ciao
aqui les traigo otro cuento de terror, el proximo capitulo de no me olvides lo subire pronto (espero)
1,2,3 !a leer se ha dicho!
Mi pequeña hermana Bell
(Holanda)
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Govert tenía 8 años cuando llego su hermana al mundo, era una pequeña y alegre niña rubia de ojos verdes a la que sus padres llamaron Bell.
Govert amaba a Bell, siempre la cuidaba y la protegía de todo lo que le pudiera hacer daño. Cualquiera que osara a meterse con ella la pagaba muy caro.
Un día para el cumpleaños número 4 de Bell, sus padres le regalaron un conejo de peluche de color rosa pálido, tenía una cinta rosada al rededor del cuello y estaba un poco viejo. Pero eso no le importó a Bell, a ella simplemente le encanto.
Después de la fiesta, su madre le explicó a Govert que encontró al conejo en una caja en el ático y que se lo regalo a Bell como un bonito presente.
Bell nunca se separaba de su conejo, andaba a todos lados con él y jugaba con el todos los días al doctor, a la chef o con sus demás peluches. Pero el conejo era su juguete favorito.
Una noche Govert escucho que Bell hablaba. No le pareció nada raro en que hablara con sus peluches o hablara en sueños. Lo que le pareció raro fue cuando otra voz ajena le respondió a Bell. Era una voz profunda y grave, casi de ultratumba.
Govert se asustó por su hermana así que fue a verla a su cuarto, cuando entró vio a Bell sentada en su cama con su conejo sentado al lado.
-¿con quién hablabas?- le pregunto Govert a su hermana.
-con mi conejo- respondió inocentemente la niña.
Govert no volvió a escuchar la voz otra vez por un largo tiempo. E hecho casi se olvidó del asunto y lo dejo pasar.
Un día Govert fue a buscar a su hermana al jardín infantil. Normalmente la iba a buscar para ayudar a su madre, total el edificio no quedaba lejos. Cuando llego la profesora lo estaba esperando, estaba asustada.
La profesora le explicó que Bell había golpeado a sus compañeros sin razón aparente. Cuando Govert vio a Bell esta estaba sucia con un poco de sangre saliendo de su nariz y con lágrimas en los ojos.
-¿Bell que hiciste?- le pregunto Govert alterado.
-mi conejo- susurro la pequeña.
-¿qué?-
-me quitaron a mi conejo-
Govert simplemente observó su nariz sangrante, para ver si no estaba rota, antes de llevar a Bell y a su conejo a casa.
Esa noche escucho voces otra vez y cuando entró al cuarto vio la misma escena que la vez anterior. Eso ya se estaba poniendo extraño, nadie estaba en la habitación con Bell y además ese conejo le empezaba a dar mala espina.
La mañana siguiente lo primero que hizo fue llevarse al conejo sin que su hermana lo viera. Ella estaba durmiendo así aprovecho de quitárselo. Se lo llevo a su cuarto y lo guardo en su armario.
Ese día Bell estaba desesperada buscando al conejo pero no lo encontraba por ninguna parte. Buscaba aquí y allá pero el conejito no aparecía.
Esa noche Govert no pudo dormir por los gritos de su hermana, pareciese como si sufriera un agonizante dolor. Sus padres no podían hacer nada así que la dejaron sola gritando para que se calmara
Al final la pequeña poco a poco se fue callando hasta quedarse dormida, Govert intentó volver a dormir pero un extraño toqueteo lo saco de su ensueño.
El rubio levanto la vista y vio que alguien goleaba la puerta de su armario desde adentro. Govert se asustó, alguien o algo estaba dentro de su closet. Con una linterna se armó de valor y fue a investigar.
Cuando abrió la puerta lo primero que vio fue a al conejo de su hermana sobre una pila de cajas. Lo tomo de una oreja y justo cuando lo levanto el conejo sacudió.
Govert soltó al conejo que se empezó a mover en su dirección torpemente y con una voz extraña, como la de una niña, le empezó a decir.
-yo...yo...-
Govert retrocedió asustado, el conejo hablaba, ¡el conejo hablaba!, por dios, esto no estaba pasando, ¡esto no estaba pasando!
Mientras el conejo caminaba con los brazos abiertos hacia un aterrado, Govert esté en un acto de valor fue a su cama, tomo una almohada y se la lanzó. El cojín cayó directo sobre el peluche y lo lanzo lejos.
Luego, cerciorándose de que el conejo no se moviera lo tomo de las orejas y bajo las escaleras hasta la sala, donde estaba la chimenea ardiendo.
Entonces abrió la compuerta de la esta y lanzo al conejo dentro mientras este decía su última palabra.
-Govert...-
El conejo se destruía por del fuego, su piel pálida ahora se ponía negra y sus ojos de plástico se derretían a causa del calor. El conejo se hizo cenizas y cuando estuvo carbonizado por completo Govert se fue a su habitación a dormir.
Cuando entró no se esperaba en ver a Bell sobre su cama.
-¿qué haces aquí, Bell?- pregunto a la pequeña.
Bell murmuro algo que Govert no entendió.
-¿qué dijiste?-
Entonces ella lo miro, sus ojos verdes ahora estaban rojos y tenía una sonrisa macabra en el rostro.
-te equivócate de persona- dijo con una voz de ultratumba antes de que se escuchará un grito por toda la casa.
A la mañana siguiente los policías encontraron a la familia muerta... Nunca encontraron a Bell.
espero les haya gustado
acepo tomates en la cara y criticas constructivas
si no les gustan mis cuentos solo diganme quee sta mal en ellos y yo los reparo
bueno
adios
