Porque ya me picaban los dedos por actualizar esta historia, no he dormido bien últimamente, pero necesitaba hacer algo respecto a mis fics o sentiría que me volvería loca, lo juro. Total, que antes de renunciar a ellos quiero dar batalla, porque sé que puedo todavía escribir para todas ustedes, espero les guste. En realidad las escenas de este capítulo iban a ser de dos momentos diferentes, pero dije "¡¿Qué rayos?!" y las modifiqué para unirlas, espero no se vea forzado. Ojalá todavía haya personitas que me leen al otro lado del computador, porque créanme que yo todavía les escribo desde México :D
El sonido de la máquina se repite en la blanca habitación del hospital. Nuevamente los tubos salen de las delgadas venas, dando el soporte vital al frágil cuerpo atacado por una mente trastornada.
–Haruhi, has que pare… por favor… has que pare…
–No puedo…
–Sí, sí puedes… mamá no quiere sufrir más… ¿ayudarás a mamita con este favor que te pido? ¿Serás buena niña?
–Yo realmente… realmente no puedo… –las lágrimas comienzan a caer por mi rostro.
–¡Haruhi!
Desperté de golpe, la pijama estaba mojada y por mi frente aún caían gotas frías de sudor. Me llevé una mano al corazón mientras sentía mi pulso acelerarse debido a la pesadilla. Quizás era la fecha lo que me había puesto tan nerviosa o tal vez el cambio de ambiente, pero lo único cierto es que no había tenido uno de esos pequeños ataques en varios meses.
–Está bien, está bien…
Oigo la voz de Hikaru repetirse suavemente mientras me atrae hacia él y acaricia la espalda como si fuera una niña pequeña. Al menos debo darle esa impresión tras haberle pedido el vergonzoso favor de dormir juntos, reafirmándolo con mis pesadillas. Siento las lágrimas caer por mis mejillas y hundo más el rostro en su pecho, tratando de esconder ello sin resultado alguno.
–Ya pasó, ya pasó... –reafirma como una nana para mí.
–Lo siento… lo siento… –murmuro y no sé si se lo digo a él, a mí o al recuerdo de mi madre que me persigue de nuevo.
–Estoy contigo, todo estará bien, Haruhi, todo estará bien. Ya pasó.
Me atrae tan fuerte contra él que debo girar el rostro para no quedar hundida en medio de su suave colonia, mi oreja reposa ahora sobre su pecho y escucho el suave latir de su corazón mientras su pecho sube y baja acompasadamente. Me relaja, lo admito. Me hace sentir una paz inmediata si bien yo misma no entiendo el por qué. Nos quedamos en silencio un momento hasta que él me toma de la cintura y hace acostarme a su lado nuevamente. Mi brazo reposa en su pecho y él empieza a tararear suavemente para mí, tratando de tranquilizarme con el gesto.
–Perdona… por todo esto… –alcanzo a murmurar apenada al ser consciente de la proximidad de los dos.
–Nunca he sido bueno calmado a la gente –confiesa de la nada–, Kaoru es quien me tranquilizaba a mí a decir verdad.
–Me relaja estar así contigo… –suspiro suavemente mientras mis músculos comienzan a aflojarse poco a poco.
–No entiendo por qué –ríe suavemente y, muy a mi pesar, debo decir que me gusta escucharle. Luego de unos segundos en silencio deposita un beso en mi cabello y dice:– ¿Ya estás mejor?
–Sí… odio las pesadillas…
–No hay problema, yo también tengo…
–¿Del accidente?
Asiente suavemente y yo cierro los ojos esperando dormir nuevamente cuando él agrega:
–Kaoru y yo peleamos por Tsugumi… Él quería casarse con ella y tuvo la confianza para decirme antes que a nadie, pero… no tomé muy bien la idea. Le dije que ella sólo estaba con él por conveniencia, así que se molestó… En realidad mi argumento era muy malo, pues habían empezado a salir a inicios de la preparatoria y… Yo… Yo… Sólo estaba celoso, no quería tener que compartirlo, sé que es una pobre excusa… Pero siempre habíamos sido sólo nosotros dos, así que… tenía miedo… Miedo de perderlo…
–Tú jamás perderás a tu hermano, Hikaru… –alcancé a murmurar, el sueño comenzaba a invadirme.
