Ay ay ay... me tarde bastante y no entiendo por qué si ya tenía planeado como iría. Estupidez mía quizá.
Al fin más personajes, y Green aparece, aterrorizandome por la idea de que estoy cometiendo OoC con él :D
1. El hogar Oak.
Inhalando profundamente, se encogió en su cama mientras se escondía del sol. El colchón se sentía aún más enorme sin la presencia de su marido, pero también era mucho más cómoda gracias a que él se iba a trabajar y le dejaba el espacio.
Los primeros meses de casada no habían sido nada de lo que no hubiera imaginado antes, había tenido que acostumbrarse a la nueva casa y conocer cada una de las habitaciones y su localización; ya que, como mujer de la casa, sería una deshonra no conociera su propio hogar.
Había tenido que aprenderse también quienes conformaban la casa Pryce, y para su sorpresa había descubierto que su hijo, Siebold, seguía vivo; sin embargo, tras discusiones y peleas entre ambos a la muerte de la primera esposa, había sido echado de la familia y se renegaba su existencia. Se suponía ella no sabía nada de eso.
También había tenido que aprenderse los nombres de la servidumbre. Nada ella no supiese hacer con anticipación, pero la cantidad de sirvientes atendían esa mansión si la había tomado por sorpresa, siendo casi el doble de los que había en su casa. Su favorita, sin embargo, era una mujer de tez negra llamada Lenora. Alta e imponente, había causado un extraño sentimiento de seguridad y confort en Blue cada vez estaba cerca de ella.
No solo Blue, era obvio Chermaine, Keane y Karin sentían lo mismo al acudir a Lenora cada vez necesitaban ayuda al ir acostumbrándose a la casa.
A pesar de todo, lo que menos quería era salir de su cama. Aunque sus tres lacayos buscaran no dejarla desanimarse, cada mañana sentía ganas de echarse a llorar y cada noche de escapar de esa habitación y esa casa.
Pero ella seguía ahí, seguía siendo la mujer de Pryce y seguía siendo la muñequita de porcelana él presumía en cada reunión y fiesta se pudiera. ¿Qué persona no envidiaría al hombre que llevaba sujeta a su brazo a la bella dama ataviada en joyas y vestidos de vaporosas telas?
Claro era nadie parecía interesarle saber cómo se sentía, ni si quería decir algo o dar su opinión; su trabajo era verse bonita, y cubrir los hematomas en sus brazos y rostro con costoso maquillaje para seguir con la fachada de muñeca.
El ruido externo comenzaba a subir su volumen, señalando el inicio de las labores en el hogar y que seguir más tiempo ahí causaría, en cuestión de segundos, que Chermaine o Karin entraran a la habitación a quitarle las cobijas de encima.
Levantarse nunca había sido su fuerte, le gustaban sus sueños de belleza, pero con Pryce todo era más complicado. Ese hombre tenía un don para dificultar cualquier cosa y, en susurros de Lenora, era el único hombre conocía que podía tener limonada y transformarla de vuelta a limones.
—Me estoy vistiendo-, avisó al escuchar tocaban a su puerta solo un par de veces, no logrando detectar quien sería del otro lado. Sus piernas temblaron al sostener su peso, pero era una sensación desagradable a la que comenzaba ya a acostumbrarse.
Era molesto pensar lo mucho toleraba y "aprendía" para poder obtener lo que quisiera.
Escuchando la puerta tocar nuevamente, gruñó para sus adentros al escuchar entraban sin más. Debía ser Chermaine probablemente, perdía la paciencia con quizá demasiada facilidad; cosa que a Blue no le preocuparía tanto, si es que las reglas no fuesen tan estrictas y eso le pudiese ganar una corrección.
—Te dije que me…- interrumpiéndose, una risa nerviosa escapó al ver no se trataba de lacio cabello rosado, sino esponjoso cabello negro perteneciente a la sirvienta de Pryce. Lenora usualmente le sonreía, pero también era fácil se enojara, —Ya lo estaba haciendo
—Solo vengo a apresurar las cosas-, insistió, aunque ya le miraba inquisidora al verla vistiendo no más que su ropa interior. Su desastroso cabello matutino también era una pista fácil. —¿Sabe la hora es acaso?
—Las 10 de la mañana-, respondió ella, teniendo la suerte de tener en frente el reloj de pared en lo que dejaba ella le ayudara a acabar de vestirse: O, mejor dicho, no tenía otra opción.
—¿Sabe acaso que día es hoy? -, fue lo siguiente le escuchó preguntar, ella quedándose callada al descubrir, con cierta molestia, de que nada se le venía a la cabeza. Ninguna celebración o aniversario de su familia o la de Pryce sería ese día; y sería ridículo creer festejarían sus cinco meses de casados. —Es el cumpleaños del señor Samuel Oak.
