No podía apartar la mirada de ella, ¿de verdad era Candy? No, no podía ser. Esta chica no podía ser mi hermana.

Corrección, hermanastra

-¿Ocurre algo, bebé?- tuve que desviar la mirada al escuchar la voz de Susana cerca de mi oído.

-No, digo, sí, no me siento bien-

-¿Qué te parece, si mejor buscamos una habitación? Yo podría curarte- sus brazos subieron a mis hombros y se acercó más.

-En un rato más Su. Te veo después-

-Pero…-

-Dije después, Susana-

-Ya- se quitó de mi regazó, sacudió su melena y se dirigió al grupo de amigos que venían con ella. Mi mirada buscó a Candy, o a la persona que se pareciera a ella… porque Candy jamás, en toda su vida, se vestiría de aquella manera. Además se suponía que estaba en casa. Claro que, en estos momentos, el suponer me estaba causando dolores de cabeza.

El Honey Grill, era el lugar indicado para que las bandas se dieran a conocer con el pueblo. Esa noche y por petición de muchas voces, el grupo Clío tocaría nuevamente. Stear y Archie, lo habían invitado a formar parte del grupo tres años atrás, pero en aquel entonces, los padres del castaño tenían problemas maritales, y aunque le hubiera encantado ser parte de ellos, el solo imaginar que si su madre ganaba la custodia y se iban, perdería todo lo que tenía, incluido el grupo.

La custodia la obtuvo su padre, y aunque no se fueron definitivamente, sí lo hicieron durante medio año por cuestiones laborales de Richard. Meses después regresaron y su padre conoció a Pauna. La vida dio un giro inesperado cuando le presentaron a la ojiverde Candy White.

Terry se abría paso entre el mar de gente que se encontraba en el Grill. El buscar a "la suplente" de Candy se estaba convirtiendo en una tarea titánica. Por más que trataba de avanzar, simplemente no lo lograba; la gente lo detenía para saludar o preguntarle cualquier cosa, y las chicas, bueno, las chicas no perdían tiempo en tratar de pasar una noche con él.

Se dio por vencido después de un largo tiempo. Al no encontrarla, se convenció de que la chica que había visto no era Candy. Estaba por dar la vuelta cuando una brillante cabellera al final del pasillo le llamó la atención. El corazón se le aceleró al comenzar a caminar en aquella dirección.

Candy, ajena a lo que había provocado en Terry, se encontraba de lo más feliz con el chico que tenía frente a ella. Esta aventura secreta estaba siendo la mejor de su vida. El arreglo había funcionado y se sentía de lo mejor. Estaba nerviosa, claro que sí, el guapo chico no dejaba de mirarla, y en definitiva esa no era una mirada "normal".

-¿Me esperas un segundo, muñeca? Tengo que ver si el sonido ya está listo-

-Claro-

-No te muevas de aquí-

-Aquí estaré- Lancé un suspiro al verlo marchar, si todo seguía así, conseguiría mi primer beso en cosa de nada. Recargué mi hombro derecho en la pared y moví las piernas; los mentados tacones me estaban matando. Estaba por quitarme las zapatillas…

-Me pregunto, ¿cuál será el castigo que te pondrá Pauna, cuando se entere de que has escapado?-

Abrí los ojos y sentí mi corazón palpitar cual caballo de carreras, ¡esto no podía estar pasando! ¿cómo pude olvidar que Terry también vendría? Estaba totalmente segura que de esta no me salvaría. Tomé una respiración lenta y me di la vuelta para encararlo; no me pasó desapercibido su escrutinio, esperé a escuchar algún comentario idiota, pero no llegó.

-¿Qué, no te piensas burlar de mí?- crucé los brazos sobre mis pechos y lo fulminé con la mirada. Menudo cretino.

-¿Por qué habría de hacerlo?-

-Eres muy inteligente al responderme con otra pregunta-

-¿Te lo parece?-

-¡Eres un completo idiota, Terry!-

-Tienes toda la razón, lo soy-

-¿Qué esperas? ¡Anda, llama a mamá y dile que me escapé! Añade más leña al fuego-

-No, todavía no llega el momento para eso, tendré que seguir esperando- y diciendo esto, el estúpido se fue.

Estaba en shock, ¿qué había sido? ¿Esta era una nueva clase de chantaje? Mi mirada siguió la silueta de Terry perderse entre el mar de gente. Me devané los sesos pensando en sus palabras, pero no daba ni una. Lancé un largo suspiro y me quité de ahí, lo más sensato sería irme, pero en esta ocasión, la sensatez me había abandonado para dar la bienvenida a la rebeldía.

El tiempo y la preocupación que sentía, se escurrieron como agua por mis dedos. Eliza y yo nos la estábamos pasando de lo más genial, por pequeños momentos la cordura se presentaba, pero con la misma, la despedía de una patada, solo esperaba que mis decisiones no tuvieran tantas repercusiones. La banda de Stear fue todo un éxito, coreamos sus canciones y nos divertimos de lo lindo. A Terry no lo volví a ver.

