Adivinen quién regresó de entre los muertos. No saben realmente cuánto quería traerles este capítulo, pero de pronto tuve muchos enfermos y entre la Facultad, los Hospitales y mis visitas a domicilio ya no he tenido tiempo de nada. Pido una disculpa a los beta por no darles este archivo para su aprobación, pero sentí que si no escribía hoy ya no lo haría en mucho, mucho tiempo.

También quiero pedir perdón por la redacción, lo subo tal y como lo termino, estoy cansada porque finalicé en la madrugada, así que me paso al rato para corregir lo que haga falta. ¡No se olviden de dejar un lindo review!


El horror pierde su espanto cuando se repite mucho.

Michael Ende

No entiendo a Hikaru. Desde que regresamos del hospital las cosas entre nosotros han parecido arreglarse, si se les puede llamar así. Quizás Honey tenía razón y lo único que Hikaru necesitaba era compartir su dolor con alguien más, aunque no sé si pueda considerarse de esa manera. Ni él ni yo hemos hecho mención alguna sobre lo sucedido en el Hospital, como si simplemente se borrase de nuestra mente. Sé que necesita tiempo y espacio para asimilar la situación por la que atraviesa, pero el comentario del Doctor justo cuando comenzaba a recuperar parte de su vida sólo hará las cosas más difíciles… es notar que el rayo de esperanza se vuelve más y más pequeño a cada instante.

Lo único cierto es que ahora mantiene recogido su cuarto para evitar que vuelva a entrar a recogerlo o, como me lo ha dicho ya: a "fisgonear entre sus cosas".

Es quizá todo lo pasado, el peso que conlleva conocer un secreto así y no poder decírselo a nadie ni ayudar en ninguna forma lo que hace que tenga al azabache siempre en mi mente, rondando una y otra vez a lo largo del día. Se ha clavado tan fuerte en mi cerebro el querer ayudarle que lo único seguro es que debo alejarme antes de retroceder todo lo que ha avanzado… ¿pero realmente es así?

–Hey, Haruhi, ¿estás aquí?

Veo a Jiro mover los labios justo frente a mi rostro, ocasionando que dé un pequeño brinco nerviosa y un agudo chillido escape de mi boca. El chico cambia su gesto interrogante por uno de fastidio y cansancio, corroborando con horror que he dejado de escucharlo desde hace mucho, él se lleva una mano a la frente intentando relajarse y yo sólo acierto a sonrojarme débilmente.

–Disculpa… ¿decías? –me atrevo a preguntar, a estas alturas es más que obvio que mi mente ha viajado muy lejos durante toda su explicación.

–Y yo que te tenía en un mejor concepto al de Nakao… –suspira rendido mientras la pelirroja se queja y yo trato de prestar atención– Intenta no distraerte, de acuerdo. Esta vez tendrás a tu cargo a la nueva empleada, debes mostrarle dónde se encuentra cada cosa de la Cafetería, así como nuestra dinámica laboral, los precios y platillos más solicitados. Si tienes un problema o duda con ello, acude inmediatamente mí, ¿está bien?

–Sí –afirmo con una sonrisa.

Jiro asiente mientras nos entrega el nuevo Menú. Mis ojos se pasean por los platos, ha conservado apenas dos o tres y agregado los del año pasado que servíamos en la temporada de primavera, es entonces cuando noto con horror que la tarta de nísperos, piña y cerezas no está. Alzo el rostro buscando sus ojos y al hacerlo noto que Nakao ha tenido la misma reacción que yo.

–¡Nuestra flor de melocotón! –chilla como niña pequeña mientras señala el apartado de "Natillas".

–Tampoco veo la tarta crocante ni el Marqués de chocolate –secundo a la pelirroja, ha quitado tres de los platillos más vendidos en esta temporada.

–Deberán hacerse a la idea… –el tono de voz del jefe es suave y calmado, pero inmediatamente entendemos que algo no está bien– Nakao, la natilla tiene melocotón como base, pero son los nísperos los que realmente resaltan el sabor, Nozomi modificó mi receta original, así que todavía debo trabajar en la misma para volver a conseguir esa consistencia. En cuando al Marqués, es probable que no vuelva, era una receta familiar, así que nunca me compartió cuáles eran los ingredientes ni cantidades.

