¡SIGO CON VIDA!...O algo parecido.

Me he perdido por meses por un montón de cosas llamaron mi atención... principalmente porque al fin Final Fantasy Ver-...digo, XV llegó a mis manos y me he pasado explorando Lucis con toda la alegría del mundo (más por qué la cámara y Prompto saben enfocar perfectamente el trasero de Noctis, Gladio e Ignis).

En fin, lamento la demora, espero ser más constante al respecto.


.04 Soldado.

La lluvia repicaba contra sus ventanas, siguiendo con su mirada las gotas que descendían con cierta pereza por el cristal. Pryce estaba en su despacho, haciendo cosas de su trabajo, y ella no tenía nada mejor que hacer, más que ver por las ventanas de la sala.

"Con la lluvia no se puede montar a caballo", pensó para sí misma, sonriendo ante la fantasía de Green empapado y su caballo negándose a dejar su amo lo montara, Red tratando de ayudar, pero quizá solo humillando más a su amo de alguna manera. Cualquier cosa la llevara lejos de la sala de su casa.

Llevaba ya dos meses sin poder ir de visita a la Mansión Oak.

No todo era tan malo, los tratos de su esposo, aunque lejos de ser amorosos, no habían empeorado en agresividad; quizá fuese el frio que calmaba su temperamento, pero Pryce se había vuelto más soportable en esos meses.

Probablemente todo eso se trataba por saber todo el tiempo en donde estaba ella y que estaba haciendo.

Inhalando largamente, con sus dedos fue trazando líneas en la ventana. Tampoco sabía nada de su hermano; al día siguiente de haberlo visto, sus padres habían llamado a la casa para pedir disculpas a Pryce y perdonar el atrevimiento de Silver, pero no le habían permitido hablar con él, y sus padres estaban furiosos y no habían querido responderle a ella.

Parcialmente comprendía su escándalo, pero no solo a Silver extrañaba en ese medio año de separación.

En veces incluso se atrevía a odiarlos, por haber causado todo eso y no haber pensado las cosas. Su padre era solo 10 años mayor a su madre, eso era algo saludable, ¿pero cuantos años de separación había entre Pryce y ella?

Cien años, eso era, y en el caso de Silver eran prácticamente doscientos más.

—Señora-, escuchó hablaban tras ella, girándose un poco para ver a Karin. Una sonrisa algo amarga apareció en sus labios, seguía detestando fuese tan formal. —¿Sucede algo?

—La lluvia me deprime-, se limitó a decir, aunque ya se removía para hacerle un espacio a Karin, deseando ella comprendiera necesitaba se quedara a su lado.

Lo bueno de Karin es que entendía esa clase de pistas rápidamente.

—Eso lo sé-, dijo esa vez al estar ya sentada a su lado, —pero debe de haber algo más, o sino estarías atacando la cocina para buscar que comer- ese, sin embargo, era algo esperaba no recordara.

—Quiero volver a con los Oak- susurró, en voz baja para que solo ella escuchara. En algunos empleados aun no confiaba, y Pryce estaba en la casa, —Ojalá Pryce me hubiese dejado llevarte alguna vez… es tan diferente de aquí. Es alegre y libre, Green es hosco y poco social, pero es mucho mejor que todo esto- agregó, tallándose la frente.

—Dejo una enorme impresión en ti, ¿huh?

—No solo él, su familia también es increíble-, explicó, negando con sus manos. Hablar con tal libertad con ella en verdad le llevaba de vuelta a tiempos mejores, —Te conté de Daisy y el Señor Oak, ¿no es así? En el mes que estuve yendo a sus clases no me acerque mucho a Gary para conocerle mejor, pero hasta a él lo extraño.

—¿Solo a ellos? -inquirió, ofreciéndole una sonrisa que mostraba cierta complicidad. —Recuerdo la primera semana no parabas de hablar de alguien más.

Blue se quedó un largo rato en silencio cuando dijo tal cosa, sintiendo sus mejillas sonrosarse un poco ante lo que estaba sugiriendo.

—Solo causo una impresión en mí, no malentiendas-, corrigió, aunque Karin por su parte ya estaba riendo, aunque fuese de manera breve.

—¿Y por eso hablaste de él con Chermaine, Keane y hasta Lenora? -, le recordó, Blue arrepintiéndose en parte por su boca tan floja. —Si no te conociera, pensaría que eso es más que una impresión.

—Es solo una impresión-, insistió, no queriendo sonar escandalizada al hecho de que siquiera ofreciera tener esa clase de interés. —Es decir, recuerda cómo te conté lo conocí, eso daría miedo a cualquiera.

—Y también me contaste el cómo se reía y que estornudaba como un perrito-, diciéndolo de esa forma, sonaba bastante vergonzoso.

—Nunca me enamoraría de un chino-, respondió, aunque aún en voz baja por el temor de siquiera hablar de ese tema en esa casa, —¿Sabes el escandalo sería? Ni siquiera se supone nos mezclemos, eso sería…

—Blue, ¿necesito recordarte de dónde vengo? -comentó, causando ella abriera los ojos de par en par al recordar eso. El padre de Karin había sido un hombre de bastante dinero, pero ella era solo la hija bastarda había tenido con una mujer romaní. Aun no comprendía la razón por la cual ese hombre le habría arrebatado de su madre, y solo para después venderla a su familia.