La pista estaba a reventar de parejas, mi mirada se posó en Eliza, que bailaba de lo más sensual con Stear; por Dios, mi amiga no tenía vergüenza alguna. Nosotros estábamos en medio tratando de bailar, pero con tanta gente nos era imposible. En muchas ocasiones, sus manos vagaron libremente por mi cuerpo, al principio estaba tensa, pero con el paso del tiempo comencé a divertirme y disfrutar de las descaradas caricias que recibía. Estaba segura de que el beso estaba cerca.

-Hoy luces preciosa, Candy- su boca se deslizó un poco por mi oído, la respiración de él me aceleró los sentidos.

-Gra… gracias, tú también te vez muy bien- desvié de nuevo mi vista y alcancé a notar un guiño por parte de Eliza.

-Tienes un cuerpo fantástico, deberías de vestirte más seguido así- no sé si fue mi imaginación o en realidad pasó, pero nuestros cuerpos se acercaron un poco más.

-¿No crees que es demasiado atrevido?-

-Para nada, linda, no debes avergonzarte por ser tan sexy- sentí su mano derecha bajar un poco más por mi derrier y quedarse más tiempo de lo debido ahí. El calor se extendió por todo mi cuerpo, de pronto hacía mucho calor y las ganas de restregar mi cuerpo con el suyo me inundaron. Comencé a sonreírle sin razón

-¡Oh!

-¿Te sientes bien? Luces un poco… animada- su boca se encontraba en mi cuello, lo sentí olisquear y reprimí mis deseos de gemir. Recargué mi frente en su pecho e inhalé lentamente. Necesitaba controlarme.-Si lo prefieres, podemos ir a mi casa para que descanses un poco, ¿qué dices, Candy?

-Está bien, pero por favor, ¿podrías traerme un poco de agua?, tengo demasiada sed, la última bebida que me trajiste estaba muy amarga-

-No te preocupes dulzura, ya te traigo algo que te haga sentir mejor-

Me soltó y fue rumbo a la barra. Busqué a mi amiga pero no la encontraba por ningún lado. Pestañé demasiadas veces, sentía que había algo en mis ojos; comenzaban a tornarse un poco borrosos, me giré para encontrar un lugar para sentarme, pero al hacerlo me invadió un mareo horrible.

-¡Hey! ¿Estás bien?-

- ¡Arg! ¿Por qué demonios, no te metes en tus asuntos, Terry?- sí, frente a mí estaba mi hermanastro, sus manos me sujetaban de los hombros. Por una parte agradecía que me detuviera, porque sentía que estaba a punto de caer, por otro lado, sabía que me recordaría este momento para molestarme después y decírselo a mamá.

-¿Acaso tu madre nunca te dijo, que no debes aceptar bebidas de extraños? Puedo asegurar que estás drogada, Candy- sus manos se movieron y me envolvieron en un abrazo, en algún punto mis manos también lo rodearon, mi cabeza se acomodó en el hueco de su cuello. Respiré hondo, sentía que estaba por vomitar.

-Anthony no es ningún extraño y no estoy drogada, no sé de donde sacas esas estupideces-

-El hecho, de que para ti no sea un extraño, no significa que no pueda ser capaz de poner algo en tu bebida-

-¿Y eso qué más te da?, estoy segura, de que si por ti fuera, quisieras que estuviera a más de tres metros bajo tierra-

-Solo espero que no vomites en mis zapatos, son nuevos.

-¿Eres capaz de pensar en otra cosa que no seas tú?-

-Debo de confesar que sí, si pienso en alguien más. Pienso en mí en tercera persona-

-¡Oh por Dios, eres tan arrogante!- alcé mi mirada para ver la arrogancia en todo su esplendor. Terry solo se dedicó a sonreír de lado.

Justo en ese momento, el Dj decidió poner la canción que estaba enloqueciendo a todo mundo; Despasito, la gente gritó y empezó a moverse al ritmo de la música. Las personas que estabas a nuestro alrededor nos empujaron todavía más.

-Baila conmigo-

-¿Qué?

-Para… que se te quite- quiero pensar que mis acciones fueron realizadas por un extraterrestre que se adueñó de mi cuerpo. Porque mis manos que antes lo abrazaban, habían subido a su cuello, y mis dedos que habían permanecido en puños, ahora se deleitaban con la suavidad de su cabello. Lo miré de nuevo.

-Se ve guapo-

-Gracias-

-¡Diablos!, ¿lo dije en voz alta, verdad?-

En lugar de responderme, Terry solo sonrió, y como una boba, yo también lo hice. Comenzamos a movernos al ritmo de la canción, era difícil no rozar nuestros cuerpos cuando todos estábamos apretados como una sardina. Mis manos seguían en su nuca, su mano derecha bajó por mi espalda en una dulce y lenta caricia para acercarme más a él. Su cara se inclinó un poco hacia mi oído y me preguntó si me sentía mejor, la piel se me erizó al ser consciente de la manera en la que nuestros cuerpos se rozaban y de lo que provocaban en él, además de sentir sus labios rozar mi piel, tomó todo de mí no soltar un gemido; el lugar, la canción y mi estado de casi no sobriedad, estaban haciendo efecto en mi cuerpo. Me apreté un poco más a él y como pude le contesté que sí. Evitaba mirarlo, sentí que si lo hacía, él vería que estaba más roja que un tomate. Recargué de nuevo mi cabeza en su pecho y sin saberlo, en un dos por tres, me quedé dormida.

