Ambos se sentaron a la mesa que estaba más próxima a la ventana que daba al cruce de peatones, con sendas tazas de café. El de cabello negro extrajo del bolsillo de su saco lo que parecían dos saquitos de azúcar le dio uno a su acompañante, que lo abrió y vertió el contenido en la taza. Sin embargo, este no era blanco, sino un polvo rojo brillante, que en seguida se mezcló y desapareció tras revolver unas veces en el espumoso líquido de placentero aroma.
─¿Así que este es el mejor que se ha destilado en el mes? Espero que no me estés engañando, Naraku ─levantó la taza a sus labios, pero pareció dudar en beber.
─Para nada, mi estimado Sesshoumaru, tú serías la última persona a la que me atrevería a engañar así ─abrió su propio sobre y luego levantó la roja mirada hacia él con perspicacia.
─Seré la última persona a la que engañarías… pero todavía estoy en la lista ─luego de ver que Naraku bebía de su taza con la misma parsimonia con la que se cataba una copa de vino, llevó la taza a sus propios labios, sin quitar la vista de él. Ambos se miraron en silencio por un buen rato, pero en seguida se dio cuenta de que el pelinegro no lo estaba viendo a él, sino que observaba por sobre su hombro a la pareja que se había sentado a tomar la merienda unas mesas más atrás. Un muchacho de traje azul con el cabello ligeramente largo, recogido tras la nuca y una jovencita de baja estatura y ojos rasgados que los había estado mirando de manera poco disimulada.
El hombre de cabello claro vio al otro pasar la lengua por el borde de sus labios, limpiando el café endulzado.
─¿Huele bien, verdad? ─tanteó Naraku.
Sesshoumaru dio un murmullo por toda respuesta.
─No irás a fingir que no te gusta el aroma ¿o sí? Eres remilgado en tus gustos, pero hace mucho que no huelo algo tan delicioso por aquí…
El de cabello plateado volvió a murmurar, desviando la vista hacia la calle, como queriendo cambiar el tema de conversación.
─Y tiene una pureza poco usual, debe ser de pueblo ¿no lo crees, Sesshoumaru? Algo tan delicioso vale la pena probar ─apuró un buen sorbo de café─. Además las personas de pueblo son tan frágiles y se pierden tan fácilmente cuando llegan por primera vez a una urbe de este tamaño…
─En eso tienes razón, ir por lar vías fáciles es mejor que andar peinando toda esta ciudad en busca de alguien que valga la pena y a quien el ritmo de la urbe ya no haya podrido por dentro ─miró de nuevo hacia la calle, parpadeando lentamente, como si quisiera guardar tras los párpados la imagen de todas aquellas personas perdidas en sus mundos, que caminaban a toda prisa. Bebió un largo sorbo─. Pero no es mi tipo.
─Obstinado, nada es tu tipo. No entiendo cómo es posible que le agrades a alguien, que agrades a otros más que yo.
─A primera vista no parezco tan perverso, eso es todo.
─Ya lo digo, obstinado. Sin embargo, me parece que es un buen momento para que iniciemos el juego ¿qué dices? ¿Te apuntas?
─Ve tú, si lo prefieres.
─Anda, Sesshoumaru, no seas aguafiestas, este tipo de partida es más divertida de a dos.
─Eres bueno con la mente de las personas, no me necesitas a mí. Además, ya tengo planes hoy.
─¿Puedo ser curioso al respecto? ─jugó con la cuchara dentro de su taza, agregándole un saquito extra de "azúcar".
─Sara me llamó a mediodía, su enfermedad ha recrudecido y quiere que vaya a auxiliarla con algunos quehaceres y hacerle algo de compañía.
─Pobre de ella ─fingió preocupación, con un tono algo cínico─. Es una lástima tener que hacer esto solo, pero eso significará más alimento para mí ¿estás seguro de que no te arrepentirás? ─levantó una ceja.
