─Quiero que busquen información de una mujer llamada Sango, que trabaja como docente, que viva con su hermano universitario, su pareja y que recientemente haya aceptado la tutela de una jovencita de pueblo ─exigía a los dos hombres sentados del otro lado del escritorio de aquella oficina decadente, apenas iluminada con unas lámparas de fulgor tenue. Ponía la palma sobre la mesa, mientras ambos lo miraban con cara de desconcierto ante los pocos "datos" que había recabado de escuchar a la pareja que conversaba en la mesa de aquella cafetería.
─¿Podrías ser un poco más específico, Naraku? ─le contestó el de cabeza rapada, mientras anotaba rápidamente en su computadora todas aquellas cosas─. Debe haber unas tres mil "Sangos" en la ciudad y unas veinte casas de estudio sólo en esta región.
─Además, no estarás pensando que nadie por aquí hará nada sin percibir una paga ¿verdad? ─cuestionó cruzado de brazos un joven de cabello largo blanco, con sus ojos rojos entrecerrados como buscando algo de su interlocutor y exhibiendo una risa burlona y sobradora, totalmente perezoso, con los pies cruzados sobre el escritorio a un lado de la computadora.
─Aquí tienen un adelanto ─contestó quien les requería, sacando del bolsillo de su camisa violeta unos cuantos "saquitos de azúcar" que esparciera sobre el escritorio.
A los dos sujetos se les dilataron las pupilas observando el adelanto y prácticamente se arrojaron sobre los saquitos para "pelear por ellos" y obtener la mayor cantidad, como si fuesen más animales que humanos. Renkotsu, el de cabeza rapada, tomó una de sus recompensas y pasó la lengua por el papel, como si de algún modo pudiera saborear lo que había dentro.
─¿Es la versión blanca usual? ─preguntó a su cliente.
─Es la primera tirada de este mes, la de mejor calidad que hemos conseguido hasta la fecha. Ya tiene un valor considerable, como habrás de imaginar.
─Sin dudas esa "Sango" a la que estás buscando debe tener mucho valor ¿no es así? ─se tocó el mentón con la mano libre.
─Es la chica que ha "adoptado" quien me interesa.
─¿Y por qué no le pides ayuda a tu "socio" Sesshoumaru ─cuestionó con cinismo el joven albino, recargándose sobre el escritorio con aire burlón.
─Cállate, Hakudoushi ─le espetó el pelinegro─, se lo pedí amablemente, pero el muy tonto se negó, no sabe lo que se está perdiendo. Prefiere centrarse absolutamente en la nueva socia de su empresa, esa tal Sara Asano, quien tiempo atrás enfermó gravemente y es de esperarse que la elija: tan pronto como muera, la sección de finanzas de la corporación del señorito se verá muy beneficiada gracias a los aportes de Asano. Ese es su trabajo oficial, el que debe honrar ─se sentó en un sillón que había a unos metros del escritorio y cruzó las piernas, soltando un largo suspiro de hastío─. Es todo culpa de ella, él comenzó aceptando la oferta de la empresa del padre de Asano, pero luego ella lo malentendió y desvirtuó todo, mezclando extraños sentimientos con asuntos de negocios y él le siguió la corriente porque le pareció oportuno, provechoso. Como sugerencia, le dije a Sesshoumaru que le diera a beber los desechos del destilado del azúcar para que acortara sus sufrimientos en este mundo… igual que tu hermana Kagura ─miró con ojos afilados al más joven.
Él le devolvió el gesto.
─ Al menos ella se lo merecía, por delatora. Tienes suerte de que no la considere mi hermana, ni haya compartido lazos afectivos con ella.
─Uy, qué miedo.
─De todos modos, ¿no te parece que necesitaríamos de la ayuda de los softwares de Sesshoumaru para facilitar esta tarea? ¿Nos los prestará al menos? ─cuestionó Renkotsu, volviendo al tema principal.
─No tuve tiempo de pedírselo ─se lamentó Naraku, mientras se ponía de pie e iba hasta su portafolio, que había dejado al pie del escritorio, lo abrió y extrajo un dispositivo de almacenamiento de muy alta capacidad─. Afortunadamente, un socio puede, si es requerido, tomar prestados algunos recursos.