Esconder el pecado, probablemente.

—A-aun así-, agregó, frunciendo el ceño bastante apenada de haber pasado por ese tema, —¿Y si mis padres supieran? Además, quizá él ya está casado, o al menos comprometido con alguna mujer como él.

—Podrían fugarse-, simplificó. Blue no podía evitar reír por ello, lo mismo le había dicho a Green meses atrás, parecía en verdad que todo se reducía a huir de ahí.

—No me iría sin ustedes-, respondió esa vez, girando su mirada a la ventana donde la lluvia solo parecía arreciar.

No mentía, podría escaparse con algún hombre, el primero se le pasara en frente y ella sería seguramente más feliz que con Pryce, pero eso significaría a sus lacayos les castigarían por haber permitido tal atrocidad, si es que no les mataban incluso por una falta de tal magnitud.

Paralizándose, esa vez vio a Karin y no a la ventana. Desde niña había tenido lacayos, quizá desde los nueve años, pero con Silver había sido distinto, y por una u otra razón hallaba una manera de evitar sus padres compraran a uno o le dejaba solo trabajo de la casa.

Podría ser que Silver sabía eso, que si escapaba les culparían a ellos y no podría cargar con la culpa. ¿O si su hermano lo había hecho para planear alguna especie de escape? Para él sería más fácil, no dejaba a nadie atrás; quizá a ella, pero al estar ya casada ni siquiera se suponía se vieran tanto como antes.

Pero él le había dicho había conocido a alguien, y pensaba dejar fuese su lacayo. Probablemente Blue solo estaba pensando demasiado las cosas y su hermano no tenía alguna especie de plan de escape desde los quince años.

—¿Sucede algo? -, escuchó la voz de Karin nuevamente, alzando el rostro hacia ella para sonreírle y negar un par de veces. Exageraba, su hermano no escaparía como si nada, mucho menos sin avisarle y con una persona recién conocía…él tenía más sentido común que ella, quería pensar.

—Nada, tan solo divago-, explicó mientras se cepillaba el cabello con los dedos, llevando unos cuantos mechones sobre sus hombros para seguir con aquella tarea.

—¿Ves lo que digo? El joven Oak o su lacayo te atraen-, respondió con una sonrisa ladina, Blue no pudiendo evitar dar una breve risa ante su insistencia.

Temía no estuviese tan lejos de la realidad.

Escuchando alguien llamar a la puerta, vio con clara confusión a su acompañante mientras uno de los sirvientes iba a abrir. No recordaba tuviesen visitas esa tarde, ni mucho menos Pryce le había anunciado esperaría algún socio para "una conversación casual".

Bajando las escaleras, vio curiosa de quien se trataba, tragando algo de saliva al ver a un hombre que medía casi los dos metros discutiendo con la sirvienta. Su cabello ondulado y rubio llamaba bastante la atención al resaltar con aquel uniforme militar, y el pequeño vistazo había obtenido de sus ojos le hizo fruncir un poco el ceño al serle familiar ese tono azul.

—¿Se le ofrece algo, señor? -, llamó la atención de este al bajar el último peldaño, haciéndole una seña a la criada para que se retirara. Era obvio Blue no era la única ligeramente intimidada por el oficial, pero Red lograba ser más intimidante que esa persona y el mal humor de Green ya la había entrenado para esas cosas.

—Busco a Pryce, aún vive aquí, ¿no es así? -, preguntó al instante mientras daba un par de pasos a su dirección. Blue solo frunció el ceño ante lo directo de su pregunta, comenzando a preguntarse sobre su falta de modales hasta que él recordó quitarse la gorra para dirigirse a ella.

—Mi esposo está ocupado en este momento-, habló con voz firme, aun no muy contenta ante la falta de delicadeza hacía ella. Ni Green era de esa forma tan grosera, y Green se divertía molestando terceras personas. —Le sugiero venir en otro momento.

—¿Tu esposo? -, repitió en lo que él le veía de pies a cabeza. Un espasmo recorrió su columna cuando aquella persona decidía era buena idea revisarla por todos los ángulos podía. Era desagradable, como cuando Pryce había revisado su calidad como futura esposa. —¿Hablas en serio?

—Le insisto retirarse de mi casa ahora mismo-, habló esa vez, haciéndole una seña a Karin para que le ayudara. Pedirle ayuda a Keane sería mejor idea, pero el pobre era de la estatura de Blue y dudaba pudiese con esa montaña de músculos frente a ella. —Pryce está sumamente ocupado y no pienso dejar incomode a mi esposo con su falta de-… ¡Hey!

Ni siquiera había logrado terminar la oración cuando el invitado ya subía escaleras arriba, ignorando a Karin cuando ella había tratado detener su andar. Viéndola con desesperación, tomó su vestido para subir tan rápido podía y detenerlo antes llegara a su marido.

Fuera quien fuese, el joven sabía bien a donde iba, yendo sin distracción alguna al estudio de Pryce para abrir las puertas de par en par. Estaba horrorizada, Pryce había estado de muy buen humor, y ese imbécil iba a arruinar lo poco ella había trabajado.

—¿¡C-como se atreve!? -, se quejó al lograr alcanzarlo, respirando entrecortado al haber tenido que correr en tacones tras él. — ¿¡Quien se cree es para entrar así a nuestra casa!?

