse a pelear conmigo. No somos amigos para que estés haciendo esto por mí, ¿de acuerdo? Si te sientes en deuda conmigo considérala pagada con el pastel del otro día.
–¡Esto no es por el antro! –me enfado cada vez más– ¡¿Tú crees que es divertido ver cómo te autodestruyes?! ¡¿Ver cómo contemplas el abismo deseando saltar?! ¡Deja de fingir que todo te vale una mierda, Hikaru! ¡¿Qué vas a decirle a Kaoru cuando despierte y pregunte qué has hecho de tu vida?!
Una enfermera llega pidiendo que guardemos silencio debido al área en la cual nos encontramos, Hikaru y yo nos disculpamos apenados aunque en realidad sólo sea yo la que ha cometido tal desacato. Cuando nos quedamos a solas niega con la cabeza y sonríe, recargándose en la pared.
–Haruhi, eres todo un caso. La mayoría de las chicas se soltaría a llorar y marcharía indignada, pero tú no –voltea a verme fijamente–. Definitivamente me gustas.
Espero les haya gustado, finalmente sabemos qué ha pasado con Kaoru, pero ¿cómo influirá este descubrimiento y confidencia en la relación de Hikaru y Haruhi? Bueno, habrá que esperar a verlo en los siguientes capítulos.
También pude traer a Honey y Mori como deseaba y ya prometo que en los siguientes capítulos saldrá el resto de los personajes que no han aparecido, pero esta vez quise enfocarme más en estos dos.
¡No se olviden de dejar un sexy review!
