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Yuri y Viktor estuvieron presentes cuando Yurio intentaba explicarle a su abuelo Nikolai lo que había sucedido en la escuela. El hombre escuchaba atentamente todo lo que el niño balbuceaba con timidez. Conocía la versión que le habían dado en la escuela por teléfono, sólo le faltaba saber cuál era la de su nieto.
"¿Me vas a castigar?" Preguntó con la mirada gacha y temblando. Su miedo no era tanto por la reprimenda, sino que su abuelo, su única familia, se enojara con él.
"Sí, tengo que hacerlo." Sin embargo, lejos de querer molestarse, el hombre sonrió y le dio palmaditas en la cabeza. "Eres un buen chico, Yurochka. Sé que sólo intentabas ayudar a ese pobre niño, muy a pesar de que no fue la manera correcta de hacerlo. Ve a lavarte y a cambiarte el uniforme. Hablaremos después."
El rubio, profundamente aliviado, asintió con la cabeza. Y antes de retirarse hacia su habitación, le dedicó a sus amigos una pequeña sonrisa de alegría.
"Yuri, les agradezco que lo hayan traído a casa. Estaba tan preocupado cuando Yurochka no llegaba de la escuela y más cuando recibí esa llamada del director." El mayor les comentó mientras les estrechaba la mano con afecto a cada uno. "Y usted, me supongo que es el novio de Yuri." Comentó dirigiéndose al peliplateado. No obstante, tras ver la reacción atónita de ambos jóvenes quiso rectificar. "¿Acaso me equivoco?"
"¡N-no! Está en lo correcto. Viktor es mi novio." Confirmó éste enseguida, por algún motivo sintiéndose bien de haberlo dicho en voz alta. Por otro lado, el de ojos azules no pudo evitar ruborizarse y sonreír tras escucharlo. "Es sólo que no entiendo cómo..."
"Oh. Yurochka me lo dijo y me dio una descripción de él." Respondió todavía sonriendo, y Yuri suspiró con alivio. Al parecer la familia de Yurio también era tolerante en ese aspecto. Ahora, la pregunta era cómo es que el niño se había percatado de su relación si le había dicho que 'eran amigos'...
"Sobre el castigo..." Dijo para volver a la conversación anterior. "Yurio dijo que temía que no lo dejara patinar por un tiempo."
"Oh. Nada de eso." Cabeceó de manera negativa, incluso parecía sorprendido por tal sugerencia. "Puedo privarle de muchas cosas, pero nunca del patinaje, es lo que él más ama. Te aseguro que hoy lo verás en el entrenamiento... Y, Yuri, me alegro que seas tan buen amigo para mi nieto. Yurochka te tiene mucho aprecio. Siempre está hablando de ti. Creo que te mira como a un hermano mayor." Dijo riendo y el moreno se ruborizó.
"Ah...Bueno, supongo que para mí Yurio es como un hermano pequeño." Admitió con algo de pena, llevándose una mano a la nuca. Pues realmente sentía eso.
Ya había notado que Yurio siempre intentaba monopolizar su atención durante los entrenamientos, hasta éste le hacía más caso a él que a la instructora Yuko; y estaba seguro de que la razón era porque le tenía la paciencia y las ganas de lidiar con su actitud, pues sabía que el rubio era un niño solitario que buscaba el cariño que no podía recibir de sus fallecidos padres, por ende, intentaba ayudarlo en todo lo que pudiera, llegando al punto de tomarle estima y tratarlo como a un hermanito mimado.
Y esa misma tarde, en la pista de patinaje, pudo comprobar su mutuo aprecio cuando el niño le dio las gracias por haberlo acompañado hasta su casa. Claro que no lo hizo con palabras, sino que se acercó con timidez y le dio una bolsita con galletas que él mismo y su abuelo habían horneado, sin olvidarse de decirle que las compartiera con Viktor. Yuri las aceptó gustoso y se arrodilló para quedar a su altura y abrazarlo, Yurio correspondió de la misma manera.