—Entonces es cierto-, habló el desconocido, ignorando totalmente las exigencias de Blue para ver con fijeza al hombre. —Lo mínimo podrías haber hecho era avisarme, ¿no crees?

Viendo a la expectativa a Pryce, temió el hombre estallara y la culpara de haber dejado entrar a ese loco a la casa; sin embargo, su reacción fue otra totalmente distinta. Ordenando en silencio a Blue cerrar de nueva cuenta las puertas, ella obedeció con cierto recelo del recién llegado para sentarse en una de las sillas frente a la mesa de Pryce, el visitante tomando el asiento restante con más calma de la que había demostrado antes.

Al menos tenía modales para tomar asiento.

—¿Qué haces aquí? -, habló con voz serena, causando alivio en Blue al saber no estaba enojado, aún. — ¿No se supone deberías estar en el Pacifico? ¿Filipinas quizá?

—Volví hace un par de semanas-, explicó con seriedad, viendo directamente a los ojos de Pryce. Al fin lograba reconocer porque se le hacían familiares; eran casi idénticos.

—Querido…-, comenzó a hablar, de manera algo titubeante al no saber si tenía permitido hablar en el pequeño lapso de silencio se había dado entre ambos. — ¿Puedo preguntar quién es él?

Un estremecimiento recorrió su cuerpo después de haber dicho eso. Lo peor era que no le había dirigido una mirada severa o acusatoria, ni siquiera había volteado a darle una mirada al menos. Su atención estaba fija en el militar, y este no se dejaba intimidar por Pryce, manteniendo una igual o peor a la del anciano.

Era como estar encerrada en una jaula con dos leones, tan solo que la jaula era de hielo y ella no sabía cuál de los dos animales atacaría primero.

—Blue, te presento a Siebold-, presentó al fin al recién llegado, aunque la mente de Blue se hubiese quedado en blanco ante la mención del nombre. Entonces por eso sabía la casa, y se paseaba como si fuese suya. Estaba frente al hijo único de Pryce y no sabía cómo sentirse ante la idea de que había intentado correrlo de su propia casa. —Es un soldado ayudé hace muchos años.

Esperaba, en su asombro, no haber sido tan obvia. Sus pensamientos al fin conectaban como era debido, y recordaba ella no debería saber que Pryce tenía un solo hijo siquiera.

—Un placer, joven Siebold-, pronunció con voz clara, ofreciendo una mano hacía él. Para su mayor sorpresa fue que accedió a tomarla y dejar un pequeño beso en el dorso de esta; estaba quizá demasiado acostumbrada a que Green ignorara un gesto tan pequeño.

—En verdad es tu esposa-, dijo más convencido que veces anteriores, girando su mirada de vuelta al anciano. —Bromeas, ¿no? Es muy joven, debe ser hace poco siquiera se volvió mujer.

No estaba segura si se sentía halagada u ofendida.

—¿Viniste solo a cuestionar mis decisiones, o hay un motivo para que hallas venido a mi hogar? -, cortó su intento de interrogatorio, recargándose en el escritorio con ambos codos sobre la madera.

—Sera temporal-, le aseguró, negando despacio, —tengo que cumplir un par de ordenes me han otorgado para esta ciudad, en dos meses mínimo partiré a la capital-, explicó, manteniendo su pose firme y recta.

Comprendía el porqué, Pryce se veía muy poco interesado en permitirle quedarse, pero siendo él parte de la milicia, negarse a darle asilo sería mal visto por las demás familias, y eso él lo sabía. Siebold lo sabía, Blue lo sabía también, y en gran parte estaba sorprendida de como acorralaba a su esposo de manera tan sencilla.

—Blue-, llamó con firmeza, obteniendo en poco la atención de la joven, — lleva a Siebold a la habitación de huéspedes, ordena lleven sus valijas a la recamara y atiéndelo como es debido.

—Sí, querido-, dijo al instante, reincorporándose en espera de que el rubio la siguiera. Aún seguía atónita con lo sucedido, y no sabía si alguno de los dos sabía que ella comprendía que pasaba.

El hijo de Pryce había vuelto, y ella no debería saber de esa relación. Aun recordaba una que otra foto había logrado sobrevivir, y en ella un niño encantador y sonriente trataba de mantener la compostura acorde a la de sus padres. Pero en la vida real, era un hombre ya en sus treinta años a quien guiaba a su alcoba temporal. Ni un vestigio de la alegría o siquiera cariño un hijo debería profesarle a su padre.

"Tú reemplazaste a su madre", escuchó con molestia aquella invasiva voz atacaba su cerebro cada vez pensaba demasiado las cosas.

Ella no había reemplazado a nadie, mucho menos a esa mujer. No había cumplido ni los diez años cuando Pryce se había vuelto a casar, e igualmente sentía que era un cierto estorbo para el hijo.

—Oye-, pronunció al llegar a la puerta de la habitación, Blue frunciendo el ceño cuando se dirigió de forma tan informal hacía ella. —¿Qué demonios haces casada con él?

Parpadeando, le miró un largo rato en silencio al no saber a qué venía aquella pregunta. Había sido una pregunta tan inesperada, que ni siquiera había logrado saber cuál era la respuesta quería o a que querría llegar con todo ello.

