LA TORMENTA DE LOS DEMONIOS.

«Entonces Dios dijo a la serpiente: Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás tierra por todos los días de tu vida. Haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te pisará la cabeza mientras tú herirás su talón»

Génesis 3: 14-15


CAPÍTULO 1.

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El calor era demasiado abrasador. Las chispas saltaban por todos lados, alzando el vuelo en una majestuosa danza hipnótica que caía grácilmente sobre cualquier cosa flamable que atravesara su camino. La chispa entonces se apoderaba de ello y se convertía en llama. Los colores se mezclaban, el fuego incendiaba el lugar, imponente e imparable consumiendo todo a su paso.

Gritó.

Su piel quemaba. El fuego se había ensañado contra ella. No le permitía moverse, la obligaba a estar ahí de pie, paralizada. Los cosquilleos y pequeños ardores mutaron a un insaciable dolor, sus gritos aumentaron de volumen repitiéndose cual eco en la casa. Llamó a sus padres; a su hermana menor, pero nadie respondió. Estaba sola, y sola se estaba quemando.

Las quemaduras la envolvían, se apoderaban de su cordura. Desde los pies hasta la cabeza, por el abdomen y la espalda, cada dedo de las manos y los pies. El dolor era insoportable, no tenía tregua ni espacio para pensar qué parte dolía más.

Luchó contra el humo, intentando inhalar lo menos posible pero sólo provocaba que el mareo llegara más rápido. Las arcadas no se hicieron esperar. Se dobló un poco, llevando las manos a su estómago que insistía en hacerla vomitar. Las lágrimas se acumularon en sus ojos y comenzaron a caer, suicidas, hacia el suelo caliente dónde se evaporaban sin siquiera tocarlo. Las llamas se alzaban en su contra, condenándola.

¿Es que ninguna persona podía ver el incendio? ¿Nadie iría por ella? ¿Moriría de ésa forma?

Cerró los ojos, deseando despertar de la pesadilla. Porque no había otra cosa que pudiera ser más que un sueño. Pero el dolor era real, demasiado real. Sintió punzadas en las palmas de sus manos que yacían sobre su chaqueta conteniendo su estómago. Vio cómo la tela alrededor se derretía, casi como si de plástico se tratase; sus ojos se abrieron del horror al sentir el crecimiento a borbotones de las ampollas llenas de agua y pus que formaban montículos sobre su piel, que explotaron tan rápido como emergieron provocándole agonía. Chilló presa del pánico, la carne que quedaba de las erupciones no cerraba, continuaba como chispa expandiéndose por su cuerpo dejando a la vista el blanco de sus huesos.

No podía parar de gritar y llorar, viendo con impotencia cómo ella misma se encendía en fuego. Su vista se empañaba y los sonidos de su garganta dejaban de oírse debido a la sensación de las ampollas creciendo dentro de su conducto respiratorio. Luchó con sus piernas tambaleantes para que la dejaran dar pequeños pasos, levantar los pies era un completo calvario porque la piel antes cubiertas por el calzado se quedaba pegada en el suelo.

Se derretía, convirtiéndose en un horripilante y deforme monstruo que escurría piel quemada.

Quiso ir hacia la puerta pero las llamas le cerraron el paso con una pared de fuego. Estaba a punto de rendirse, de sumirse en el dolor y el sufrimiento de estar convirtiéndose en cenizas estando viva cuando… comenzaron las voces.

Una a una, en un espeluznante coro clamando su nombre. Tres eran demasiado reconocibles que le helaban lo poco que quedaba de sangre en su cuerpo, tirando las pocas esperanzas de que la tortura fuese menos dolorosa. Era un millón de veces peor.

Temblando, llevó sus chamuscadas manos hacia los oídos para acallarlas, no quería oírlas gritar por ayuda, no quería pensar en el dolor que sentían, si era igual o peor al de ella quemándose. Sin embargo, seguían ahí, incesantes; llevándose el poco oxígeno que había en el ambiente.

—Papá… mamá… Yukiho —gimió con voz gutural, sus labios también escurrían en pedazos de piel. Cayó de rodillas al suelo, el calor sofocándola—. Ellos n-no han hecho n-nada…

Sus súplicas eran en vano. Nadie le hacía caso y ella lo sabía de alguna forma. Que todo era su culpa.

Lloró con lo poco que el humo y el dolor de su cuerpo le permitían.

En lugar de apaciguarse, el coro aumentó de voces. Eran chicas, irreconocibles que desesperadamente gritaban su nombre. Una calidez diferente al fuego se cernía sobre su mano, dándole fuerza y valor que creía ya no tener. Su corazón se agitaba al oírlas, una pizca de felicidad que se colaba por su mente; ellas sufrían por verla morir.

Y luego estaban las otras igual de desconocidas que celebraban su suplicio. Reían de forma escandalosa, divertidas de verla sucumbir ante la desgracia. A diferencia de las anteriores, su corazón se encogía de miedo. Se deleitaban observándola.

Unas nuevas voces se alzaron sobre las otras, apagándolas. Fuertes, autoritarias, compadeciéndose de ella. La llamaban con cariño, con indignación por lo que le pasaba. Y repetían, una y otra vez que ella no era la culpable. Que aun podía hacer algo.

«Sólo tienes que aceptar lo que hay dentro de ti… de lo que es tuyo por derecho. Y venir a reclamar tu posición. Sólo entonces… el dolor acabará… cualquier dolor»

Ésa última voz fue la que siguió repitiéndose sin parar, siseante cuál serpiente arrastrándose por su casa en llamas. Cerró los ojos, negándose a seguir viendo su destrucción, con su corazón siendo oprimido hasta secarse de sangre y aire.

—¡HONOKA! —La voz prorrumpió en eco provocando que comenzara a temblar, la madera crujía al arder en el fuego, el concreto se partía sin tregua tirando objetos que obstaculizaban su viaje hacia el suelo— ¡HONOKA! —Volvió a escuchar el grito, llamándola con el eco de la oración repitiéndose tras de sí. Sintió las garras hundirse en su herida y sensible piel para sacudirla violentamente. Chilló sintiendo su garganta desgarrarse— ¡ABRE LOS OJOS!

No quería, pero el dolor y el terror la obligaron a hacerlo.