Permaneciendo callada, frunció los labios en lo que Lenora pasaba el cepillo entre sus enredados mechones. Nunca había hablado mucho con el hombre, pero si sabía era una especie de doctor y era el culpable de mantener con vida a Pryce; la familia Oak tenía un don para los negocios, y habían mantenido una buena fortuna a pesar de sus actos de caridad a esclavos.
—No harán aquí la reunión, ¿no es así? -, murmuró, no queriendo imaginarse el tener que ser la anfitriona del festejo a un hombre ni siquiera conocía en lo más mínimo. Era hilarante que sus dotes de actriz convencieran a todos, pero se volvía aburrido rápidamente.
—Pensé el señor Pryce te habría explicado ya eso- dijo Lenora, aunque Blue sabía era un claro regaño de la mujer por no escuchar lo que su marido le decía. Siendo justos, seguramente ella le habría ignorado, con lo aburrido era el anciano. —Sera en la Mansión Oak, vendrán por usted en unas horas y ni siquiera ha desayunado
La idea le paralizó totalmente. Saldría de la casa, después de su boda, solo recordaba haber salido a la calle unas cuatro veces quizá; no era correcto visitar la casa de sus padres teniendo que atender a su marido, su hermano había ido muy poco a saludar por qué sus padres tampoco aprobaban aquellas visitas, y su ropa provenía de las difuntas exesposas de Pryce; unas cuantas prendas más las obtenía de sastres iban a tomarle las medidas.
Pero salir, aunque fuese solamente a encerrarse a otra casa, era un avance. Pryce comenzaba a confiar en tener total control sobre ella y le permitía al fin tener esas pequeñas libertades.
No le gustaba pensarlo, pero debía comportarse a la altura, y así hacer su marido bajara la seguridad tenía sobre ella.
— …tiene nietos de tu edad- escuchó a Lenora hablar, dando un pequeño brinco al notar había seguido hablando sobre lo que pasaría en la reunión mientras ella se había puesto a fantasear, — quizá es un poco injusto, pero Daisy es mi favorita. Una dama sumamente inteligente, y dicen que seguirá el camino del señor Oak y se encargara del Hospital. Los otros dos…
—¿Qué hay con los otros nietos? -preguntó ella cuando la sirvienta se había quedado callada, ofreciéndole el seguir hablando. Un bufido de su parte señalaba era algo era mejor ella no hablara más que entre las dos para evitar una reprimenda a Lenora.
—Hay un joven de tu misma edad, se llama Green y es-, viendo se detenía de cepillarle, la mujer torció el gesto para mover las manos como si ello le ayudase a encontrar las palabras, —muy diferente a Daisy- dijo al fin, volviendo a su tarea, —es frio, calculador y bastante altanero; es más parecido a su abuela que lo que es al señor Oak. Su hermano menor es prácticamente igual, pero más agresivo… no tienen el gen Oak- finalizó.
Alzando ambas cejas, frunció los labios gracias a su explicación. Frio y calculador sonaba bastante a Silver, y eso era culpa de la educación les inculcaban más que alguna falta de genes.
—Estaré bien, se manejar gente de ese tipo- le aseguró.
Sonriendo mientras veía a la gente andar por las calles, el sentir el aire en el rostro le causaba una alegría bastante extraña. En su soltería solía pasarse todo el tiempo fuera haciendo cualquier tipo de cosas, pero no había pensado que le extrañaría de esa manera.
El carruaje le llevaba era algo también le había hecho reír, pero por razones diferentes. Aunque elegante, era anticuado, además de pretencioso; cosas que describían a la perfección a Pryce y no podía evitar más que notar la ironía del asunto. Incluso parecía que buscaba mantenerse presente en cualquier segundo de su vida.
Bajando con ayuda del cochero, sus ojos fueron a la fachada de la enorme mansión. Era tan grande como la de sus padres, y sorprendente como la de Pryce, pero en maneras diferentes. Su nuevo hogar era de piedra y acero, con las enormes ventanas cerradas y cortinas cubriéndolas; impresionante y cuidada en cada milímetro, pero también se sentía demasiado enorme y demasiado fría a pesar de que los sirvientes lograran hacerla sentir un poco cálida.
La mansión Oak era diferente, aunque también de piedra, las paredes estaban adornadas de cortinas de vegetación por todas partes. Las ventanas estaban abiertas y los marcos eran de madera, sin vista de cortinas de tela que evitaran la brisa recorrer los pasillos. Podía incluso escuchar el relinchar de los caballos y otros animales no lograba ubicar del todo. Era cálida, se sentía con vida y, no tan en el fondo, maldecía a sus padres por no haberla comprometido con un Oak.