Su mejor sonrisa y lo más cliché de las respuestas sería la solución.

—¿En verdad me pregunta eso? Pryce es mi querido-, respondió con la voz más dulce podía, —la primera vez le conocí, fue tan amable que simplemente no pude resistirme a-…

—Es por el dinero, ¿no?-, interrumpió a la mujer. Al parecer no había sido suficiente o no era la respuesta esperaba de ella. No era la única casada con un hombre el triple de su edad, no comprendía porque repentinamente todo mundo se indignaba por su matrimonio.

O donde habían estado casi medio año atrás para impedir esa boda.

—Con su perdón, pero el dinero no ha tenido nada que ver en todo esto-, respondió con seriedad. El ser acusada como una busca-plata era peor a que le llamaran sumisa. —Así que, si no tiene nada más que preguntar, tengo asuntos que completar.


La poca paz había logrado después de lo furioso había estado Pryce con la visita de Silver, había sido en poco obstruida con la llegada de Siebold a su hogar. Los mismos sirvientes evitaban en lo posible permanecer demasiado tiempo en la misma habitación que ellos dos; inclusive Lenora había boqueado un "perdón" a Blue una vez en la que ella no había podido con la tensión.

Blue no corría con la misma suerte, y había tenido que tolerar el permanecer al lado de su marido hasta que él o Siebold decidieran era suficiente discusión y miradas tensas al otro.

Fuera de contexto, todo sería gracioso quizá; padre e hijo teniendo disputas y desacuerdos como cualquier otra persona, pero tanto Pryce como Siebold podían llevar a extremos tales cosas. Una vez habían peleado por la cantidad de luz entraba a la casa, la vestimenta de Blue en otra ocasión, y muchas más Blue simplemente no sabía que pasaba, solo sabía habría alguna pelea silenciosa cuando ambos no hacían no más que mirar fijamente al otro y causar una tensión que casi no permitía respirar en la habitación.

A las dos semanas de ello, las cosas habían sido menos infantiles, y se habían vuelto mucho más personales: Un shock enorme para Blue había sido descubrir su inclinación por el socialismo, y para Pryce había sido aún peor. Fueron quizá dos o tres horas en la que ambos se habían gritado al otro lado de la habitación sobre las ventajas y errores del punto de vista del otro, sobre como "la clase burguesa eran parásitos en el sistema" o como "los obreros deberían estar agradecidos del trabajo sus patrones les daban".

Ella solo había acabado con una migraña y la voz de ambos hombres resonando en sus orejas.

—Querido-, llamó al hombre después de minutos de silencio. Esa era una de las pocas veces en días que habían podido disfrutar de la tranquilidad de comer en silencio, y Blue no había querido ser la primera en tener que romperlo, —sé que lo ha decidido, y no debería meterme en sus decisiones. ¿pero en serio está seguro de todo esto?- acabó hablando en voz suave, algo nerviosa cuando él sacaba la mirada del periódico para mirarla.

—¿De qué hablas precisamente? -preguntó él, ofreciendo una mirada inexpresiva. Era mejor que verlo furioso o demandante.

—Del joven Siebold-, dijo con claridad, aunque era una osadía siquiera pensar en lo que iba a ofrecer. —Sé que es un honor tener a un militar hospedado en nuestro hogar, pero esto está desgastándolo demasiado.

—¿Crees no puedo con ello? -cuestionó, y la severidad en su voz ya estaba presente, causando un silencio que permitía a Blue pensar en que diría.

—Por supuesto que no, querido-, habló, haciendo énfasis en sus palabras al negar un par de veces, —él solo dice cosas no tienen sentido, pero no tiene por qué tolerar a un loco- parecía ofendido en un segundo por la sugerencia de insanidad en su hijo, pero con la misma velocidad volvía a su semblante serio; era obvio ocultaba lo mejor podía ese detalle.

—Además-, habló de nueva cuenta, sonriendo con inocencia mientras juntaba sus manos, —mi fiesta de cumpleaños será en pocos días, vendrán muchos socios y amigos suyos, los Oak vendrán también-, agregó rápidamente, tratando de no sonar muy emocionada a la idea de ver a Daisy y Green de nuevo, — ¿Y si él causa una vergüenza en la fiesta? Recuerda lo que pasó en fiesta del señor Oak, un bello detalle del señor Atlas pudo haber sido una ofensa desagradable.

Esa vez fue ella la que tuvo que controlarse. Atlas no causaba más que asco en ella, verle tan orgulloso de secuestrar y torturar a un joven tan adorable como Red, no tenía perdón.

—Puede tengas razón-, respondió después de unos minutos, y Blue no quería admitir la emoción le causaba escuchar esas palabras viniendo de él. —Pero-, prosiguió, y en su mirada ella ya sabía que respuesta daría, —no puedo simplemente echarlo de la casa, sería peor que un invitado con mal comportamiento.

Si Blue no conociera el poco corazón él tenía, podría asegurar que solo hacía excusas para mantener a su hijo cerca.