Sé que esto le duele más a Jiro que a Nakao a pesar de ser una fiel devota de los postres. Fueron realmente él y Nozomi quienes levantaron el local hace unos cinco años, modificando el Menú y creciendo con el mismo a través de las temporadas, incluso compitieron un par de veces en el Distrito y acudieron a cursos impartidos por reposteros profesionales.

–¿Qué hay de la tarta? –la pelirroja hace un último intento.

–Es un poco compleja –declara con tranquilidad–, lleva fruta suave, así que existe el riesgo de desbaratarse durante el horneado y si se saca antes de tiempo la costra de la masa no estará lo suficientemente crujiente. Además, al desmoldarse puede romperse…

–En resumen: no confías en la nueva chica –advierto de golpe.

–La hizo como prueba final –acude al refrigerador, sacando del mismo una tarta–; sin embargo, su presentación es más sencilla, así que espero pueda mejorar su técnica de decorado antes de que volvamos a servirla a los clientes.

–¿Y el sabor? –Nakao contempla el postre con esperanza.

–Excelente –sonríe.

–¿Puedo? –mi compañera está deseosa por probar las habilidades de la nueva empleada, mirando la tarta con ansiedad cada vez más plausible.

–Adelante –corta un trozo para cada quien.

No necesitó escuchar más, Nakao hunde un tenedor en ella e inmediatamente la observa por todos los ángulos. Es cierto que luce sencilla, pero en cuanto la meto en mi boca descubro que el sabor es casi el mismo. Un poco más de técnica y será como si Nozomi nunca se hubiera ido. Niego con la cabeza al tener ese pensamiento, olvidando por un instante realmente por qué no está con nosotros.

–¿No te ha gustado? –Jiro me observa preocupado.

–Oh, no, en realidad está muy buena –aclaro mientras corto una segunda porción.

–La costra está un poco sobrecocida –declara la pelirroja.

–A mí me gusta así.

Todos dirigimos la mirada a la puerta trasera de la cocina, en el marco de la misma una chica de largo cabello castaño nos observa. Noto el contraste del mismo con unos mechones plateados, pero esto pasa a segundo plano cuando me fijo en sus ojos: grises. El delineador negro los hace ver más grandes, recordándome a los de los felinos. Sus labios están pintados de un rosa fuerte, lo cual aumenta la sensación de que debería estar a la mitad de un concierto de rock y no en medio de frutas y masas.

–Permítanme presentarles a Kyoishi Meiko, trabajará con nosotros a partir de hoy –decreta Jiro, corroborándonos que indudablemente es ella quien ha tomado el control de nuestra cocina.

–Dame dos días y te aseguro que será la mejor tarta que hayas comido en toda tu vida –mira altiva a Nakao mientras se recoge la larga cabellera en una coleta.

–No soy fácil de complacer –advierte la pelirroja.

–Eso es mejor –ríe.

–Ellas son Haruhi y Nakao –nos presenta el azabache–, conforman el resto del equipo de trabajo. Puedes tomar un delantal de los casilleros de la entrada; nosotros iremos a limpiar el frente, Haruhi te ayudará en lo que necesites.

Ambos salen de la cocina para asegurarse de tener todo en orden antes de que el local abra. Meiko y yo nos quedamos a solas, ella se dirige al refrigerador para ver con qué ingredientes cuenta y luego da un vistazo rápido a los postres enlistados en los nuevos Menús.

–¿Necesitas ayuda en algo? –pregunto incómoda, ella luce decidida y segura.

–No realmente –me dice con tranquilidad al mismo tiempo que saca los trastes necesarios–, sé que no lo parece, pero realmente soy buena en la cocina. Tengo un hermano mayor, así que desde pequeña he aprendido a valerme por mí misma… de hecho fue su idea que solicitara el puesto, quiere que tenga un "trabajo normal" –hizo unas comillas con los dedos.

–Ya veo –no se me ocurrió nada más inteligente qué decir.

–Oye, Haruhi –preguntó mientras comienza a batir unos huevos–, ¿podrías decirme cómo es Jiro? Me gustaría saber a qué me estoy enfrentando, ¿sabes?