–Lo sé…
–Y sabes que ahora puedes contar conmigo, ¿cierto?
No responde nada pero siento cómo su cabeza asiente suavemente, era todo tan calmado y tranquilo que sentí cómo mi cuerpo se abandonaba nuevamente al mundo de los sueños.
–¿Te quedarás conmigo por siempre?
Fue apenas un murmullo en mi inconsciencia.
EL LADO OSCURO DE LA LUNA
Me desperté a mitad de la noche. Hacía mucho tiempo que el departamento debía haber quedado en silencio a juzgar por la oscuridad reinante, una suave brisa caía en ese momento, tentándome a continuar durmiendo, sin embargo, un dulce sonido resonaba en el aire, intrigándome. Me puse una bata ligera y calcé las sandalias al no ver a Hikaru a mi lado, yendo detrás de esa melodía como los niños tras el flautista de Hamelín. En medio de la sala Hikaru sostenía una guitarra, rasgando suavemente sus cuerdas; el gato callejero parecía haber sido atraído al igual que yo, pues descansaba a su lado, seguramente le había abierto la puerta. Lentamente me acerqué sin despegar mis ojos de él. Las notas comenzaron a arremolinarse alrededor de la guitarra mientras los dedos del chico saltaban felices pulsando las cuerdas, no pude sino compararle con los pies de los niños sobre los charcos de las calles tras la lluvia. Sonreí tontamente sin ser consciente de ello, fue como regresar a todos y cada uno de esos felices momentos: antes de que mi madre enfermara.
Tomar juntas el paraguas rojo mientras salíamos con impermeables a ver caer la lluvia en espera de que apareciera un arcoíris.
–E incluso si no puedes verlo de inmediato, un tesoro aparecerá siempre al final…
Ver a Hikaru con esa sonrisa no traviesa, sino infantil mientras su cuerpo seguía las mismas notas que él creaba, saber que no había nada en ese instante que nos molestase… era liberar el corazón y dejarlo volar libre por el cielo azul, como las aves blancas que tanto me gustaban. No pude resistirlo por más tiempo.
–Ven –le dije, tomándole de las manos y jalándole conmigo.
–¿A dónde? –preguntó dudoso mientras dejaba la guitarra en el piso.
–Vamos a mojarnos –le contesté con seguridad, abriendo la puerta corrediza.
Las primeras gotas cayeron sobre mí, mojando mi cabellera. La lluvia no era muy fuerte, aunque sabía que nos enfermaríamos al hacer algo tan infantil. Sin embargo, el chico sólo me miró como si le hubiera contado una pequeña travesura.
–¿Sabes que estás loca, Haruhi? –sonrió mientras alzaba una mano, sintiendo en la palma la caída de las pequeñas gotas.
–Y tú más por secundarme –contesté mientras daba de vueltas–. Hace mucho que no hacía esto.
–Yo nunca antes –se sinceró, alzando la mirada al cielo–. Es divertido.
–Ya lo creo –salté sobre un pequeño charco, salpicándole.
–¡Hey! –se rió, imitándome.
Nos olvidamos de la edad que realmente teníamos, comenzando a buscar los charcos más grandes para saltar con fuerza sobre ellos y patear el agua estancada en dirección al otro. Hikaru reía cantarinamente mientras yo me detenía el vientre con ambas manos por el esfuerzo que hacía. Las botas para el agua se encontraban en la parte inferior de mi ropero, pero eso no me preocupó en ese momento, era demasiado agradable estar así, no quería parar.