—Pero… querido-, dijo de manera apresurada y temblorosa, ganando una fea mirada que le hacía retroceder un poco y fruncir los labios, manteniéndose a raya mientras modulaba su tono de voz. —Es mi primer cumpleaños fuera de casa de mis padres, y ellos ni mi hermano vendrán-, le recordó, aunque ella sabía eso era porque él no quería a Silver cerca de ella, —si no deseas regalarme el caballo, está bien, pero por favor…

Siendo interrumpida cuando él alzó una de sus manos, enmudeció un quejido en su garganta para dejarlo proseguir con su lectura, dando por terminada la discusión.

Blue aun le miraba con cierta incredulidad, comiendo lo más silenciosa podía. Tampoco era no tuviese pocas probabilidades; a fin de cuentas, lo que ella le pedía era echar a su único hijo de la casa, pero a cambio obtendrían cierta paz la lluvia había traído a la casa.

Siebold solo había traído consigo discusiones y estrés, que de una forma u otra acababan canalizadas en la piel de Blue.

Sin embargo, en los últimos días de mayo, Siebold había estado menos belicoso y las discusiones se habían vuelto más escasas. También Blue prestaba mucha menos atención a sus discusiones para enfocarse completamente en los preparativos para la fiesta; desde los manteles en las mesas y las flores, hasta lo que se serviría y coordinar al personal para atender como era debido a los invitados.

Pryce parecía incluso más permisivo, habiéndose tomado la molestia de cumplir su excéntrico deseo de tener flores azules en las mesas. En veces era demasiado injusta con él, o tal vez su esposo buscaba borrar errores a base de regalos.

Probablemente se trataba de lo segundo.

El día de la fiesta había llegado con suma rapidez, y ella corría de un lado a otro con Karin o Chermaine a un lado suyo; Keane en veces no podía ir a su mismo ritmo, y servía más atendiendo y acomodando los platos para los invitados.

Los primeros en llegar habían sido los Harmonia, bastante sorprendida Pryce les hubiese invitado siquiera. Ghetsis tenía bastantes tierras y conectes, pero su mal trato a esclavos era bastante conocido, y su hijo parecía no estar en la misma realidad que el resto de las personas: Natural, si mal no sabía era su nombre.

La familia Wallace llegaba minutos después, y más gente llegaba en cuestión de pocos minutos, la suficiente para no permitirle a Blue reconocer quien era quien y de que familia provenía.

Sonriendo tan amplio podía, solo agradecía a los regalos y toleraba el contacto físico de gente ni siquiera conocía. Era decepcionante, a pesar de todos los regalos, que entre la gente iba llegando, no pudiese ver ninguna melena roja en aquella multitud.

Temía, en verdad era que temía bastante por lo que fuese habrían hecho con Silver para evitar escapara y verse ese día.

—¿No hay un beso para mí?

Brincando en su sitio, volteó sonriente ante aquella suave voz, recibiendo una cálida sonrisa y un pequeño regalo en sus manos. Al lado de Daisy estaba Green, tan poco sonriente como tenía de costumbre, pero en su mirada se notaba también estaba feliz de verla tanto como Daisy.

—No se hubieran molestado-, respondió con alegría, no atinando si guardar el pequeño regalo o saludarla primero. Daisy había notado claramente eso, y ya se había acercado para poder darle un breve beso en la mejilla.

—Ha sido tanto tiempo, Green no ha estado tan energético como antes sin ti por la casa-, comentó en lo que volteaba a su hermano, el cual en un instante gruñía y giraba el rostro a otro lado.

—La lluvia me molesta-, se excusó, aunque no estaba Blue segura de que si eso era mentira o en verdad afectaba al estado de animo de Green. Lo había hecho con su esposo al calmar un poco sus ataques de ira.

—¿Y el señor Oak? -preguntó después de no ver al abuelo por ningún lado. Solo estaban ambos hermanos, ni Gary y Samuel estaban con ellos.

Estaba decepcionada de tampoco ver a Red.

—Oh, cielos-, dijo Daisy esa vez, cubriéndose los labios ante la pregunta. Se veía bastante apenada, por no decir más, —se supone ya habíamos dado aviso no podría venir-. respondió, volteando a ver a Green con bastante preocupación.

Su hermano solo se encogió de hombros al saber eso. Era un alivio, lo que fuese pasara, no era suficientemente grave para que la salud de Samuel estuviese en riesgo.

—Con su permiso, iré a hablar con el Señor Pryce-, agregó en segundos, haciendo una pequeña reverencia para pasar a los jardines y perderse rápidamente entre la multitud.

Dudaba Pryce en verdad tuviese queja alguna. Enojado estaría, eso era fácil, pero no lo demostraría a los invitados, y mucho menos a los nietos de Samuel y arriesgar ese negocio. Blue solo exhalaba, cruzándose de brazos mientras veía a Green acercarse a su lado, manos escondidas en las bolsas de su chaleco.

—Me pidió viera como estas-, comentó con voz lo suficientemente clara para que solo ella entendiera, —está preocupado por ti-, agregó, encogiéndose de hombros. —Que te prohibiera de la nada ir con nosotros causó cierto estrés en él, mi abuelo es alguien se preocupa demasiado.

—Lo siento-, susurró, no sabiendo que más poder decir. Era responsable de que el señor Oak estuviese mal. —¿Tú le dijiste sobre mis moretones? -preguntó, viéndole negar y exhalar a su cara de incredulidad.