Varios días después, en la universidad. Yuri y sus compañeros recibieron la grata noticia de que tendrían una hora libre debido a una junta de profesores, por lo que el moreno mandó un mensaje a su novio para preguntarle si su clase estaba entre las afortunadas para que pasaran ese tiempo juntos, y, aunque la respuesta fue positiva, el peliplateado le pidió que lo esperara unos minutos más porque discutía con sus compañeras sobre un proyecto.
"Entonces te espero fuera de tu salón." Replicó, no agradándole mucho la idea de que Viktor continuara siendo tan amigable con las chicas que lo rodeaban. No es que estuviera celoso, sino que más bien sabía que las personas solían ir tras su belleza y nada más, lo cual le resultaba algo triste e injusto para la buena fe de Viktor, quien siempre intentaba ser amable con todos.
Rápidamente recibió en respuesta una avalancha de corazones, lo que le hizo darse cuenta que sería la primera vez que iría a buscarlo. Normalmente era el peliplateado el que iba a su salón o directamente se encontraban en algún sitio de la escuela.
Yuri jamás había subido a los pisos superiores de la universidad, y mentiría si dijera que no se sentía nervioso de saber que mientras pasara por allí sería el centro de las miradas envidiosas por parte de los otros alumnos que también estaban 'enamorados' de Viktor, por lo que le pidió a Phichit que lo acompañara. No fue difícil convencerlo, pues si algo le faltaba a su mejor amigo era el sentido de la vergüenza.
"¡Por supuesto! ¡Lo que sea por reunirte a ti y a tu príncipe azul!" Contestó Phichit mientras lo tomaba de un brazo y lo guiaba por las escaleras.
Pronto se dieron cuenta que sus miedos no fueron mal infundados. Miradas de rencor se cernieron sobre Yuri y éste casi se paraliza tras percibirlas. Ni el mismo podía explicarse cómo le atemorizaban tantos los ojos dirigido a él mientras que, cuando patinaba, era justo lo contrario. No obstante, Phichit lo asió con más fuerza, reafirmando su presencia, y lo hizo continuar, incluso le mostró la lengua a cualquiera que les pusiera mala cara. Curiosamente, también hubo chicas que lo saludaron y rieron, no sintiendo hostilidad por parte de ellas.
"Phichit, eso fue aterrador." Comentó cuando llegaron al último piso. Poco le faltó para sufrir un ataque de pánico. Y apoyó la frente contra el hombro de su amigo al tiempo que respiraba agitado.
"Sí, lo sé." Respondió a la vez que le daba palmaditas en la espalda y reía divertido. "Sí que eres odiado. ¡Pero sé que el amor que Viktor y tú se tienen pueden derrotar cualquier barrera!"
"Para ti es fácil decirlo... Tú no eres el que tiene que soportar esto todos los días." Murmuró con sarcasmo luego de un suspiro cansado. "Pero gracias por acompañarme, eres un gran amigo."
"Oh, eso ya lo sé. No tienes por qué repetírmelo siempre. Sé que me amas." Sonrió y lo abrazó, aunque al hacerlo sintió un escalofrío que le recorrió por toda la espalda. De inmediato giró su cabeza hacia donde percibió las malas vibras y vio como un molesto Viktor se acercaba a ellos. Los ojos de Phichit entonces brillaron como si acabara de presenciar algo realmente adorable. Viktor estaba celoso. "Oh, mira, Yuri. Aquí está tu novio." Dijo al tiempo que lo soltaba.
"Viktor, ¿sucede algo?" Preguntó Yuri al ver su cejo fruncido, preocupado. El peliplateado, sorprendido de su propio comportamiento, sacudió la cabeza y sonrió con vergüenza.
"N-no, nada." Miró a Phichit con culpa, pero éste levantó un pulgar en señal de que todo estaba bien, lo que lo hizo sentirse aliviado. "¡Yuri!" Ahora fue él el que lo abrazó, restregando su mejillas una contra la otra. "Ya que estás aquí, vayamos a la azotea."
"En ese caso los dejo solos, tortolitos. Los veré después." Phichit anunció su retirada y la pareja se despidió de él agitando las manos. Se moría por contarle a Sara lo que acababa de suceder.