Los dos sujetos se miraron entre sí y tomaron el dispositivo que el perspicaz Naraku les extendía.
─¿Y qué piensas hacer con esa chica cuando demos con su paradero? ─cuestionó un hombre alto y moreno de larga trenza negra, apareciendo por la puerta que estaba detrás del escritorio─. ¿La meterás en alguno de nuestros negocios o qué?
─Paciencia, Bankotsu ─se encogió de hombros─, primero tendré que conocerla, saber su edad, porque se ve realmente joven, averiguar para qué es idónea su personalidad ─sugirió con una tonalidad algo cantarina.
─Espero que su personalidad sea… divertida ─bromeó Bankotsu, mordiendo la cara interna de su labio en un gesto de burla.
Las tres personas frente a él se miraron entre sí, compartiendo sonrisas y cavilando sus propias aspiraciones de lo que harían cuando cumplieran con el encargo de Naraku.
Cuando volvieron al departamento, al primero que encontraron fue a Kohaku, quien se encontraba preparando ya la cena.
─Llegaste, Mikoru, mi hermana dijo que podrías tardarte debido a un problema de tráfico que había en el lado norte ─miró a la chica que acompañaba a su cuñado, un par de años menor que él─. Y tú debes ser Rin, bienvenida a casa, espero tengas una buena estadía, soy Kohaku, el hermano menor de Sango y estudio ingeniería informática en la universidad, puedes contar conmigo para cualquier necesidad que tengas ─la saludó con una inclinación, gesto que ella respondió.
─Salimos antes del problema del tráfico. Afortunadamente los padres de Rin fueron previsores y dejaron muchos de los trámites listos con mucha antelación. Sus cosas llegarán en dos días ─le explicó Miroku─. No quiero ser grosero pero, en lo que organizo mi material de trabajo, ¿podrías explicarle a Rin las reglas de la casa?
─No hay problema.
─Bien, con su permiso, me retiro ─los dejó solos, dirigiéndose a su habitación, donde también tenía su mesa de trabajo.
─Qué bien huele eso ─comentó ella para romper el hielo, al sentir el aroma del estofado y se acercó a mirar la olla, tentada de probar un poco con la cuchara.
─Debiste tener un día agitado, sé lo dura que es una mudanza, una deliciosa cena te hará muy bien ─comentó el joven de cabello castaño amablemente─. Desafortunadamente, quien prepara ese tipo de cena es mi hermana, así que tendrás que soportar el tóxico apestoso que se está cocinando. No sabe también como huele.
Ella se cubrió la boca con una mano, tratando de contener la risa para no parecer descortés. Ella sabía lo que era no cocinar nada bien, pero desde que su madre fuera hospitalizada, se vio obligada a adquirir habilidades culinarias.
─Si quieres, yo podría ayudarte con la cena a partir de ahora, no soy una chef preparada, pero al menos sé defenderme.
─¿Sabes preparar arroz con curry?
Mientras se aconsejaban mutuamente sobre cocina, ella probó un poco del estofado y arrugó el rostro.
─Te excediste un poco con la sal y el picante… ─buscó algo en la alacena que pudiera paliar y equilibrar un poco el sabor.
─Mi hermana me dijo que comenzarías el colegio aquí ¿es así? ─comentó mientras la observaba desde atrás, arreglando el menú.
─Empezaré con unos años de atraso, hace dos años debí dejar la escuela para atender a mi madre y también poder hacer trabajo de medio tiempo en un puesto de comida. Me temo que estaré muy perdida los primeros días. Ya de por sí debo agradecer mucho que hayan aceptado un alumno nuevo a estas alturas del año.
─Me ofrezco a ayudarte con tus deberes, si no te molesta.
Ella lo miró sonrojada.
─Te lo agradezco mucho, debes ser un genio.
Él se sonrojó y bajó la mirada.
─No sé si sea un genio, tan sólo me siento a gusto en tareas tranquilas y solitarias como las de esta carrera.
─La última computadora que tuve fue una versión muy vieja que debí vender para ayudar a mamá, necesitaré consejo sobre eso.
─Hay buenas versiones baratas en el mercado en estos días, estoy seguro de que hablándolo con mi hermana podremos conseguir algo que te sea de utilidad.