─Para nada ─permaneció un rato en silencio mientras acababa de beber, vagando en sus recuerdos. Venía a su memoria una tarde de otoño de hacía unos años atrás, caminando por el parque de una ciudad pequeña. Había una niña de bonitos ojos rasgados a la que su padre y hermano le estaban enseñando a volar una cometa en forma de fénix. El cordel se le escapó de las manos y el rollo comenzó a irse calle abajo, por donde los automóviles pasaban veloces. Él llegó a tiempo para detener el juguete con el pie, mientras la niña corría hacia él y le daba las gracias. "¿Será ella?" se cuestionó. El parecido era sorprendente, el olor y color también se asemejaban, pero si se giraba para mirar a la pareja, sería demasiado evidente. Trataba de verlos a través de la superficie espejada de un pilar que se encontraba justo en medio del local.
─Creo que ya te estás arrepintiendo ─lo aguijoneó Naraku con una sonrisa.
─No se trata de eso ─limpió la taza hasta el fondo.
─¿Entonces de qué se trata?
─Acaba tu bebida y larguémonos, me espera una noche larga ─respondió con hastío, jugando con su largo pelo y acomodándolo tras la oreja.
─Alguien se levantó con el pie equivocado hoy ─terminó y ambos salieron.
─Y tendrás ese pie en el trasero si continúas incordiándome.
Miroku se encontraba imbuido, contándole a su nueva huésped todo tipo de anécdotas de su querida novia y cuñado, que pensaba que podían hacerla más familiar hacia ellos, pero acabó por darse cuenta de que ella parecía estar en otro planeta. Pensaba que era lo esperable, pues acababa de quedarse sola en el mundo y su corta vida era ya muy difícil.
─¿Ocurre algo malo? ─tanteó sin muchas esperanzas de recibir contestación.
─No es nada, sólo estaba pensando en todos los cambios repentinos. Estoy anonadada ─anonadada estaba con los sujetos de traje que habían estado tomando café. Eran hermosos y extraños y le había parecido verlos poniéndole algo a sus bebidas. El cansancio debía estar haciendo que se imaginara cosas. Se levantó el pelo en una coleta, con un broche que siempre solía llevar consigo en el bolsillo trasero de sus jeans. Peinarse, era más que nada un tic nervioso. Su otro tic era hablar demasiado, pero no estaba de humor.
─¿Tienes miedo? ─le preguntó él y ella se le quedó mirando.
─¿Miedo, dices?
─Miedo a no encajar.
─No recuerdo cuándo fue la última vez que encajé en un lugar ─bajaba la vista y giraba su vaso de jugo, sin importarle que el muchacho frente a él pudiera pensar que era de mala educación─ Desde que mi padre… perdió la vida, seguido de todas esas situaciones, nunca he encajado bien en ningún lado, mucha gente me miraba con lástima, repugnancia o desconfianza ─entrecerraba los ojos─, la gente trata de parecer buena y no molestar a los demás con sus opiniones, pero no podían ocultar ese tipo de cosas. No veo que sea mucho más difícil encajar en una ciudad ¿has visto a esos dos hombres que entraron hace un rato? Aparentemente puedes ser y lucir como quieras en un lugar tan grande y nadie tendrá tiempo de recriminarte por ello.
─No quería incomodarte, no debí preguntar.
─Está bien, supongo que necesitaba decirlo. Hablaba muy poco y nada mientras permanecía junto a mi madre enferma, por poco y creo que casi perdía la capacidad de hablar.
─No lo parece ─bromeó él, tratando de hacerla sentirse mejor.
A ella se le estiraron los labios en una melancólica sonrisa. Algo que nunca cambiaba en ningún sitio era que siempre le recriminaran lo mucho que hablaba.
─¿Qué hizo que Sango-san decidiera tomar mi tutela?
─Aparentemente, su padre le debía unos favores al tuyo.
Rin suspiró largamente.
─Lo sabía, no puedo ser tan buena.
─No deberías decir eso, Sango habla muy bien de ti, sé que ahora no lo recuerdas, pero ya tendrás la oportunidad.