Asiento. Me recargo en la barra frente a ella mientras pienso en una respuesta precisa, al cabo de un rato de analizar las características del azabache y recordar por qué Nakao o yo hemos sido reprendidas con anterioridad, respondo:

–Es un excelente jefe: profesional, amable… uhn… respetuoso, sencillo y un poco competitivo a veces… –enlisto con los dedos mientras lo digo.

–¿Te gusta? –sonríe pícaramente.

–No –me encojo de hombros–. ¿A ti?

–Es muy guapo –admite mientras disimuladamente se pone de puntillas para verificar por la pequeña ventana de la puerta que no nos oigan–, pero no es mi tipo realmente.

–Te gusta otra persona –declaro al ver cómo brillan sus ojos.

Al instante deja de batir y su mirada se clava en un punto invisible muy distante a las dos.

–No hay futuro entre nosotros –declara fríamente.

–Eso no lo sabrás si no lo intentas –contesto a mi vez, es bastante obvio que está completa y totalmente enamorada de ese chico.

Meiko no contestó a ello.

EL LADO OSCURO DE LA LUNA

Llego al apartamento cansada tras el primer día de trabajo con Meiko, el tener la Cafetería cerrada por tanto tiempo sólo hizo que nuestros clientes acudieran en desbandada, por lo que he pasado todo el tiempo dando de vueltas entre las mesas. Apenas abro la puerta con mi llave cuando procedo a quitarme los zapatos y caminar descalza, sintiendo la frialdad de la madera. Sin poder llegar a mi cuarto me dejo caer en uno de los sillones de la sala, de pronto una sombra bloquea la luz de la lámpara y yo abro los ojos extrañada por ello. Tamaki sostiene una bolsita de papel frente a mí donde se puede distinguir el logo de Starbucks.

–¿A qué se debe ello? –me divierto, es la primera vez en años que alguien me sirve café a mí.

–Una pequeña compensación –sonríe, sacando el vaso y un brownie en una servileta–, Kyouya me dijo que me buscabas el fin de semana.

–Quería hablar contigo –me enderezo al tiempo que tomo la comida de sus manos.

–¿Y eso? –ladea la cabeza confundido.

–Nada más –muerdo el brownie, el cual está un poco reseco para mi gusto–. Kyouya y Hikaru son muy reservados, es bueno conversar con alguien de vez en cuando.

–Lo lamento, Haruhi –se disculpa apenado–. Creo que si no tienes el símbolo del dólar en tu rostro, Kyouya difícilmente te prestará atención. De Hikaru no puedo decirte mucho, él casi no habla conmigo… con nadie, debo agregar.

–¿Qué tal tu fin de semana? Kyouya dijo que visitas a tu familia cada ocho días –trato de desviar el tema de la conversación, Hikaru sigue poniéndome un poco nerviosa, no sé bien cómo reaccionará.

–Así es –me sonríe dulcemente–, mi padre es director de un Colegio Privado aquí en Tokio; mi abuela ostentaba el cargo anteriormente, por lo que las diferencias entre ambos pueden aumentar la tensión fácilmente. En específico, ella está en desacuerdo con el programa de becas que él ha implementado.

–A mí me parece una gran oportunidad para los estudiantes de bajos recursos –admito.

–¿Verdad? –vuelve a dedicarme una de esas sonrisas cálidas que le regala a todo el mundo, no pudiendo evitar sonrojarme ante ello– Creo que las ideas de mi padre son muy buenas, sólo necesita más apoyo de su parte.

–¿Y tú medias entre ambos? –tomo del café, descubro a mi pesar que tiene leche, pero reprimo mi desagrado por educación.

–Digamos que mi abuela no me tiene en muy buen concepto –declara nervioso.

–¿Cómo es posible? –mi voz suena más fuerte de lo que me gustaría, él me mira un poco extrañado– ¡Todas las abuelas aman a sus nietos! ¡Eso es casi una regla!

Tamaki ríe suavemente, por lo cual noto que me he dejado llevar, tapando mi boca apenada con la mano donde antes estaba el brownie, desde hace rato que me lo he acabado.

–Haruhi, realmente agradezco cualquiera que haya sido el motivo por el cual miraste el anuncio del apartamento, eres la compañera que necesitaba.

Su tono de voz es suave y dulce, clava sus ojos violeta en los míos y yo por un momento me desconecto del mundo. Oh, indudablemente Tamaki es muy diferente a los azabaches, me digo.