─¿Llega ella muy tarde?
─Suele trabajar horas extras cuando acaban las clases en el instituto. Siempre se preocupa mucho por los demás.
─Soy consciente de eso ─contestó Rin.
─Disculpa si suena muy brusco, mi hermana me contó que tu familia fue injustamente acusada de estafa. Si ella pudiera, intentaría buscar a aquellas personas que hicieron un trabajo tan sucio para darles su merecido ─entrelazó los dedos, sentado en uno de los sofás de la sala─. Como no le es posible hacer cosa semejante, al menos quiere ayudarte a tener la vida que nunca debió serte arrebatada. Nuestro padre nos enseñó de la importancia de auxiliar a los demás y del valor de la vida, queremos honrar lo que nos enseñó.
─Mis padres solían decir cosas semejantes, pero no puedo simplemente confiar en la gente luego de lo que nos hicieron. Lamento si a veces llegara a sonar muy grosera o si de pronto quisiera… ─se apoyó dando la cara a la encimera, para que él no la viera derramar lágrimas─ huir a la casa que una vez tuve y que gracias a esa falta de consideración ya no existe…
Él no sabía qué hacer, se levantó, cruzó a la cocina y permaneció de pie a su lado.
─Danos la oportunidad de demostrar que somos diferentes.
─Mi padre me dijo una vez que una ciudad como esta es una suerte de jungla donde hay muchos depredadores escondidos, pero todos tienen caras amables y van a su aire, en sus mundos ¿cómo saber a qué atenerme?
─Te acompañaré a la escuela el primer día si eso te hace sentir más segura. Te prestaré uno de mis teléfonos ─sacó el que tenía en el bolsillo, era blanco, de pantalla táctil y de muy buena calidad─. Cuando tengas necesidad, podrás llamarnos, nuestros números están ahí.
Ella, aún con la cara roja y empapada, tomó el equipo con ambas manos.
─Te lo agradezco mucho ¿puedo llamarte Kohaku-kun?
─Claro ─en ese momento, el estofado hirviente comenzó a derramarse de la olla y los sacó de sus pensamientos, para que pudieran ir a salvar la cena.
Una hora después, Sango llegó a la casa y se presentó, conversando con ella luego de la cena, mientras limpiaban. Sango era tan amigable como su pareja y hermano aunque, no entendía por qué, en varias ocasiones le sugirió que no pasara demasiado tiempo cerca de Miroku. No iría a creer que ella haría algo ¿o sí? "Eres tú la que me preocupa", bromeó la muchacha, con su bonito rostro maquillado apenado. Rin seguía sin entender.
Tras haber preparado el almuerzo que se llevarían al día siguiente, ambas fueron a acostarse, ella entró por la puerta de la izquierda de los paneles divisorios que la familia había preparado en la habitación de Kohaku, quien, en su lado del cuarto, emitía profundos suspiros de quien duerme plácidamente. Caminó en la penumbra por el lugar estrecho y se dejó caer en la cama, pero dio muchas vueltas, envuelta en la sábana, sin poder conciliar el sueño. Encima de todo, había una tormenta fuerte y la ventana, que estaba justo de su lado de la habitación, era golpeada por las gotas y reflejaba los relámpagos. De niña le gustaban los días lluviosos y el olor a la tierra húmeda, pero no quería pensar que una tormenta era mal presagio. De pronto, la ventana se iluminó por un rayo y ella creyó ver una silueta de ojos rojos, pero cuando se inclinó para mover la cortina celeste y mirar hacia el cristal, todo lo que vio fue el edificio que se hallaba al otro lado de la calle, con la mayoría de las luces apagadas. Observó con atención el gris paisaje urbano, mientras intentaba aquietar su respiración. ¿Era ese el efecto del estrés de la ciudad?
Cuando finalmente consiguió dormirse, sus sueños la llevaron al pasado. Allí, se veía a sí misma jugando en el parque con su padre y hermano a volar una cometa. El fuerte viento del otoño le arrebató el juguete de la mano, ella no se preocupaba del peligro por su corta edad, así que corrió hacia la calle para recuperarlo. De pronto, se dio cuenta que un vehículo con sus frenos chirriantes se le venía encima, pero un par de brazos la levantaron rápidamente junto con su juguete y la llevaron de nuevo hacia el interior del parque. La persona que la había salvado era un muchacho de largo cabello blanco y ojos muy curiosos, dorados. Tenía la impresión de conocer esos ojos.