El fuego tenía otro color. Su cuerpo liberaba las llamas que consumían todo, tiñendo el lugar de un hermoso color rosa, casi tan bello como los pétalos de cerezo floreciendo.

Y ahí, en medio del caos había alguien que la miraba con una sonrisa desbordante de gracia.

Rojo.

Sus ojos eran rojos.

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—¡DESPIERTA DE UNA VEZ!

Abrió los ojos al tiempo que sintió cómo su voz desagarraba sus cuerdas vocales. El peso que sentía sobre su cadera y piernas desapareció de inmediato junto al sonido del deslizamiento de algo que estaba encima suyo.

Aún sentía el dolor correr por su cuerpo, a pesar de que no era tan intenso como antes lo fue. Su grito se fue apagando cuando sus resentidos pulmones exigieron oxígeno y el dolor en las costillas se hizo presente. El sudor corrió por su rostro mezclándose con las lágrimas que se negaron a esperar por más tiempo antes de caer.

Comenzó a llorar. No entendía nada. No lograba conectar lo que había sentido y escuchado sin tener la sensación de un increíble vacío en su corazón. Tenía miedo y la prueba era su espasmódico llanto que se reproducía por todo el lugar sin que pudiera detenerlo.

Pasaron varios minutos hasta que su garganta ya no pudo emitir ningún sonido más. Fue ahí cuando el malestar en su cuerpo se hizo mucho más notorio que al principio, en sus brazos, abdomen y parte de la espalda; limpió los restos de lágrimas de su rostro con la palma de su mano, cayendo en cuenta de que la sensación de ardor tenía una razón de ser al ver la venda que cubría desde sus dedos hasta el hombro. Un pequeño recuerdo de un par de ojos ámbar asomaron por su turbia mente, apenas reconocibles. Conocía la expresión que se reflejaba en ellos: miedo.

Cerró su palma sintiendo las venas tensarse causándole un pequeño dolor. Miró su otra mano, limpia de vendas, no así de moretones y unos cuantos cortes que extrañamente no parecían ser recientes ya que estaban a medio cerrar y apenas rojizos. Su mirada se dirigió después al resto de su cuerpo; soltó un gemido de sorpresa, su brazo no era el único. El vendaje comenzaba desde su pecho y llegaba al límite de su cintura, estaría desnuda sino fuera por ellas y por el pequeño short holgado que no llegaba ni a la rodilla en dónde más parches cubrían su piel lastimada. Ahora estaba mucho más confusa que antes.

—¿Ya terminaste de llorar?

La repentina voz la asustó tanto que al intentar resguardarse en la cabecera de la cama terminó por golpearse con la pared.

—¡Auch! —chilló adolorida sobándose la cabeza.

—¡¿Es que eres tonta?! ¡Acabas de despertar y ya te estas lastimando de nuevo!

Volvió a pegar un pequeño brinco más por la sorpresa de que la voz realmente tenía dueño y no seguía dentro de un sueño, fue ahí cuando la conciencia del lugar donde estaba llegó a ella. Un vistazo rápido le mostró que se encontraba en una habitación, antes durmiendo sobre una pequeña cama pegada a la pared, que tenía una pequeña puerta dando hacia lo que parecía un balcón. Había un escritorio con una laptop, varias plumas y un par de libretas desperdigadas. Sería un cuarto normal sino fuera por los gigantescos libreros llenos de lo que parecían mangas, novelas y otras cosas que no lograba distinguir. Verlos le provocó un amargo sentimiento, le recordaba a su propio cuarto.

Suspiró, dejando caer sus brazos sobre la cama. Los recuerdos volvían a invadirla, la promesa, la persecución y… ¿En dónde había llegado?

—¿No vas a desmayarte de nuevo verdad?

Alzó la mirada, buscando la fuente del sonido pero curiosamente no encontró a nadie. El espanto de pensar en alguien invisible le provocó un ligero escalofrío, estaba a punto de ocultarse bajo las cobijas cuando un carraspeo proveniente de un lado de la cama reclamó su atención, se arrastró con algo de cuidado al sentir la dureza de sus miembros para asomarse por el borde. Lo primero que vio fue una cabellera negra bastante larga que se perdía por debajo de donde llegaba a ver; era brillante, como si tuviera algún foco reflector que la iluminara, se veía suave, muy bien cuidada y, por alguna razón, se le antojaba tocarla.

—Eh… —No sabía qué decir, en realidad seguía sin saber bien cuál era su situación. Al final atinó a hacer la única pregunta que su mente captó:— ¿Q-quién eres?

Escuchó un bufido de la otra persona. Le vio levantarse y estando de pie comprobó lo que había pensado: se trataba de una chica de aparente menor edad. Se dio la vuelta cruzada de brazos y enseguida se vio cautivada por su profunda e intimidante mirada.

Rojo. Igual al fuego que la quemó.

—¿Es enserio? —Alzó la voz amenazante— ¿Después de todo, lo único que se te ocurre preguntar es quien soy yo? ¡Ésa debería ser mi pregunta!

Con enojo, se acercó peligrosamente hacia la cama a saber con qué intenciones, pero ella seguía demasiado perdida en el color de sus ojos recordándole el martirio del sueño, que se alejó lo más rápido que pudo hasta toparse con el límite de la cama; asustada y con ganas de volver a llorar.

—¡POR F-FAVOR! ¡N-NO ME HAGAS DAÑO! ¡YO NO HE HECHO NADA! —imploró asaltada por el terror de volver a sentir aquello que le hizo tanto daño. Cerró los ojos para evitar ver el inicio de su sufrimiento pero contrario a lo que se supone debía sentir, sólo escuchó un suspiro.

—Ya… lo entiendo, tú ¿Eres de la pasada tormenta verdad? —No contestó, su tono ya no era agresivo aunque seguía siendo desconfiado y eso para ella significaba peligro. La oyó suspirar de nuevo—. Si quisiera hacerte daño, desde el momento en que te desplomaste en mi puerta pude hacerlo. Han pasado dos semanas, por cierto.

El susto se le bajó de golpe. Sintió que hasta su alma se cayó al piso junto al color de su cara. Abrió los ojos para mirarla con temor.