Todo se diluyó como las gotas al correr por el cristal de las ventanas. Dejé poco a poco, con cada salto, que los reproches y miedos a mi madre comenzaran a fluir lejos de mí. Solté esos sentimientos negativos que tanto tiempo me habían intoxicado por dentro, que detuvieron mi avance, que impedían mi felicidad… ya no quería reprocharme en base al pasado y reclamarme por acciones que hace mucho habían sido olvidadas. Ella se había ido y yo seguía viva, dolía pero era cierto. Ella no habría querido que yo continuase de esa manera, ella desearía que fuera feliz con todas mis decisiones. El mundo no había dejado de girar.
Contemplé el rostro de Hikaru frente al mío, gotas frías caían de su cabello mojado, sus ojos estaban más serios de lo normal y supe que algo no estaba bien. Las yemas de sus dedos se colocaron en mis mejillas, quitando unas lágrimas que pensé podían confundirse con el agua de la lluvia.
–¡Sácalo! –ordenó– ¡Sácalo hasta que duela!
Lloré como una niña pequeña al oírle hablar así, porque él sabía. Él sabía realmente cuán rota estaba por dentro, cómo gritaba sin abrir la boca, cuánto sufría en silencio. No más. No pensaba continuar lamentándome en el piso, sintiendo compasión de mí, reprochándome un hecho que no podía ya cambiar. Grité tan fuerte que mis pulmones se rompieron y, con ello, liberaron el aire contaminado y polvoriento que todavía guardaban. Tomé aire por primera vez en muchos años, sintiéndome viva por primera vez desde la muerte de mi madre.
Reí.
Lloré.
No supe en realidad qué pasó, pero era nacer de nuevo. Tomé a Hikaru de la mano y lo miré a los ojos mientras comenzábamos a girar como niños pequeños mientras reíamos tontamente. Permanecimos un poco más antes de que él decretara que era suficiente pese a que yo deseaba continuar allí indefinidamente. Me cargó como una niña pequeña y llevó hasta mi cuarto, metiéndome al baño y dejando una toalla para que me secara. Abrí la llave del agua caliente y mientras ésta comenzaba a caer aproveché para sacar de un cajón del sitio mi pijama limpia. No supe cuánto tiempo estuve allí, con mis recuerdos y lágrimas, lo único cierto es que lloré hasta quedarme seca y atreverme a volver a mi habitación, deseando que Hikaru ya hubiese vuelto a la suya.
Salí de la ducha para topármelo de pie a un lado de mi cama, él no dijo nada y entró en el cuarto conjunto. Mientras me secaba el cabello pensé en lo que habíamos hecho. Realmente no entendía mi comportamiento cuando estábamos juntos, era olvidarnos por completo de la edad que teníamos, de los problemas que cargábamos. Éramos sólo Hikaru y Haruhi, dos gatos lamiéndonos mutuamente las heridas.
Divagué en esto y otro por varios minutos que parecieron eternos. Finalmente salió ya cambiado con la toalla en los hombros mientras unas gotas caían de su cabellera mojada, se sentó en la cama a mi lado mientras veía por la ventana y sus pensamientos volaban lejos. La lluvia finalmente había cesado. Lo vi subir las manos en dirección a la toalla mojada e inmediatamente me acerqué.
–¡Ah, no! –se la quité de las manos– Está húmeda.
–Ya sé… –fue su respuesta.
–Deja yo lo haga –me subí a la cama y coloqué tras su espalda mientras tomaba mi propia toalla, apenas mojada, comenzando a secar con cuidado su cabello, yo misma no sabía por qué.
Él se acomodó mejor mientras me dejaba actuar, echando la cabeza ligeramente hacia atrás. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, ¿qué había pasado conmigo? Jamás haría algo como aquello y sin embargo, sentía extrañamente bien el estar así con él. Desde esa posición pude ver una larga y fina línea en su torso que casi no se notara, por instinto la delineé lentamente con las yemas de los dedos.
–Del accidente… –me dijo, su tono de voz era bajo.
–¿Te duele? –pregunté por instinto.
–Siempre será un recordatorio de ese día… pero las heridas físicas no son nada con las emocionales… –fue su respuesta.