La puerta se abre y por la misma penetra el chico de lentes, quedándose clavado en la entrada por un instante al vernos sentados tan juntos uno del otro, no sabiendo qué hacer a continuación.

–¿Interrumpo? –dice por fin.

–En absoluto, okaa-san –el rubio aclara apenado mientras se aleja un par de centímetros.

–Entonces pide algo de cenar –ordena mientras comienza a quitarse la corbata y saco que usa en ese momento–, y que no sea pizza… ya cenamos eso ayer.

–Ah, no –me enderezo en el acto–. De eso nada, suficiente tuve ya de ello.

Los dos me voltean a ver confundidos y es entonces cuando aprovecho para dirigirme a la cocina, sacando una sartén de la alacena y algunos vegetales del refrigerador. Me recojo rápidamente el cabello en una coleta y coloco un delantal que tengo colgado en un gancho cercano mientras decido rápidamente qué preparar.

–Pongan los platos, yo me encargo de cocinar, ¡y más les vale que se acaben todo! –les aviso.

Tamaki y Kyouya se miran confundidos por un instante para luego soltar un suspiro pesado. El rubio camina hasta la mesa del comedor, la cual se encuentra llena de papeles diversos, algunos botes con lápices sin punta, lapiceros sin tinta, tijeras e incluso un par de crayones; una caja de pizza vacía y pequeñas cajas de comida china descansan en la basura, así que es imposible para él tirar allí los papeles inservibles. No sé cómo dos adultos "responsables" han descuidado tanto ello, pero parece ser que nunca han usado dicho sitio para comer y que la cocina se ha limitado todo este tiempo a usar el microondas para recalentar la comida rápida y guardar en la nevera un par de cervezas.

–Por favor, dime que entre esos papeles no están las cuentas que te pedí pagaras –riñe Kyouya a Tamaki cuando éste oculta nervioso un par de sobres entre los fólderes.

–¿Cómo crees, okaa-san? –se lleva todo de inmediato para evitar que el otro compruebe o niegue sus dudas.

Unos minutos más tarde la mesa finalmente está libre, los chicos traen las sillas de las diferentes habitaciones y yo coloco la pasta recién hecha en el centro. He cocinado fetuccini Alfredo, una receta sencilla y que espero les guste; mientras ellos se sirven yo termino el pollo a la italiana, acompañándolo de puré de papas.

–¿Y bien? –pregunté nerviosa cuando hubieran probado un poco de todo.

–¡Haruhi, eres increíble! –Tamaki me miró como niño pequeño que de pronto descubre que puede comer más helado.

–Por mucho, mejor que una simple pizza –suspiró el azabache.

–No desacredites a las pizzas, okaa-san… pero sí, Haruhi cocina delicioso –el rubio se sirvió más de pasta.

–Me pregunto qué otras sorpresas guardas –Kyouya sonrió por primera vez para mí–. Indudablemente eres lo mejor que me ha pasado desde que me mudé.

EL LADO OSCURO DE LA LUNA

A partir de ese día Kyouya me pidió que administrara la cocina y guisara para todos, a cambio me descontaría un 10% de la renta y, considerando que realmente no gastaba mucho en la compra de los ingredientes, accedí. Además, el azabache me dijo que destinaría un pequeño capital semanal a las compras, considerando que todos debíamos pagar por la comida. Hikaru, sin embargo, no se unió a nuestro nuevo arreglo, su estilo de vida continuó siendo el mismo para el resto de mis compañeros.

No podía aplicárseme lo mismo. Terminada la cena y lavados ya los trastes, los chicos se retiraban a su cuarto, momento que aprovechaba el azabache para salir de su habitación o llegar a casa, pareciendo tener un sexto sentido que le indicaba cuándo estaba finalmente sola. Entonces, para bien o para mal, traía su computadora a la sala, lugar donde yo solía realizar mis tareas escolares. Así, sin decir palabra alguna, me acompañaba.

–¿Por qué no trabajas en tu cuarto? –le dije el primer día.

–No sirve el foco –respondió infantilmente sin voltear a verme.

A la mañana siguiente entré dispuesta a cambiar la lámpara para deshacerme del pretexto puesto, pero por la noche ya estaba nuevamente a mi lado, realizando su tarea en silencio.

–¿Y ahora? –pregunté.