—Creas o no, algunas se ven por encima del maquillaje-, advirtió, aunque no volteaba a señalarle alguna pudiese asomársele por el rostro culpa de la poca cobertura de la base. Blue agradecía enormemente tuviese el mínimo de decencia y no humillarla de esa manera.

—He estado bien, no ha sido por nada de ello que me negó las salidas-, respondió, aunque no era correcto hablar mal de su marido y admitir había aceptado a su hermano sin una invitación previa.

Green no le preocupaba, pero sí que algún invitado se metiera en una conversación ajena.

—Por cierto-, agregó, cerrando los ojos mientras ladeaba un poco el rostro; aquella imagen se le antojaba curiosa a Blue. —Alguien quiso venir a verte, pero vio más prudente no entrar por no causarte problemas.

Viéndole en silencio, abrió los ojos de par en par mientras pensaba en quien podría ser. Su primera idea había sido Silver, pero Green ni siquiera conocía a su hermano y tampoco creía se hubiese tomado la molestia de investigar.

Pensando con más calma, la respuesta era mucho más obvia.

—Está afuera, quizá al rato busque como meterlo sin "ofender a nadie"- agregó, sonriendo para ir en dirección a los jardines.


Corriendo a donde los vehículos estaban, ignoró totalmente si alguien más le habría visto ir en esa dirección, fuese su esposo o algún presente curioso. Ella quería verlo. Admitía extrañar a Green por todo ese tiempo, pero también le emocionaba bastante el poder ver a Red de nuevo.

—¡Red! –llamó al ver la cabellera negra entre los autos y carruajes, sonriendo ampliamente cuando este volteó a mirar quien le llamaba.

Lanzándose hacía él, rió con ganas cuando Red la atrapó. Era una extraña alegría la que le invadía en volver a verlo, más aún cuando ellos nunca habían podido intercambiar palabras sin que Green estuviese para ayudarles a entender al otro; aun así, daba pequeños brincos, separándose un poco para poder verlo mejor. Se veía más relleno, las ojeras que llevaba encima la primera vez se habían visto eran casi nulas, su cabello ya no era tan opaco y había crecido en mechones rebeldes acababan en puntas.

Sus ojos también eran más brillantes, y sonreía a la chica con tanta alegría como ella.

—Igual le extrañe-, habló él primero, y Blue casi había brincado lejos de Red al no saber de dónde había llegado eso. Sabía era la voz del chino, pero escucharlo hablar con tal seguridad le había tomado por sorpresa.

Estaba al corriente de que Green y el señor Oak se habían dado a la tarea de enseñarlo, pero al parecer subestimaba lo buenos maestros podrían llegar a ser.

—O-oh-, murmuró, dando una risa suave para soltarse de brazos de su amigo, —no puedo creerlo, ¿en serio me entiendes? E-es decir, no necesitamos un traductor ya, ¿no es así? - agregó, inhalando suavemente al notar tartamudeaba de tanto en tanto.

Eso era tan ajeno a ella.

—Despacio-, comentó Red, sonriendo nervioso ante la avalancha de preguntas. Podría ser el acento, o lo que sabía era muy básico, pero se había quedado callado unos minutos mientras recordaba que era lo que Blue había dicho. —Si entiendo-, le aseguró, aunque su sonrisa nerviosa podría contar otra historia, —pero sería mejor si Green estuviese.

No comprendía del todo si ese comentario se trataba por lo básico de su lenguaje, o evitar una situación podría malinterpretarse; y para molestia de Blue, la segunda opción podía serlo con gran facilidad. Había salido de dar la bienvenida a los invitados para ir a ver a un esclavo, abrazarlo también, pero es que la sensación Red le causaba era más a la de un viejo amigo llevaba sin ver por mucho tiempo, justo como se sentía por Green y Daisy.

Posiblemente si se lo seguía repitiendo, comenzaría a auto engañarse.

—Él me dijo estabas aquí-, explicó, teniendo la esperanza de que eso fuese suficiente para que pudiese mantener la calma, —¿en serio querías verme en mi cumpleaños? Eres adorable, Reddy-, canturreó y, para gusto suyo, veía como su cara enrojecía un poco y su sonrisa se volvía nerviosa.

No podía argumentar él no había entendido que había dicho, sus mejillas rojas y búsqueda de palabras eran clara señal había entendido a la perfección su comentario. Eso o no sabía cómo responder correctamente.

—No…tengo-, comenzó a hablar, torciendo el gesto mientras hacía gestos con las manos, —un regalo-, agregó al fin, viéndose bastante aliviado de poder acabar la frase, aunque no muy feliz de que hubiese faltado a lo otro.

—No importa-, dijo entre risas, jugando con sus manos esa vez para poder alzar un poco sus brazos y ver su vestimenta. Los pantalones le quedaban a la medida, de color negro con una camisa blanca y tirantes a juego con los zapatos; se necesitaría ser ciega o tener mal gusto para negar lo bien que se le veían; lo malo era que su postura era algo torcida, quizá por encorvarse a la altura de su rostro.

—Me gustaría poder-, insistió a pesar de todo, Blue no comprendía por qué de todas formas. Lo que había pasado en las caballerizas no había sido la gran cosa y ella no había tenido nada que ver con la decisión de Green de proteger a Red.