Me asombró el verle reflexionar de esa manera, indudablemente era más maduro de lo que todo el mundo le creía, incluyéndolo. Terminé con mi labor y le comuniqué ello mientras intentaba bajarme del sitio. Sin embargo, él fue más rápido que yo, tomándome de la muñeca. Se giró para verme a los ojos, fue como si nos contempláramos por primera vez.
Sus labios se colocaron sobre los míos mientras envolvía con mis brazos su cuello y correspondía al beso. Sentía su calidez contra mi cuerpo mientras me tomaba con fuerza de la cintura, acercándome más a él. Rompí el contacto para dirigirme a su cuello y besarle suavemente allí, comenzando a repartir besos cortos y dulces. Él respondió con un gemido ronco mientras se detenía y enterraba el rostro en mi hombro.
–Detente –dijo.
–¿Por qué? ¿No te gusta? –pregunté sin entenderle.
–Ése es el problema… –contestó aún sin verme– Me encanta, Haruhi.
Me dio otro beso en la frente antes de soltarme por completo y salir por la puerta, dejándome con más dudas en la cabeza. Toqué mis labios con la yema de mis dedos, sintiéndolos cálidos e hinchados y, por más tonto que resultase, con la sensación de mariposas en el estómago.
EL LADO OSCURO DE LA LUNA
Había quedado con Mei el fin de semana, algo perfecto tomando en cuenta que era la primera vez en meses que Jiro me daba vacaciones, incluso si sabía el verdadero motivo por el cual había decidido prescindir de mí. Sentadas en una pequeña Cafetería del parque contemplé las entradas que mi amiga depositase en mis manos mientras sorbía desinteresadamente de la pajilla de mi jugo de naranja.
–Son para el parque de diversiones, había quedado de ir con Kasanoda, pero tiene cosas qué hacer y hemos peleado luego de ello –masculló molesta.
–¿Por qué no simplemente le invitas y admites que te gusta? –le miré a los ojos, para mí el asunto estaba claro desde que vivíamos juntas.
–¡¿D-De dónde sacas eso?! –tartamudeó nerviosa mientras su rostro se ponía del color de la grana.
–Es obvio –me encogí de hombros, todos a su alrededor podían notarlo.
–Sólo somos amigos –mencionó tajantemente mientras se metía a la boca un trozo de su flan.
–Sí, claro… –rodé los ojos incrédula.
–¿Qué hay de ti? –levantó una ceja pícaramente– ¿Vas a decirme realmente que ninguno de tus compañeros de cuarto te gusta?
–Son atractivos, debo admitirlo.
–¡"Atractivos" es poco! –se burló, sabía que no debía haberle pedido fuera al piso, apenas Tamaki abrió la puerta ella comenzó a babear encima de él.
–Bueno, MUY atractivos –le seguí la corriente.
–¡Haruhi, debes vivir con los solteros más guapos de todo Tokyo! –se rió suavemente– ¿Y estás segura de que el dulce rubio y el serio moreno de lentes no son gays? Mira que compartir cuarto… cualquiera se pensaría otra cosa…
–Lo estoy –confirmé por cuarta o quinta vez.
–De cualquier manera me quedo con el azabache distante –sonrió de medio lado.
–¿Hikaru?
–Claro, ¿acaso no viste sus ojos? Se nota que lleva una gran carga a la espalda, es como un gatito con heridas, quiero cuidarlo y sanar cada una de ellas.
–Yo también le había comparado con un gato antes… –divagué en voz alta– Pero hasta que no solucione los problemas con su gemelo, no creo pueda sanar.
–¡¿Gemelo?! –los ojos de Mei brillaron– ¡Sabes lo que eso significa! ¡Amor prohibido!
–Oh, vamos –me enfadé al escucharle hablar de esa forma.
–¡Sólo piénsalo! El hombre más guapo de Tokyo por duplicado, completamente para ti.
–¡Es suficiente! –mi paciencia se había agotado con facilidad, Hikaru no merecía se expresaran de él de esa forma.