—Llegas diez minutos tarde- le dio la bienvenida la rasposa voz de su esposo, sacándola de su ensueño para enfocar la mirada en él.
—Hubo un par de problemas con los caballos, lo lamento-, explicó, colgándose a su brazo mientras Pryce le guiaba hacía adentro de aquel hogar. Era tan encantadora como el exterior; las mesas ofrecían a la vista ramos de fragantes flores, enormes vitrales permitían entrara más luz al lugar, los sirvientes iban y venían hablando sin la necesidad de cuchichear. Quizá eso ultimo era porque cuchicheando no podrían escucharse entre sí.
—Espero te disculpes con Oak por esta grosería- ordenó en tono autoritario, dejándole entender que eso iba a ser lo primero haría al presentarles, —Samuel es un viejo amigo e importante socio, no quiero arruines nuestras relaciones.
—Querido, me ofende tu falta de confianza- comentó mientras trataba de quitarle importancia, aunque en poco una dura mirada le era ofrecida. Debía ir con cuidado si no quería que Pryce volviese a estar en alerta. —No te preocupes, he traído incluso un regalo para él- agregó, buscando entre su bolso para sacar una pequeña caja.
Había sido sugerencia de Keane aprovechando les había permitido salir, pero era una buena idea el haber comprado algo, aunque no fuese más que un reloj de bolsillo de los cuales Oak debía tener más de tres. Seguía siendo un detalle a final de cuentas, que esperaba su esposo confundiera con sumisión.
—Ya le he dado algo yo- respondió, quizá un poco tajante, pero como no le ordenaba guardarlo parecía que aprobaba su pequeño gesto.
—¿Y dónde está él? -preguntó cuándo ya la llevaba al patio, sonriendo para sus adentros al descubrir que no había estado errada. A lo lejos podía ver las caballerizas, algunos patos andaban entre la gente sin tomarle mucha importancia a las visitas a diferencia de los perros que se veían claramente emocionados por la nueva atención.
—Ahí esta él- señaló de manera disimulada, y Blue ya guiaba su mirada en su dirección.
De silueta algo encorvada, entre la multitud podía ver a un anciano de la edad de Pryce hablar con una sonrisa a sus invitados. Su cabello grisáceo mostraba solo unas pocas señales de haber sido castaño en su juventud, y las arrugas solo ayudaban a darle un aire de la clase de abuelo te da dulces a escondidas de tus padres. Habiendo notado su presencia, una sonrisa adorno su rostro lleno de arrugas que complementaban unos ojos de color verde.
Se sentía un tanto ridícula al notar se había aferrado más a su esposo y el pequeño regalo culpa de alguna especie de timidez.
—Pryce, me alegra ver tu… nieta-, ofreció cuando le miró nuevamente, —llegó con bien.
—Mi esposa, Blue-. Corrigió, y Blue notaba el por qué su vergüenza. Oak la veía como si se tratara de una niña, y una no era mayor a sus nietos, del brazo de un hombre tenía el doble de años, sino más, a ella. Debía estar con un hombre de su edad, no con un anciano, y al parecer solo Samuel notaba lo obvio era ello.
Un apretón de parte de Pryce le ordenó en silencio decir algo para solucionar aquel silencio incomodo entre los tres que había producido su presencia.
—Le traje algo- habló cuando al fin recupero su voz, sujetando la pequeña caja con ambas manos, —no es mucho en verdad, pero quería ofrecerle algo por mi tardanza, señor.
—Oh, por favor, llámame Samuel- respondió, volviendo a sonreírle para tratar de calmar sus nervios, o al menos eso Blue sentía. Tomando aquella cajita, en cuestión de segundos deshacía el moño para ver su interior, una sonrisa más grande adornando su rostro, —es muy amable de tu parte, muchas gracias Blue.
—Prometo la siguiente vez traerle algo mejor- agregó, y con la sonrisa se asomaba en labios de Pryce, parecía ella estaba haciendo lo correcto.
—Eres muy amable, pero no es necesario. Me hace feliz piensen tanto en mí.
La plática había sido bastante amena, y Oak había logrado rápidamente ganarse su confianza y dejar ella se desenvolviera con calma. Era bastante obvio él no aprobaba los casamientos por conveniencia, y ello explicaba porque Daisy seguía sin casarse y enfocada en trabajar sin saber si su esposo se lo permitiría después.
En cuestión de minutos le habían presentado con Daisy, y Blue había tenido que cubrir sus labios al tenerla en frente. Ofrecía la misma aura tranquila de su abuelo, y aunque sus ojos eran de un verde más oscuro, su cabello castaño era un ejemplo de cómo debió haber sido el de Oak en su juventud. La descripción de Lenora no le había hecho justicia; no solo era sumamente inteligente, sino también hermosa y hablaba con tal seguridad que incluso los hombres se callaban para permitirle conversar.