—Está bien así-, respondió con voz clara, sonriendo aún feliz de que él estuviese ahí. No había visto a su hermano, pero ver a Green y Red causaban alegría en ella. —Es en serio-, insistió al notarlo fruncir el ceño, tomando sus manos nuevamente. No sabía si por su terquedad o su falta de comprensión era que ponía esa cara. —Me alegra mucho hallas venido, es…aburrido sin ustedes-, admitió mientras se encogía de hombros.

Podría ser algo grosero contra los intentos de Chermaine, Karin y Keane por mantenerla entretenida, pero ellos también tenían cosas que hacer en la casa y no podían estar todo el tiempo a su lado.

Sin contar además a Siebold.

—¿Princesa?-, escuchó una voz tras de Red, tensándose de golpe al escuchar a Siebold. No había notado siquiera el ruidoso motor que anunciaba la llegada del hijo de Pryce, y saber él habría visto el contacto físico entre ambos la hacía palidecer.

Red debía ser consciente de su temor, ya que en segundos se había soltado de ella, pero en vez de alejarse, se había interpuesto entre ambos, escudándola de Siebold para mostrar aquella feroz cara recordaba de la primera vez lo había visto.

—Entonces tienes un amante-, volvió a hablar, provocando a Red cuando él ya gruñía unas cuantas maldiciones en su idioma.

Colocando una mano en la espalda del muchacho, llamó su atención al querer evitar siguiera con ello. No ayudaría se exaltara, y aunque Pryce renegara era su hijo, no tomaría a la ligera que un asiático atacara a uno de sus invitados

—Es solo un amigo-, habló al fin, viendo con seriedad a Siebold, —ya le he dicho que amo a mi esposo, y no tolerare me hable de esta forma en mi propia casa.

—Y un chino, además-, siguió hablando, ignorando las quejas de Blue. Al menos no era tan imbécil como ella creía, y mantenía distancia entre si y Red a pesar de no entender que le decía.

—Déjalos en paz, Siebold-, habló una voz para nada familiar, dejando de vigilar Red no reaccionara a las provocaciones de Siebold para alzar ambas cejas al ver quien era quien hablaba.

De la misma altura que Siebold, un hombre de piel oscura llegaba a su lado y le veía severo a pesar de la risa del rubio. Su cabello espeso y azabache no era lo único llamaba la atención de él, sino la seguridad con la que se refería y acercaba a él, solo a Lenora había visto hacer algo parecido, inclusive Red descendía un poco la mirada.

—Vamos, ¿negaras acaso no esperaste esto pasara, Grant?- dijo mientras recibía una mirada reprochante del moreno. Era una situación tan extraña de ver, más aún al notar el guiándolo dentro de la casa.

—¿Q-que crees haces?- exclamó, apurándose antes de que entrara a la casa,—¿Siquiera sabes cómo actuara mi esposo al ver lo que intentas hacer?

—Es un invitado, sería incorrecto negarle la entrada-, respondió, sonriendo de aquella manera desagradable solo podía relacionar con Pryce. Era exasperante. —Con tu permiso.

Dando una temblorosa queja, solo vio a ambos entrar sin nadie deteniéndolos en el camino. No sabía las intenciones del rubio, más allá de escandalizar a su padre y causar una escena en su fiesta. No sabía por qué eso le causaba una frustración mayor, era casi como si le estuviese usando él también ahora.

—¿Segura deseas ir?- escuchó a Red esa vez, mordiéndose el labio para voltear poco a poco hacía su amigo. La plática había tenido con Karin volvía a su cabeza de repente, y la idea de pedirle a Red escaparan en ese preciso instante se le antojaba como una mejor opción a ir a tratar de calmar una nueva guerra entre Pryce y Siebold.

—Deséame suerte-, le pidió, girando sobre sus talones para seguir el camino ambos jóvenes habían tomado.


Esa noche había sido un desastre, y agradecía Samuel no hubiese ido para poder ser testigo de ello.

Horas después se había enterado que aquel esclavo Siebold había llevado a la fiesta era en verdad alguien con ciudadanía, si él la había pagado o su anterior amo lo había liberado era algo no pensaba indagar, y aunque eso ya lo pusiera en un nivel igual al de ellos, no habían tardado las miradas incomodas y cuestionamientos sobre la presencia de ese invitado llamado Grant.

Ghetsis se había retirado casi al instante de enterarse "tendría que compartir la comida con un esclavo", Blue lo veía como una ventaja, si tan solo no hubiese notado a Natural encogerse ante la idea de volver a casa tan rápido.

Había hecho lo posible por poner las cosas en orden. Hacer brindis, animar a la banda, hacer a sus invitados bailar, pero todos parecían simplemente notar a Grant y su presencia entre ellos, enfureciendo más y más a Pryce cuando los invitados seguían retirándose de la fiesta.

Blue estaba aterrada, no quería saber de la furia de su esposo, y de qué manera él iba a canalizar todo en ella esa vez.

El tiempo pasaba, y no escuchaba gritos hacía ella, o hacía Siebold al menos, todo estaba en calma mientras los sirvientes recogían la basura y platos la fiesta había dejado. Veía a Chermaine, Karin y Keane trabajar en sus tareas con rostros sonrientes y calmados, pero ella no podía unirseles en tal calma. Odiaba tener tanto miedo, y estar a la expectativa de que sucedería por cosas no tenía ningún control. Todo era culpa de Siebold, él no hacía más que buscar maneras para meterla en más problemas con sus tontas peleas familiares.