–Ohhh… –murmuró mientras tomaba un sorbo de su bebida– Vale, no vuelvo a decir nada.
–Gracias –regresé mi mirada a la comida.
–Pero deberías seguir tu propio consejo, ¿sabes? –me dijo con seriedad– No pierdas el tiempo e invítalo a la feria.
–¡Que no me gusta! –mascullé.
EL LADO OSCURO DE LA LUNA
Al final había terminado usando los dichosos boletos de Mei. Estaba en la entrada del parque de diversiones con una blusa de holanes y un short a juego con zapatos sencillos mirando nerviosa el reloj al centro de la plaza. Una parte de mí temía que no acudiera y otra agradecía el hecho, al menos así no me sentiría incómoda ante su presencia a pesar de dejarle en claro que sólo era una salida de amigos.
–Oh, Haruhi, allí estás.
Distinguí su voz a unos metros de distancia, alzando el rostro y mirándole acercarse lentamente hasta donde yo estaba. Tamaki usaba una camisa informal y pantalones oscuros, me sonrió suavemente y disculpó por hacerme esperar a pesar de que aún faltaban diez minutos para la hora convenida.
Estúpido nerviosismo que me hizo salir media hora antes de casa.
Negué torpemente mientras afirmaba que había terminado mis asuntos en la Facultad antes de lo esperado cuando en realidad apenas habían tomado un par de minutos.
–Me alegra que me hayas invitado –sonrió mientras caminábamos al lado del otro rumbo a la entrada.
–La verdad es que no estaba muy segura ya que acostumbras visitar a tu familia en estos días –me sinceré.
–A veces también debo descansar de ello –dedicó otra de sus dulces sonrisas.
–Puede ser un poco agobiante, ¿no? –traté de seguir la conversación.
–Bastante –se llevó la mano al cabello, revolviéndolo–. Pero no venimos a hablar de eso, sino a distraernos un rato, ¿qué es lo primero que te gustaría hacer?
–Creo que siempre debemos empezar por lo más divertido, ¿no? La montaña rusa suena tentador.
–Mmmm… –torció la boca pensativo– Me gustaría, pero la cola debe ser enorme y estamos a medio día, perderemos el tiempo bajo el sol, ¿y si mejor vamos a las tazas?
–Sí, ¿por qué no? –le seguí un poco decepcionada.
Desde la primera vez que le había visto, Tamaki me había parecido una persona paciente, amable, dulce y responsable. No me había equivocado. Pasamos gran parte del día en las principales atracciones del parque, incluso asistiendo al desfile de las 7 de la noche, cuando los carros alegóricos y personajes recorrían la ruta predeterminada y los pequeños se reunían para verlos pasar. La noche comenzó a caer y las luces se encendieron, los juegos que durante el día lucían algo aburridos de pronto parecieron cobrar vida.
–¿A dónde más quieres ir? –me preguntó el rubio– Todavía es temprano y podemos subir a un par de juegos más.
–¿Qué tal la noria?
Al instante me arrepentí de mis palabras. La noria era uno de esos juegos que realizas en pareja, además de que la atmósfera nocturna dotaba de romanticismo al hecho. Sin embargo, Tamaki no dijo nada malo al respecto, asintiendo a mi idea y dirigiéndose al lugar. Con tanta gente caminando a nuestro alrededor me sentí un poco mareada; un hombre me empujó en una de las vueltas, haciendo que perdiera el equilibrio.
–¿Estás bien? –Tamaki me tomó de la mano.
–Ahhhh, sí –murmuré apenada.
–Así no nos separaremos –sonrió, entrelazando sus dedos con los míos.
Mi corazón comenzó a latir aceleradamente por la repentina cercanía pero… algo allí no estaba del todo bien. Llegamos a la fila de la noria, acomodándonos detrás de una pareja de novios que tenían una pequeña discusión acerca de quién quería más al otro, sintiéndome algo incómoda con ello.
–No es el mejor lugar, ¿cierto? –susurró el rubio apenado.