–Hay una araña muy grande en mi baño –se encogió de hombros.

Por un par de días esto se repitió, poco a poco me fui acostumbrando a tenerle junto a mí hasta el punto de que cualquiera de los dos en algún momento de la madrugada hacía chocolate caliente y le traía una taza al otro. Llegué a llamar a eso mis "pijamadas de estudio".

Una noche estábamos como de costumbre trabajando cuando mi celular comenzó a sonar insistentemente. Unas amigas de la preparatoria y yo teníamos una conversación en Whatsapp, nos llevábamos bien y nos teníamos mucha confianza, razón por la cual éramos muy directas al hablar, sin embargo, Momoka acababa de romper con su novio de tres años, así que estaba un poco sensible.

Momoka: ¿Puede haber algo peor que los hombres?

Renge: ¡Sí! Que la nueva versión del Ukidoki se agote pese a acampar frente a la tienda *tears*

Momoka: ¡Esto es serio! ¡Todos los hombres son unos patanes! *fury*

Kimiko: Oh, Momo-chan, eso dices porque la herida es reciente *heart*

Haruhi: Tiempo al tiempo.

Momoka: ¡Oh, vamos, chicas! Ustedes saben cuánto quería a Hibiki-kun, ¡con él perdí la virginidad!

Kimiko: No creo que sea bueno que sigas llorando sobre la leche derramada.

Renge: Lo hecho, hecho está. Aunque duela admitirlo, esto no es como un otome… ellos no van a prometer matrimonio tras el primer beso *tears*

Momoka: Escuché que sale con Ayame… ¡no ha pasado ni un mes desde que cortamos! *brokenheart*

Kimiko: Bueno, es casi imposible que los chicos guapos estén solteros. Y si no tienen novia, al menos tienen "otro tipo" de relación *blush*

Renge: ¡Eso debe ser especial! ¡Debes hacerlo con tu príncipe la noche de bodas! *fury*

Kimiko: Jajaja, puedes soñar eso, Renge, pero la realidad es que las mujeres ganan cada vez más libertad en el sexo *wink* Vamos, Momoka, ¿qué tan seguido lo hacían?

Momoka: …dos a tres veces a la semana.

Kimiko: ¡Y eso es poco!

Renge: ¡Tú ni tienes novio! *fury*

Kimiko: Bebé, no lo necesitas para divertirte *wink*

Renge: *surprised*

No condenaba la manera de actuar de mis amigas, pero tampoco me sentía muy cómoda con la misma. En ese sentido Renge y yo éramos más parecidas, aunque tampoco llegaba al punto de idealizar mi primera vez. Diecinueve años y siendo virgen. Casi siempre rodeaba el tema o buscaba la forma de zafarme de la incómoda pregunta, no quería tener que soportar sus bromas al respecto, estando segura que no hablarían de otra cosa por semanas. Pensé en los comentarios de Momoka y Kimiko, Hikaru entraba en la clasificación de "patanes" si lo conocías en un antro: atractivo, confiado, divertido. Mi cabeza regresó a esa noche en el Gato Negro, él estaba allí con una chica muy guapa e incluso ésta le había armado una escena delante de la gente… ¿era de los que botaban apenas se les pasaba la atracción? Le contemplé con detenimiento, el chico utilizaba su Tablet en ese momento para realizar una composición bastante buena a partir de simples cuadrados, triángulos y círculos.

–Hey, Hikaru –le llamé, su vista se clavó en mí–, ¿tienes novia?

–¿Por qué la pregunta repentina? –preguntó secamente.

–Bueno, nunca te veo salir con nadie, pero eres atractivo –fue lo primero que se me ocurrió responder, aunque él mencionara antes a Megumi no se me hizo prudente echárselo en cara–. Debes tener alguna relación sentimental, ¿no? Una novia o incluso…

–No. Nunca –me cortó tajantemente–. Jamás he tenido una relación con ninguna mujer, Haruhi. No la tengo ahora ni la tendré nunca.

–Ahhh… –fue lo único que alcancé a decir, volviendo la vista a mi computadora.

–Honestamente… –le escucho continuar– ¿crees que alguien pueda soportarme más de dos semanas? No con todo lo que cargo encima.

–Pues nadie te ha pedido lo hagas –volteo a verle.