"¿Podemos ir con contigo, Vitya?" Preguntó de pronto una chica, quien hacía ademanes exageradamente femeninos y fingiendo un rostro inocentón, lo mismo hicieron las otras dos que la acompañaban.
"Lo siento. Pero Yuri y yo queremos estar solos." Por la manera tan familiar con la que el peliplateado le contestó, el moreno pudo deducir que eran sus compañeras de clase.
"Pero nosotras también queremos estar contigo, Vitya." Dijo otra, acentuando el sobrenombre con voz demasiado melosa, lo que hizo al moreno alzar una ceja con incrédulidad. A pesar de ser bonitas tenían una personalidad horrible.
Yuri en ese momento no se sentía con la suficiente paciencia como para dejar pasar aquello por alto, así que, alargando las manos, asió las mejillas de su novio para obligarlo a mirarlo a él, sólo a él, y antes de que el peliplateado pudiera reaccionar, se abalanzó sobre sus labios para juntarlos con los suyos en un beso más largo de lo habitual. Yuri pudo escuchar los grito de protesta de las chicas y se sintió triunfante, sobretodo porque Viktor había terminado con su cara completamente roja. Después, lo tomó de la mano y lo alejó de aquellas chicas.
"Yuri, tú... ¿estás celoso, verdad?" Se atrevió a preguntar tras llegar a la azotea, muy esperanzado de que se tratara de eso. Sabía que Yuri solía evitar muestras de afecto en público, más por educación que por vergüenza, por lo que le pareció extraño (y sensual) que de pronto se comportara tan territorial.
"A-ah...bueno...Yo..." Yuri había actuado más bien por impulso tras ver como aquellas chicas intentaban ignorar su existencia a su conveniencia. Estaba consciente de que no podía evitar que la gente intentara flirtear con su novio, pero... que lo hicieran delante de él, quien era su pareja...eso ya le parecía bastante irritante. "Un poco." Admitió avergonzado.
"¡Oh, Yuri! No tienes por qué estarlo." Lo rodeó de la cintura y juntó sus frentes antes de volver a besarlo. "Mi corazón es todo tuyo y de nadie más. Eres la persona más importante en mi vida. Yo jamás pensaría en hacer algo que te lastime..." Dijo en un tono de voz que sonaba alegre, mas Yuri ya podía distinguir la nostalgia que a veces se asomaba en ella.
Entonces recordó que aún existía un tema pendiente entre ellos. Algo que supuso que era difícil de abordar por todas las veces que lo habían pospuesto. Alejó su rostro unos centímetros del de Viktor para poderlo mirar a los ojos y preguntar.
"Viktor. ¿Que hay de tus padres?" Tan sólo ver como las cejas del peliplateado se contraían en una mueca dolorosa supo que no quería hablar de ello. No obstante, pronto se suavizaron a la vez que suspiraba con resignación.
Luego de cerciorarse de que se encontraban totalmente solos en la azotea, él y Yuri tomaron asiento en el piso, recargándose ambos contra la pared. Aún no era medio día y el sol era bloqueado a ratos por las nubes, y el viento soplaba de manera tan agradable e insistente que su cabello se habría enredado sino fuera porque usaba la liga que Yurio le dio.
"No sé por dónde empezar..." Dijo en voz baja, con sus ojos azules recorriendo el piso al tiempo que intentaba ordenar sus ideas. Pudo sentir la mano de su novio acariciando la suya y eso lo hizo sentirse más seguro de hablar. "Mis padres, ellos...son buenas personas, como los tuyos, es...es sólo que no están de acuerdo con lo que soy."
"¿A qué te refieres?" Yuri no estaba seguro a dónde iba todo eso, pero creyó tener una idea.
"Yuri. Desde muy joven me di cuenta que me gustaban los hombres." Dijo como respuesta, sonriendo con tristeza. "Se lo dije a mis padres esperando a que me pudieran dar algún consejo, pero... ellos no reaccionaron muy bien. Desde ese momento mi relación con ellos se tensó y sólo fue empeorando con los años... Y cuando cumplí los dieciocho, me dijeron que tenía dos opciones; buscarme una novia o buscar otro sitio para vivir, y... bueno, hace años que no los veo." Yuri escuchó con dolor como su voz se quebraba. Se movió para cerca más cerca de él y usó las mangas de su uniforme para secar las lágrimas que comenzaron a caer "L-lo siento. Sé que no te gusta verme llorar. Debes pensar que soy un inútil..."