No quería ser parte de ello ya.

—¿Sucede algo, querida?-, fue la voz de Lenora quien le llamó. Blue solo le miraba de manera ausente, sintiendo como la tensión no hacía más que romperla al fin y buscar abrazarse a la mujer, encogiéndose en ella. Era su cumpleaños, se suponía debía estar feliz, sonriendo al ver de nuevo a Daisy, Green y Red, y a cambio estaba con un terror enorme sobre lo que Pryce acabaría haciéndole por tal escándalo en un día tan especial donde sus socios habían estado presentes. —Tranquila linda-, le pidió, ella agradeciendo que la sirvienta entendiera su necesidad y ya acariciara su cabello y respondiera a su necesidad de atención,— todo va a estar bien.

—No va a estarlo-, se quejó, ladeando el rostro. Aun temía Pryce llegara en cualquier momento. —Debí evitarlo, él estará furioso conmigo, no quiero estar aquí- insistió, maldiciendo el hecho de no haber ido tras Green y escapar tan lejos como podía.

—El señor no está-, la escuchó hablar, y Blue ya se separaba de a poco para verle con incredulidad. Lenora sonreía de todas formas, siendo esa la suficiente prueba de su honestidad. —Hubo un problema en la fabrica, no es que el señor me halla dicho o sea de mi incumbencia, pero tampoco es que hallan tratado la noticia como algo privado.

—Un problema-, repitió ella, mordiéndose el labio a las mil y un ideas se le venían a la mente. No sonaba bien, sonaba a un problema que la acabaría arrastrando a la ira de Pryce que ella iba a tener que solucionar.

Después, mucho después, justo en ese instante ella era libre de todo eso.

Y con su recién descubierta libertad, cerraba los puños en un instante con una renovada valentía, dando la media vuelta y separándose de Lenora a pesar de las confundidas llamadas de la sirvienta.

Su valentía en poco se transformaba en furia, buscando por los pasillos de la casa la razón de ello; de sus dolores de cabeza en los últimos meses, del porque la agresividad de Pryce había vuelto con tal intensidad y tumbado a tierra todos los esfuerzos y avances había hecho en su esposo. Justo volvía del patio, con su amplia sonrisa y su aire de superioridad y altanería. Que orgullo tenía ella de poder tumbar todo eso no solo en un instante, sino en una bofetada plantaba directamente a su rostro.

Su coraje era aun más alimentado al ver con nitidez su mano plasmada en su perfecto rostro blanquecino, dando la apariencia de haber sido impreso al rojo vivo.

—En toda mi vida-, comenzó a hablar, aprovechando lo pasmado de Siebold después de atacarlo,—he conocido gente agresiva, engreída, mediocre... ¡pero nadie tan egoísta como usted!-dijo con voz clara, haciendo una pausa tras cada palabra, deseando que todas y cada una de ellas le doliera como a las heridas tenía en su espalda y muslos culpa de las constantes peleas entre ambos.

—Princesa, esto no tiene nada q-...- interrumpiendo sus palabras, logró tomar esa vez la muñeca de Blue, evitando un segundo ataque. Solo lograba hacerla enojar más al sostenerla de tal manera.

—¡Ja! ¿Ha cuantos otros le dices lo mismo, queridito?- preguntó, manteniendo sujeta su mano,—¿cuantos latigazos crees le darán a Grant por tu pequeño chistecito de esta noche?-, sonriente le vio al fin reaccionar a algo. No podría creer que en verdad se preocupara por alguien más allá de si mismo.

Al fin tenía algo a su favor.

—Pryce no tiene ninguna conexión sobre Grant.

—Oh, ¿Como no se me ocurrió? ¡Está a salvo, aleluya!- dijo con bastante veneno en los labios. El invitado no había hecho nada contra ella, de hecho la había defendido y a Red, pero su ira había estado bastante contenida.— Tú lo dijiste, ¿no? Soy "La Princesa" de esta casa, puedo pedirle lo que desee, hasta comprar a un ser humano, ¿a quien le hará caso tu papi? ¿A su dulce y abnegada esposa? ¿O al hijo escapó de casa y ha vuelto solo ha causar escándalo?

Silencio, hermoso silencio al fin, y ella se sentía una escoria. No era mejor a Atlas o Ghetsis, sugiriendo capturar a alguien como si solo de un animal se tratara, pero el mensaje llegaba, y Siebold perdía el color de su rostro hasta donde su mano había dejado su marca.

Jalando su mano lejos del agarre de Siebold, con una sonrisa se daba la media vuelta para alejarse de él, no teniendo ya más que hablar después de aquella amenaza.

Sin embargo, solo ella era la que había acabado la conversación, tomando por sorpresa a la castaña cuando le tomó del brazo y la volteaba de vuelta frente a él.

En vez de golpes o agresión, en vez de sus manos sobre ella, sus labios estaban contra los suyos, sofocandole el aroma de su loción y el ligero tinte a alcohol.

...

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Tardé mucho en actualizar, pero al menos fue un capitulo largo. Ya van a ser así de largos en el futuro, si es que no más... aunque el maldito Word se me murió, así que a saber que sucederá o como le haré.

Muchas gracias por leer (。- ω -)