—¿D-dos s-semanas? —preguntó titubeante a lo que la chica asintió segura—, p-pero pero pero ¿No pasó todo "eso" ayer?

—¿Qué… quieres decir con "eso"?

Calló. No estaba segura de estar lista para hablar aún. Aunque el tiempo siguiera corriendo mientras ella estaba inconsciente, para ella era como si apenas acabase de suceder, el dolor era muy reciente.

—Bien, no insistiré en ello como me gustaría pero cuando menos debes decirme algo ¿Sabes los líos en que me estoy metiendo por tenerte aquí? —Escuchó el sonido de la silla arrastrarse hasta estar cerca del borde. No parecía ser tan mala persona si mantenía la distancia respetando su silencio—. Primero cálmate, sé que debe ser difícil despertar luego del enlace, por tu reacción incluso puedo decir que algo viste en las memorias… tienes que saber que nada de ello es real.

—¿En…lace? ¿Memorias? —preguntó en voz baja sin quitar su mirada de los orbes rojizos—. No lo entiendo.

La chica parpadeó con la sorpresa surcando su rostro hasta que la lucidez del entendimiento la atrapó. Su mirada cambió, la veía con ¿Burla?

—Oh ¿Así que eres de ésas chicas mimadas protegidas por sus papis? Una chica de clase media seguramente, resguardada tras las paredes ignorando la crueldad del mundo —Cada palabra dicha con ironía eran dagas que se clavaban sin piedad—. Pues vale, bienvenida al mundo real. Idiota.

No lo aguantó más, las lágrimas volvieron sólo que en vez de tristeza, era por rabia. No sabía cómo reaccionar, ya había llorado demasiado como para que una niña llegara a hacerla sentir peor; por eso lo único que atinó a hacer fue tomar una de las almohadas para aventársela a la cara y ocultar su sonrisa cínica.

El efecto fue inmediato.

—¡¿Pero qué te crees que haces?!

La almohada resbaló con inusual lentitud dejando ver su ceño fruncido completamente irritada. Hasta una vena parecía palpitar con furia contenida.

—¡No digas cosas tan crueles! —gritó, su voz sonó gruesa y pastosa. De forma increíble, en vez de recibir un nuevo regaño la extraña chica volvió a suspirar.

—No voy a retractarme por algo que es cierto y que tú más que nadie sabe ¿O me equivoco?

Sintiéndose humillada y en parte descubierta, asintió con pesar.

—Bien —siguió la chica—. Sólo una cosa te digo, no voy a perder tiempo explicándote la situación, si quieres saber vete a una de ésas bibliotecas por ahí; claro, si es que puedes sobrevivir.

—No voy a… —pausó, buscando las palabras correctas. Se seguía sintiendo cansada a pesar de recién haberse despertado. Su cuerpo le dolía, como si tuviera muchos kilos de peso extra—, pedirte que me expliques. Yo… no… ni siquiera sé por qué estoy aquí.

Eso captó la atención de su anfitriona.

—Espera ¿Cómo que no sabes por qué estás aquí? ¡Pero si fuiste tú quien vino! No pisos antes, no una puerta cualquiera ¡Te desmayaste en MI puerta! Y ahora dices que no sabes cómo llegaste aquí.

—Yo estoy igual de confundida, pensaba que tú ibas a decirme la razón del por qué mi mamá me envió —admitió centrando su mirada en las vendas que cubrían sus brazos. Sabía lo que vendría a continuación.

—¿Tu madre te envió a mi departamento? ¿Y quién es tu madre?

Tragó duro. Hasta hace poco podría haber dicho sin duda su nombre, el de su padre y hasta el de Yukiho, pero aquél día descubrió que su familia tenía muchos misterios y que podría en realidad no conocer nada.

—Hey, chica idiota ¿Me estás escuchando? Si no vas a responder a nada será mejor que te busques a otr…

—Mitzuki Kousaka —respondió cortándola de golpe.

—¿Mitzuki…? —La miró de reojo, algo parecía estar cruzando por su mente para tenerla tan turbada, su piel había palidecido en comparación a antes—. Sólo conozco a una Mitzuki pero su apellido no era…

—¡Oh! —De pronto recordó lo que su mamá le sugirió que dijera cuando la encontrara—, ella me dijo que… que antes le decían Kii-chan —Eso pareció reavivar el trance pálido de la pequeña —, en realidad su nombre de soltera era… Mitzuki Takami.

Un silencio denso se instauró. Podía asegurar que hasta un cuchillo podía cortar el aire en rebanadas de pan. No sabía si tenía que agregar algo o hacer un espacio en la pequeña cama para ella que parecía a punto de desmayarse.

—¿Estás..?

—¿Dónde está ella? —Ésta vez fue interrumpida por su urgida voz. Se veía al borde de un colapso— ¿Dónde está Kii-chan?

Tragó duro, el aire le faltaba.

—Ellos llegaron, c-con sus armas, furiosos… mamá y papá nos protegieron… a Yukki y a mí… entonces e-ellos…

—¡SUFICIENTE! N-no tienes que decir nada —La vio llevarse las manos a la cara, ocultando su rostro, se levantó con cierto trabajo, como si también estuviera débil. Se dio la espalda y avanzó hacia la puerta tambaleándose—. Ya sé lo que tengo que… era lo… que estaba esperando.

—¿A… qué te refieres? —preguntó ladeando apenas su cabeza, para ver si podía echar un vistazo a su estado actual que sólo la dejaba con muchas nuevas preguntas.

—N-no necesitas saberlo… quédate aquí, iré por comida que debes estar hambrienta.

—P-pero… —El gruñido de su estómago pareció reaccionar a la mención de la comida, haciéndola sonrojar de vergüenza.

—Sólo… no te muevas demasiado, la sal purificadora de las balas sigue presente en tu cuerpo. Necesitas un poco más de reposo para que tu nueva sangre las elimine… —Se detuvo con la mano en el pomo sin abrir—. Tienes suerte, los néfilims habrían acabado contigo.

De nuevo alejó su mirada de la chica, prefiriendo ver el cielo más allá de la ventana. El azul era hermoso.

—¿Cuál es tu nombre? —Su tono era tan bajo que después de haber pasado por todo ello, sabía perfectamente cuando alguien se aguantaba las lágrimas.