–Perdona –me disculpé.
–No, no, está bien. A decir verdad, me sentí muy feliz de que me invitases –confesó alegremente.
–¿Y eso? –le miré intrigada.
–Entre la Universidad, mi familia y algunas otras cosas, pocas veces me distraigo. Además, me gusta pasar tiempo contigo, Haruhi –se sinceró, haciendo que me sonrojara.
–A mí también… mucho… –hube de admitir.
–Oh, otra parejita cursi… –murmuró alguien detrás de nosotros.
Me giré incómoda reconociendo esa voz, sin poder creerme que ella estuviera allí.
–¿Meiko?
–¿Haruhi? –me miró sorprendida– ¡Qué sorpresa, no esperaba verte aquí!
–Ni yo, ¿vienes sola?
–Oh, no, él se topó con un compañero de escuela, así que me adelanté para apartar el lugar –me dijo la castaña de larga cabellera– Supongo que él es tu novio, ¿no?
–Nosotros no…
–Ah, así que allí estás, Menma.
Mi mirada se clavó en el chico detrás de mi compañera de trabajo. Esos ojos ámbar eran inconfundibles; Hikaru también pareció sorprendido de vernos a Tamaki y a mí en ese lugar, definitivamente no esperándose topar con el mismo.
–Hey, Hika, ella es una compañera del trabajo, Haruhi, y él es su novio… perdona, no sé tu nombre –se disculpó la castaña.
–Ya nos conocemos –dije sin despegar mi mirada del otro.
–¿En serio? –nos miró fijamente con desconfianza.
–Vivimos juntos –se cruzó de brazos.
–¡¿Qué?! –Meiko no disimuló su asombro.
–Ya sabes, los tres bajo el mismo techo –nos señaló a nosotros–, aunque no sé en qué momento esos dos se volvieron exclusivos.
–¡¿Ehhh?! –nos miró completamente sonrojada.
–Sólo bromea, su sentido del humor puede ser muy ácido –le intenté aclarar–. Subrentamos el mismo departamento con otro compañero.
–Y no somos novios –aclaró completamente apenado Tamaki mientras desviaba la mirada incómodo.
–Aún. Están en una cita, ¿cierto? –Meiko nos miró de pies a cabeza.
–No, ¿y ustedes? –les observé a mi vez, me dolía que Hikaru se negase a mis invitaciones pero en cambio aceptase las de la castaña.
–Menma ha insistido mucho –le abrazó de los hombros.
–¿Menma? –era la segunda vez que le llamaba así.
–Diminutivo de Meiko, nos conocemos desde hace años –explicó como si fuera lo más obvio.
–¿Es tu…?
–Es como mi hermana menor –procedió a aclarar, cortando la pregunta de Tamaki–, sólo eso.
–Sí, hermanos –masculló la otra.
Y ahí estaba, el chico que le gustaba la rechazaba por enésima vez sin permitirle confesar sus sentimientos, dejando en claro que nunca la vería como algo más serio que eso. Lo supe al ver el dolor en sus ojos.
–Hey, Menma, ¿quieres una de esas bebidas de fresa que tanto te gustan? –preguntó casualmente– Estaremos aquí un largo rato, así que será bueno mientras esperamos.
–Sí, ¿por qué no?
–Haruhi, ¿tú quieres algo? –me preguntó Tamaki cortésmente.
–Oh, no, estoy bien –negué nerviosa.
–Insisto, te traeré algo fresco, ¿sí? –volvió a repetir.
–¿Vas a dejar a las chicas solas aquí? –le miró reprobatoriamente el azabache– Hay muchos abusadores en las cercanías, aunque no lo parezca.
–Yo no…
–Será mejor que te quedes cuidando los lugares, Haruhi me dirá qué es lo que quiere, ¿verdad?
Sin rendir explicación alguna me tomó de la mano y llevó consigo. Su agarre no era fuerte ni brusco, pero sí firme, haciéndome sentir segura. Pasamos una máquina expendedora y dos puestos de bebidas, yendo más lejos de lo que me gustaría.