Los ojos dorados estaban fijos en la tarea del monitor de su computadora, cuando su teléfono interno sonó. Era de parte de su secretaria, quien le informaba que un joven que decía venir de parte de Jaken iba a traerle un encargo. Las visitas intempestivas estaban prohibidas, pero algo, una intuición, hizo que le permitiera el paso.
─Dile que entre ─abrió el cajón de su escritorio negro, sacó todos los saquitos de azúcar que tenía ahí y se los metió en los bolsillos del pantalón, sólo por si acaso. Vació uno dentro de su taza de café y la bebió.
El guardaespaldas de la entrada abrió la puerta e hizo su entrada un muchacho delgado, de tez sonrosada, cabello castaño atado en una coleta y ojos oscuros bajo su flequillo. Traía en sus manos una carpeta blanca.
─¿Sesshoumaru-sama? ─vio que tenía unas leves ojeras, pero tras observarlo tomar un sorbo de su café, éstas parecieron disminuir levemente, claro que podría tratarse de un efecto de la luz─. ¿Se siente bien?
─Sí, es que he tenido que pasar las últimas noches en vela debido a unas obligaciones extra laborales. No es nada de importancia. Adelante, Kohaku, ¿traes algo para mí? ─con un asentimiento de la cabeza lo invitó a pasar. Era un buen alumno de la carrera de ingeniería y había ingresado a trabajar como aprendiz bajo la supervisión del grupo de Jaken, por recomendación de algunos de sus profesores. Era obediente, eficiente, aprendía rápido, le agradaba por su carácter tranquilo y había adquirido cierto tipo de "afecto" hacia él, así que sus visitas no le incomodaban.
─El profesor me envía a traerle esto personalmente ─luego de inclinarse en profundo y respetuoso saludo extendió ambas manos, entregándole la carpeta. Sesshoumaru la tomó y revisó el contenido.
─¿Así que tenemos hackers? ─inquirió.
─Así parece, aunque no hemos podido identificar la dirección de quien está usando sus recursos. Jaken cree que podrían ser criminales, todo el equipo está trabajando en ello.
─¿Tienen idea del propósito para el cual se está utilizando el programa?
─Eso es lo que me preocupa, señor, al parecer, por la información que consta allí, están buscando a mi hermana mayor.
─¿A tu hermana? ¿y por qué habrían de buscarla, si no es conocido que tú estás trabajando aquí por tiempo?
─No tengo idea, además no creo poder hacer mucho más por usted el día de hoy y me disculpo ─se inclinó de nuevo─. Es que tengo que retirarme temprano para atender asuntos domésticos.
─¿Algún problema familiar? ─juntó las manos sobre el escritorio, mientras se inclinaba hacia él atento.
─No, es que hace un par de días mi hermana adquirió la tutela de una muchacha hija de unos allegados en otra prefectura y necesita nuestra ayuda para adaptarse. Mi hermana no admite que Rin-san vuelva sola de sus actividades diarias porque teme que le suceda algo, por eso debo pasar a buscarla.
A Sesshoumaru se le vino a la mente la tarde anterior en la cafetería, agradeciendo que sus "aderezos" le obsequiaran con hipersensibilidad auditiva como efecto colateral. Creía haber oído que la chica de la cafetería que Naraku quería encontrar y que acababa de llegar de un pueblo se llamaba Rin. Rápidamente, volvió a revisar los papeles que Jaken y Kohaku le dieran, los datos de esas búsquedas. Ya entendía.
─Puedes irte tranquilamente, me encargaré de que el programa sea desactivado de manera remota ─hizo una llamada y puso el teléfono sobre la mesa, ya que su oído seguía sensible─. Sí, escucha, necesito que accedan a una dirección que está adquiriendo productos que no presentan licencia.
Kohaku asintió, saludó en voz baja y se giró para marcharse.
─Saluda a tus dos hermanas de mi parte ─murmuró el líder antes de que el jovencito se fuera y la puerta se cerrara tras de él.