—Honoka Kousaka.

La chica abrió la puerta y dio unos pasos fuera, antes de cerrar le dijo:

—Nico Yazawa.

La puerta se cerró de golpe, dejándola de nuevo sola sin saber qué pensar con todo eso.

Ésa chica… ¿Conocía a su mamá? La mejor pregunta era ¿De dónde?

Más que una puerta cerrada, Honoka vio en la madera, la dureza de su propia historia. Y ahí, en el pequeño espacio sobre el suelo, veía un pequeño hueco que la separaba del exterior, eso era Nico.

Un vacío que no esperaba comprender. Aunque mientras viviera, todo iría bien.

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Eli caminó de asiento en asiento recogiendo los exámenes de sus compañeras justo como el profesor le había ordenado. Estaba acabando el segundo periodo de clases y tenía justo unos minutos antes de que la siguiente comenzara, dado la urgencia de que fueran revisadas debía ser rápida y entregar el papeleo en la sala de profesores cuanto antes.

Cuando llegó al asiento final de la primera fila, no se molestó en parar siquiera sabiendo que estaba vacío.

—De nuevo a faltado Nicochi, comienza a preocuparme —comentó Nozomi quien ocupaba el asiento frente a ése.

Eli la miró de reojo antes de avanzar a la siguiente fila.

—Si algo le hubiese sucedido ya lo sabríamos.

—Las cartas me dicen que tal vez deberíamos ir a visitarla —replicó su amiga barajeando el mazo como toda una experta.

—Tal vez —dijo en voz baja, alejándose de ella para continuar con su encargo.

No era que odiara a Nico o que le cayera mal, sólo que, siempre había pensado que tenía un extraño aire de misterio alrededor suyo. Para Nozomi eso sonaba bien, pero ella en cambio era del tipo que necesitaba conocer todo sobre la persona para confiar o considerarla cuando menos una amiga. Nico no entraba en eso, apenas coincidían un poco y si tuviera que decirlo, más parecía que su amiga era Nozomi y no precisamente porque la de ojos rojos lo quisiera sino que más parecía tolerarla.

Cuando tuvo en sus manos todas las pruebas se dirigió al pasillo, grande fue su sorpresa de encontrar a Nozomi esperándola con una enigmática sonrisa.

—¿Qué estás haciendo? La clase ya va a comenzar.

—Lo sé —mencionó tomando la mitad de lo que llevaba—, pero es una buena excusa para preguntar de paso por la dirección de Nicochi.

Eso consiguió pasmar a la rubia, aunque Nozomi no le dio tiempo a preguntar pues ya había empezado a caminar. Se apresuró en darle alcance.

—¿No sabes dónde vive?

—¿Tan sorprendente es? —Le regresó con otra pregunta, Nozomi sonreía pero si la miraba más de cerca podía notar que sus ojos tenían un tinte de tristeza.

—Es sólo que la conoces más que yo, creí que… ya se habían visto fuera antes. Ella ha ido a tu departamento ¿Verdad? Entonces ¿Por qué al suyo no?

—Cada quién tiene sus secretos Elichi.

Eli no se sintió muy convencida con la respuesta. El segundo timbre sonó llamando al resto de los estudiantes a regresar a sus aulas, a pesar de estar tres años y a meses de graduarse, a ella no terminaba de agradarle las condiciones de Otonokizaka, como por ejemplo el tener dos timbres. Uno que anunciaba el término de las clases y tras un lapso de cinco minutos sonaba el siguiente y así hasta que la jornada diaria acabara. Sabía que esos cinco minutos no eran por nada. Era el tiempo justo para ellos.

—¿Por qué ahora entonces?

Nozomi continuó caminando a través de los pasillos sin pronunciar nada. No necesitaba hacerlo, Eli ya intuía la respuesta.

—Las cartas te lo dicen —añadió con cierta ironía. La sonrisa de su amiga lo confirmó—. No creo que sea correcto, probablemente sólo se trate de un resfriado o algo pasajero. Puede que no le guste tu visita.

—Oh pero ¿Quién dijo que sólo yo iría? —preguntó resaltando la palabra "yo". Se detuvo justo antes de doblar la esquina que llevaba al salón de profesores y adelantándose un par de pasos se puso frente a ella con una amplia sonrisa—. Iremos, ambas. Tú y yo, y le llevaremos una rica sopa llena de vitaminas y algunas medicinas para el resfriado.

—Nozomi —Su intento de réplica se quedó atorado en su garganta cuando algo la embistió por el hombro empujándola hacia delante y provocando que soltara los papeles.

—¡Los tengo –nya~!

Una chica baja de cabello naranja corto con una pose por demás extraña fue quién evitó que los exámenes salieran por todos lados. La rapidez del movimiento fue tan increíble que cuando ella fue sostenida por Nozomi para evitar darse de bruces al suelo, la chica ya los había atrapado al aire y las esperaba con una sonrisa incómoda.

—¡Rin-chan!

Al dar una ojeada hacia atrás notó que una chica de lentes y cabello corto llegaba corriendo a duras penas hasta donde se encontraban. Cuando sus miradas se encontraron, la chica pareció desfallecer.

—¡Kayo-chin!

Al parecer ambas se conocían y por la familiaridad con que se llamaban, sonaban a ser muy íntimas.

—Que alguien me ayude —mencionó la chica de lentes en voz tan baja que apenas y lograron captarlo, no podía ni verlas a los ojos, se veía muy nerviosa y avergonzada—. Y-yo, ¡Lo sentimos mucho presidenta! Es que… nos retrasamos un poco y la s-siguiente clase ya va a… eh… e-empezar.

Tanto Eli como Nozomi sonrieron.

—No está permitido correr en los pasillos —explicó Eli suavizando su tono aunque manteniendo una mirada fulminante. Una rápida ojeada a sus uniformes y al moño azul que portaba le dio la idea de lo que creía que ocurría—. No anden paseando por ahí si quieren llegar a tiempo. Los salones de primero están al otro lado de los edificios ¿Qué hacían aquí?

Hanayo tragó duro, estaba en un gran aprieto y no tenía idea de cómo zafarse sin decir la verdad lo cual de por sí estaba prohibido hacer ¡Era horrible que no se le diera muy bien mentir!