Acabando de merendar, fuero hacia el vehículo. Ya estaba bastante oscuro, porque el cielo había vuelto a encapotarse y los relámpagos comenzaban a aparecer entre el oscuro manto. En la penumbra, en la esquina de enfrente, Naraku los observó marcharse
─¿Has tenido un día pesado? ─le preguntó Sara mientras le acercaba una taza de café al recién llegado, quien se quitaba el saco para colgarlo en el adornado perchero que se hallaba junto a la puerta. Aunque estaba satisfecho con el café de la tarde, aceptó el ofrecimiento por cortesía y le dio cierta lástima ver a la joven enferma.
Sara pertenecía a una familia rica y había heredado una gran fortuna, pero aquellos familiares que quedaban con vida no eran nada comprensivos y ella estaba muy sola. Unas conocidas de la familia le habían sugerido que no aceptara a Sesshoumaru como socio cuando lo habían conocido porque les daba mala espina, pero ella se había dejado deslumbrar por su apariencia y habilidades y no les había hecho caso. Le sonrió y él le devolvió una pequeña sonrisa, que era más una mueca fingida a una emoción verdadera.
─De hecho, hoy ha sido un buen día, mi socio ha hecho un buen negocio este mes y ya se ven los frutos. Nuestros clientes están más que satisfechos ─ladeó la cabeza.
─Me alegra saberlo, temía que tu hermano arruinara el negocio familiar.
─Por suerte para mí, él no está interesado ─arrugó ligeramente los labios, como si algo que dijera le provocara mucho asco─. En cuanto a tu salud, me alegra verte de pie, pero deberías descansar y no sobre confiarte ¿por qué no te sientas a descansar mientras preparo la cena?
Ella asintió. Él fue directamente a la cocina mientras se ataba el cabello en una cola alta para que no le estorbara y sacó de la alacena una sartén, una olla y varios ingredientes de la enorme nevera, mientras ella se sentaba en el blanco y amplio sofá de la sala, cubierta por un mullido edredón de colores y encendía la enorme pantalla, sintonizando un canal que emitía una serie de drama.
─¿No te molesta la televisión, verdad? ─preguntó mirando hacia la cocina.
─Disfruta de tu serie, esto estará listo en seguida ─afirmó, mientras picaba velozmente todas las verduras, ya que había adquirido práctica en los últimos meses. Mientras ponía los diferentes ingredientes tanto en la olla como en la sartén, aprovechó un instante para mirar sobre el hombro a la chica de cabello castaño que estaba totalmente abstraída en el programa. Entonces, del bolsillo de su pantalón de vestir extrajo otro de los saquitos "de azúcar" y vertió el contenido en el preparado de la sopa─. Habrá miso esta noche, te sentirás mucho mejor luego de beberlo.
─Cualquier cosa preparada por ti me sentará bien ─quería aparentar que estaba bien, pero en realidad, no lo estaba. Días atrás el último informe de los médicos le había confirmado que no tenía más de dos meses de vida. Había muchísimas cosas que quería hacer en ese tiempo, muchas de las cuales incluían al hombre que estaba cocinando para ella.
─Oye, Sesshoumaru… ¿tú le temes a la muerte?
Él la miró por sobre el hombro. En la serie aparentemente un personaje acbaba de ser cruelmente asesinado en una emboscada.
─No, no le temo. La muerte es algo inevitable que nos llegará indudablemente, aunque en el día menos pensado. Sólo hay que cerrar los ojos un momento y, si al abrirlos, sigues aquí, eso significa que aún no has completado las cosas que has sido llamada a hacer.
─¿Qué crees que has sido llamado a hacer tú?
Hubo un largo silencio.
─La verdad, nunca me lo he preguntado.
─¿Cuál te gustaría que fuera tu misión en esta vida, por decirlo de alguna manera?
─Sabes que amo la libertad y no sé estar atado, creo habértelo dicho en varias ocasiones ─abrió un huevo sobre la sartén llena de verduras salteadas─. No me gustaría un destino atado a algo o a alguien, n o me gustaría que mi padre me pusiera en la frente un cartel de lo que él cree que se supone debo hacer.
─¿Y estás seguro de que eso te funcionará? Porque yo creía lo mismo, pero cuando le pedí a papá mi tan anhelada libertad, lo único que conseguí es que me diera toda mi herencia, renegara de mí y me arrojara aquí, sola.