"Viktor, no. Jamás he pensando eso de ti." Dijo con amargura tras escucharlo decir eso, y usó los dedos de su mano derecha para acariciar las hebras de su cabello plateado. "No me gusta verte llorar porque prefiero verte sonreír. Pero ahora llorar hará que te sientas mejor."
Viktor quiso sonreír para complacerlo, pero simplemente no pudo. Sus labios temblaban ante la contrariedad de emociones que se acumulaban en su pecho. Por un lado, la nostalgia de recordar a sus padres, quienes prefirieron olvidarse de él, y por el otro; Yuri, el chico quien al principio hizo todo lo que pudo por ignorarlo y que incluso intentó terminar con su relación, pero que ahora se encontraba a su lado, actuando como un verdadero caballero y novio al apoyarlo de esa manera. Pensaba en que se había ganado la lotería.
Yuri lo abrazó con fuerza, dejando que éste se apoyara sobre pecho mientras continuaba sollozando. Recordó con horror lo mal que lo había tratado durante su primera semana de noviazgo debido a sus propios complejos. Ahora entendía muchas cosas sobre Viktor, y pensó que debía encontrar una manera de recompensarle por su comportamiento pasado.
Durante el tiempo que llevaban juntos pudo ver que el peliplateado no era el ser perfecto que todos aclamaban que era. Él también tenía sus debilidades, como su poca confianza en sí mismo y el hecho de que intentaba agradar a todos. Lo cual también explicaba porque era tan complaciente y amable incluso con las chicas que lo acosaban, chicas quienes seguro, si no fuera por su belleza exterior, ni siquiera mirarían hacia su dirección. Sin embargo, también tenía fortalezas, como su persistencia y honestidad, cosas que admiraba mucho de él.
Yuri entonces supo qué era lo que tenía él que nadie más podía ofrecerle al peliplateado.
"Viktor...Te amo." Le murmuró al oído, y pudo sentir cómo éste se tensaba ante la sorpresa. Sus ojos azules rápidamente se alzaron para toparse con los suyos ámbar, y Viktor por fin pudo sonreír, aunque todavía con algunas gotas resbalando por sus mejillas.
"Yo también te amo, Yuri." Respondió, y juntó sus labios en un beso apacible y tierno, disfrutando ambos del calor que se transmitían en esa posición. "Yuri..., ¿vas a quedarte a dormir mañana a mi casa, verdad?" Inquirió con timidez, con su rostro ruborizándose.
"¿Ah?" Yuri no entendió el repentino cambio de tema, pero su corazón se alegro de ver que Viktor se veía más animado. "Por supuesto."
El resto de esa tarde Viktor no paró de enviarle mensajes acompañados de muchos corazones, y Yuri, aunque no era propenso a ese tipo de cursilerías, le contestaba de igual modo porque podía imaginar perfectamente su rostro de felicidad al leerlos.
Incluso, cuando el peliplateado dejó su casa para ir a trabajar, Yuri se acercó a sus padres y sostuvo una pequeña charla con ellos sobre su relación. Y como era de esperarse, estos se hicieron los sorprendidos, como si no lo hubiesen sospechado desde antes, y lo felicitaron.
"Qué pereza." Comentó Yurio al tiempo que bostezaba y estiraba sus bracitos hacia el techo. "Mañana ya debo volver a la escuela. Más que una suspensión, lo sentí como vacaciones... Quizás debería meterme en peleas más seguido..."
"Definitivamente no, jovencito." Le amonestó Yuri con la mirada entornada mientras terminaba de acomodarse los patines. "Tu abuelo tiene fe en que te comportaras bien de ahora en adelante."