—¡Un profesor nos mandó llamar –nya~! alzó la voz la otra chica, que rápidamente se había puesto al lado de su amiga— Y la charla se extendió sin darnos cuenta.

De nuevo Eli tenía dudas a pesar de que se vía bastante segura al decirlo.

—Bien, si es así ¿Puedo saber quién es el profesor? Hablaré con él para que la próxima vez no las retrase.

—Pues... él es…

—¿No las estás retrasando de más Eli? —intervino Nozomi al rescate de Rin quien comenzaba a sudar del nerviosismo—. El timbre ha sonado desde hace unos minutos, será mejor que se apresuren sino quieren tardar más. Sólo no vuelvan a hacerlo ¿Entendido?

Ambas soltaron un suspiro de alivio y sin más, Rin le entregó lo que había atrapado a Eli para después tomar la mano de Hanayo.

—Siento mucho haber chocado con usted presidenta ¡Rin promete que no volverá a pasar! —La chica hizo una leve reverencia que su amiga no demoró en imitar y tan rápido como fue el encuentro, ambas ya estaban corriendo de nuevo por los pasillos.

—¡Acabo de decirles que no corran!

—¡L-lo sentimos!

En la distancia fue que dejaron de hacerlo y en cambio se fueron a paso firme.

—Ésas chicas…

—¿Tienen mucha energía no?

Eli suspiró mientras Nozomi rió un poco, se acomodó un mechón de cabello tras la oreja.

—Como sea, también estamos tardando demasiado. Entreguemos esto de una vez.

—Y pidamos la dirección —agregó su amiga retomando el camino.

Ya en la sala, se encontraron con el aula vacía. Todos los profesores se habían ido ya a su respectivo salón. Eli juntó sus papeles con los de Nozomi y fue hacia el escritorio que sabía le pertenecía al profesor encargado, una vez hecho, se dispuso a salir sólo que se quedó quieta al voltear y no encontrar a su amiga por ningún lado.

—¿Nozomi? —preguntó mirando por todo el lugar sin éxito. Un ruido seco llamó su atención y al buscar el origen fue que vio a la chica agazapada buscando en los cajones de expedientes, alterada por su acción fue hacia ella— ¿Qué crees que haces?

—Shh —La chica la silenció con un guiño y tranquila la vio sacar una carpeta de un extraño cajón con etiqueta roja—. Será rápido, sólo quiero el dato y lo dejaré.

No sabía qué hacer, eso era una clara infracción a la moral y a la ética, peor viniendo de todo lo que tenía que ver con etiquetas rojas. Pero era Nozomi de quien hablaba ¿Cómo podía pensar en reportarla con la Directora? Además, la idea de que se ofreciera a ayudarla con ésa única intención le molestó un poco.

—Lo tengo —dijo victoriosa, mirando atenta el papel y anotando seguramente en su memoria lo que sea que buscaba. Regresó el expediente a su lugar y lo cerró con llave lo cual le extrañó más si era posible—. Hora de irnos~

Nozomi se alejó tan serena y sonriente que no sabía qué pensar ahora.

—¿Qué fue lo que buscabas? —preguntó dudosa.

—Ara~ ¿No te lo dije antes Elichi? Vamos a dar una visita a una muy buena amiga.

Por supuesto.

—Seriamente, no entiendo tu insistencia.

—Yo tampoco. De hecho, creo que prefiero llamarla intuición —contestó frunciendo ligeramente el ceño lo cual puso en alerta a Eli—. Aprovecharemos que mañana no hay clases para ir~

—Si ya has llegado tan lejos ¿Por qué no hoy?

Nozomi no contestó nada durante el regreso al salón y Eli tampoco quiso ser insistente, no era como su amiga, no lo sería ahora.

Fue antes de abrir la puerta al salón de clases cuando finalmente Nozomi respondió en tono cantarín.

—El súper no tiene ofertas hoy~ mañana es un buen día para hacer compras.

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La profesora finalmente cedía a los reclamos y promesas de mejores calificaciones del resto de sus compañeras para suspender la prueba, a excepción suyo. No tenía el mínimo interés en la discusión ya que fuera cual sea la respuesta, sin duda no fallaría puesto que era la mejor de la clase. Era muy innecesario apoyar o hacer algún comentario y en parte tampoco sonaba tan justo.

Se quedó sentada en su asiento, jugando con un mechón de su cabello mientras intentaba leer un viejo libro de partituras que encontró en la biblioteca, eran composiciones originales. Lo sabía puesto que nunca había oído antes el sonido de la unión de ésos acordes y sobretodo porque, cada nota fue escrita a mano. Aún no sabía cómo sonaban juntas pero algo dentro suyo, le decía que era un sonido hermoso. No sabía cómo algo que parecía ser tan importante hubiera acabado bajo piletas de libros a punto de ser incinerados. Tenía suerte de haber pasado por ahí.

Lástima que los años hayan hecho su trabajo en el papel, a duras penas podía leer incluyendo el nombre del autor del que sólo se encontraban las iniciales R.S.

Estaba a punto de pasar hoja cuando un chirrillo la desconcentró, alzó la mirada y justo como antes, todo seguía siendo un caos con la maestra y los demás. No así, el sonido curioso que seguía repitiéndose, al girar la cabeza se topó con la curiosa escena de dos chicas entrando agazapadas desde la puerta –la cual ocasionaba el ruido–, hasta alcanzar sus lugares aprovechando la conmoción del momento.

—Lo hicimos Kayo-chin~ —dijo en voz baja la primera de cabello corto que ocupó el asiento a su derecha.

—Me siento morir —gimoteó la segunda de lentes desplomándose sin demora en su pupitre. Casi podía ver su alma salir de su cansado rostro lo que le hizo reír un poco.

—¿Uh? ¿Nishikino-san?

Su corazón se detuvo por un par de segundos. La chica a su lado la miraba con duda, intentando rescatar su dignidad y obviando el sentimiento de sus mejillas ardiendo, cruzó las piernas bajo el escritorio y contestó:

—Tienen suerte de que nadie más se diera cuenta.

—S-sólo ha sido hoy –nya~

—Y también fue hace dos días, y hace tres y ¿La semana pasada no fueron cuatro? —Maki no quería sonar tan dura pero era la única forma de ocultar su timidez.