–¿Hikaru? –le llamé suavemente.
–Perdona por usarte de pretexto… –se detuvo– Me desfasó mucho ver a Tamaki aquí, generalmente no comparto mi vida privada con facilidad y menos con cualquier persona.
–Pero sí con Meiko, ¿o debo decir Menma? No es "cualquier persona" para ti –no pude evitar que las palabras salieran como flechas hirientes.
–Es una amiga de la infancia, te lo dije.
Nos contemplamos a los ojos fijamente por unos instantes. Ninguno de los dos había querido hablar de lo sucedido la otra vez en mi cuarto, quizás porque así todo era mejor, quizás porque lo hacía más fácil… lo único cierto es que ambos nos habíamos dejado llevar por las circunstancias. Yo no lo amaba, de eso estaba segura. Y sabía que él no me amaba, sólo quería a alguien incondicional a su lado.
La voz de un hombre invitándonos al carrusel nos sacó de nuestros pensamientos, era el único juego que no había iniciado sus actividades del día debido a que lo estaban componiendo de un falla en el cableado, motivo por el cual la mayoría le creía inseguro y había declinado la oferta de subir gratis.
–Andando, ¿quieres? –me llevó aún de la mano.
–Pero… Tamaki y Meiko nos esperan con las bebidas –le dije lo obvio.
–La cola era muy larga –objetó infantilmente.
Llegamos hasta los caballitos del carrusel, Hikaru caminó un poco buscando alguno que le convenciera, encontrando finalmente un corcel blanco de crin amarilla y correas azules. En lugar de montar en él me tomó de la cintura y cargó como a una muñeca de porcelana, sentándome en la silla del mismo.
–Adelante, enciéndalo –avisó al tiempo que se bajaba de la plataforma.
–¡¿Qué?!
No pude objetar nada, el juego comenzó suavemente a dar de vueltas mientras la dulce tonada sonaba y los demás corceles subían y bajaban al compás. Hikaru se quedó quieto en su lugar, contemplándome en cada una de las vueltas que daba a bordo de mi montura.
–¿Estás celosa de Menma? –me preguntó en la primer vuelta.
–¡Por supuesto que no! –contesté alterada mientras abrazaba más fuerte al caballito, subirme con short no era el mejor acierto de todos.
–¡Lo estás! –le escuché gritar mientras giraba el juego.
–No tengo por qué –avisé en voz alta, incluso sin estar segura de si me escuchaba o no.
–¿Te molesta haberte topado conmigo? –preguntó en la segunda vuelta.
–Me sorprende, no creí que frecuentaras sitios aparte del hospital y algunos antros –me sinceré mientras continuaba girando.
–Qué mal concepto tienes de mí –le escuché quejarse.
–¡Tú tienes la culpa! –reí divertida.
En la tercer vuelta lo vi más serio que antes, lo cual me preocupó un poco, el carrusel avanzaba más y más y él no parecía dispuesto a abrir la boca. Justo cuando iba pasando a su lado él me preguntó:
–Haruhi… ¿te gusto?
¿Qué tal, eh? ¿Se lo esperaban? Ya sabemos que Hikaru puede ser muy directo pero inseguro e infantil al mismo tiempo, así que quise plasmar un poco de todo eso, espero sea de su agrado. Por cierto, la canción que Hikaru interpreta en esta ocasión es el tema de Totoro, si desean pueden buscarlo en YuTuve (a ver si no me quitan la palabra, porque luego lo hacen si no pongo derechos o qué sé yo), suena muy dulce y alegre, se las recomiendo ampliamente.
¿Qué le responderá Haruhi a Hikaru? ¿Qué piensa Menma de todo lo que dijo el azabache? ¿Tamaki siente algo más por la castaña? ¿Mei saldrá finalmente con Kasanoda? ¿Quién desean que aparezca más? ¡Honey nos hará una participación especial en el próximo episodio!
¡No se olviden de dejar su sexy review!