─Es el riesgo que esto implica, si no te sientes capaz, no deberías correrlo.
─No parece que a ti te esté costando caro, tu empresa de software es por demás exitosa.
─Supongo que solamente he resultado muy afortunado, sin embargo… ─se mordió la lengua, no quería decir algo que perturbara el descanso de la paciente.
─¿Sin embargo?
─Sin embargo, hace unos años conocí a una mujer a la que también le sentaba de maravillas la idea de la libertad, pero su consecuencia fue morir sola ─vertió agua caliente en una taza en la que se hallaba la medicina en polvo que ella debía tomar tres veces al día y fue hacia ella─. Todo era mucho más fácil cuando mi padre me daba solvencia, pagaba mis gustos caros, mis caprichos, mis estudios y hasta me daba un sitio para trabajar. Ahora sólo dependo de mí, la fuente de la bendición ilimitada se me ha cortado, todo depende de que tenga buenas relaciones y buenas estrategias y si algo sale mal, no podré culpar a otro más que a mí. Para colmo de males, gracias a mi "rebeldía" mi padre halló la excusa perfecta para centrar sus atenciones en su "verdadera familia", en su hijo consentido que hace las cosas tal y como él las ha planeado para su futuro, sin apenas salirse un ápice, obteniendo la mejor educación y los recursos instantáneos.
─¿Y no has pensado en hablar esto con tu padre o hermano? ─recibió la taza con la medicina y la bebió lentamente.
─Es inútil, esas conversaciones siempre redundan en lo mismo: mi padre pidiéndome que vuelva bajo sus alas y recomience el ciclo de dependencia que yo creo no es para mí. Me hace pensar que me robará mi identidad, no quiero convertirme en su reflejo y desaparecer ─se pasó los dedos por uno de sus largos mechones atados─, creo que con mi propio reflejo tengo más que suficiente, aunque tenga que llegar a actuar de maneras que otros podrían pensar que son… cuestionables.
─¿A qué te refieres exactamente? ─ella ladeó la cabeza, mientras arqueaba una ceja. Él negó con un amplio movimiento.
─No me hagas caso, debes descansar y no imbuírte de mis problemas. Te dejo con tu serie ─se levantó del sofá frente a ella, donde había estado y se dirigió a controlar la cena.
Mientras cenaban, pasaron la noche hablando de él, de anécdotas divertidas de su pasado, cuando era consentido por sus padres, mientras su padre le enseñaba todas sus artes y su madre le enseñaba a lucir siempre hermoso, galante e impecable. Al menos compartían eso.
Finalmente, ella tuvo sueño, él la cargó en brazos y la llevó a su habitación, poniéndola en su cama y arropándola con cuidado, como si fuera una flor de cristal frágil.
─Vela mi sueño, sé mi ángel guardián ─le pidió, mientras su voz era opacada por el ruido de la fuerte tormenta que había comenzado en el exterior. No tenía miedo de que Sesshoumaru se quedara ahí, había estado en ese sitio en más de una ocasión, siempre era respetuoso, jamás la había tocado, situación a la que ella no se habría opuesto.
Cuando ella se durmió, él se acercó a la ventana, desde la cual se podía ver cómo el viento y el agua azotaban de manera impiadosa a los árboles del frondoso jardín. Apoyó una palma abierta en el cristal, el viento de a poco pareció ir calmándose, disminuyendo así el ruido.
─Al menos, cuando te vayas te irás en paz ─murmuró mirando a la silueta inmóvil en la cama, que suspiraba profundamente.
Le gustaba el ímpetu de las tormentas, pero se sentía extrañamente intranquilo, como si hubiera olvidado algo, entonces, en el "silencio" que había en medio de la ruidosa tormenta vino a su memoria un par de ojos marrones, aquellos que lo habían mirado desde el otro lado de la calle esa misma tarde. Era verdad, Naraku la estaba buscando y con lo hábil que era y los muchos contactos que tenía a lo largo y ancho de la ciudad, no tardaría en dar con su paradero. Se tocó el mentón, preguntándose qué tan interesante sería aquello.