Su cometido fue logrado cuando la chica a su lado dejó de hablar para hacer lo mismo que su amiga, desplomarse sobre su asiento con lágrimas asomándose por sus enormes ojos dorados, se veía como un pequeño gatito pidiendo comida.

—Por favor Nishikino-san, no nos delates —imploró, juntando las palmas para pedir el favor— Mira a Kayochin, no quiero que su sacrificio sea en vano –nya~

Era cierto, la otra joven ya casi ni tenía color y estaba preocupada por si en vez de ir por la profesora debía ir por la enfermera. Ver a ambas tan exhaustas, una llorando y otra muriendo, le seguía pareciendo gracioso y su traicionera boca casi soltaba la risa que trataba de ahogar en molestia.

—B-bien, no diré nada. Pero deberían evitar seguir haciendo lo mismo, un día no tendrán suerte ¿Saben? —mencionó severa, esperando que de verdad ésas dos hicieran caso.

Sin embargo, se quedó esperando alguna réplica, gimoteo o llanto cuando menos, ya que al volver a mirarla; el rostro alegre y fingido de la chica ahora si reflejaba verdadera tristeza. La duda la asaltó ¿Se había pasado ésta vez? Al fin que sólo eran compañeras de clase. No así, el rostro decaído provocó en ella arrepentimiento y una inusual curiosidad sobre lo que pasaba por la mente de aquella chica.

—Perd…

—¡SUFICIENTE!

¡Dolor! Su rodilla resintió el golpe al brincar por semejante grito. Hasta la medio desfallecida revivió pegando un chillido asustado.

Al mirar al frente, el silencio se encontraba instaurado en el aula y quién lo provocó era la misma profesora que se decidió por poner punto final a las palabrerías y argumentos de las pobres alumnas. La vio suspirar y pasarse los dedos por el cabello cansada, no sabía si agradecer por interrumpir el momento incómodo con su vecina de asiento o molestarse por el enrojecimiento de su pierna. Lo bueno del asunto es que ellas parecían olvidar lo sucedido y prestar atención total a lo que fuera a decir su tutora, cosa que ella también hizo.

—Bien, ustedes lo han pedido ¡Y después no quiero quejas! —Un tumulto de murmullos indecisos y preocupados relevaron al silencio—. La cuestión es que suspenderé el examen —Maki tuvo que cubrirse los oídos para evitar quedarse sorda por los gritos de alegría de sus compañeras— ¡Calma, calma! Aún no he dicho lo que habrá en su lugar.

Eso consiguió silenciar de nuevo a todas. Las miradas cayeron inmediatamente en la mujer que no se dejaba intimidar.

—A cambio de no presentar el examen, deberán… hacer un proyecto en equipos. Con integrantes al azar.

La conmoción no se hizo esperar, sintió que su respiración se volvió pesada, sus latidos se aceleraron y hasta la visión se le puso borrosa. Su estado se replicó en el resto del aula, nadie estaba en buenas condiciones después de oír aquello. Desde que inició la escuela ningún profesor en ninguna materia había hablado de trabajos en equipos. De hecho, había oído de rumores de algunas graduadas que hacerlos era tan raro como difícil, demasiados problemas y misterios salían a relucir con ellos.

Por supuesto, Maki sabía la razón.

Otonokizaka no era un instituto cualquiera, pertenecía a la familia Minami de quién se decía tenía extraños tratos con ambas facciones. Sólo así se explicaba que la escuela y el complejo anexo de departamentos albergaran a los tres tipos de seres habitantes de la nueva tierra, manteniendo un extraño y peligroso equilibrio donde nadie sabía quién era qué y convivían como humanos normales mientras estuvieran dentro de sus límites. Ni un bando ni otro tenían acceso a la identidad de cada una de las estudiantes, y por lo tanto, no podían ser detenidas y enjuiciadas. Un verdadero Santuario.

Aunque, Otonokizaka no era la única escuela de ése tipo.

Trabajar en un proyecto, significaba conectarse con algo más allá de lo permitido en el nuevo orden.

Tan sumida estaba en lo que sabía gracias al trabajo de su padre, que cuando volvió a prestar atención a lo que sucedía, se dio con la sorpresa de que era de las últimas en ser nombradas.

—Finalmente, Nishikino, Hoshizora y Koizumi… ustedes trabajarán juntas. Los detalles se los daré en un momento.

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Observó atenta su objetivo, el blanco se encontraba apenas a unos diez metros de distancia; no resultaba ningún problema dar el centro y hasta podría hacerlo con los ojos cerrados. El tiro era certero, y a pesar de eso, sentía la cuerda demasiado tensa y la flecha rígida. Sabiendo que tener demasiado tiempo sin tirar dañaría más la dirección de la flecha, la dejó ir, viendo sin sorpresa cómo se clavaba a centímetros del centro.

Sabía que el problema no era con el arco sino con ella misma. Su mente era un completo caos desde hacía un par de semanas y eso la distraía de sus labores, alcanzando su rendimiento escolar. No sólo era el club de arquería donde sus tiros fallaban un par de veces, también estaba el club de kendo dónde incluso había perdido ante una de las de primero a pesar de ser la presidenta y la mejor representante. Comenzaba a sentirse frustrada.

Soltó el aire retenido, bajó el arco y cargando el resto de las flechas en el carcaj, se alejó hacia la pared para colgarlos. Inevitablemente volvió a mirar su mano, limpia y con algunos callos por las prácticas. Sin quemaduras.

«¿Por qué no puedo olvidarlo» Se preguntó teniendo al silencio del club como respuesta. Era estúpido pensar en algo sin tanta importancia, un mero encuentro con un desconocido que no debería afectarle en lo mínimo. Y ahí estaba, sintiendo durante las noches un extraño cosquilleo de electricidad correr por cada pedazo de piel sin que mostrara cambio alguno. Tal vez prefería que lo hubiera, entonces sabría qué hacer y con quien ir. Pero sin pruebas más que la sensación, ella sería la loca.

«¿Y no lo estoy ya?»

—¡Umi-chan! —El agudo llamado llegó por detrás y ella fingió arreglar las otras armas en sus estantes— ¿No es muy temprano para estar en el club?