–Sólo no hablemos de ello, ¿sí? –me pide esta vez.

–Ya, ya, no me meto –accedo.

–Pero es interesante, ¿sabes? –fija su mirada en mí.

–¿Qué cosa? –pregunto con curiosidad.

–Saber que me consideras atractivo –llevó su mano derecha a la barbilla, haciendo una pose teatral.

–Eres incorregible –le golpeé con una almohada del sofá detrás de mí.

Hikaru se quejó suavemente para luego contraatacar con la almohada sobre la que estaba sentado, comenzando una pequeña guerra. A la mañana siguiente cuando Kyouya se levantó se encontró con la desagradable sorpresa de que las fundas estaban rotas y había plumas regadas por todos lados, naturalmente nos puso a barrer y declaró que nosotros pagaríamos el reemplazo.

–La mejor inversión de mi vida… –me dijo Hikaru mientras se metía una cucharada de cereal a la boca.

EL LADO OSCURO DE LA LUNA

La noche del jueves, después de lavar los trastes de la cena, Hikaru se acercó a mí. Los dos días anteriores no le había visto y sospechaba que se había ido a ver a Kaoru, por lo cual realmente no me extrañó. No. Lo asombroso fue que me dijo bajito al oído, casi como un secreto:

–No hagas planes para la noche del sábado, te llevaré a un lugar.

Me volteé sorprendida, quedando los dos frente a frente a escasa distancia.

–¿A dónde?

–Si te dijera no sería divertido, tanuki –tocó mi nariz con la punta de su dedo.

–¡Eso es trampa! –me quejé antes de que saliera riendo.

Sólo entonces noté que Kyouya y Tamaki aún no se iban a su cuarto, mirándonos extrañados desde la sala. Porque para ellos Hikaru seguía siendo un fantasma que sólo a veces aparecía. El rubio clavó sus ojos en mí como si yo fuese una especie de Santa que realizaba milagros, incómoda me di media vuelta dispuesta a terminar el aseo.

EL LADO OSCURO DE LA LUNA

Hikaru y yo tomamos el transporte público para llegar al sitio, se trata de un pequeño cine donde se exhiben películas viejas. Paga en la entrada por dos boletos e inmediatamente selecciona una película que conozco muy bien: Tonari no Totoro. Me detengo en el pasillo cuando le veo llegar a la puerta de la sala.

–¿Estás bien? –pregunta confundido al ver mi reacción.

–Yo… sí… –murmuro, obligándome a entrar tras él.

Nos sentamos en uno de los últimos asientos para tener una mejor visión de la pantalla. Me dejo caer en mi asiento mientras mi corazón comienza a latir cada vez más rápido conforme la cinta inicia. Satsuki y Mei exploran la casa a la que llegan en compañía de su padre, mis manos se aferran con fuerza a los reposabrazos. Mei sigue a los pequeños espíritus hasta donde Totoro duerme, aprieto los dientes con fuerza sin ser consciente de ello.

–¿Segura que estás bien? –Hikaru vuelve a preguntar.

–S-Sí… –murmuro apenas audiblemente.

–Podemos salir si gustas –ofrece amablemente.

–Oh, no –intento sonreír, volviendo la vista a la pantalla.

El baile del crecimiento de las plantas… respiro por la boca.

La aparición del gatobús… me martillean los oídos.

La madre en el hospital…

No pude resistirlo más, me enderecé con prontitud de mi asiento, saliendo de inmediato de allí; mi pecho dolía intensamente como si alguien se hubiera recargado en el mismo, oprimiéndolo más a cada segundo que pasaba, recreándose con mi sufrimiento como un niño pequeño al arrancar lentamente las patas de las cigarras. Quería salir del edificio y tomar una bocanada de aire antes de ahogarme por completo, ni siquiera sé cómo crucé los corredores hasta la salida. Las luces de la ciudad nublaron mi vista por un instante y el frío del viento me golpeó en la cara con tal intensidad que parecía cuchillas enterrándose en mi carne, tuve que recargarme en un poste cercano, asiéndome a él con fuerzas ante el temblor que experimentaban mis piernas.

–Haruhi, ¡Haruhi!, ¿qué sucede? ¿Estás bien? –la voz de Hikaru poco a poco me regresa a la realidad, su rostro se halla consternado, preocupado al verme desaparecer de esa forma.

