Lamento la enorme tardanza, he tenido varios problemas y los funerales siempre son cansados.

En cosas más lindas, con suerte podre escribir más seguido y seguiré con la otra que lleva un hiatus tremendo :'D;;


2. Esclavos.

De piel tostada y cabello negro azabache, el esclavo se retorcía contra sus ataduras en un intento de lograr soltarse, pero sus brazos estaban sujetos por gruesas correas a su espalda, sus piernas y pies descalzos estaban encadenados al suelo de la jaula y, como si trataran de ocultar su agresividad, llevaba un collar dorado al cuello. De todas maneras, su fuerza parecía ser contenida de milagro, y marcas rojas en sus brazos y muslos mostraban que quizá habría logrado escapar de sus primeras ataduras.

Incluso podría asegurar varías veces habría logrado romperlas; o si no, no comprendería a que se debía la excesiva cantidad de cadenas.

Gruñendo y bufando, los ojos carmesíes del esclavo se fijaron en la multitud, lanzando maldiciones en un idioma extranjero que dejaba al descubierto sus colmillos. A pesar de sus ataduras seguía peleando, y no sabía si temer o tener pena por aquel esclavo. No dejaba de ser una persona como Karin o Lenora, y estaba rebajado al comportamiento e instintos de un animal cualquiera.

Regulando su respiración, supo enseguida no era la única en haber sido sorprendida por aquel regalo; Gary se aferraba al saco de su hermano, pero escondía la mirada en ella. No le culpaba, ese esclavo era aterrador, su físico era más el de un militar que el de un sirviente, y lo que fuese estuviese ladrando era igual de espantoso.

—¿Un chino? -habló al fin Green de entre la multitud, las miradas girando hacía él.

—Ah, reconociste la piel amarilla- dijo en un tono algo desagradable a oídos de Blue, sobre todo por lo erróneo era simplemente llamarle "amarillo".

—Reconocí el idioma- le corrigió, aunque ella notaba algo diferente, parecía afectado, molesto incluso. —Esto es nuevo, incluso viniendo de ti, Atlas.

—Me halagas-, era obvio no era un halago.

—Pero no crees acaso-, prosiguió, al parecer no queriendo el resto llegara a la misma conclusión que Atlas, —¿qué has cometido un terrible error? Es un regalo interesante, sin embargo, es bastante claro no está domesticado. Si no llevaras tanto tiempo conociendo a la familia, podría jurar nos regalas una bestia para que nos mate.

El silencio fue clara señal de que los invitados también encontraban peligroso al esclavo, por más atado estuviese, y que en manos de alguien de tal edad como Oak, sería prácticamente una sentencia de muerte.

Sin embargo, parecía Atlas no había tenido tales intenciones, o su sonrojo entendía indicar lo contrario.

—Vaya Green, pensé te gustaría el desafío-, empezó a hablar, logrando modular su tono de voz a pesar de verse nervioso. —Te gustan los retos, ¿no es así? Además, serás la cabeza de la familia, debes aprender en como romper prisioneros y esclavos, ¿y qué mejor que empezar con un boxer?

—¿Boxer?

Parpadeando, ella frunció el ceño al escuchar aquel nombre le daba al esclavo. Había escuchado a su padre mencionar la noticia; los aldeanos chinos que se habían alzado en armas y atacado Pekín. ¿Era uno de ellos? Eso explicaba su físico, ¿pero en qué diablos había estado pensando Atlas?

—Bien-, interfirió Oak la plática de ambos, levantándose de su asiento con una cara bastante severa, — aprecio tu… presente, y sé que el transporte desde Asia hasta aquí debió ser muy costoso, pero me temo que tendré que negarlo- habló con firmeza, sin despegar la mirada de Atlas.

—Abuelo- llamó su atención Green, y solo cuando él se levantó de su asiento fue que Gary notó se había abrazado a ella, —yo lo aceptare. Atlas tiene razón, será interesante domarlo.

Silencio de nuevo tras el anuncio de Green, seguido de aplausos y halagos que de cierta manera eran ya esperados; inclusive de Pryce, que no muy lejos estaba de Oak. Todos parecían ver aquella decisión como un acto de valentía, Blue lo encontraba una decisión suicida, y la cara de Oak no mostraba reacción alguna, como si aún no pudiese entender lo que su nieto había aceptado.