Mirando con atención el orden que consiguió dejar, se alejó de ahí para ir por al cuarto de cambio sabiendo que Kotori la seguiría.

—Bueno, ya sabes, exenté el examen y no quería quedarme en el salón sin hacer nada. El profesor me dio permiso y la presidenta del club me había dado la llave, es mejor practicar que perder el tiempo —explicó abriendo su cajón de cambio para sacar su ropa y comenzar a alistarse para ir de regreso. Vio a Kotori sentarse en una de las bancas disponibles—. ¿Te ha ido bien?

—Hmm ¿Me pregunto? —respondió su amiga con cierto tono de temor, para después regalarle una gran sonrisa que le hizo sonrojar un poco—, no creo que me haya ido tan mal si estudiamos juntas.

Su respuesta le hizo reír, estudiar juntas era una costumbre que tenían desde que se conocieron en la escuela básica; Kotori no era una gran genio pero tampoco es que se le diera tan mal la escuela por lo que a veces pensaba que no era necesario estudiar juntas, pero dado que era su única amiga y que el mundo era tan diferente ahora, prefería aprovechar los mejores tiempo con ella a su lado. Nunca sabían cuando todo iba a terminar con la amenaza latente de las tormentas y el legado.

Eso era un tema que evitaban tocar, sólo que las tormentas no lo hacían fácil. Cada nueva significaba un cambio en alguien y aunque ellas vivían en el centro de la ciudad dónde se supone que residían las familias con menos probabilidades de enlace sanguíneo, eso no quería decir que no hubieran casos dónde el gen se manifestaba, lo que sólo significaba una sola cosa: o luchar o morir para cualquiera de las dos causas.

Precisamente era eso lo que no dejaba de repetirse en su mente, desde que chocó con aquél extraño y el leve contacto le ocasionó tal paranoia, no dejaba de preguntarse si no era un rebelde huyendo hacia la aparente seguridad de la ciudad. No era una noche cualquiera, ésa persona no podía ser cualquiera.

Tampoco sabía si seguía vivo.

—Umi-chan ¿Estás ocupada mañana?

—¿Eh? —Su tren de pensamientos se detuvo de inmediato para escuchar lo que Kotori decía, parecía que ya había dicho algo antes así que trató de que no se diera cuenta de su ensimismamiento—. Ehm… mi padre saldrá de viaje a alguna reunión de consejo y mi madre irá con él. No tendré lecciones así que si, estaré libre ¿Por qué?

Cuando volvió a fijarse en su amiga, ella se veía bastante nerviosa e intranquila cosa que de inmediato le contagió.

—Kotori ¿Pasa algo? —preguntó mientras sentía que su ritmo sanguíneo se disparaba.

—Mi mamá… —Kotori pausó, evitando mirarla.

—¿Qué ocurre con ella? —insistió, dejando su ropa a un lado para ocupar lugar a un lado suyo, haciéndole saber que cualquier cosa ella la oiría.

—¡Ah! N-no es nada grave… no tienes de qué preocuparte. Es sólo que…

Ésta vez Umi se abstuvo de hablar, confiaba en que Kotori se armaría de valor para decirle lo que sea que la tenía tan turbada. Hablar de su madre era un tema que siempre pasaba de admiración y respeto a misterio y secretos. Siempre fue así y lo atenía al hecho de la carga que su familia traía desde generaciones. Algo que Kotori aún no conocía por completo.

—Me ha… pedido que fuera con ella a la supervisión de mañana en los departamentos.

Abrió los ojos sorprendida. Ahora entendía la ansiedad de su amiga.

—¿En serio?

Kotori asintió, elevó la cabeza y enfrentó su mirada con una sonrisa temblorosa.

Ella tragó duro, buscando las mejores palabras para decirle.

—S-supongo que ya era hora ¿No? En algún momento iba a pasar.

—No sé lo que está pensando —siguió Kotori, comenzando a jugar con sus dedos sobre su regazo—. Yo sé que siempre le he pedido que me llevara, al fin que soy quien seguirá su labor en el futuro pero… ella está tan distante desde la última tormenta…

Eso alteró sus nervios, de nuevo sus ojos viajaron hasta su mano la cual se volvió puño como si intentara ocultar de su amiga algo que no existía en ella.

—¿Crees que algo malo haya pasado?

—Eso quisiera saber, y tengo la sensación de que tiene que ver con mañana. Por eso, quería pedirte si… ¿Podrías venir con nosotras?

Eso la tomó con la guardia haciéndola levantarse de inmediato dejando caer sus cosas. Su acción sobresaltó a Kotori.

—¿Q-qué? ¿Quieres que y-yo vaya también? ¡No! E-eso es imposible, eso es…

Kotori se levantó también, tomó sus manos entre las suyas y con ojos llorosos le suplicó:

—¡Por favor! —Al escucharla tan sumisa, sus defensas cayeron, era imposible resistirse a su lastimero tono—. Estoy segura de que si insisto lo suficiente, mamá dejará que vengas ¡Tienes que hacerlo Umi-chan! Aún no sé lo que voy a descubrir, pero si eres tú quien está conmigo entonces yo… podré hacerlo bien.

Sentía su corazón disminuir el ritmo de sus latidos. Recordó entonces la sensación que la asaltaba por las noches sin permiso, recordó también el brillo azul de unos asustados ojos que suplicaban perdón y por último, recordó la dirección por donde la silueta se perdió.

—Y-yo… lo haré —respondió rápidamente evitando que la duda y rechazo tuvieran una oportunidad —. Iré contigo si es lo que quieres.

Los ojos de Kotori resplandecieron con tanta intensidad que podía decir que la cegaban. Pronto el calor de sus palmas se alejaron y ésta vez se apoderó de sus hombros y espalda ante el repentino abrazo, ocasionándole un sonrojo mayor. No estaba muy acostumbrada a tantas muestras de afecto.

—¡Gracias, gracias Umi-chan! ¡Sabía que podía contar contigo!

—N-no hay de qué Kotori. Si necesitas ayuda, ya sabes que puedes confiar en mí.

—Eres mi mejor amiga.

No supo qué decir, no dudaba de que Kotori lo dijera enserio, el problema era que ¿Ella consideraba a Kotori como mejor amiga? Porque bueno, las mejores amigas no tienen secretos ¿Verdad?

