Disclaimer | ©Shingeki no Kyojin/進撃の巨人, sus personajes y trama son propiedad de su autor, Hajime Isayama. La trama de este Fic pertenece a ©Coorp. CharlyLand. Creación sin fines de lucro sólo recreativos.
Advertencia | AU. BL. Ereri.
Notas| Bien mis nenas, este es el final de esta historia. De una manera extraña era algo profundo pero creo que ha quedado aligerado, a pesar de mi errores en cuanto a la trama, espero haya sido de su agrado, como espero este capitulo también lo sea. Me gustaría que me dieran su opinión sobre que les ha parecido. Las adora.
Su Charly.
Al Fic.
Faunúnculo
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Mi niña, se sabía observada, que gozaba con la lujuria de esa mirada y hacía alarde de risas y jugueteos, la perra inmunda y adorada.
—Vladimir Nabokov—
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La mirada de Erwin Smith recorrió todo el lugar bañado por los dorados rayos del sol que se reflejaba en el agua bamboleante de la piscina, infestada de personas que iban y venían entre risas y jugueteos tontos, aunque ninguna de ellas era la personita que buscaba, pero entonces lo vio a él. Ese hombre, el de ojos verdes, profundos e intensos que le destrozó el alma a Levi.
En su mente el nombre le supo amargo «Eren Jeager».
Sus ojos se volvieron dos rendijas y torció los labios en un gesto de molestia al recordar las palabras de Levi escritas en esa letra pequeña y apretada suya. «Quiero casarme. Firma los documentos que te envío. Es mi emancipación»
De verdad que nunca lograría entender las razones de su pobre niño escaldado al poner su cómico corazoncito en ese despreciable, brutal, y depravado monstruo. Bajó la cabeza, apretando los documentos entre sus manos, tenía ganas de romperlos, llamar a la policía y arrastrar a Levi de vuelta casa. Sin embargo, se detuvo y cuando volvió los ojos a la piscina se encontró con Levi emergiendo de ella, con una sonrisa maliciosa y sus manitas haciendo una seña de saludo hacia el castaño, que contemplaba todos sus movimientos con una turbación ardiente.
Se hundió contra la pared del pasillo, observando la escena que ellos construían, haciendo el espacio solo suyo, como si solo existieran ellos dos o el mundo girara entorno a ambos. Y es que así era, la mirada quisquillosa de todos estaba sobre ambos, observando los gestos descarados de Levi al sacarse el agua del cabello y acomodarse el bañador rojo y apretado de manera tan vulgar que por un instante dejaba ligeramente a la vista su sexo, así como los ademanes sopesados, insulsos y cariñosos de Eren pretendiendo ignorar ese detalle y actuando como lo haría un padre al ofrecerle su camisa para que se cubriera.
«Maldito desgraciado» gritó su mente, pero se forzó a quedarse de pie, esperando a que Levi lo buscase —porque sabía que había notado su presencia—, debían hablar, aclarar cosas, si en verdad Levi pretendía que él aceptara a ese degenerado y le diese su libertad.
Tuvo que esperar un buen rato hasta que el adolescente fue a por él al living del hotel y cuando sus miradas se encontraron nuevamente después de tres años fue como si regresaran a aquella fatídica mañana en que todo se revolvió como estiércol, se vieron pues llenos de ira, y dolor. Levi le tomó de la mano y lo arrastró hacia el jardín, y mientras lo hacía, Erwin pensó en que si Levi sabría que Eren también sabía que la relación que ellos compartían era incestuosa, que siempre lo había sabido y que al principio de todo, lo único que él buscaba al seducirle, al perseguirle, era vengarse por existir, por ser ese error en su familia.
—¿Sabes, Levi? Te echo terriblemente de menos—empezó en un burdo intento de disipar la muralla que ahora los separaba.
—Yo no. Para que sepas, he sido asquerosamente traidor contigo. Pero no importa un comino, porque de todos modos tú me hiciste daño.
—¿Y no fue ese cerdo quien causó en primer lugar tu dolor?—le escupió cuando Levi le había soltado.
—No, y él no es un cerdo. Era un gran tipo, en muchos sentidos. Un tipo genial. Uno muy divertido. Me quiere. Y yo lo quiero—le contestó su niño, con la frente fruncida como en los viejos, tristes días del pasado inocente, en que solo era un chiquillo, el chiquillo que quería y protegía como a nada en el mundo.
—No, Levi, no. Ustedes viven en un error, una mentira.
—Oye—dijo inclinando la cabeza y sacudiéndola en esa posición—. No sacarás a relucir aquello...
—Sí, lo haré.
Levi le vio con furia desmedida, pero luego volvió a sacudir la cabeza, negando, conteniéndose.
—Por esa razón te dije que me enviaras los documentos por correo. No quería que te enteraras.
—¿Por qué, Levi?
—¿Por qué, qué? —le dijo con confusión.
—¿Por qué permites que esto suceda, que se haga más grande?
—Lo amo.