—Llévenlo a las caballerizas y atenlo bien, yo me encargare del resto.

Justo como aquel incidente había iniciado, así había concluido. La jaula había sido llevada a donde Green había indicado, y la comida y bebida volvía a fluir entre los invitados como si nada hubiese pasado.

Aunque Pryce se veía de mejor humor que horas antes, y eso era una mejora, pero ella no podía quitarse de la cabeza al… "boxer".

Quizá eran los residuos de la impresión había causado en ella, pero recordar aquella ira había mostrado al estar frente a todos ellos comenzaba a ser bastante comprensible, por no decir que envidiaba esa libertad de gritar a quien fuera tuviese enfrente.

Lejos de su hogar y vendido sin aviso alguno, eran cosas tenían bastante en común, aunque las ataduras de ese hombre fuesen de acero y cuero, mientras que las suyas eran de oro y seda. Era grosero si lo veía así, comparar ambas situaciones como si se trataran de iguales.

En cuanto se daba cuenta, ella ya estaba a pocos metros de las caballerizas, viendo por sobre su hombro mientras rezaba su esposo no le hubiese seguido o causaría una reprimenda sobre sí. Dentro, el suave resoplar de los caballos amortiguaba el sonido de la música e invitados, distrayéndose un poco con los animales hasta encontrar lo que había estado buscando.

Pero en vez de encontrarse a ese chino lleno de furia, en su lugar había un muchacho sollozando en el suelo.

Lo que antes había mostrado ira y fuerza bruta, ahora no era más que un joven hincado al suelo y derramando lagrimas lo más silencioso podía. De cerca notaba él no debía tener unos cuantos años más que ella, por los bordes de la camisa andrajosa se veían varias cicatrices y le faltaba parte del lóbulo de una oreja.

Era en verdad una imagen deplorable, saber que el "esclavo que debía ser quebrado y domesticado" no era más que un joven había tenido la mala suerte de acabar en otro continente "gracias" Atlas.

Hincándose frente a él con precaución, al fin llamó su atención al carraspear un poco en lo que se colocaba frente a él, sonriendo lo mejor podía cuando sus ojos se posaban sobre ella. El estómago le había dado un desagradable espasmo al verle tan desesperado, y parte suya deseaba le hubiese gruñido y mostrado los colmillos en vez de verse así de desamparado.

Sacando su pañuelo, tragó en seco mientras lo acercaba de a poco a su rostro, sabiendo bien lo tensó estaba y que tenía toda la atención sobre ella mientras limpiaba su rostro con tanto cuidado como le fuese posible. A pesar de todo, él no parecía querer moverse o evitar el contacto; por el contrario, se mantenía quieto y viéndole fijamente a cada movimiento, como si de repente el peligro mayor en ese lugar fuese ella, y no él.

Viendo sus facciones más de cerca, solo acentuaban más lo joven que era a pesar de sus heridas. Su nariz era alargada y parecía estar torcida por algún golpe, y sus mejillas eran ásperas en contraste con la suavidad de sus manos: no había sido imaginación suya y sus ojos en verdad eran carmesí, y una cicatriz casi inexistente solo hacía presencia en su rostro al dividir su ceja derecha a la mitad.

Probablemente lo que estaba haciendo era sumamente peligroso, pero era tal la empatía provocaba en ella que no hacía más que sostener su rostro y terminar de limpiar las lágrimas y barro de este. Cualquier cosa con tal de quitarse el sentimiento de culpa al saber no podría hacer más que ello al ser, prácticamente, inútil en esa situación.

Xièxiè-, le escuchó decir mientras ladeaba el rostro y miraba al suelo de nueva cuenta, deteniendo el contacto y pareciendo lo suficientemente confiado, o cansado, como para dejar de vigilarla fijamente. No quedándole a Blue otra opción o una respuesta pudiese darle a lo que fuese hubiese dicho, se detuvo al fin para doblar el sucio pañuelo y guardarlo entre sus ropas.