"¡Eso ya lo sé! Sólo bromeaba." Replicó cruzado de brazos y mirada molesta. No era divertido cuando el moreno actuaba como adulto responsable. "¡Oh! Mira, Yuri." Jaló al mayor de la chamarra y apuntó con uno de sus índices hacia a un chico que acababa de entrar al edificio. Yuri estuvo por advertirle que señalar con el dedo era de mala educación, pero Yurio continuó hablando. "Ese es el niño al que estaban molestando en mi escuela. No sabía que le gustara patinar."
Yuri miró hacia aquella dirección por curiosidad de ver al niño al que Yurio había ayudado. Era un chico de cabello negro y ojos marrones, quien más que un niño parecía ya estar en la preadolescencia, pues su rostro no se miraba tan infantil como el del rubio. Pudo deducir que a lo mucho tendría doce años.
El chico comenzó a caminar alrededor de la pista, parecía estar buscando algo.
"Deberías ir saludarlo." Sugirió por cordialidad, y se levantó de la banca para entrar a la pista.
"¿Ah? ¿Por qué? Ni siquiera lo conozco." Replicó de mala gana caminado tras él tal cual patito siguiendo a su mamá.
Yuri y Yurio entraron a la pista de patinaje seguidos por sus compañeros. Luego de unos minutos patinando, Phichit posó una mano en el hombro del moreno y le hizo un ademán para que le prestara su oído.
"Parece que nuestro pequeño Yurio tiene un admirador." Dijo intentando no reírse, y señaló disimuladamente con un pulgar al chico al que Yurio se había referido antes. Éste se encontraba con sus brazos apoyados sobre la valla de protección, y no quitaba sus ojos de Yurio, quien seguía ensayando su rutina sin que nada lo distrajese.
Yuri entonces le explicó a Phichit de quien se trataba y ahora ambos rieron. Imaginaron que, probablemente, el chico había ido a buscar a Yurio para agradecerle lo que hizo por él, lo cual les resultó algo adorable. Además de que no les faltó razón.
Pues cuando terminó el entrenamiento, el chico se apresuró a correr hasta el rubio para quedar frente a frente, pero no se atrevió a hablar. Yurio, algo impacientado por el cansancio del entrenamiento, habló primero.
"Oh, eres tú. ¿Qué quieres?" Aunque sus palabras fueron duras, su tono de voz fue neutral.
"Yo...umm...quería... darte las gracias por lo que hiciste por mí el otro día..."
"Ah, eso." Yurio se sorprendió de que el chico fuese tímido, lo cual hacía un extraño contraste con su aspecto rebelde. Pero quizás esa era precisamente la causa por la que sus compañeros de clases lo habían hecho el centro de sus burlas... "No tienes por qué darme las gracias. Lo habría hecho por cualquiera."
"Aún así...te doy las gracias... Y..."
"¿Y...?" Le incitó a hablar a mientras buscaba a Yuri con la mirada. Él mismo no era muy bueno tratando con otras personas, mucho menos con otros niños de su edad, y ahora tenía que lidiar con uno que comenzaba a exasperarlo.
"Creí que...quizás...podríamos ser...amigos."
"¿Amigos?" Repitió ladeando la cabeza, confundido. "¿Sólo porque te ayudé?"
"No es...sólo por eso." Cabeceó de manera negativa, y luego sus mejillas se ruborizaron por vergüenza. "Yo creo que...eres muy fuerte y valiente... y... si fuéramos amigos...tal vez yo... podría ser más...como tú."
"Mmh...Pues esa me parece una buena razón" Rió, sintiéndose halagado. El chico comenzaba a agradarle. "Está bien. Podemos ser amigos mientras no me metas en más problemas." Dijo ofreciéndole una mano, como si cerraran un trato. "Ah, espera, ¿cómo te llamas?"
"Otabek..." Dijo, estrechando su mano.
"¿Otabek, eh? Yo soy Yuri, pero algunos me dicen Yurio para no confundirme con el tonto de allá." Señaló al Yuri moreno con un pulgar, quien miraba hacia la pantalla de su celular con el rostro tan rojo como un tomate. Seguramente conversaba con Viktor. "Dime como quieras."
"Yuri me parece bien..."
Yurio sonrió complacido con aquella respuesta.
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