Ella mentalmente tomaba notas, porque esa habilidad para dialogar y hacerse escuchar serían de suma utilidad.
—¿Y tú que estudias? -, escuchó a una voz infantil preguntar, girando su rostro para ver a un niño verle fijamente. De ojos más claros a los de Daisy, aquel pequeño la miraba intensamente mientras el despeinado cabello castaño parecía llevar consigo unas cuantas varitas y pasto de haber estado persiguiendo a algún pobre animal. Debía ser el nieto menor del que Lenora le había hablado.
—Yo no estudio, cariñito. Estoy ya casada-, respondió con una sonrisa al niño. Solo se trataba de preguntas hacían los menores sin pensar.
—Eres una mujer tonta-, la repentina frase le había tomado desprevenida, y más que aquella linda carita le mirara con tanta molestia, —No debiste casarte si no sabías nada.
—N-no decidí casarme, me comprometieron mis padres-, trató de explicar, y parecía funcionar cuando el niño formaba una pequeña 'o' con sus labios al comprender su situación.
—Te vendieron como hacen con los esclavos-. De repente agradecía Pryce fuese tan viejo no pudiese engendrar más hijos.
—Gary, ¿con quién hablas? -escuchó una segunda voz, alzando la mirada de aquel niño para ver a un joven de tez clara y estatura un poco mayor a la de ella. Fuera de eso, era idéntico al niño con quien platicaba.
—No lo sé, es nueva- respondió, girándose a su hermano con una sonrisa ocultaba aquella cruel honestidad suya. —Pero no es lista como Daisy.
—Eres la esposa de Pryce, ¿no? -, preguntó, y Blue no estaba segura porque le dolía hicieran tal conexión. —Green Oak, un placer-. Respondió, ofreciendo una reverencia que era, obviamente, no más que simple cortesía.
—Un gusto- susurró, viendo a su alrededor en busca de Daisy para poder escapar de ello, más no parecía fuese a ser tan fácil, —es un placer estar aquí, su casa es exquisita y su abuelo es un encanto-, ofreció un par de halagos, pero a diferencia de Samuel y su nieta, Green era más difícil de complacer.
—Lo sé, pero es obvio esta sobre decorada por la presencia de invitados-, respondió con simpleza. Comprendía mejor porque Lenora decía el parecía no ser un Oak; mientras que Daisy y su abuelo habían sido amables e invitaban a seguir la conversación, Green no podía verse tan interesado en la plática como ver una pintura secarse.
—¿No le agradan las visitas? -cuestionó. Quizá Green era la clase de hombre prefería hablar y ser escuchado que recibir un diálogo interesante.
—No son mi cosa favorita en el mundo- explicó, y Blue no podía evitar el morderse el labio. Hablar con él era como sacarse una muela, y al menos lo último le daría una excusa para quejarse y gritar.
No había nadie más en aquel lugar ella conociera o le interesara hablar, y no tenía idea de donde estaba el baño como para excusarse con ir a verse al tocador.
Escuchando los golpecillos del metal al cristal, agradeció enormemente uno de los invitados llamara la atención de la gente y acallara a los invitados. Le había visto en otro lado, pero no recordaba en verdad quien era: sin embargo, sus facciones refinadas y el cabello corto y de un tono azul claro eran difícil de olvidar.
—Quisiera pedir un brindis-, comenzó a hablar, siendo un gusto para los oídos la aterciopelada voz en contraste a la rasposa de su marido y lo aburrida de Green, —en honor a Samuel Oak, deseando más días felices como este para él.
De inmediato varias copas se alzaron, chocando entre sí para tomar por el festejado. Los murmullos comenzaban a subir en volumen, pero que el hombre no tomara asiento las acallaba de nuevo. Por el rabillo del ojo, Blue logró ver algo en movimiento, girando la cabeza para ver una especie de jaula cubierta por una larga manta roja ser llevada frente a los invitados.
—Y también quiero aprovechar- volvió a hablar, manteniendo su copa frente a su pecho, —para presentar mi regalo y, aunque no debería, admito ha sido bastante costoso pero la situación lo amerita.
Una nueva sacudida en la jaula hizo al fin los invitados dejaran de intentar seguir teniendo su atención en aquel hombre para ver lo que habría ahí. Escuchando el parloteo emocionado de Gary diciéndole a su hermano que seguramente le habrían regalado a su abuelo un león.
Al retirar la tela, hubo varias exclamaciones y respingos, risas incluso, cuando dentro de aquella jaula no había un animal, sino un esclavo encadenado a ella.
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Todos sabemos quien es el esclavo, pero hagamos como que no para hacerme sentir mejor 'v '