—Lamento todo esto- respondió ella, aunque él no volteaba a verle. No estaba segura si le ignoraba o en verdad no conocía el idioma. —Me llamó Blue… ¿Cuál es tu nombre?

—Dejar a tu esposo para venir a ver a un rebelde, no sé si tienes enormes agallas o solo eres tonta-, escuchó la voz de Green tras de ella, dando un brinco el cual el esclavo no pudo ignorar para ver a quien fuese estuviese hablando. Fuese que confiara en ella o solo no la tomara como una amenaza, era obvio no era lo mismo con Green, bufando y farfullando por lo bajo

— ¿Me seguiste aquí?

—Me dirigía aquí-, le corrigió, cruzándose de brazos mientras ella se levantaba del suelo. Ni siquiera era un caballero como para ayudarle. —¿Qué pensabas hacer? ¿Liberarlo?

Tragando saliva, jugó con su cabello ante la posibilidad de que pudiese ser interpretado de esa forma. Podría excusarse diciendo había querido ver a los caballos, pero toda la fiesta había escuchado que aquel chino iba a ser contenido ahí mientras los invitados disfrutaban la fiesta.

Saliendo de sus pensamientos al escuchar la áspera voz del boxer, con su mirada fue fácil entender que maldecía de nuevo, e iba directamente a Green. Sorpresa se había llevado ambos cuando Green le respondía, y el muchacho perdía el semblante ofensivo para verle con bastante asombro.

—¿Sabes…? - comenzó a hablar Blue, siendo interrumpida por el boxer que parecía algo ofendido de enterarse de aquella noticia. Fuese lo que fuese, comenzaba a ser lo suficientemente convincente para cambiar su agresión por algo menos belicoso.

Varios minutos de esa platica pasaron, y ella solo miraba intensamente a Green en busca de respuestas. Entendía una que otra palabra al mencionar su nombre y el apellido, la ciudad la mencionaban también, pero el nombre del joven se había perdido entre palabras.

—Sí, se hablar chino-, respondió al fin, girando su atención a ella, —mejor a aprender francés- no podía evitar sentirse atacada por ese comentario cuando su familia era descendiente de franceses.

—¿Qué le dijiste? -, preguntó al preferir ignorar la provocación, viendo por el rabillo del ojo al boxer.

—Que se calmara-, Blue solo torció el gesto ante lo obvio era eso, —pregunté de donde viene y si lo que Atlas dijo es cierto… al parecer si lo es-, explicó, encogiéndose de hombros como si nada de eso fuese precisamente importante, —pregunté su nombre, di varias reglas de la casa que debe seguir si quiere irse de aquí.

Eso sí era sorpresa.

—¿Lo vas a liberar? - repitió ella, viéndole bastante incrédula, —pensé que querías, que se yo, demostrar tu poder sobre un rebelde.

—No me interesa pisotear a alguien no se puede levantar-. Eso sonaba mejor, a su cierta manera, y el haber hablado parecía haber calmado al joven, o al menos ya no miraba enfurecido a Green, sino algo más parecido a la confusión.

No le culpaba.

—¿Cuál es su nombre? - preguntó, aunque comprendía bien que eso era quizá exceder un poco el límite de confianza.

—Solo me dijo se llama Red.

Suerte había tenido cuando las demás personas no le habían prestado atención cuando volvía junto con Green. Quizá ella lo había juzgado bastante mal, a pesar de su actuar, realmente parecía querer ayudar a Red, y había estado platicando un rato más y traduciendo un par de preguntas Blue había hecho.

Al parecer, su rebelión no había sido tal cosa, sino defender el Imperio y su hogar. Era extraño pensar que "aquellos revoltosos chinos" no eran más que nacionalistas, y el cómo había llegado había sido muy simple también, o alguno de los dos había preferido ahorrar detalles al respecto. Había sido tomado como prisionero por militares y lo siguiente sabía era que estaba en un barco.

No quería admitirlo, pero todo lo que Green le había explicado él decía sonaba sumamente emocionante. Tantas semanas de estar encerrada en casa le pedían poder hacer cualquier cosa menos seguir ahí, por más erróneo y, a cierto grado, morboso.

Su alegría se acabó en poco cuando, al volver con el resto de la gente, una mano aprisionaba su antebrazo hasta ver la cara de su marido, y no se veía para nada contento.