Estaba a punto de explotar. La manera inconsciente en la que se movía Candy, me estaba volviendo loco. De verdad que no podía contenerme, mis manos se sentían realmente bien en su cuerpo, estaba totalmente seguro, de que ella podía sentir mi erección rozar su cuerpo. Miles de imágenes saltaban mi mente, fue un deleite para mi oler y sentir con mis labios su piel, tuve que hacer un gran esfuerzo para no rozas con mi lengua ese blanco cuello. De repente mi excitación se esfumó al recordar que ella estaba drogada, y el único culpable era Anthony. Mis pensamientos fueron desplazados cuando sentí un peso; entonces me di cuenta de que Candy se había quedado dormida.

Por fortuna, cuando bailábamos, nos íbamos acercando lo más que podíamos a la salida. Ni loco dejaría que ese estúpido de Anthony pusiera de nueva cuenta sus manos en Candy. Toda una misión fue sacarla del Grill.

-¡Candy! ¡Candy! Despierta, ¡vamos pecosa! Tienes el sueño más pesado que un elefante, pequeña pecosa, ¡CANDY!-

-No fasti…dies, déja…me dormir-

-Vamos, Candy, deja de dormir. Nos regresamos a casa-

-¿Quie…res, soltar..me? sho puedo-

-De acuerdo, niña grande- la suelta con cuidado pero se queda cerca de ella. La delgada y orgullosa rubia trata de caminar, hace todo lo posible de controlar su mareo, pero al dar el siguiente paso se dobla el pie derecho y cae. El castaño corre para auxiliarla.

-¡Candy!-

-Me… me duele… mucho-

-Eso te pasa por no querer mi ayuda- rápidamente las lágrimas inundan sus esmeralda, trata de controlar el llanto, pero falla, su cuerpo comienza a sacudirse y se abraza a sí misma. El guapo castaño, que yace agachado, se acerca más

-¿Qué… qué… haces?-

-Dudo mucho que puedas caminar si tienes un pie lastimado, pon tus manos en mi cuello y sujétate bien, te voy a cargar-

-¡No, Terry! Peso mucho-

-¡CANDY CÁLLATE!, esto no hubiera pasado si tú no… no, no, no llores Candy, no era mi intención gritarte, pero es que eres necia. Deja que te ayude y guarda silencio- la chica escondió su rostro en el cuello de él y se aferró al cuerpo de Terry. Sin problema alguno, el guapo castaño la cargó y caminó en dirección al carro, haciendo mil maniobras, abrió la puerta de su coche y la depositó en el asiento del copiloto.

El camino a casa fue silencioso, la rubia se había quedado dormida. A Terry se le rompió el corazón al ver las marcas de su llanto, cambió la velocidad y se apresuró en llegar a casa, mientras más tardara en darle atención al pie de Candy, más tardaría en mejorar. En cuestión de minutos llegaron, se bajó y fue directo a abrir la casa, se regresó por la ojiverde, y con mucho cuidado la sacó del vehículo. La sintió removerse entre sus brazos y lanzar un suspiro. Entró en la casa y con el pie cerró la puerta principal. Se encaminó a la habitación de ella y la depositó en la cama, le quitó la otra zapatilla y salió del cuarto, debía guardar el coche y cerrar todo.

Realizó todo eso en tiempo record. Cuando estuvo seguro de que la casa se encontraba perfectamente cerrada, fue a la nevera por un poco de hielo y subió al cuarto de la rubia. Al llegar, se recargó en el marco de la puerta y la observó, no fue consciente de que se iba acercando cada vez más, hasta que sus piernas golpearon la base de la cama, siguió observándola, y fue entonces cuando sintió su corazón estremecerse por todo lo que sentía y porque sabía todo lo que conllevaría si el mundo se enteraba de lo celosamente guardaba.

Se agachó para poner el hielo en el pie lastimado, pero sus instintos lo traicionaron, con sumo cuidado pasó sus dedos por la herida y lo acarició, dio un salto cuando escuchó un gemido, ¿de quién era, de ella o de él? No lo sabía, la volteó a ver y notó que la respiración de ella se había acelerado. El diablito que se había aparecido en su hombro, lo provocó para que realizara la caricia nuevamente; y lo hizo, entonces comprobó que el gemido venía de ella. Como mecha se encendió y dejó de pensar, estaba por poner ambas manos cuando vio frotar entre sí las piernas de la rubia, se asustó y se enderezó.

Sintió el mundo caerse cuando vio las dos bellas esmeraldas mirarlo fijamente. ¿Tenía mucho tiempo así? ¿Lo habría visto tocando su pie? ¿Te das cuenta de lo que éstas pensando? Esto es repulsivo, ¡ERES UN MOUNSTRUO!

-Te…rry- estaba perdido, ello lo había visto todo