Su respuesta contundente fue como el golpe de un puño al corazón de Erwin, que solo pudo abrir y cerrar la boca como pez durante un largo minuto hasta que su voz sin aliento volvió a salir.
—Yo puedo darte mucho más amor de lo que él te prodiga—«Como un padre...como un amante» deseó agregarle—. Ven conmigo, déjame probártelo y te daré esa felicidad que tanto anhelas.
—¿Quieres decir...? —dijo abriendo los ojos, parpadeando apenas: la serpiente a punto de morder, una mueca de asco—. ¿Quieres decir que me darás la emancipación solo si me voy contigo a un hotel? ¿Eso es lo que quieres decir? ¿Es por eso que te molesta tanto lo mío con Eren? ¿Esas han sido siempre tus razones para conmigo?
—No. Has entendido mal—le contradijo—. Tan solo no quiero que sufras, no soy nadie para opinar sobre tus decisiones, y tú ya has tomado una con respecto a él, pero…
—¿Entonces me darás mi libertad? —le interrumpió él, disipando tan solo un poco su gesto contrariado.
«No hay nada más atrozmente cruel que un niño adorado. ¿Verdad, Levi?»
—Si—susurró tragándose el nudo que cerraba su garganta—. Pero en verdad, desearía lo pensarás mejor. No apresures nada, tú sabes, los adultos no somos como los niños—le tendió el sobre doblado de color amarillo que había guardado en su abrigo. No tenía la intención de torturar a su amado revelándole más verdades que podrían acabar con él. Ya no había porque luchar más. Su Levi ya había decidido su camino, y él solo era un estorbo.
—Sí lo sé—dijo suavecito tomando el sobre que le ofrecía, sus bonitos pómulos tiñéndose de un ligero tono rosa—. Gracias…—continuó mientras revisaba los documentos llenos de finas letras resaltadas en negrita—. Sabes, supongo que has sido el mejor papá que pude haber deseado, Erwin—le concedió con sinceridad.
«¿Así que había sido un buen padre?» Al menos le concedía eso, extrañamente ese pensamiento que tenía sobre su persona le hirió de una manera sin igual y se echó a llorar silenciosamente tapándose el rostro con las manos.
—Creo que... —se interrumpió: «epa», el sobre había caído al suelo—. Creo que es formidable de tu parte darnos esta oportunidad. Guardar silencio para que podamos continuar—entonces pareció percatarse de su estado—. Oh, no llores. No sabes cuánto siento haberte decepcionado tanto... pero así fueron las cosas. Deja de llorar, por favor. Tienes que comprender—y le tocó la muñeca, pero él se apartó, sin poder soportar su tacto.
—No me toques, moriré si me tocas—le dijo, las lágrimas ardientes le mojaban el rostro. En verdad no podía dejar que lo tocara, sabía que si lo hacía no podría resistir y terminaría llevándoselo de ahí a rastras, sin importarle su sentir y lo encarcelaría entre sus brazos—. ¿En verdad, no quieres venirte conmigo?
—No papá, estaré bien. Estoy con Eren—y le dio la espalda para empezar a alejarse de él.
Allí iba su Levi, con su belleza luminosa, sus manos aún adolescentes y blancas, sus brazos delgados, su cuerpecito brillante con fulgor satinado bajo el sol de verano. Así se iba para siempre su niño, definitivamente hermoso a los quince años, pero que por algún motivo, él seguía viendo a un niño de seis años de retinas húmedas, sentado en un umbral, arrojando guijarros de manera furiosa a una lata sucia mientras un hombre —su padre, el padre de Eren— desde la calle le veía con desdén, ese hombre que fue el causante del suicidio de Kuchel Ackerman. Pero nada de eso importa ya. Él también se dio la vuelta, marchándose del lugar. Era el momento del adiós. Y en cuanto se subió a su auto y arrancó, comprendió que a pesar de las circunstancias, la manera en que habían ocurrida las cosas, era la mejor manera en que pudieron pasar.
Definitivamente, las cosas estaban en su lugar. Retorcidamente, pero en su lugar.
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Levi al llegar al cuarto se encontró con la mirada avasalladora de Eren. Parecía molesto y pudo sentirlo cuando le recorrió desde las plantas de sus pies llenas de lodo, ascendiendo por sus tobillos pecaminosos que se doblaban en un gesto de inquietud, repasando su pequeño bañador, y la blusa enorme pegada a su piel por la humedad reciente, hasta su rostro inocente. Era como si quisiera ver a través de su piel. Sus ojos detallaron su expresión pero luego cayeron nuevamente a sus sucios pies.
«Eren no era tan idiota»
—¿Dónde estabas?—dijo.
—En el jardín—contestó—. Te tardaste—agregó, interceptando la mirada del castaño con sus pies—. Te fui a buscar—se movió un poco, balanceando su cuerpo.