—¿Dónde demonios estabas? -exigió saber, jalándola consigo de manera Blue estaba segura le dejaría algunas marcas. Controlando su miedo lo mejor podía, solo sonrió mientras se encogía de hombros, tratando de verse lo más inocente posible.

—Le he pedido al joven Green me mostrara uno de sus caballos, deberías haber venido, son hermosos-, respondió con serenidad, volteando hacía Green y deseando este le siguiera la mentira —me encantó sobre todo ese caballo de melena rubia, ¿estará en venta?

—Lo lamento, esa es de mi hermana y dudo mucho le agrade vendan su propiedad- respondió, y el agarre en su brazo se iba aflojando, ya fuese porque le creía o porque Pryce deseaba evitar en lo posible algún enfrentamiento con un Oak.

Eso era algo debía recordar para el futuro.

—Está más que claro no se podrá- agregó Pryce, sujetándola con cuidado de la manera hacía para presumirle con los invitados llegaban a su casa, —pero no te preocupes, si deseas un caballo solo necesitabas pedírmelo.

—Aw, eres un encanto-, respondió, siendo tan mimosa con él como le fuese posible. Por más asco el hombre le diera cuando la trataba de esa manera, era mejor a sus golpes.

Green se despidió de ellos con una leve reverencia, y sin decir más iba en dirección a su hermano. En poco Pryce ya la llevaba a una de las mesas y le obligaba a sentarse, tomando asiento frente a ella también.

—Lo viste, ¿no? -preguntó, tan repentinamente que Blue no había necesitado fingir confusión, —al chino, si viste los caballos, debiste verlo a él-, explicó, y ella sentía la piel enfriársele ante la simple mención.

—No- mintió, negando despacio, —Green no me ha dejado, ha dicho sería demasiado peligroso para mi acercarme.

La mentira parecía satisfacerle, y solo asentía despacio mientras tomaba una copa cercana y se perdía en sus ideas. Blue no entendía en verdad por qué parecía interesado en lo que Green haría con él, pero Pryce había sido de las personas en aplaudir la decisión de quedarse con su esclavo.

A lo mejor quería verle en acción, propinando castigos a Red por su osadía de siquiera mirarlo.

De vuelta en su habitación, había recostado su mentón en el alfeizar de su ventana mientras las gotas de lluvia descendían por las ventanas con total tranquilidad. Su mente aún seguía en aquel granero, cerca de aquel muchacho de ojos carmesí que le había mirado como si fuese alguna especie de verdugo.

Quería creer en Green, y que le ayudaría a volver a su hogar, ¿pero si les mentía a ambos? No había por qué hacer tal cosa; que Blue le acusara de incumplir su palabra sería admitir había mentido a su marido, y Red no sabía el idioma, además de ser extranjero.

Green era una buena persona, o eso quería pensar. Él era nieto de Oak, y Oak era una buena persona, o eso quería pensar.

—Keane,- llamó a su sirviente, el cual detenía sus tareas para prestarle atención inmediata. El cabello castaño bien peinado, y traje inmaculado eran un toque gracioso al compararse con los recuerdos de su infancia de jugar con tierra y barro en días lluviosos como esos. De los tres, Keane era quizá quien más se tomaba a pecho su trabajo como criado, —mis padres te compraron desde niño, ¿verdad?

La pregunta le había tomado desprevenido, y se nota claramente en sus ojos y su boca abierta, y aunque se obligara a recuperar la compostura, Blue ya había notado todo ello.

—Me dieron una vida mejor de la que tendría con mi familia- respondió, aunque de manera tan automática podría parecer lo había leído para ella.

—Esa no fue la pregunta, cariño- dijo Blue, esperando que el sobrenombre le pudiese calmar y recordarle no necesitaba las formalidades con ella en ese momento. —Solo quiero saber.

—Blue, tu sabes la respuesta a ello- habló esa vez, dejando un poco las formalidades de lado, aunque permanecía de pie frente a ella, —solo que…- parpadeando, Blue le miró torcer el gesto de manera pensativa, —sin ofender, esperaba ser sirviente de su hermano.