Él toma mi rostro entre sus manos, brindándome calidez con este simple pero significativo hecho, sus ojos me miran insistentemente, queriendo descifrar en los míos el porqué de mi reacción. Oh, Dios, cuánto deseo asirme de él, aferrarme a él antes de caer en el abismo, no quiero volver al fondo del mismo, a la oscuridad, al frío… a la soledad.

–¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? –repite en un murmullo mientras me atrae contra su pecho.

Siento su corazón latir aceleradamente… está preocupado. Hikaru está preocupado por mí, por los fantasmas y demonios del pasado que me atormentan sin importar cuánto ha transcurrido desde ese día, desde que mi vida dejó de ser mía.

–Lo siento, lo siento, no debí… no debí traerte… perdóname… –le oigo decir y yo entierro las uñas en su ropa, queriendo corroborar por mí misma que es real, que él no se desvanecerá de un momento a otro.

Cuando finalmente logro saber qué es lo que sucede me encuentro sentada frente a una humeante taza de chocolate caliente en nuestro apartamento, Hikaru tiene la suya entre sus manos mientras espera pacientemente a que el color regrese a mi rostro y yo, con labios marchitos, apenas soy consciente de lo que digo.

–Mamá y yo… vimos esa película la noche antes de que… de que…

–¿Muriera? –lleva su mano hasta las mías, fijando su mirada en mí al saber que soy casi incapaz de continuar.

–…se suicidara –termino, entrelazando con fuerza nuestros dedos.

Soy consciente de la intensidad con que ahora me observa incluso sin voltear a verle, me siento tan extraña al decir esto en voz alta que no logro reconocer mi propia voz. Es quizás esto lo que necesito, he pasado tanto tiempo ignorando tal hecho, creyendo que se trataba de una pesadilla… decirlo lo vuelve todo real, me hace enfrentar que realmente ocurrió. Y lo necesito, necesito oírlo de alguien, sé que papá jamás lo aceptará frente a mí, pero ya no soy más una niña, ahora puedo enfrentar los hechos, puedo encararlo… y elijo a Hikaru para ello.

–Cuando tenía cinco años le preguntaba constantemente a mis padres el por qué no me habían dado más hermanos… pasé meses repitiendo lo mismo y enfadándome con ellos por ser hija única, ahora sé que mi madre tenía problemas para embarazarse pero… en ese entonces era tan joven… yo… no sabía nada. Una tarde ella y papá me dijeron que pronto tendría un hermanito y… me puse tan feliz, amaba a ese niño que nunca había visto, a quien mis padres compraron ropa tan linda e incluso acondicionaron un cuarto entero para él, llenándolo de juguetes y muebles primorosamente decorados… sin embargo, mamá lucía cada vez más decaída, tan pálida y… frágil… –tuve que detenerme por un segundo, recordando el rostro de mi madre en esos días difíciles– Después de meses yendo al médico, de cuidados constantes, medicamentos fuertes y descanso absoluto… lo perdió… perdió a mi hermanito… Estaba tan enojada por ello, me decía que no era justo, pero nunca le reclamé a mi madre, no al verla en ese estado… adelgazaba a cada instante más y no quería comer; en vano papá y yo le rogábamos que lo hiciera, ella se pasaba el día llorando hasta que se le secaban las lágrimas, siempre acostada en cama y abrazada a alguna de las prendas que mi hermano nunca se pondría…

El nudo en la garganta me impide continuar, Hikaru acaricia suavemente mi mano para indicarme que me escucha, que está aquí, conmigo, que no piensa dejarme y que nunca me soltará. Inspiro todo el aire que puedo antes de humedecer mis labios y continuar con este macabro secreto que nunca he revelado a nadie, ni siquiera a Mei.

–El Doctor dijo que sufría de una fuerte depresión así que debíamos darle ciertos medicamentos todos los días. No sé si no los tomaba, si los escupía cuando no la veíamos o si acaso era necesaria una dosis más fuerte, de cualquier modo no dieron resultado. Un día salí temprano de la escuela debido a que habría un festival escolar y yo, en lugar de quedarme, pedí a mi padre me recogiera para volver juntos a casa y darle una sorpresa a mamá… jamás olvidaré ese olor…

Lo veo, puedo verlo ante mí, es volver a repetirlo una y otra vez. Los días que mi madre pasaba internada en el Hospital, atada a la cama, fuertemente sedada y con tubos saliendo de sus venas para evitar que nos hiriera o que incluso se lastimase a sí misma. Comprendo cuánto ha sufrido Hikaru todos estos meses que Kaoru ha estado dormido, velando constantemente por él, preguntándose si acaso algún día volverá a casa; la diferencia es que su hermano no ha sido el culpable de ello, fue sólo un accidente, un gran accidente.