Tras un corto lapso de tiempo, correspondió al abrazo.

—Y tú la mía.

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Terminó de beber el amargo jugo que Nico le dejó. Estaba satisfecha después de repetir varias veces la comida, parecía que las dos semanas inconscientes drenaron cualquier dosis de energía que tuviera y el olor de los platillos recién hechos le llamó a devorar todo con una asombrosa rapidez y apetito. Todo era ¡Tan delicioso y casero! Que hasta lágrimas le saltaron al explotar los sabores en su insípido paladar. Nico no se inmutó ante sus vergonzosos modales, simplemente se encargó de traerle lo necesario cada que pedía más. Aunque, si podía quejarse de algo, eso sería la actitud aislada de la misma Nico; después de su breve presentación y hasta que regresó cargada de bandejas, no mencionó nada más ni hizo pregunta alguna, cosa que esperaba.

Apenas la conocía por minutos, pero podía ver con claridad que se encontraba deprimida y no sabía la razón del por qué. Ella también necesitaba respuestas pero no pudo hacerlas con el estado de la chica. Decidió entonces que dejaría pasar un tiempo antes de armarse de valor e intentar hablar de nuevo. Al menos cuando no sintiera la abrumadora hostilidad de su anfitriona.

Dejó el vaso vacío en el escritorio y se tumbó en la cama. Estaba tan silencioso hasta que escuchó el lejano sonido de unas curiosas canciones con voces a coro proveniente de lo que intuía era la sala, poco después sonaron un par de campanas y fue que se dio cuenta de que era un reloj.

Miró hacia la ventana, el sol comenzaba a verse anaranjado y supuso que ya era tarde. Acababa de comer y aun así se sentía un poco exhausta, sin contar las molestias de sus heridas y la comezón de las vendas. Nico la había curado sin siquiera saber nada de ella, debía darle las gracias a como diera lugar.

Escuchó el sonido de la puerta al abrirse, giró su rostro para ver a la chica con el cabello húmedo y minúsculas gotas perladas bajar por su rostro. Seguro acababa de salir del baño, lo que le hizo preguntarse si ella no necesitaba uno. Quiso hablar pero su rostro serio le cortó enseguida, la vio acercarse a la cama y supuso que al fin le diría algo.

—Es hora de tu tratamiento —dijo con indiferencia.

—¿Tratamiento? —preguntó elevando una ceja confundida.

Ahora que lo decía, entre las cosas que quería preguntar era cómo en dos semanas su cuerpo estaba bastante mejor a comparación de lo horripilante imagen sangrante de las heridas por bala y golpes. Era para que estuviera en un hospital internada y no en una cama.

—¿Es que no oíste? Te digo que es hora, apresúrate de una vez que tengo que llamar a alguien.

No entendió qué se supone debía hacer, la miró de nuevo sin ver un vaso de agua o pastilla alguna, el terror de una inyección alteró su pulso.

—O-odio las inyecciones —mencionó temblando ligeramente.

Nico bufó exasperada, negando.

—Cierto, ahora que estás despierta olvidaba que eras una idiota consentida, Kii-chan sí que quería… —No escuchó el resto debido a que lo dijo murmurando. Nico alzó su mano y con un leve movimiento le indicó que se acercara al borde—. Te digo que te apures.

Obedeció a pesar de la incomodidad de sus articulaciones. Nico también se acercó y ante su mirada incrédula se agachó a su lado; sus nervios se crisparon al verla seguir acercándose peligrosamente a su rostro sin timidez, al contrario de ella que sentía cómo el calor subía a él.

Instintivamente se alejó unos centímetros provocando que Nico gruñera y que con brusquedad tomara su cabeza para impedir que siguiera haciéndolo. No entendía qué estaba pasando ¡¿Qué era lo que iba a hacer?!

Cerró sus ojos con temor, no quería ver nada, no necesitaba mirar los rubíes tan cerca que la hacían aterrorizarle.

La imagen de las llamas rosas arremetieron en su mente y casi estuvo a punto de gritar cuando lo sintió.

Humedad en su cuello.

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Notas finales:

¬w¬

Oficialmente inicio de ésta loca y surrealista historia~

Primero ¡Perdón! Ya dije yo que siempre si me tardaba u.u culpo a los engorrosos trámites de la escuela para graduarnos y a la tesis inconclusa que ya me saca nervios. Segundo ¡Gracias, gracias, infinitas gracias por darse tiempo a leer y comentar! Por dar el beneficio de la duda sobre éste proyectito que apenas se va formando~ ;D me hace pensar que en un futuro valdrá la pena la excomulgada que me van a dar (?)

Agradezco también sus follows y favoritos. Por cierto, he de aclarar una cosa bien curiosa~ que es cuando dije que era mi primer fic, es que si, es mi primer fanfic PEEEERO, de LOVE LIVE!, en realidad ya llevo un par de añitos en Fanfiction aunque en otro fandom (Sempai, tengo una buena explicación si lees esto D: ). Me encanta ver que el esfuerzo y las guías de Wiki (?) han rendido frutos y que eh mejorado mucho desde aquellos oscuros días~

También agradecer la corrección de los ojos de Maki, mi daltonismo me hizo ver que turquesa es violeta ._. ni en cuenta hasta que me dijeron. Si encuentran más errores (y horrores) por favor, díganme que voy a corregirlos (los ojos ya listos :D)

En fin, dudas, comentarios, opiniones, deseos, chismes, y demás ¡Son gratis y libres de hacerlo! :3 Ah cierto, olvidé decir en el prólogo una cierta cosa, que dudo que sea el caso pero mejor decirla. A lo largo de la historia habrán momentos en que se tratarán temas católicos y filosóficos canon y no canon, si alguien se siente incómodo con ello me disculpo u.u (En un mundo de yuri? ¿De verdad? (?)) Oh y una cosilla más, no sé bien sobre la extensión de cada cap, siempre trato de mantener un promedio de hojas/palabras etc pero la verdad es que corto cuando creo que es importante cortar ¬w¬ y es que de verdad, a veces parece que no se dice nada y otras que dice mucho, espero en cualquiera de los dos casos sigan apoyándome~

Saludines y gracias! Recuerden, los reviews son gratis *o*