—No te preocupes-, le aseguró, negando despacio. Mirando de nuevo a la ventana, un suspiro largo escapó de ella. No le afectaba que Keane hubiese preferido a Silver, sino más bien el recuerdo de su hermano le traía nostalgia. —Conocí a un esclavo-, comenzó a hablar, encogiéndose suavemente de hombros, —lo dieron de regalo al anfitrión, aunque era más un guerrillero chino que un esclavo.

—Nadie decide ser un esclavo- habló Keane, y Blue volteaba a verle ante aquella frase, quizá de manera demasiado inmediata cuando el sirviente daba un suave brinco y su postura se encorvaba un poco, —n-no era mi intención ofenderla.

—Explícame-, insistió en hacerlo hablar, y Keane parecía arrepentirse en parte de haber hablado de manera tan abrupta.

—¿Usted… cree vamos a una escuela o ser esclavo es una vocación? -obedeció a la orden, aunque esa vez hablaba con más lentitud, vigilando sus palabras, —a veces nuestros padres nos venden; quizá creyendo tendremos mejores vidas. Otros simplemente somos secuestrados de nuestros hogares, o nuestros padres lo fueron y los hijos somos propiedad del dueño- explicó, y era clara la incomodidad de decir esas cosas frente a ella.

—¿Chermaine y Karin? -preguntó, y él asentía ligeramente. No sabía cómo reaccionar, podría aceptar sus padres compraran a un sirviente, ¿pero sus abuelos y demás familiares secuestrando gente? Eso sí le revolvía el estómago, y era aún más frustrante saber que siempre lo había sabido, pero prefería mantenerse ciega.

—Usted es diferente- se apresuró a decir, sabiendo quizá lo que en la cabeza de su señora pasaba, —no nos azota, o tenemos jornadas como la de los negros recogiendo y cultivando caña de azúcar.

—¿Lenora? –agregó, aunque era obvia la respuesta. Había visto sus manos, esa clase de maltrato era demasiado característico. —Gracias por responderme.

Hundiéndose en sus pensamientos, inhaló largamente para exhalar en cuestión de segundos. Era tonto de su parte reaccionar sino hasta ese momento, siendo que desde siempre había sabido ella estaba por sobre las personas llamaba amigos, simplemente que era más seguro y cómodo para ella ni siquiera notarlo.

¿Qué podría hacer ella de todas formas? Era una dama de sociedad, pero también era una mujer, y tales ideas como rebelarse contra sus padres o liberar un esclavo eran impensables, mucho menos realizables sin un escarmiento o al menos un pago monetario.

De repente Daisy parecía aún más brillante, hablando al nivel de un hombre sin ser callada por una simple diferencia de anatomía. Pero no era inalcanzable, si Daisy podría hacerlo con tal seguridad, ¿Por qué ella no?

"Porque estás casada", una odiosa voz en su mente le recordó. Si Green fuese su esposo, tales ideas alocadas de rebelión serían más probables, con la educación liberal Oak parecía haberles enseñado era algo no sería mal visto, pero Pryce era algo totalmente diferente.

Como si fuese por arte de magia, el hombre entraba a la habitación ya despojado de su traje, corbata y chaleco. Si algo le había dicho, lo ignoraba al momento sus desagradables labios se posaban sobre su cuello y hombros, y sin mucha delicadeza la jalaba fuera del sillón para lanzarla a la cama.

Frunciendo los labios, su mente se protegió en fantasías de estar de vuelta en casa y reír con Silver, o de ser una Oak, viviendo en aquella acogedora casa con un abuelo amable como Samuel, una cuñada que apoyara sus ideas; un marido que, aunque seco, parecía ser una buena persona, y un diablillo como era Gary.

En aquellos ojos carmesí le miraban en confusión, y en las ásperas mejillas en contraste a la suavidad de sus manos.


"Xièxiè" es tan solo "Gracias" en mandarín. Supongo cualquiera adivinó era eso, pero me da orgullo saber cosas simples(?). ¿Sobre por qué Red es chino? No hay una gran explicación en verdad, una amiga y yo alguna vez dijimos en broma y ahora es prácticamente canon para nosotros.

En fin, muchas gracias por leer, comentarios y criticas son bien recibidas ^^