–El piso estaba inundado de agua, papá soltó mi mano y me pidió que me quedara en la puerta… debí obedecerle, debí permanecer donde me decía, pero en vez de ello corrí detrás de él y abrí la puerta del baño. Mi madre estaba sumergida en la tina, en sus muñecas se apreciaban las líneas rojas de sangre ya coagulada, en el piso estaba una navaja y el frasco de pastillas vacío. Papá me puso la mano en los ojos y dijo que no mirara… me dijo que mamá estaba dormida, que yo debía ser buena niña y esperar afuera… Luego todo es confuso, los vecinos llegaron, alguien llamó a una ambulancia…

–No es necesario que sigas… –dijo Hikaru al notar lo duro que era para mí.

Negué con la cabeza, debía hacerlo, tenía que enfrentar al pasado para poder dejarlo ir. Si tarde o temprano lo haría, sentía que ése era el momento adecuado.

–Papá me dijo que mamá tuvo un accidente, que fue una falla con la toma eléctrica. Supongo que era preferible esa mentira a la verdad… ¿cómo puedes decirle a una niña que su madre se ha quitado la vida? Yo acepté lo que él me decía porque no quería causarle más problemas, más dolor. Los dos nos mentimos y creo que en el fondo lo sabíamos. Quizás él ilusamente creyó que no recordaría lo visto en el baño o que lo olvidaría por ser muy pequeña, puede que pensase que incluso no lo comprendía… pero lo hacía, Hikaru… lo hacía…

No puedo continuar porque siento que sus brazos se cierran alrededor de mí, hundo mi cara en su pecho mientras rodeo su espalda. Extrañamente me siento segura, me siento tranquila cada vez que Hikaru se halla conmigo, es ilógico incluso para mí. No logro entender cómo ni por qué nos hemos hecho tan cercanos; cuándo tiramos las máscaras que cubrían nuestros rostros, mostrando no sólo lo bueno sino también todo lo malo que había detrás… y lo aceptamos. Aceptamos al contrario debido a que deseábamos ser reconocidos finalmente por alguien, es quizás un deseo egoísta lo que nos ata al otro y sin embargo es también lo más sincero que puede existir.

–Lo siento, lo siento tanto… Lo siento, Haruhi… –murmura en mi oído como si se tratase de una canción de cuna para mí.

Me siento cada vez más ligera y tranquila, poco a poco las cadenas que me aprisionaban, que me ataban a ese secreto son cortadas y caen al fondo del río, permitiéndome flotar a la superficie, salir y tomar una bocanada de aire fresco por primera vez en mucho tiempo.

–Hikaru… –mi voz sale queda, apenas logro escucharme a mí misma– podrías… ¿podrías dormir conmigo esta noche?


¿Sabías que…

Kakeru, del fic "The Host's girlfriend" hace un cameo en el capítulo 5? Su personalidad en este Universo Alterno es la que tendría en el otro si nunca se hubiera roto su relación con los Hitachiin.

el Monte que visitan Hikaru y Haruhi, así como los paisajes descritos, efectivamente existen? E igualmente se hallan en Tokio, a unos cuantos metros de la civilización.

las tres chicas con las que habla Haruhi por Whatsapp son sus clientas del Ouran? Si bien algunos recordarán a Kurakano Momoka por ser la enamorada del Presidente, Sakurazuka Kimiko es una castaña que también solicitaba a Haruhi. Sus personalidades aquí son más liberales.

los postres que se mencionan fueron lo que más trabajo me costó de este capítulo? Tenía muchas ideas en mente, pero sería tedioso sólo hablar de comida, así que tuve que simplificarlo sin que sonara muy plano.

será mi primer historia con una pareja homosexual? Aunque no serán los protagonistas, quiero incluir una breve relación que espero les guste.