¿No había indicio especial que le insinuara algo a Eren? Ninguno, en verdad... Pero seguramente sus ojos lavados, grises y melancólicos, ahora ligeramente perturbados por un velo cristalino de lágrimas, debió decirle algo... Eren no dijo nada, solo tragó lentamente y su mirada viajó por los meandros de los pasillos tan distintos a través de la traslucida ventana. Se quedó unos minutos, inmóvil, viendo hacia el exterior, hasta que durante un segundo su cuerpo pareció temblar.
—¿Qué pasa?—susurró Levi desde la entrada dando unos pasos para cerrar las distancias entre ellos.
Y Eren nuevamente no dijo nada, pero como si de un furioso huracán se tratase, lo levantó, acorralándolo entre sus brazos y empujando su blandura contra el colchón de la cama, en donde ambos rebotaron mientras las manos morenas arrancaban la blusa y desnudaba el resto de su persona para buscar con un antojo de maniático el aroma de un ente desconocido que amenazaba su retorcida relación.
Extrañamente, mientras la nariz, la boca y las manos de Eren se desdibujaban desesperadas y agónicas por la blanca piel de su cuerpo, él se echó a reír.
«Eren es un idiota» pensó, retractándose de su conclusión mental anterior.
—Basta ya, Eren—le cogió por el rostro, acunándolo entre sus pequeñas manos—. Basta ya—le repitió conectando sus ojos con los llorosos del castaño, leyendo sus pensamientos llenos de dolor «¿De modo que me traicionaste? ¿A dónde fuiste? ¿Dónde está él ahora?»—. ¿Si te he traicionado? No. —le acarició las mejillas y luego las hebras de cabello que caían desordenadas en su frente—. Deja esos temores, sácatelos de la cabeza, recuerda que te hice una promesa, además yo jamás podría traicionarte, ¿Sabes por qué? —Eren negó, las lágrimas emergieron y mancharon las mejillas de ambos—. Parce que tu es le seul garÇon pour qui je suis devenu fou (1)— y separó las distancias de sus cuerpos, atrapándolo con sus labios y sus piernas en gesto que buscaba incitarlo a que se abandonara a sus deseos. Al deseo de los dos.
Abajo, entre las ropas desgarradas y alejadas de su cuerpo, hojas dobladas reposan resguardando el futuro. La libertad para amarse y las palabras de un corazón que desde las sombras ha jurado velar por esa felicidad que ellos construyen en días desmigajados de sonrisas y llantos.
«No provoques a ese idiota, recuerda que es como un perro. Se fiel a tu Eren. No dejes jamás que otros tipos te toquen. No hables con extraños. Que él, así lo espero, te trate siempre bien, porque de lo contrario iré hacia él y lo mataré sin piedad. Pórtate bien, se un buen niño, Levi, pero sobre todo, nunca dejes que nada, ni nadie te quite la felicidad»
Palabras ocultas que se impregnaban de la brisa que se colaba por la rendija de la ventana mientras Eren deshacía con su boca y sus manos el pubescente cuerpo de Levi, el cual se sumergía más y más ese mundo que el castaño labrada con sus caricias, ese lugar especial en donde podía perderse entre bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables y en los sonetos proféticos. Ese mundo donde Eren y él compartía la inmortalidad. La inmortalidad de su amor.
Porque si había una verdad innegable en su historia, era que se amaban y su amor era y sería eterno. Un amor eterno a destrozos y castillos de miel y rosas.
[Fin]
Notas finales|
¡Bauhhuuu! Verdaderamente a pesar de que lea "Lolita" mil veces siempre me queda un nudo en la garganta. El amor puede llegar a ser retorcido y cruel. Y posiblemente era eso lo que quería impregnar aquí. Tal vez no fue así, pero algo quedó.
Las aclaraciones: 1. Me encanta los giros radicales 2. Ellos son hermanos. 3. Ahora podrán entender porque Eren estaba en quiero-pero no debo en los primeros capítulos. No solo era su edad, existía esa otra razón. 4. Sí, ellos saben que son hermanos, pero no saben que entre sí que el otro lo sabe. 5. No hay un error de cálculo, Levi le mintió a Eren, no tenía catorce al inicio, tenía doce. 6. Levi se enteró de la verdad después de cosharan, así que al no poder saber cómo manejarlo, simplemente escapó y se anduvo escondido hasta debajo de las piedras. 7. Sí, Erwin también estaba enamorado de Levi, pero Levi jamás notó eso, y siempre su relación se quedó en pseudo-padre-hijo.
Mis agradecimientos a todas vosotras que me dieron folow y favorite en esta historia, muchísimo más a las que dejaron review, pero en especial a Ame8910; YoshiUchiha; x-VaneYaAckerman-x; Samara Anderson; akane-arlem; ElisaM2331 que apoyaron el capítulo anterior y me hicieron latir el corazón como caballo de carrera. Las amo mi amor.
Corona de oro a Nicot: Gracias por tu ayuda, mujer de mi vida que me hiciste que se me cayeran los calzones.
(1) Parce que tu es le seul garÇon pour qui je suis devenu fou: Traducido al español es "Porque tú eres el único hombre por quien me he vuelto loco"
Con amor
Charly*
